Las Leyes Naturales

Por: Dr. Norman González Chacón

Se define de dos maneras diferentes pues se aplica a dos conceptos diferentes pero que tienen una relación armoniosa con el sentir de la naturaleza humana y parte de principios que suelen ser compartidos por todos los componentes de la sociedad. Uno es el dictamen que emana de la razón y de los derechos que se fundan en la propia naturaleza humana y que establece su comportamiento ante determinadas condiciones. A esta ciencia se le conoce como el derecho natural. Dentro de este marco las leyes naturales son precedentes, superiores e independientes al derecho escrito, al derecho positivo y al derecho consuetudinario. Según esta base, nadie puede violar estas leyes sin cometer una falta…

La segunda aplicación de la ley natural es, a diferencia, un principio que se establece a partir de hechos concretos y pruebas empíricas… Cuando dicho principio se puede aplicar a un conjunto definido de fenómenos que se observan y se concretan a condiciones específicas, se puede describir como una ley natural. Las leyes naturales son conclusiones que surgen de pruebas y observaciones científicas observadas repetidamente en el tiempo, en el espacio y en la naturaleza misma que son aceptadas por la comunidad científica como parte de los fenómenos naturales que nos rodean y que son parte del entorno real de todo lo que podemos observar.

Por lo tanto, debemos ver por separado lo que es el derecho natural en las leyes del Estado de las leyes naturales que rigen el mundo y la naturaleza que nos rodea, aunque ambas, son agencias liberadoras que se inspiran en la condición natural del hombre.

Las leyes estatales de los países del mundo no han podido establecer un patrón de leyes naturales que sean comunes a todos, todo el tiempo debido a que los tiempos cambian la percepción de los juristas para establecer jurisprudencia y los conceptos cambian cuando cambia la etapa que se esté viviendo en una sociedad o en una época concreta.

Por lo tanto, las leyes naturales jurídicas son maleables y fluctuantes en tanto y en cuanto se manifiesta el sentir general de una comunidad en una época en particular.

Las leyes naturales del planeta a las que llamamos leyes de la naturaleza que están asentadas en los libros de física y biología y que muchos de ellas se pueden medir o formular en fórmulas matemáticas, son elementos estables y no cambiantes ni fluctuantes si no se altera la esencia misma de su fórmula. Cuando el científico descubre que puede alterar una fórmula natural para conseguir un propósito, tanto la ley natural como el propósito que esta persigue se convierten en elementos de disociación en la naturaleza y dejan de seguir el propósito original.

Por lo tanto, los seres humanos tenemos que aprender a observar, preservar, respetar y cuidar la ley natural a fin de preservar, en el mejor estado posible, el patrimonio legítimo que cada generación recibe, a manera de prólogo, de la generación anterior.

Aunque la naturaleza tiene sus propios elementos de preservación, y las leyes naturales son leyes inalienables y universales, así como lo son los derechos naturales existen leyes en la naturaleza que pueden alterarse mediante la intervención humana.

Cuando las leyes de la naturaleza son vulneradas en cualquiera de sus conceptos, el planeta entero sufre las consecuencias funestas de la violación. En cuanto a la ley natural de los derechos humanos ha habido que declarar su vigencia y respaldar su existencia mediante decretos universales y convertirlas en instrumentos eficaces para acabar tanto con la discriminación como con la opresión de la naturaleza que se pueden alterar o modificar cuando se violan los principios que las rigen.

De la misma manera, la ley natural, que se divide en miles de leyes de naturaleza biológicas, químicas físicas, geotérmicas, geológicas, espaciales, gravitacionales, botánicas, etc.… puede ser vulnerada o alterada en su esencia original cuando se interviene, de alguna manera y se altera la fórmula original, se altera a su vez todo el entorno medio ambiental que le rodea. A cualquier cambio en la formula original de un elemento, se le denomina violación o adulteración. Violación cuando se altera la función, apariencia o comportamiento y adulteración cuando se alteran las funciones básicas del genoma y se afecta la especie o la descendencia. 

Siempre que se altera el orden natural se producen consecuencias sobre la especie y sobre el ambiente donde se desarrolla la misma. Cada especie vegetal o animal posee un código genético específico que se transmite en la reproducción a las especies subsiguientes de su tipo. Cada genoma tiene una llave que cierra las posibilidades de cambios que produzcan confusión y menoscabo de la genética que la rige. Esos mecanismos son agentes preservadores de la especie y solo pueden alterarse por violación o adulteración del proceso reproductivo natural. Por esa razón, la genética de una planta, por ejemplo, no se cruza mediante la polinización natural que llevan a cabo los insectos indicados en su ambiente: Las flores amarillas se siguen reproduciendo amarillas según su género, aunque haya flores de su misma especie en otros colores. Pero si se violentan por injerto, hibridación o intervención genética, estaremos adulterando el proceso natural de reproducción y se cruzarán los colores y/o cambiará la apariencia, el tamaño o la forma del patrón original. Por ejemplo: cinco pétalos en la flor a cuatro o seis pétalos por unidad. Al romper la unidad del genoma en su esencia, cualquier cosa puede ocurrir en la planta y en su especie.

Algunas especies al manipularse genéticamente sea por el método que sea, pierden la capacidad de reproducirse o se reproducen en una de las especies originales del color o el sabor dominante.

Las leyes de la naturaleza son un resguardo para las especies y una protección para la gran diversidad que se puede obtener en el sabor, color y forma de cada especie en particular. De la misma manera, cuando se violentan la ley natural nunca se sabe cual o cuales van a ser los resultados ni sus consecuencias. A fines de la década del 30 y a principios de los 40 se desarrollaron las estaciones experimentales agrícolas que se dedicaron a cruzar todas las especies frutales disponibles sin una meta real trazada ni un fin específico. Se violaron todas las leyes de reproducción de esas especies y se les causó un daño irreparable a todas las especies de frutas experimentadas. Casi un siglo después, tanto el color, el sabor, la textura y el tamaño de la mayoría de las frutas intervenidas no se comparan con las originales y no existen semillas vírgenes para recuperar el daño que estas estaciones de experimentación le hicieron a la agricultura.

Nada es igual en color, forma y sabor que se perdió en los experimentos llevados a cabo en esa búsqueda irracional de algo diferente por el mero gusto de obtener resultados sin conocer las consecuencias ni dejar semillas originales para comparar o rectificar si era necesario.

Cada vez que se viola una ley natural, las consecuencias no se dejan esperar: La ley natural señala que todo lo que el hombre siembra, eso cosechará. Por lo tanto, sembramos confusión en la naturaleza y cosechamos enfermedad en las plantas y en quienes las consumen…

El mundo está sentenciado a sufrir hambre y enfermedades de todo tipo pues la naturaleza ha sufrido la violación y la adulteración de sus semillas originales y el cuerpo humano no reconoce la mayoría de estos frutos alterados en su naturaleza original.

Muchos están cambiando a una alimentación basada en plantas naturales. Algunos lo hacen tratando de proteger a los animales. Otros tratando de protegerse ellos del daño que los productos animales le hacen al organismo humano. Está comprobado científicamente que los vegetarianos sufren menos enfermedades y que viven una más larga vida.

Pero los procesos de manipulación genética, de hibridación y los injertos, sumando a la fertilización química, han echado a perder las ventajas de los frutos de la tierra y la alimentación vegetariana pierde parte de su beneficio, por lo que tenemos que proteger las semillas y los frutos que aún quedan vírgenes y no han sido intervenidos o manipulados. Así se pueden rescatar semillas y se pueden seleccionar frutas y vegetales que conserven el patrón pentagonal original que caracteriza la naturaleza virgen.

Cuando se manipulan genéticamente frutas o vegetales se pierde la secuencia molecular de las células madre y se descompone el patrón genético de la planta, de la flor y finalmente del fruto modificado. 

Cuando se altera el patrón genético, la capacidad del organismo de asimilar las vitaminas, los minerales y lo aminoácidos del fruto se limita a una digestión imperfecta y una pobre recuperación nutricional. Esto se debe a que el organismo está diseñado para reconocer, asimilar y digerir ciertos nutrientes compatibles que, al alterarse por los procesos antinaturales mencionados, no pueden ser asimilados y convertidos en tejido sano. Por lo tanto, la conversión del alimento vegetal en energía se limita por la incompatibilidad genética de la planta alterada en su esencia. 

El genoma humano y el genoma de las especies que nos deben servir de alimento deben ser compatibles para una buena asimilación y conversión del alimento en energía utilizable y almacenable en el organismo. De eso depende el buen funcionamiento (armónico) de órganos y sistemas.

Las plantas que han sido intervenidas genéticamente se pueden identificar porque pierden el patrón molecular original en el tallo, en la flor y eventualmente en la fruta misma. Si observamos la flor o el fruto nos percataremos del cambio que con el tiempo se va definiendo en su forma. Por ejemplo: un tomate cuya flor presente cinco pétalos iguales, y el fruto presente cinco divisiones internas no ha sido intervenido genéticamente, se puede decir que conserva el patrón pentagonal original y que es virgen.

En el patrón del repollo y la lechuga se pueden observar las consecuencias malignas de la fertilización química y de la intervención genética pues hasta el nombre se les ha cambiado aludiendo a su configuración genética: Se les llama crucíferos debido a que en vez de una configuración de cinco partes presentan una cruz de cuatro lados. En esta categoría se han alterado el brócoli, la col, el coliflor, el repollo verde y las coles de Bruselas. Se les denomina brassicales o “brassicaceae” de acuerdo con su clasificación científica. La flor es de cuatro pétalos y la cruz es el patrón dominante.

Justamente la familia de plantas con mayor composición de antioxidantes fue alterada para facilitar la siembra y cosecha sin tener en cuenta que su efecto antioxidante y antiinflamatorios que pueden proteger de enfermedades y cáncer, se anulan por el proceso de siembra y cosechas manipuladas química y genéticamente.

Los crucíferos son un aborto de la manipulación genética y se constituyen en una amenaza para la salud. El sistema digestivo no es capaz de obtener nutrientes saludables de un crucífero y mucho menos conseguir sanación mediante su consumo. La evidencia científica de los vegetales “supuestamente” crucíferos como anticancerígenos fue realizada sobre vegetales de su misma categoría; es decir: repollos, coles, brócoli, lechugas y coles de Bruselas con el patrón original de cinco divisiones y no en el patrón crucífero. (véase ilustraciones)

La cruz que identifica al crucífero es fácilmente distinguible al escoger su alimento y para una mejor salud personal, familiar y universal deben ser rechazados y no consumidos.

De esa manera, no fomentamos su producción, así como no fomentamos la matanza de animales para consumo humano y protegemos nuestro ambiente general de la contaminación, de los cambios climáticos y de la perdida de agua.

El daño que le hacen las granjas de animales de todo tipo; ganadería, agricultura, porcicultura y zoología y caballería al ambiente es de tal magnitud que en los Estados Unidos solamente es equivalente a la explosión de diez bombas atómicas por año.

Pero además de eso, el daño directo a la salud humana que los consume es tan grande que aún no se ha podido calcular su efecto actual y potencial futura. Por esa razón, es tan importante la labor de preservar las semillas vírgenes de los frutos que aún quedan sin adulterar.

Las Leyes Naturales

Las leyes naturales no admiten violación, modificaciones ni adulterios. La ley universal dice: “Todo lo que el hombre sembrare, eso segará” ¿Qué pasa cuando sembramos mutaciones genéticas? ¿O frutos adulterados? Peor que eso ¿Qué ocurre cuando las consumimos como alimento? ¿Nos alimentamos y ganamos energía o nos enfermamos y perdemos?

Medio siglo de experimentos en este campo de la salud nos da contestaciones contundentes a las preguntas anteriores expresadas: “Todo lo que sembramos es lo que cosechamos y para bien o para mal, cada semilla que sembramos da cientos o miles de semillas para seguir sembrando y la gente alimentada con la mala semilla es tan mala como la semilla que los alimenta. 

La ley de la siembra de Gálatas 6:7 es una ley científica de causa y efecto. No puede haber un efecto sin causa ni una causa sin su efecto… En las leyes del Levítico encontramos la prohibición a mezclar los géneros y las semillas: (Levítico 19:19). Se prohíbe también la mezcla de razas y de animales por la confusión genómica que se crea en cada especie cruzada.

La ley mayor prohíbe tajantemente el adulterio por sus consecuencias nefastas sobre la sociedad. Pero no se limita al adulterio en las relaciones de pareja, la ley es un concepto universal pues no ofrece distinciones ni hace excepciones como cuando dice: “No codiciarás los bienes ajenos; la casa de tu prójimo, ni su esclavo, ni su buey, ni su asno… (Éxodo 20:17)

Los otros mandamientos van con su explicación y sus inclusiones, pero el mandato a no adulterar es final y firme y no contiene ni inclusiones ni excepciones para que se entienda que la creación fue creada y que no admite excepciones en aquellos temas que son la esencia misma de la vida y la salud de todas las especies.

Que la ciencia ni el científico tienen permiso para violar o adulterar la creación ni jugar a Dios con sus elementos básicos de la vida misma. “Todo lo que el hombre sembrare, eso segará” es una advertencia muy seria y las consecuencias de toda violación son funestas para todos. De los 10 grandes mandamientos que Dios le entregó a Moisés para regir los destinos de su pueblo, hay siete que no admiten discusión ni explicación de clase alguna:

1. No tener dioses ajenos

2. No hacer imágenes

3. No tomar su nombre en vano

4. El reposo o descanso

5. Honrar padre y madre

6. No matar 

7. No cometer adulterio

8. No hurtar

9. No hablar falso testimonio

10. No codiciar

Los diez son importantes leyes que se dan para la preservación universal del orden natural, de la paz de los hombres, de la sana convivencia y del respeto a la creación y al creador. 

Todas son importantes leyes de vida, de orden y de paz. Parecen ser leyes de aplicación moral o religiosa y pueden serlo si se estudian y se aplican desde esa perspectiva, pero vistas del ángulo de las ciencias naturales físicas, biológicas, químicas, médicas, nutricionales, sociales y políticas, son otra cosa muy diferente pero coherentes de unas a todas en todo momento y situación.

Al descubrir tanta sabiduría en tanta variedad de aspectos socioculturales de la vida de la gente y de los pueblos, nos percatamos de su importancia tácita en la época que se dan al hombre, así como en toda época y circunstancia en la que se requieran códigos básicos de convivencia.

Cada una de esas 10 leyes, vistas desde el ángulo que se necesiten ver, es un tratado de justicia y equidad en todos los aspectos en que se apliquen y en todas las ciencias que se ajusten a su tangencia.

Podemos entenderlo así: Cada célula de nuestro cuerpo, así como cada célula de cada planta o de cada animal, se rige por leyes y la aplicación depende de la fuerza creadora que cada factor recibe para aplicarlas.

Y así como la física, la química y la biología reciben sus leyes de funcionamiento perpetuo, y no se confunden al actuar, si el ser humano no las interviene, ni las viola, ni las adultera, toda la naturaleza se sirve de ellas y se rige por ellas para todas sus funciones.

Quien único manipula y se atreve a intervenir las leyes de la naturaleza es y ha sido siempre el hombre, la mujer, el ser humano, el científico, que justificado por sus propias investigaciones interrumpe los ciclos naturales interviene quirúrgicamente, viola la esencia misma del proceso natural, realiza una cesárea, inventa una droga, crea un corazón artificial, una prótesis, un proceso, un tratamiento, una química sintética que sustituye la insulina natural del organismo, la tiroxina, la adrenalina, las funciones endocrinas, la dopamina y cada una de las funciones establecidas.

Como señalé al principio, las leyes naturales se pueden aplicar legalmente para defender los derechos de la gente, o para impartir justicia y equidad en asuntos legales. Pero, puede aplicarse en cualquiera de las ciencias naturales conocidas y en cualquiera de las ciencias sociales que se conocen y que sirven para delinear el comportamiento social de la gente, su comportamiento moral y ético, así como en religión, se pueden aplicar todas y cada una de ellas.

Por lo tanto, las leyes naturales se constituyen en un fenómeno general que cubre todas y cada una de las disciplinas que tienen concordancia en el mundo.

Unas, desde la biología, otras de la botánica, otras de la agricultura, otras de la medicina, otras de la industria, de la religión, de la química, del trabajo, de los deportes, y de toda actividad que realice el ser humano en su paso por el mundo.

Es tan amplia la cobertura de las leyes naturales que casi es imposible la vida sin ellas. Sin embargo, la mayoría de la gente, profesionales, legos, industriales y religiosos, no saben de su gran valor social y de su importancia en toda actividad humana y en la naturaleza.

Es que a casi nadie le preocupa actuar de acuerdo con la sinergia de las leyes naturales.

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