La Salud en la Cosmovisión Bíblica

Por: Dr. Norman González Chacón

Quiero destacar en este escrito la razón que me lleva a enseñarle a mis alumnos que el libro de texto más importante para mí al aprender las ciencias naturales ha sido La Biblia. Con esta declaración, no invalido los textos de estudios científicos de las diferentes especialidades como son la nutrición y la fisiología humana, así como todo lo que de alguna manera se encuentra en el estudio del cuerpo humano y sus tres principales sistemas:sistema digestivo, sistema circulatorio, sistema nervioso y endocrino. En mi libro, Bioética de la Medicina Natural, que se ofrece a la venta en Amazon y en Bio Shack, hago una síntesis detallada de lo que es la verdadera medicina natural y debe ser la base universal de los conceptos curativos, que se deben estar enseñando en las escuelas de medicina de todo el mundo. Partiendo de esos conceptos, es como único se puede hablar de curación y restauración de la salud de forma natural, de acuerdo con el principio hipocrático y a la vez con el principio divino. Ambos conceptos pueden ser conciliados cuando se conoce el fin desde un principio y se obtiene la información correcta y adecuada. Un médico o especialista que desconozca esta relación es un profesional ignorante de los procesos curativos verdaderos, que ha tenido que estudiar mucho de unas cosas y no sabe nada de curación. Cuando se trata de la salud humana y del cuerpo físico que nos ha sido dado, y no tenemos la información adecuada de su inventor y creador, los libros de ciencia son una confusión de conceptos muy difíles de conjugar entre sí para “curar”, es como seguir la ruta en un mapa de un lugar que no es para dónde queremos ir. Así ocurre con los textos de medicina y de ciencias relativas cuando los estudiamos sin conocer al autor del cuerpo humano y de la vida. 

La cosmovisión bíblica es un compendio de sabiduría que debe ser estudiada e interpretada con una base general de conocimientos que nos ayude a entender cuándo y dónde se encuentra la información que necesitamos para descubrir los tesoros ocultos. En este blog, se hayan muchos temas que nos ayudarán a encontrar ese tesoro escondido, pero tenemos que estudiar primeramente el tema de “Las Dos Biblias” para saber cuándo un mensaje, una información , o un concepto específico, se encuentra escondido en símbolos o parábolas. Así tenemos que descubrirlo cada uno independientemente. En “Las Dos Biblias” explicamos en detalle cómo es que los mensajes claves de Dios para el hombre no aparecen en forma literal como ocurre con el texto común.  

En otro blog que se titula “El Origen del Mal”, damos la razón específica para que Dios ocultara cierta información clave bajo símbolos que debemos interpretar para poderlos entender y descubrir esa información secreta y sellada. El Creador del cuerpo y de la mente humana conoce las estrategias específicas que se necesitan para manejar adecuadamente todos los aspectos importantes de la vida con éxito y seguridad. Por lo tanto, la salud física, la salud emocional, intelectual y moral del ser humano, tienen un libro de instrucciones formidable en extremo, pero no está disponible a todo el mundo. El tema está en clave secreta para quienes lo quieren adquirir para vanagloria, para hacer dinero o para aprovecharse de la desgracia de los enfermos y crear fama y riquezas. Es un seguro de responsabilidad que solo los entendidos pueden entender y descifrar para beneficio de la humanidad. Cuando se tienen otras intenciones, no hay manera de entender el tema oculto del manual de vida que el creador incluyó para cada criatura. 

Por esa razón, aunque el tema de la salud permea en cada página de la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis no está a la vista de teólogos ni de pastores ni de muchos que lo ven como un libro de religión. Sin embargo, es un libro de instrucciones dado por el creador a hombres y mujeres que deseen vivir sin enfermarse, ser felices en esta tierra y alcanzar la vida eterna. Los que busquen esa sabiduría del conocimiento divino de esas tres bendiciones tienen una recompensa adicional en esta tierra que es: 1. La prosperidad económica.  2. El respeto público de la gente.  3. La ecuanimidad para hacer justicia. Tres bendiciones que conceden tres privilegios. 

Cada precepto, cada mandamiento y cada estatuto que le fue ordenado al ser humano tiene la intención de establecer la paz, la salud y la justicia divina en la naturaleza humana y en la naturaleza verde que nos rodea de plantas árboles y animales. Cuando aprendemos a respetar los consejos divinos en las leyes de Dios, restablecemos el orden natural de Dios en la creación de este mundo. Descubrimos el fin desde el principio y aprendemos a convivir con la gente, a establecer el orden y la paz en nuestro centro de acción y en su periferia, y nos ganamos el título de restauradores de calzadas o de abridores de caminos que es igual (Isaías 58:12,13,14). Este texto de Isaías que nos insta a ser reparadores de los portones, puertas y portillos que se averían con el uso constante, y abridores de caminos (calzadas) por donde puedan transitar los que vienen más atrás de nosotros.

Es interesante, el hecho de que este texto que pavimenta el camino que el cristiano abre para todo caminante, contiene un mandamiento rechazado y olvidado por la humanidad y que representa tanto la salud física como espiritual y moral del ser humano. Se trata del descanso que le da silencio a la música para que sea armoniosa, el descanso que le da vida al trabajo para que sea placentero, y el descanso que permite que nuestras células se restauren y se renueven para que no nos enfermemos. El descanso que el mundo necesita hoy para acercarse al Creador y ver Su obra creadora. El descanso vivo que compite ventajosamente con la muerte y le gana la partida. El descanso divino de cada día cuando se hace de noche y dormimos plácidamente. El descanso de un día de cada 7 y de un año de cada 7, le llamamos sábado y es el séptimo día de cada semana; la única secuencia en el tiempo que ha quedado estable y que perdura a pesar de los miles de años que han pasado y de los grandes cambios que el hombre le ha hecho al tiempo y al calendario. Sin embargo, casi nadie ha hecho caso de este importante asunto de salud universal y en vez de un descanso sistémico para la humanidad, se ha convertido en un día más de trabajo, de negocios y de visitas a los comercios. 

Por esa razón, cuando en Apocalipsis 14:11 y en Isaías 34:10 se describe a los que han recibido la marca de la bestia y que se han de perder, señala de ellos que: “No tienen reposo ni de día ni de noche”, Esto quiere decir que, al no descansar el sábado semanal, el descanso nocturno de cada día se hace incompleto y no satisface las necesidades fisiológicas del cuerpo humano en su totalidad. Su culminación deja un déficit al final de la semana y no se produce el ciclo de reposo que el organismo necesita para extender la vida útil sin enfermarse. Por eso el creador nos reservó ese día para reposar del trabajo común, para la contemplación de la naturaleza y conmemorar de una vez la creación de todo lo que Dios hizo bueno en gran manera para la raza humana.

No es el viernes, ni el miércoles, ni el domingo. Cada día de la semana tiene su importancia y nos da la oportunidad de dividir el tiempo de forma que al terminar la semana, hayamos alcanzado las metas y cumplido con nuestras obligaciones para ese tiempo. Son 8 horas para trabajar y ganar el sustento, 8 horas para asueto o recreación, y 8 horas para dormir y descansar. Cuando aprendemos a dividir el tiempo y vivir de acuerdo a la voluntad divina, el descanso de las veinticuatro horas del sábado, es proporcional y relativo al descanso que nuestro cuerpo necesita para estar energizado y saludable. La única diferencia es que en la semana el tiempo es nuestro.  El sábado es del Creador y al descansarlo en su nombre, conmemoramos la creación y le devolvemos a Dios el diezmo del tiempo que nos da para nuestro uso personal. Es lo mínimo que le podemos devolver a Dios. 

Ni el domingo ni ningún otro día de la semana puede sustituir al descanso del día que Dios escogió, santificó y apartó para él. Debe ser un día especial de delicia, santidad y gloriosa bendición. Un día a la semana para que celebremos el cumpleaños de la creación. Que tengamos en todo momento la presencia divina en nuestra mente, en todo lo que hagamos digamos y pensemos. No merece menos el gran Creador del universo y nuestro cuerpo, nuestro metabolismo y cada célula del mismo de responder a ese llamado al reposo divino. Dios reposó de su obra creadora, no porque se hubiera cansado porque Dios no se cansa, sino porque vió la necesidad del reposo humano que es el emblema y ejemplo del reposo divino. Porque Dios hizo que la creación entera se detuviera un día de su incesante actividad para recordar al Creador y Arquitecto del universo. Y para la salud universal de las naciones que lo necesitan urgentemente. Los ciclos de la tierra, de los árboles y de todo lo creado responden a este patrón divino de cada siete días y de la tierra cada siete años. Cada 7 años los árboles que no han sido injertados o hibridados ni manipulados genéticamente, descansan de su producción frutal. Según la ley de Dios, el séptimo año hay que dejar de trabajar la tierra para que descanse y se reponga. Cuando se sigue ese ciclo de la naturaleza no hay necesidad de usar abonos químicos para obligar la tierra a producir. Es una reacción natural y espontánea que ocurre como consecuencia natural del descanso de la tierra cuando ese importante precepto se respeta en su ciclo correcto. 

Así como los hombres han perdido el ciclo de descanso porque han sido injertados con los genes malignos de rebelión, así los árboles frutales han sido injertados por la mano de ese maligno que sembró la mala semilla en medio del campo de Dios. Cuando esos genes dominan, el hombre se rebela contra el descanso divino y pierde la fortaleza original, la salud mental y física, así como la orientación correcta de todo lo que es lícito y moral. El descanso sabático y semanal es un antídoto contra el veneno de la autosuficiencia, de la vanagloria, de la búsqueda de las riquezas desmedidas y de la avaricia del ser humano. Es la mejor medicina contra las bajas pasiones humanas. Ese descanso tiene mucha importancia en la prevención de todo tipo de males y enfermedades malignas.

Los Judíos y algunas sectas que han conservado la palabra divina y tratan de seguir sus recomendaciones, guardan el sábado pero no lo convierten en esa delicia santa y gloriosa que debe ser, porque ese día están de viaje a la sinagoga o a las iglesias,  andan por el tráfico de las carreteras y de las ciudades de un lado a otro, no descansan ni les da tiempo para meditar y trascender en la obra del Creador, por lo que mucho menos para llevar a cabo el verdadero reposo que previene de enfermedades de todo tipo. Se enferman de las mismas enfermedades que el resto del mundo que “no tiene reposo ni de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11, Isaías 34:10) Los que descubren el verdadero descanso y ayunan de toda alimentación pesada ese día, no pueden enfermarse porque la promesa divina está vigente y Dios cumple su palabra con los que cumplen con sus leyes (Exodo 15:26, 31:14-17, 35:1-3, Apocalipsis 12:17, 14:12).

Desde el Génesis, el primer libro de la Biblia, hasta Apocalipsis que es el último, podemos ver que tanto los mandamientos de Dios como sus preceptos y estatutos son eternos y nadie debe reclamar que han sido abolidos en la Cruz. Allí se abolieron las leyes de los sacrificios y derramamiento de sangre, pero los mandamientos quedaron exaltados por Cristo que siguió después de su muerte y resurrección reuniéndose con sus discípulos el día del sábado. Y para confirmar su pacto perpetuo a muchos, descansó el sábado en la tumba y se levantó el domingo muy temprano para iniciar la segunda fase de su ministerio. No encontraremos un solo texto en la Biblia que avale la abolición del sábado como reclaman algunos cristianos y por todo el mundo que se perderá. Quién lo ponga en duda, oiga las palabras de Jesucristo a los discípulos: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas, no he venido para abrogar sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezcan el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.” (Mateo 5:17 al 20) 

Tanto pastores como teólogos cristianos se han arrogado la terrible decisión de abrogar unas leyes y de dejar otras vigentes de acuerdo a su criterio personal y conveniencia. Ellos cargan sobre sus hombros la responsabilidad, y sobre sus cabezas la justicia por la culpa de haber contradicho las contundentes declaraciones del Hijo de Dios que dijo además: “El cielo y la tierra pasarán, más mis palabras no pasarán”(Mateo 24:35).

Es importante para cada persona que desee salvarse, la lectura de los artículos publicados en este blog.  Para tener el privilegio de vivir en la tierra nueva hay que creer en las promesas claras y definidas del Señor y Salvador y no en las de ministros,  sacerdotes y pastores que interpretan las escrituras a su manera y conveniencia. “De cierto de cierto les digo, que ya tienen su recompensa” (Mateo 6: 2-5-16 y 25:31- 46 

Las congregaciones cristianas están hambrientas de recibir palabra de sabiduría divina pero la verdad que es muy dura para el que la prédica y la oye, no se habla en los sermones, y las almas sinceras necesitan oír las verdades eternas, tal cual son. Los testimonios que recibimos de cada blog nos confirman que los entendidos están entendiendo y que la información que compartimos esta cambiando vidas que se habían enfriado por falta del calor de la verdad. Algunos pueden pensar que nuestro Blog es una crítica a la Iglesia cristiana que milita y sobrevive en medio de tanta incertidumbre y confusión, pero no es así. Todo lo contrario, es un llamado a una nueva reforma que le haga frente al desenfreno y confusión en que el mundo se encuentra hoy. Una reforma que vaya de acuerdo a la voluntad divina expresada en las 333 leyes que se resumen en los dos grandes mandamientos en los que Jesús resumió los diez ante sus discípulos: Cinco de estas leyes incluyen el amor y respeto a Dios y a sus leyes mandatos y preceptos y las otras cinco que contienen el amor y consideración al prójimo como a uno mismo. Le llaman: La Regla de Oro. 

Cuando la Iglesia enseñe los preceptos y mandatos de salud y vida, recuperará de inmediato el don de sanidad divina y los enfermos en vez de llegar a los hospitales, vendrán a las iglesias a recibir la verdadera curación que Dios tiene para los que guardan su palabra, expresada en términos de preceptos, mandamientos estatutos y consejos divinos.  “Aquí está la paciencia de los Santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12). La paciencia de los Santos es la perseverancia del Cristiano al paso del tiempo y de las circunstancias difíciles de la vida, que se mantiene firme en sus creencias y convicciones, y creciendo espiritualmente en el estudio y comprensión de la palabra. 1. Los que guardan los mandamientos de Dios sin quitar ninguno de aquellos que no les son fáciles de guardar. 2. Por la insistencia del mundo en cambiarlos y sacarlos del contexto de las cosmovisión cristiana.  3. La fe de Jesús es la más poderosa en las manos del cristiano sincero. Mediante esa fe se mantiene firme en sus principios de vida, con esa fe se vive en medio de la maldad sin contaminarse con ella. Es esa fe la que cura de toda enfermedad y que nos libra de caer en la tentación consistente del mundo. “No mirando las cosas que se ven que son pasajeras, sino las que no se ven que son eternas”(2da de Corintios 4:8). La fe de Jesús es el Espíritu Santo que nos abre el  entendimiento para entender todo lo que es relativo a nuestra vida espiritual y a nuestra salvación eterna. A través de esa fe y sostenidos en ella, entendemos todo lo que necesitamos saber para sostenernos firmes hasta su venida. 

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