Las Bodas más “Trending”… Parte II

Por: Dr. Norman González Chacón

En este escrito, ampliamos la información que ofrecimos bajo el título “La Boda más Trending” o Espectacular del Universo, estamos revelando información publicada de trasfondo, utilizando la información inédita (no  publicada), que la iglesia que recibió ese regalo del Espíritu de Profecía y sus dirigentes, no divulgaron por temor a las críticas de los adversarios de otras denominaciones. Con el asunto del sábado solamente, tienen su guerra permanente y parece que no desean complicarle más el panorama a la feligresía.  Sin embargo, esta es una información vital para todos los que luchan por su salvación, porque nos abre una preciosa perspectiva de los acontecimientos finales y del Plan de Dios para restaurar todo lo que se ha perdido. 

Vamos a discutir varios párrafos que van desde la página 514 hasta las 516 del capítulo 62 del libro El Deseado de Todas las Gentes (DTG) que se titula “La Fiesta en la Casa de Simón”. En este tema, la pluma inspirada llegó hasta donde debía llegar, pero los dirigentes de la Iglesia recortaron el mensaje y sólo publicaron lo que a su modo de pensar, no causaría escándalo ni tendrían ellos que dar explicaciones para las cuales, los teólogos de la Iglesia no estaban preparados para discutir.

En la página 514, párrafo 2 del capítulo 62 dice lo siguiente: “María oyó las palabras de crítica, su corazón temblaba en su interior. Temía que su hermana la reprendiera como derrochadora. Estaba por ausentarse sin ser elogiada ni excusada, cuando oyó la voz de su Señor: Dejadla: ¿Por qué la fatigais?  El vió que estaba turbada y apenada. Sabía que mediante este acto de servicio había expresado su gratitud por el perdón de sus pecados e impartió alivio a su espíritu.  Elevando su voz por encima del murmullo de censuras, dijo: Buena obra me ha hecho: que siempre tendréis a los pobres con vosotros y cuando quisiereis les podreis hacer bien; más a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.”

Nota: Al igual que el día cuando la libró de que la apedrearan, esta vez Jesús volvió a interceder por ella: No solo justificó su conducta ante la gente, vindicó sus intenciones y premió su iniciativa. De esa manera, acalló las críticas que se levantaron en torno a su conducta.

“El don fragante que María había pensado prodigar al cuerpo muerto del Salvador, lo derramó sobre él en vida. En el entierro, su dulzura sólo hubiera llenado la tumba, pero ahora llenó su corazón con la seguridad de su fe y amor. Pero Maria, al derramar su ofrenda sobre El Salvador, mientras él era consciente de su devoción, le ungió para la sepultura. Y cuando él penetró en las tinieblas de su gran prueba llevó consigo el recuerdo de aquel acto, anticipo del amor que le tributaron para siempre aquellos que redimiera”(DTG 514-3).

Nota: Vean como Jesús manejó la opinión pública de los dignatarios que allí se encontraban:

“María no conocía el significado pleno de su acto de amor. No podía contestar a sus acusadores, no podía explicar que había escogido esa ocasión para ungir a Jesús.  El Espíritu Santo había pensado en lugar suyo y ella había obedecido sus impulsos. La inspiración no se humilla a dar explicaciones. Una asistencia invisible habla a la mente y al alma y mueve el corazón a la acción. Es su propia justificación” (DTG 514-4).

“Cristo le dijo a María el significado de su acción, y con ello le dio más de lo que había recibido. “Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo  -dijo el- para sepultarme lo ha hecho” “De cierto os digo” -declaró Cristo- “que donde quiera que este Evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que ésta ha hecho”. De la manera en que el alabastro fue quebrado y se llenó la casa entera con su fragancia, así Cristo había de morir, su cuerpo había de ser quebrantado; pero él había de resucitar de la tumba y la fragancia de su vida llenaría la tierra. Mirando en lo futuro, El Salvador habló con certeza concerniente a su Evangelio. Iba a predicarse en todo el mundo.  También será dicho para memoria de ella lo que ésta ha hecho. Iba a predicarse en todo el mundo, y hasta donde el Evangelio se extendiera, el don de María exhalaría su fragancia y los corazones serían bendecidos por su acción espontánea. Se levantarían y caerían los reinos, los nombres de los monarcas y conquistadores serían olvidados, pero la acción de esta mujer sería inmortalizada en las páginas de la historia sagrada. Hasta que el tiempo no fuera más aquel vaso de alabastro contaría la historia del abundante amor de Dios para con la especie caída” (DTG 515-3).

Nota: Aquí en este párrafo, la defensa se amplía y el Maestro le da connotaciones universales y la proyecta en el tiempo y en el espacio. 

En las escrituras se menciona el ungimiento de Jesús por María para distinguirla de las otras Marías. Los actos de amor y reverencia para con Jesús, son una evidencia de la lealtad de una mujer a Cristo: “Si ha lavado los pies de los Santos, si ha socorrido a los afligidos, sí ha seguido toda buena obra”(DTG 517-1).

“Cristo se deleitó en el ardiente deseo de María de hacer bien a su Señor.  Aceptó la abundancia del afecto puro, mientras que sus discípulos no lo comprendieron ni quisieron comprenderlo. El deseo que María tenía de prestar este servicio a su Señor, era de más valor para Cristo que todo el ungüento precioso del mundo; porque expresaba el aprecio de ella por el Redentor del mundo; El amor de Cristo la constreñía. Llenaba su alma de sin par excelencia del carácter de Cristo. Aquel ungüento era un símbolo del corazón de la donante. Esa era la demostración exterior de un amor alimentado por las corrientes celestiales hasta que desborda” (DTG 517-3).

Bien pueden las huestes celestiales mirar con asombro a la familia humana que rehúsa ser elevada y enriquecida con el infinito amor expresado en Cristo. Bien pueden ellos exclamar: ¿Por qué se hace este derroche? ¿Ves esta mujer? le dijo él: Es una pecadora. “Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados porque amó mucho, más al que se perdona poco, poco ama”.

“María había sido considerada como una gran pecadora, pero Cristo conocía las circunstancias que habían formado su vida. El hubiera podido extinguir toda chispa de esperanza en su alma, pero no lo hizo. Era él quien la había librado de la desesperación y la ruina. Siete veces ella había oído la reprensión que Cristo hiciera a los demonios que dirigían su corazón y mente. Había oído su intenso clamor al Padre en su favor. Sabía cuán ofensivo es el pecado para su maculada pureza, y con su poder, ella había vencido” (DTG 521-2).

“Cuando a la vista humana, su caso parecía desesperado, Cristo vio en María aptitudes para lo bueno. Vió los rasgos mejores de su carácter. El plan de redención ha investido a la humanidad con grandes posibilidades y en María estas posibilidades debían realizarse. Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y Ministerio con El Salvador. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento y  bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la Cruz y le siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado” (DTG 521-3).

  1. Fue María quien llegó a ser participante de la naturaleza divina.
  2. Fue María puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador. 
  3. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. 
  4. Fue María la que derramó sobre su cabeza y sus pies, el precioso ungüento. 
  5. Fue María la que estuvo junto a la cruz y le siguió hasta el sepulcro. 
  6. Fue María la primera en llegar a la tumba despues de su resurrección.
  7. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado. 

En el escrito de las bodas más trending del universo, comenzamos a aplicar las reglas de hermenéutica para poder hacer la exégesis correcta de cada ilustración simbólica. Éstas tienen su cumplimiento al tiempo en que el símbolo se encuentra con la realidad y se completa el cuadro profético. Veremos que toda esta realidad que nos impacta, tiene su contraparte en las profecías finales de la historia en el Apocalípsis. 

En estas citas directas del Deseado de todas las Gentes de Ellen Gould Harmon, podemos ver como la pluma inspirada describe la relación que se fue dando entre Jesús y María Magdalena. María, una mujer muy bella, una muy buena candidata al concurso de Miss Universo. Jesús era amigo de la familia. Eran tres hermanos que le ofrecieron su amistad, su hogar, y su confianza plena. Marta, María, y Lázaro. En ese hogar, Jesus encontraba reposo y hablaba con ellos con toda confianza. Si alguno de ellos hubiera escrito sobre las conversaciones que se dieron en esa casa, conoceríamos mejor al Maestro de Galilea y más íntimamente su forma de apreciar el vínculo familiar. Lázaro era el hermano mayor, le seguía Marta, y María era la más joven. A medida que pasaba el tiempo y compartían, la amistad entre ellos se fortalecía. María se sentaba arrobada a los pies de Cristo y escuchaba con atención y respeto cada palabra, cada consejo, cada ilustración, que el maestro traía en su conversación íntima y privada con ellos como en familia. Marta escuchaba desde la cocina y Lazaro se encargaba de proveer todo lo necesario para que siempre hubiera víveres para la cena.

En ese ámbito familiar, Jesús encontraba el ambiente de paz y reposo que todos necesitamos para abstraernos de la rutina que su difícil labor le exigía enfrentando las necesidades de la gente enferma y la presión constante de los fariseos, y de los saduceos, que lo espiaban constantemente para entramparlo. 

A medida que pasaba el tiempo, la afinidad entre Jesús y María se hacía más evidente y la personalidad única y el porte regio y a la vez compasivo de Jesús, impresionaban por su respeto y amor a la dignidad humana y a la relación familiar que se fue fortaleciendo con el tiempo. Por su parte, María miraba lo correcto del comportamiento de Jesús y cada día su amor y admiración por el Maestro se fortalecían y aumentaban, de una amistad familiar, a un amor profundo de una mujer por un hombre. Pero Jesús no estaba enfocado en ese tipo de relación, su misión era corta en esta tierra, y nunca insinuó una palabra que María fuera a interpretar como una proposición amorosa.

Cuando vemos cómo ella se comportó todo el tiempo, y junto a otras mujeres discípulas de Jesús, le seguían a todas partes, nos convencemos de que un grande amor los unía y una importante misión los separaba. Ambos antepusieron sus intereses personales y entendieron que era imposible una relación entre ellos ante la importante misión que el Maestro tenía que llevar a cabo en tan poco tiempo.

Tal parece que él fue preparándola a ella para los eventos que iban a ocurrir y que comprendían su muerte y su resurrección. María esperó y soportó todo el calvario de su Señor, su violenta muerte, y al paso de los acontecimientos, todo lo que él le había explicado, cobró sentido para ella. A medida que fueron ocurriendo los hechos, tal como él los adelantó, ella iba comprendiendo mejor sus palabras. A tal grado, que después de su muerte, sus esperanzas, en vez de morir con él, se fortalecieron, y por esa razón, acudió a la cita que Jesús le dio para verse en la tumba, a raíz de su resurrección y hablar algo muy importante que él tenía que decirle, antes de subir al Padre y ascender a los cielos.

Se trataba precisamente de esa relación que nunca se formalizó entre ellos. Ya cumplida la primera etapa de su misión, ahora Jesús estaba liberado de su labor terrenal y podía corresponder al gran amor que existió entre ambos y que nunca se pudieron manifestar mutuamente. Ella acudió sola ese domingo de madrugada al sepulcro. Su corazón latía fuertemente mientras caminaba y su esperanza, basada en la promesa que Jesús le hizo de resucitar, se hacía más real en su mente a cada paso que daba.

Al llegar al sepulcro, la piedra que cubría la entrada a la cueva estaba removida y los guardias romanos que la custodiaban habían huido de pavor cuando un ángel brillante y esplendoroso llegó y removió la pesada piedra. Ella estaba clara que Jesús tenía potestad sobre la muerte pues él había resucitado a Lázaro su hermano, despues de varios días de haber fallecido. De momento no lo vió, no vió a su Maestro, pero su fe y la confianza de llegar allí sola, le brindó  la seguridad a Jesús de que ella se ganó la oportunidad de oír la propuesta que él tenía para ella:  

Jesús le propuso matrimonio y se pusieron de acuerdo en todo lo que había de ocurrir: Por aceptar la propuesta del Salvador,  María llegó a ser “participante de la naturaleza divina”. Al aceptar la propuesta de Jesús, la mujer terrenal fue transformada y glorificada. Con nuevas energías corrió al encuentro de las mujeres que venían a embalsamar al muerto y les gritó de lejos: “¡Ha resucitado!, ¡ha resucitado mi Señor!”, En un momento, frente a frente, dos seres glorificados y transformados se pusieron de acuerdo, y  todo quedó aprobado por ambos y por las poderosas fuerzas del Padre y de la Madre celastiales. Los planes de la boda se realizarían en la casa del Padre como era la costumbre judía de su tiempo. Aún le quedaba una parte de la misión que Jesús tenía que completar en la tierra. Tenía que conocerse su resurrección gloriosa, tenían sus enemigos que verle triunfante y completar los cuarenta días que faltaban de la fiesta mayor hasta culminar en Pentecostés.

Cuando la pluma inspirada señala que ella, María, fue “participante de la naturaleza divina, y que fue puesta en estrecho compañerismo con el Salvador”, es cosa seria y de gran relevancia. Quiere decir, que su cuerpo mortal fue revestido de inmortalidad, que pasó de la etapa humana a la etapa divina y que de ahí en adelante el toque de la mano de Jesús la transformó en un ser divino de índole celestial como Cristo resucitado. Noten la importancia tan grande que esto tiene para la humanidad: participar de la naturaleza divina debe ser la meta de todos los cristianos sinceros que luchan para un día estar con el Señor en su Reino. En María, esa transfoirmación se inició en el interior de la tumba que guardó el cuerpo de Jesús por los tres días que pasaron, desde su entierro el viernes en la tarde, hasta su resurrección el domingo en la madrugada. Su estado mortal cubrió tiempo del viernes desde las tres de la tarde que ocurrió su deceso, descansó todo el día del sábado en la tumba, y como a las nueve horas del domingo, que debieron ser las tres de la madrugada, despertó de su muerte. Sus heridas y magulladuras recibidas a raíz del trayecto del calvario, cicatrizaron en el proceso de transformación y glorificación. De esa manera, tomó la naturaleza divina y esperó por María, en oración y meditación en la oscuridad de la cueva donde su cuerpo inerte fue depositado el viernes antes de la puesta del sol.  Dice la escritura que iban las tres Marías a ungir el cuerpo de Jesús el viernes en la tarde pero se regresaron y lo pospusieron porque se acercaba la hora de la puesta del Sol y ya se consideraba sábado desde ese momento. Por lo tanto, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos, y reposaron conforme al mandamiento, Decidieron esperar al domingo para descansar el sábado como era su costumbre. De la misma manera, el cuerpo sin vida del maestro quedó las veinticuatro horas del sábado en reposo (Lucas 23:56). Jesús le había dicho a los fariseos: destruid este templo y en tres días lo reedificaré, refiriéndose a su cuerpo que era el templo viviente del Dios de lo alto (Marcos 14:58, Juan 2:13-25, Mateo 26:61, Juan 10:17-18 ).

Jesús había anticipado su poder para poner su vida y volverla a tomar, el proceso tomó tiempo de tres días: parte del viernes, todo el sábado, y parte del domingo. En el caso de María, la transformación fue ocurriendo desde el momento que Jesús le tomó la mano y le propuso matrimonio. Ella aceptó gozosa. Ahí comenzó el proceso de glorificación y transformación que la hicieron “participante de la naturaleza divina” lista  para ascender con Cristo a recibir la aprobación del Padre. 

La belleza de María transformada, confundió a los espectadores del gran acontecimiento y les hizo pensar a los que vieron la ascensión de Jesús que María era otro de los ángeles que acompañaron a Jesús a la casa del Padre celestial en su ascensión final. Pero Jesús, el día que resucitó, subió al Padre para recibir el Reino, el Poder y la Gloria (Juan 17:1-11 y Mateo 28:18-20). Según la costumbre judía, las bodas duraban una semana y durante todo ese tiempo, la novia permanecía en la casa del padre del novio hasta la ceremonia final cuando el novio la toma y la lleva a su casa. 

En el camino a Emaús, Jesús les habló a los discípulos, caminó con ellos un trecho y no lo reconocieron hasta que por la naturaleza y el dominio de sus palabras, cayeron en cuenta que era Él. En la transformación gloriosa, no se pierde la identidad, pero los rasgos del rostro se perfeccionan de acuerdo al ADN original divino. En Jesús y María, los símbolos de Apocalipsis con respecto a la Iglesia, la nueva Jerusalén, y las bodas del Cordero, se encuentran con la realidad ineludible de estos personajes, que constituyen la realidad del mensaje sustantivo. La esencia misma del mensaje profético.

Las bodas del cordero son la culminación de los eventos que terminan con la triste historia de una Iglesia que se ha prostituido y se ha vuelto pecadora. Por la intervención de la gracia divina se arrepiente, se humilla a los pies del maestro, los baña con el perfume Santo y los unge para su sepultura.

No podía escoger Dios un mejor ejemplo humano para simbolizar a la Iglesia. Aquel perfume o ungüento de nardos era un símbolo del corazón de la donante. Era la demostración exterior de un “amor alimentado por las corrientes celestiales hasta desbordarse.”  Cuando a la vista humana, su caso parecía desesperado, Cristo vió en la mujer, el símbolo de una iglesia que le falló a su Señor, le falló al mundo que necesitaba de ella, y le falló a la verdad. Fue infiel y se comvirtió en prostituta, pero se arrepintió y el Señor sacó de su cuerpo siete demonios, la levantó y la convirtió en su esposa. Tanto en el símbolo como en la realidad, esa es la más tierna y gloriosa historia de amor del universo. 

Cuando se trata de ocultar verdades eternas de trascendencia, por satisfacer intereses individuales de unos sectores, tarde o temprano, la verdad, logra germinar y salir a la luz del Sol de justicia.

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