Medidas Preventivas – Parte I

Por: Dr. Norman González Chacón

No existe ni existirá vacuna que supere la inmunidad natural. Nuestro sistema inmunológico posee la capacidad de producir la inmunidad natural que nos protege de todo tipo de enfermedades infecciosas. En condiciones iguales, nadie debe enfermarse por condiciones infecciosas si tenemos un sistema inmunológico fuerte, robusto, y con toda la capacidad de actuar frente a cualquier invasor nocivo tanto en los seres humanos, como en las plantas y los animales. Existen diferencias muy marcadas entre estos tres reinos biológicos. Dichas diferencias pueden ampliarse en la medida en que cada género se comporte frente a su alimentación y a su ambiente. Sabemos por experiencia que una planta con deficiencias nutricionales se debilita y puede ser atacada por diferentes plagas que la pueden destruir. Lo mismo ocurre con los animales y con los seres humanos.

La diferencia entre la nutrición y el ambiente, donde se desarrollan las diferentes especies, son factores claves que determinan: La eficacia y el comportamiento de su sistema inmunológico, y su capacidad de sobrevivir cuando cualquier patógeno, sea bacteria, hongo o virus, entra al cuerpo humano. Tan pronto esto ocurre, el sistema inmunológico sano emite una señal de alarma que se extiende a cada célula del organismo y se activan los mecanismos de combate para detenerlo, combatirlo o destruirlo. Para esa lucha, el cuerpo cuenta con armas biológicas que pueden, en cuestión de minutos, horas o días, acabar con cualquier enemigo que penetre a cualquier sistema. A ese sistema de defensas se le denomina: Respuesta inmunitaria o respuesta inmunológica porque es un sistema inteligente que puede reconocer de inmediato, el tipo de organismo que ataca y preparar armas específicas para destruirlo. Cuando una planta, un animal, o un ser humano está saludable y en un ambiente propicio, sus defensas combaten efectiva y exitosamente todo patógeno que penetre la economía. Por esa razón, vemos cómo muchos niños enfrentan el ataque del virus o de bacterias sin mayores consecuencias, con síntomas de fiebre y mucosidad, pero sin grandes dificultades. Cuando se rompen las reglas de vida y de alimentación, el sistema inmunitario sufre la pérdida de armas para combatir y tiene que enfrentarse al enemigo en desventaja.

En un principio, a raíz de Dios crear al hombre y a la mujer, les asignó su alimentación al igual que a los animales. Todos se alimentarían de los frutos de la tierra y eso representaría una larga y fructífera vida. Los primeros pobladores de la tierra duraban, como Matusalén, hasta 969 años (Génesis 5:27), sin enfermarse, ni incapacitarse y en plena fertilidad. A los 120 años, Adán embarazó a Eva y tuvieron a su hijo Set. Después de nacer Set, vivió 930 años, engendrando muchos otros hijos e hijas (Génesis 5:5).

Siguiendo el relato bíblico, que se escribió antes que hubiera ciencia humana escrita sobre la tierra, los traductores bíblicos, posiblemente prejuiciados por la influencia social del momento, no supieron ni quisieron traducir las palabras correctas que Dios pronunció a su profeta Moisés, al redactar la historia, las leyes y los preceptos de la voluntad divina en 613 estatutos, de los cuales, 333 son exclusivamente leyes naturales de salud y vida.

Nadie conoce mejor el cuerpo humano que el Creador, y cuando Adán y Eva comieron de lo que no debían comer, echaron a perder la esencia misma de la vida, al separar el cuerpo del Espíritu. Por esa razón, se arrepintió Dios de haber creado al ser humano (Génesis 6:5-7). Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. (Génesis 6:11-12). El hombre espiritual que fue Adán antes de pecar se convirtió en carnal después de haber comido del árbol de la ciencia. Y se volvió en carne de pecado. (1 de Cor. 3-4) La carne fue el principal elemento de corrupción que provocó el arrepentimiento de Dios por haber creado al hombre. Muchos teólogos traducen la palabra “carne” por hombre o ser humano carnal, pero esa no fue la intención divina cuando dijo en Génesis: él es carne refiriéndose a su naturaleza carnal a diferencia de su naturaleza espiritual.

Cuando Dios le asigna la alimentación al ser humano y a los animales, lo hace con el conocimiento pleno de la composición orgánica, del sistema inmunológico, y de todo el componente humano y animal que se habría de manifestar en energía sobre la tierra. Una energía que vendría del mismo suelo del que fue el hombre formado y que se transformaría y se transmitiría a través del tallo, de las hojas y de los frutos de las plantas.

Al comenzar a comer la carne de los animales, el cuerpo humano entró en una fase de cambio orgánico que se inició cuando comió del árbol de la ciencia o árbol prohibido. Para mayor desgracia, ha sido la ciencia moderna quien ha insistido en la necesidad ficticia de que el ser humano se alimente de la carne de los animales muertos. De esa manera, el maligno tiene control sobre sus instintos naturales.

La manipulación de la mente humana ha sido la meta y la técnica satánica para subyugar la naturaleza humana y someterla a todo lo conveniente a sus planes anticristianos. Desde el principio, la comida ha sido su arma favorita para manejar la mente y la voluntad humana. A través de la comida, ha causado que la raza humana sufra todo tipo de condiciones y enfermedades. Esto ha hecho que los hospitales se hayan convertido en una de las grandes necesidades del mundo moderno en toda comunidad. El ser humano celebra toda actividad social con comida y ésta se ha convertido en un medio de socializar todo evento.

A causa de la procedencia animal de la alimentación: carnes, leche, huevos, etcétera, la vida humana es un desastre a nivel mundial. Responsable de millones y millones de enfermos y de muertes por enfermedades comunes como: diabetes, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y cáncer. De cada una de estas condiciones, mueren muchos miles de personas por año en todos los países del mundo. Muchísimas más que las que han muerto de COVID, y nunca se ha decretado un “lockdown” de drogas, bebidas alcohólicas, grasas animales, ni de carnes, cuando está claramente probado, que estos son los principales causantes de esas enfermedades.

Ante esa situación, la mente humana no encuentra explicación diferente que no sea que existan unos grandes y poderosos intereses, que, por debajo de la mesa, compran la prensa, las agencias de publicidad, los médicos, las escuelas de medicina, los medios de comunicación, los políticos y a todos los que necesiten comprar para llevar a cabo sus ambiciosos planes de poder. Si esto es así, nuestro pueblo tiene que despertar y abrir los ojos para identificar medios que no se vendan, políticos que no se vendan, periodistas serios que no se dejen sobornar, y organizaciones comunitarias que respondan al pueblo. Aunque pocos, sabemos que los hay, y aunque no es fácil identificarlos, porque los corruptos dominan el escenario, se puede dar en todas las fases. Los honestos, por su parte, lamentablemente no sobresalen lo suficiente como para identificarlos fácilmente, sin embargo, “Por sus frutos los conoceréis”, dijo Jesús en Mateo 7:16 al 21 y en Lucas 6:43, refiriéndose a los falsos profetas y a sectores religiosos cuyos pastores, obispos y sacerdotes se alimentan del rebaño. Se comen las ovejas igual que como lo hace el lobo.

Dice el Señor que ya tienen su recompensa: Caerán presa de las mismas enfermedades y morirán de las mismas causas, al igual que los médicos corruptos, ateos y mentirosos, que los trataron, fingiendo que los curaban hasta drogarlos y entubarlos. Ese es el destino que les espera a quienes le dan la espalda al pueblo necesitado, y prodigan atenciones al rico adinerado y al político corrupto, así como al médico mentiroso que no tiene en sus manos medicina que cure al enfermo. Le infunden esperanza de curarse cuando saben que no lo pueden curar.

Volviendo al tema de la inmunidad natural, después de mencionar los aspectos intrínsecos del problema que representan los intereses creados para manipular la opinión pública en la enseñanza general, podemos entrar en la dinámica interna del asunto: Nuestro sistema inmunológico es nuestra primera línea de defensas ante todo invasor, químico, orgánico o animal, que nos ataque. Recordemos una de las leyes básicas de la biología: “Nuestro organismo rechaza y destruye toda célula extraña proveniente de animales o de congéneres”. Partiendo de ese axioma biológico, tenemos que entender que cuando entramos en contacto con un virus nuevo o extraño para el sistema, una bacteria, o células de animales o de congéneres, nuestro sistema inmunológico se activa de inmediato y lo trata de neutralizar. Es así como ese sistema de defensas personales naturales nos defiende de todo elemento extraño que nos pueda hacer daño y enfermarnos.

La capacidad de ataque defensivo de nuestro sistema inmunitario depende del grado de compromiso que éste tenga para defendernos, y ese grado o nivel de compromiso depende de varios factores: 

  1. Cuan limpio y desintoxicado esté nuestro organismo. 
  2. El grado de sedimentación que existe en la sangre y en los líquidos corporales.   
  3. La capacidad disponible que quede de las defensas orgánicas no comprometidas o porciento de defensas disponibles para defender al organismo del ataque de un patógeno en particular.
  4. La cantidad de químicos tóxicos circulando en el organismo. 
  5. Las condiciones pre-existentes que pueda estar sufriendo el organismo y el tratamiento que recibe para las mismas.

Cuando la persona consume alimentos de origen animal y su organismo tiene proteínas animales acumuladas, el sistema inmunológico está constantemente atacándolas y rechazándolas, destruyéndolas y eliminándolas, en tanto y como le sea posible.  En este tipo de guerra constante, el organismo utiliza una gran cantidad de recursos defensivos. Mientras se lleva a cabo esta labor inmunológica o guerra inmunitaria, las defensas naturales se dividen en batallones constituidos por la primera línea de defensa (glóbulos blancos especializados) y eventualmente produce anticuerpos con memoria que pueden dar base a la gran cantidad de personas con condiciones autoinmunes.  Esta guerra continua puede limitar o confundir el sistema inmunológico generando incapacidad para defenderse ante una nueva amenaza. Cuando una gran cantidad de las defensas del organismo se mantienen luchando contra carne de animales, leche y huevos, gluten y pescado, puede verse falto de defensas suficientes para atacar el patógeno y destruirlo rápidamente. 

Los virus y las bacterias pueden multiplicarse aprovechando como medio las proteínas animales disponibles. En el caso de los coronavirus, la proteína de espiga, encuentra una mayor afinidad para reproducirse al estar en contacto con las proteínas de cerdo, conejo, de las ratas y otros animales, ya que su proteína se acopla perfectamente al hexágono espinoso de las moléculas.  Esa es la razón por la cual, muchos de los contagiados contaminados con el virus, pierden la batalla contra el mismo cuando se enfrentan en una lucha donde el ambiente es más propicio para el virus desarrollarse, que cuando el ambiente es limpio y no encuentra proteínas aliadas que lo sostengan.

Otra razón es debido a condiciones de salud preexistentes como la diabetes, la hipertensión, el cáncer y muchas enfermedades autoinmunes, el sistema está suprimido por drogas esteroidales o químicas inductoras, y no tiene la capacidad de levantar defensas idóneas que puedan detener el patógeno atacante, en vez de defensas específicas, se desborda en una respuesta inflamatoria generalizada (llamada tormenta de citoquinas) que puede ser mortal para el paciente. En esos casos donde no hay mucho que hacer, se debe ayudar a que la persona reciba el precioso oxígeno y esperar a que el ataque del virus sea resistido o no. 

Por esas razones expuestas, el primer paso de un Gobierno que desee preparar al pueblo para enfrentarse a una pandemia es un “lockdown” o cierre de todos los establecimientos que venden productos derivados del cerdo, del conejo, y de otros animales que pueden contribuir al acceso del virus al cuerpo humano. En el caso de los supermercados, se debe producir un cierre total de las áreas donde existen productos congelados, enlatados y carnes que provengan de animales muertos. Esos son los únicos negocios, a parte de los restaurantes, que venden carnes y derivados de estos animales, que también deben cerrar. Fuera de esos, todo el resto de los negocios pueden seguir operando sin mayores consecuencias y la economía solo se puede afectar en una sola dirección a menos que estos establecimientos se puedan ofrecer alternativas a productos a base de plantas (plant base meatburgers and sausages). Si la gente aprende a consumir ese tipo de productos de alternativa, no tendremos ni un solo caso de contagios mortales que no sean semejantes a los de la influenza estacional que se produce en los meses de noviembre y diciembre cada año, como consecuencia inicial del consumo del pavo de Acción de Gracias que comienza debilitando el sistema inmunológico en la temporada fría del año y el consumo del cerdo o lechón de navidad. 

O sea, que después de noviembre es de esperarse un gran repunte del virus como consecuencia de la alimentación tradicional de esa época, si no se sustituye el cerdo por alternativas existentes a base de plantas naturales o de carnes vegetales sin huevo ni gluten. Por la misma razón, tampoco se deben consumir proteínas de granos y nueces que se sospeche hayan sido manipuladas genéticamente; éstas también son parecidas a la del cerdo y son atractivas para el acomodo de la proteína del virus en la proteína del cuerpo humano.

Esas son las protecciones básicas alimentarias en una persona o para un país protegerse adecuadamente del virus. Se deben tener en cuenta para evitar el contagio de un virus tan agresivo y dañino como lo es el COVID-19 y sus variantes. Con estas precauciones, sumadas al lavado de manos, el uso de la mascarilla y el distanciamiento social que se logró inicialmente, se puede lograr una inmunidad natural que no ofrece peligro de contagio ni de propagación más allá de la fase inicial del comienzo que ya está en apogeo. De 10 a 20 días después de iniciado el ayuno de carnes, los organismos entran en la fase alta de inmunización natural y en un año se reducirá enormemente la incidencia de otras enfermedades mortales que también desaparecerán durante el “lockdown” del cerdo y de las otras fuentes de proteína de origen animal y sus derivados.

Estas recomendaciones no son compartidas ni recomendadas por los médicos convencionales debido a que estos desconocen la relación de la alimentación con las enfermedades. Además, al leer los resultados del laboratorio lo hacen también incorrectamente, sin tener en cuenta que cada resultado del laboratorio clínico convencional es un reflejo de la alimentación personal del paciente. Por esa razón, los asesores del gobierno no han sido capaces de detener la propagación del virus y se hacen responsables de tantas muertes innecesarias que pudieron salvarse con las medidas señaladas. Es conveniente señalar que existen protocolos naturales para combatir el virus y próximamente se celebrará un Congreso Mundial en el cual participarán científicos expertos en COVID-19 de todo el mundo. Se identifica como International COVID Summit y se llevará a cabo en Roma del 12 al 14 de septiembre del 2021. Allí tendremos nuestro representante atento a todo lo que está ocurriendo en el mundo científico.

Nuestra experiencia en este tipo de casos ha sido exitosa en la medida en que la gente ha seguido nuestras instrucciones y se han preparado previamente mediante una dieta vegetariana sencilla. Veamos ahora la data científica:

En un estudio publicado en el British Medical Journal – Nutrition, Prevention and Health del 7 de junio del 2021 se pudo demostrar claramente por los informantes, mayormente profesionales de la salud, de 6 países distintos: (Francia, Alemania, Italia, España, Reino Unido y Estados Unidos), los beneficios de la dieta a base de plantas o veganas donde se pudo demostrar 73% menos efectos graves que los demás participantes con otros tipos de alimentación.  Aquellos que añadieron a su dieta pescado, solo observaron 59% menos de efectos secundarios y los que siguieron un tipo de alimentación alta en proteína y baja en carbohidratos experimentaron 48% más de efectos secundarios y complicaciones a raíz de la infección de COVID-19. https://nutrition.bmj.com/content/early/2021/05/18/bmjnph-2021-000272

¿La conclusión? Las dietas basadas en plantas o dietas pesqueras se asociaron con probabilidades muy bajas de COVID-19 de moderado a grave. Si ajustamos estas estadísticas a nuestra experiencia en Puerto Rico, los miembros de nuestra congregación y pacientes que, por viajar a ver sus familiares en Estados Unidos, adquirieron el COVID-19, presentaron síntomas de leves a moderados y ninguno tuvo que ser hospitalizado. Todo ocurrió como si hubieran sufrido una influenza. Pero dieron positivo a COVID-19. Nada grave, nada extremo, y nada peligroso ocurrió. Adquirieron junto al virus, la tan ansiada y poderosa inmunidad natural, que por años los protegerá no solo del virus, sino de las peligrosas variantes.

En otro estudio de pre-impresión de BMJ publicada por MedRxiv el 25 de agosto de 2021 – Los vacunados sin tratamiento previo con SARS-CoV-2 también tenían un mayor riesgo 13.06 más veces hospitalizaciones relacionadas con COVID-19 en comparación con los que estaban infectados previamente. Este estudio demostró que la inmunidad natural confiere una protección más duradera y fuerte contra la infección, la enfermedad sintomática y la hospitalización causada por la variante Delta del SARS-CoV-2, en comparación con la inmunidad inducida por la vacuna de dos dosis BNT162b2. En otras palabras, aquí se puede ver claramente, que las personas con inmunidad natural, ha desmostrado ser superior a la inmunidad inducida por la vacuna. 

En este escrito le hemos presentado el funcionamiento sencillo del sistema inmunológico y la primera parte del protocolo natural a seguir para protegerse del COVID-19. En la segunda parte, incluiremos las plantas y tratamientos naturales que ayudan a enfrentarse exitosamente al virus. Puede comenzar por lo primero, que es el cambio en la alimentación para ir fortaleciendo su sistema inmunológico.

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