Los Anti-alimentos

Por: Dr. Norman González Chacón

Existe, hoy en día, una gran cantidad de personas en el mundo cuya hemoglobina se mantiene bajo los niveles establecidos como normales. Igualmente, muchas personas sufren de insuficiencias nutricionales a pesar de la gran disponibilidad de alimentos. La mayoría de estos casos se deben a problemas de absorción de los nutrientes del complejo B, debido a que los cilios de absorción del intestino delgado no pueden absorber estos importantes nutrientes de la alimentación. Una de las razones principales es que los cilios, donde se lleva la principal absorción de nutrientes, se inflaman y  se cierran al paso de sustancias irritantes y tóxicas como el gluten del trigo y las prolaminas (semejantes al gluten) de otros cereales como el maíz, la avena, la cebada, el centeno, y algunos granos secos. Estas prolaminas o aglutininas  que en cada cereal tiene un nombre diferente, causan el mismo efecto tóxico en las células del intestino y eventualmente afectan la sangre. Los cilios de absorción se cierran para proteger la sangre y el cerebro, pero debido al consumo constante de este tipo de toxinas, se destruyen y el intestino queda liso y no absorbe los nutrientes adecuadamente, por lo tanto,  se pierde la absorción de las vitaminas del complejo B. 

En algunas personas, estos tóxicos pasan a la sangre dando lugar a enfermedades como la diabetes, la hipertensión, enfermedades auto-inmunes (artritis reumatoide, esclerosis múltiple, lupus) y cáncer, en otros, sencillamente les baja la energía, les baja la hemoglobina, y sufren permanentemente de agotamiento por intoxicación y falta de oxígeno. En la nutrición moderna, en vez de recomendar el rechazo de estos cereales de la dieta general, y consumir la proteína de los aminoácidos provenientes de los vegetales, recomiendan comer mucha proteína de la carne de animales muertos, que en vez de darnos vida, nos acercan más a la muerte. Esta condición, denominada disquinesia o discinesia ciliar, se puede observar en niños que sufren de condiciones digestivas, respiratorias, infecciones recurrentes de los oídos, sinusitis, gripes, catarros o alergias de todo tipo. A estos niños, si se les quita el gluten de los cereales, y la leche de vacas, curan de inmediato de sus condiciones, les sube la hemoglobina y se mantienen saludables.

El gluten afecta a todos los que lo consumen en sus diferentes fases: gliadina del trigo, la avenina de la avena, el Kamut, la cebada, el centeno, la espelta, el mijo y el sorgo. En el maíz, al gluten se le llama zeína, no se le llama glúten, pero tiene una prolamina que es semejante en daño a la gliadina del trigo. Igualmente, la soya y otros granos secos contienen grandes cantidades de isoflavonas, lectinas y fitatos, que al actuar en el cuerpo, lo hacen igual que los estrógenos, y por consiguiente, hacen propensas a trastornos de la tiroides y quienes lo consumen, son más propensos al cáncer de seno, de matriz y ovarios en mujeres y a cáncer de próstata en hombres. 

El sorgo contiene kafirina, el centeno sekalina, la avena avenina, el arroz orzenina, la cebada  hordelina, el maíz zeína, y en fin, todos los cereales contienen esa proteína tóxica que en el trigo se llama gluten. El gluten del trigo, del centeno y de la cebada, son los más concentrados y por lo tanto, los más dañinos a la salud. Las personas con intolerancia al glúten, y los que sufren enfermedad celíaca o ciliar, no deben consumir cereales de ningún tipo.  El gluten es veneno para los diabéticos y para los que sufren de intestino irritable,  enfermedad de Crohn, colitis ulcerativa, y úlceras estomacales o intestinales. 

A todos, aunque no tengamos estas enfermedades diagnosticadas, nos afecta el glúten. Este tipo de proteínas, de tamaño pequeño, son altamente reactivas y tóxicas. Los estudios realizados por la Harvard Medical School y publicados en su Journal  Harvard Health Publishing, nos advierten del daño que le hace el glúten a las personas intolerantes, pero al analizar a fondo el tema, nos percatamos que a todos los que consumen estos cereales, les hace daño el glúten. El hecho de que algunas personas reaccionan fuertemente y de inmediato al glúten, es señal de que su sistema inmunológico es fuerte, y que se activa rápidamente cuando ingiere cualquiera de estos cereales. 

Si a todos les causa daño, la pregunta es: ¿Por qué Dios hizo estos cereales, y con qué propósito? ¿Por qué la industria de alimentos los sigue utilizando? ¿Por qué no han sido eliminados? La industria no ofrece respuesta aunque la tiene. Cuando eso ocurre, tenemos que ir a la Biblia: Cuando Dios hizo estos cereales, no eran dañinos a la salud. En la parábola del trigo y la cizaña de Mateo 13, el Señor nos da la respuesta clara y bien definida. Un enemigo amparándose en las tinieblas de la ignorancia, y con toda la mala intención, sembró la cizaña y la mezcló con el trigo bueno. Mediante el proceso de hibridación, que fue la primera práctica dañina, el enemigo ha dañado los frutos de la tierra, y estos, afectados por esa confusión, se hacen más tóxicos en cuanto más tiempo pasa sobre la tierra. “Un enemigo ha hecho esto.” El enemigo de la salud de la gente, ha creado todo tipo de cruces, injertos, hibridaciones, y amalgamas, en los frutos y cereales que Dios creó perfectos en el principio. Ya no se guardan semillas de trigo de las originales que Dios creó, y por lo tanto, tenemos menos opciones para consumir. ¿Por qué Dios no corrige ese daño en la naturaleza? Porque nos toca a nosotros, los que permitimos entrar a ese enemigo a nuestra finca y enmendar el daño.

Se pueden realizar muchos de estos procesos, seleccionando las semillas que aún pueden contener el sello genuino del Creador. No es tarea fácil, ya casi no quedan variedades de estos frutos y cereales: pero, aproximadamente, cada árbol o planta injertada, produce un pequeño porciento del fruto original. Si recojemos esa semilla y la sembramos una y otra vez consecutivamente, iremos depurando la genética original. La primera razón que esbozaron los hombres que intervinieron en este crimen contra Dios y contra la humanidad, tenía una justificación comercial para ellos: Sólo había una época en el año para cosechar trigo y la demanda era grande. No se cosechaba trigo en invierno, pero crecía una planta muy parecida al trigo que soportaba los inviernos más crudos; se trataba del trigo cícera, una variedad silvestre tóxica que no se podía consumir como alimento. Decidieron estos comerciantes, injertar el trigo bueno con esta planta silvestre, y lograron crear una variedad resistente al frío, que al consumirlos, la gente no se envenenaba de inmediato. De ahí en adelante, esta nueva variedad que le llamaron trigo cicera de la cual se desprende la palabra cizaña, se hizo indispensable para los agricultores cultivarla todo el año, en toda época y lugar del mundo. La mezcla híbrida que resultó de este experimento, surgió el trigo que conocemos y que consumimos hoy en todas partes del mundo.

La semilla original fue rechazada por los agricultores y todos prefirieron la semilla de toda época y lugar por ser mucho más fuerte y resistente a todas las inclemencias del tiempo y del terreno; de lluvia y de sequía. Cuando Jesús le habló a los discípulos del enemigo que amparándose en la oscuridad de la noche, entró a la finca del Señor y sembró la mala semilla entre la buena, está describiendo esa mano siniestra que por motivos puramente económicos, no sólo injertó el trigo, si no todos los cereales y frutos de la tierra los fue alterando en las estaciones experimentales de todas las universidades y centros de estudios agrícolas del mundo. 

La experimentación y manipulación genética ha sido el eje de la nueva agricultura a nivel mundial, y de la toxicidad de todos los granos y cereales que es mayor, en tanto y en cuanto, se experimenta para realizar grandes y productivas siembras comerciales. Por esa razón, las diferentes proteínas que definen el sabor, la textura, la facilidad del cultivo, y su productividad comercial, son el llamado gluten o pegamento que aglutina y pega la masa para hacer el pan comercial de hoy, las pastas, las tortas, los dulces y todo lo que se confecciona con el gluten, que resulta tóxico y dañino para la salud humana y animal. 

El Gran Maestro lo reveló a los discípulos en la parábola del trigo y la cizaña. Esta amalgama resultó ser dañina a la salud por la toxicidad natural de la planta del trigo cícera que le sirvió de estructura al trigo invernal de toda época y lugar. Lo mismo ha ocurrido con los otros cereales como el maíz, la cebada, el centeno, la avena, el arroz, y otras variedades que se sirven en la mesa a nivel universal, y que son causa de diferentes enfermedades que sufre la gente y que nadie denuncia a los causantes porque a todos les gusta comer el pan. 

Al contrario, se aceptan en nuestra sociedad como la base fundamental de muchos alimentos que la gente adquiere para su supuesta alimentación, pero que llevan un segundo propósito: Mantener la industria de la agricultura, la de los hospitales, y la de las grandes empresas farmacéuticas, enriqueciéndose a costa del sufrimiento de la gente, incluyendo así, a los mismos profesionales de la salud que en su mayoría siguen los consejos nutricionales de los nutriólogos modernos, que los recomiendan como base importante de la nutrición industrial. Muy pocos están conscientes del daño que hacen estos cereales a la salud de quienes los consumen. Nadie se percata del grado de inflamación que se produce en el cuerpo humano, y que da paso a diferentes y variadas enfermedades como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, y las enfermedades autoinmunes, que proliferan en todo el mundo que consume estos supuestos alimentos. 

Debido a que al comercio universal le ha sido provechoso económicamente, y se han establecido grandes monocultivos de estos cereales en todas partes del mundo, la industria del arroz, del maíz, y del trigo, son una de las grandes fuentes de trabajo y de negocios de la gran industria alimentaria. Siguiendo ese patrón de éxito comercial de la industria de los cereales y granos, se ha establecido un patrón general en las siembras, que dependen de químicos tóxicos y hierbicidas químicos para lograr un crecimiento rápido y poco costoso. De esa práctica se nutren para el cultivo de todos los vegetales que se consumen en todo el mundo. De lo que Dios hizo perfecto en el principio, no queda casi nada que sea seguro y alimenticio a la salud. Las frutas, los vegetales, las ensaladas, los condimentos y  todo lo relacionado al alimento humano y animal, es fertilizado químicamente, injertado, genéticamente modificado, híbrido o ambas cosas. Muy pocos vegetales pueden quedar que no hayan sido alterados. Solo aquellos que comercialmente no son atractivos para su éxito en los mercados mundiales, puede que aún no hayan sido intervenidos. 

Cuando un vegetal es manipulado genéticamente o injertado, así como excesivamente fertilizado, pierde el sello del Creador, la estrella de 5 puntas que distingue su origen puro o su estado natural. Esa es la forma de nosotros saber si lo que estamos consumiendo está en su estado original perfecto. De no ser así, es muy poco o nada lo que ese fruto nos puede alimentar y nutrir nuestras células. Cuando vayamos al mercado, observemos que lo que compremos, tenga la estrella perfecta en su exterior. La mayoría de los vegetales y frutos muestran su sello distintivo, ya sea bueno o malo en su exterior. Veamos de nuevo el blog “El sello de Dios” para así conocer a fondo lo que nos puede alimentar, y diferenciarlo de lo que nos puede enfermar; esa es la clave. 

Una ley natural que estudiamos en biología es la siguiente: Nuestro cuerpo rechaza y destruye toda célula extraña que entra a su economía. Algunas pasan la barrera inmunológica, llegan a la sangre y a los sistemas, debido a que los productos híbridos, o manipulados genéticamente, a veces son tolerados al no ser reconocidos como tóxicos por nuestro sistema. Éstos se constituyen en una carga tóxica que el cuerpo debe eliminar porque no produce energía positiva. Su tránsito por el organismo es negativo ya que se constituye en basura orgánica que recarga los órganos filtros :  El hígado, los pulmones, y riñones. Esa carga tóxica, a veces no se elimina totalmente, y por el constante consumo de las mismas, se produce una aceptación condicional, que aunque no nutre, queda circulando hasta que se deposita en órganos debilitados y forma quistes y tumores que más tarde pueden convertirse en cáncer y en enfermedades autoinmunes ya que aumentan la velocidad de sedimentación de los eritrocitos (sedimentatión rate) en sangre. 

La sedimentación o acumulación de proteínas tóxicas en los glóbulos rojos y tejidos, produce inflamación y la inflamación produce hinchazón y dolor en donde se acumula. Si circula en la sangre, la vuelve gruesa y espeza, y la persona, además de sentir dolores, se agota fácilmente y sufre de falta de oxigenación, porque la sedimentación afecta la capacidad de transportar oxígeno en las células sanguíneas. 

Tan pronto uno de estos vegetales o frutos alterados y fertilizados químicamente, entra en el sistema, causan reacciones inmunológicas de rechazo, parecidas a las que producen la entrada de viruses o bacterias. Ese movimiento de rechazo, es un proceso energético que consume energías vitales que el organismo necesita para combatir infecciones patógenas y establece la base para reacciónes alérgicas y autoinmunes.

La mayoría de las reacciones alérgicas que sufren los niños, son causadas por tóxicos en la alimentación: leche de vaca, carne de animales muertos, frutas y vegetales híbridos, fertilizantes químicos en los alimentos, gluten de los cereales, del arroz, del maíz, de la avena, de la cebada, y de otros componentes de alimentos preparados como lo son: el ácido cítrico, el benzoato de sodio, el sorbato de potasio, el sulfito sódico, y el ácido acético o vinagre químico. Hay muchos otros  preservativos, o emulsificantes que se utilizan en la industria para combinar, sin que se separen, con otros ingredientes acuosos como la mezcla de aceite y vinagre y muchas otras sustancias que se mezclan en las industrias de alimentos procesados y envasados. Vemos constantemente en los ingredientes de un producto, desde dos, cuatro y hasta seis de estas sustancias preservativas o emulsificantes.

Toda esa química, sumada al fruto o vegetal manipulado genéticamente y al consumo de carnes de todo tipo, es lo que enferma a la gente de enfermedades crónicas que sufren hasta la muerte. Por más esfuerzos que la persona haga, por más oración y meditación que haga, por más especialistas que visite, si no cambia sus costumbres alimentarias jamás se va a curar. La industria moderna carece de compasión y respeto por la vida humana. Grandes compañías se enriquecen con la desgracia de las enfermedades que sufre la gente. No les interesa cambiar su estilo, porque producen buenos dividendos económicos. El cambio, tiene por obligación que ser individual. Es usted, y solamente usted, quien determina su estado de salud actual y futuro y quién único puede evitar el consumo de estos ingredientes tóxicos y dañinos.  

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