Por: Dr. Norman González Chacón
Este es uno de los milagros más importantes que Jesús hizo por varias razones que se deben discutir dada su trascendencia en el tiempo y para todos los enfermos, impedidos y ciegos, aunque sean de nacimiento. Fue el último milagro de curación que registran los evangelios antes de resucitar a Lázaro. Se puede notar que es el milagro con más información detallada que registra Juan en el evangelio (Juan 9:3): Pasando Jesús con sus discípulos frente al templo, vieron al joven ciego de nacimiento que acostumbraba a pedir en las escaleras. No era la primera vez que pasaban por su lado, por ser ciego de nacimiento, por haber sido desahuciado por los médicos de su tiempo, a ninguno de los discípulos se le ocurrió que Jesús pudiera sanarlo.
Al verle allí en su ignominia diaria, le hicieron la pregunta al Maestro: si su defecto físico venía a consecuencia del pecado de él o de sus padres. Esto porque los judíos enseñaban que ese tipo de defecto físico era consecuencia del pecado del individuo o de sus ancestros. Jesús aprovechó la oportunidad de la pregunta para realizar un milagro muy importante y de mucha trascendencia futura. Les dijo: “Ni éste pecó ni sus padres para que naciese ciego, mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. Conviéneme hacer las obras del que me envió mientras dura el día, la noche viene cuando nadie puede obrar. Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo”. Dicho esto escupió en tierra e hizo lodo con la saliva, y untó sobre los ojos del ciego y díjole: “Ve y lávate en el estanque de Siloé”. Y fue entonces, se lavó, y volvió viendo.

Este milagro requiere un estudio especial porque contiene una información muy particular. Veamos el detalle de la escritura:
1. Para que las obras de Dios se manifiesten en él.
2. La noche viene cuando nadie puede obrar.
3. Entre tanto estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
4. Escupió en tierra, mezcló con tierra e hizo lodo para aplicar en los ojos del ciego.
5. Ve y lávate en el estanque de Siloé, que significa enviado.
6. Fue, se lavó, y regresó viendo.
Estas aseveraciones contienen un resumen muy preciso del acto a través del cual el Señor le devuelve la vista a un ciego de nacimiento y a la vez establece, con ejemplo y palabra, la acción o la tónica que tomarán los milagros que se harán en el tiempo final cuando en la noche de la historia no se le permita a los discípulos obrar libremente y sanar a los enfermos.
Oyendo este relato escuché a un médico supuestamente cristiano comentar que cosa tan sucia había hecho Jesús: La saliva contiene bacterias y el polvo también por lo tanto ese acto va en contra de la ciencia médica. Aclaro, no todos los milagros de Jesús, necesariamente, están a favor de la ciencia, y por eso dejan de ser un milagro. Justamente las acciones que los discípulos de esta etapa de la historia tienen que llevar a cabo para que los enfermos sanen y los ciegos vean es una acción que parecerá a los ojos de todo un absurdo en contra de los principios científicos de la ciencia médica. Este ciego en particular no tenía sus ojos. Al levantar sus párpados se veían las cavernas de los ojos vacías sin la conexión del nervio óptico que conecta los ojos con el cerebro. Por lo tanto, no era posible para la ciencia de su tiempo ni para la ciencia moderna que este tipo de ciego recobrara la visión como lo hizo. Jesús hizo todo tipo de milagros durante su ministerio, pero éste caso, contiene lecciones importantísimas de curación, de ciencia divina y de salvación que no se pueden encontrar en otros milagros. Este acto de curación tiene connotaciones proféticas que van más allá de otros milagros.
“La noche viene cuando nadie puede obrar”. ¿A qué noche se refiere Jesús? Esa es una profecía que predice el tiempo cuando los discípulo de Jesús no podrán predicar la palabra, ni curar a los enfermos sin ser perseguidos por las autoridades. Hace tiempo que ni los discípulos curan enfermos ni la iglesia ha ejercido ese don divino. Por lo tanto, podemos concluir que estamos en la penumbra de la tarde, y la noche, y está a punto de cerrar la puerta de la claridad y entrar en las tinieblas de un mundo oscuro y tenebroso donde la presencia divina se retira y no vamos a ver ni milagros ni curaciones, ni gente arrepintiéndose, ni ciegos abriendo sus ojos para salvación. Estamos en ese umbral y en cualquier momento las tinieblas de la incredulidad, la falta de fe genuina, la impotencia de la iglesia y de los discípulos y el control de los gobiernos civiles sobre la gente no darán lugar a que los enfermos sean tratados con los siete remedios de la naturaleza que Jesús nos enseñó que abrirían los ojos de los ciegos de nacimiento y les permitiría ver el rostro del Señor que es el autor de la medicina divina para este tiempo.
El verso 14 del capítulo 9 de Juan, lee: “ y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo y le había abierto los ojos”, es precisamente el sábado el día escogido por Dios para que abramos los ojos a los que por la naturaleza de su “nacimiento” no pueden ver la luz de una verdad tan importante. Muchos decían: “¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales?” En Marcos 16:15 podemos encontrar la contestación a esa pregunta: “En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, quitarán serpientes y si bebieren cosa mortífera no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”. Esa es la Gran Comisión Evangélica encomendada por Jesús a sus discípulos y a la iglesia. Más adelante en Juan 9 se ve el resultado de ese plan maestro que Jesús nos muestra en historias reales y en parábolas. La historia real es el tronco del árbol, las parábolas son las ramas y sus frutos.
La historia del ciego de nacimiento nos permite ver el plan de curación que utiliza los elementos de la comisión evangélica, y los otros elementos de la naturaleza que se añaden en la experiencia del ciego; a saber: La saliva o lo que sale de la boca de Dios (su palabra), los elementos de la tierra que componen nuestro cuerpo y los alimentos de los que nos alimentamos; todo lo que la tierra puede producir. A eso se le suma la fe del ciego que está dispuesto a caminar el camino que se le indica y lavarse o desintoxicarse del mundo y de su concupiscencia. Esa maravillosa combinación de factores hacen y harán los milagros maravillosos de los últimos días que le permitirán, como señaló el profeta Daniel: “Muchos serán limpios, emblanquecidos, y purificados; mas los impíos obrarán impíamente. Y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los entendidos” (Daniel 12:10). “Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan a justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (verso 3).
Este no es un mensaje para que todos lo entiendan. “Sólo los entendidos lo entenderán” y si usted lo entiende, tiene que limpiar su cuerpo, como señala el profeta, y como le señaló Jesús al ciego: “Ve y lávate”; como era indispensable con las víctimas del sacrificio y del holocausto en el santuario del desierto (Levíticos 1:9-13, Mateo 13:11-17) Esta acción de lavamiento y limpieza viene desde el principio cuando Dios tuvo que usar el agua en abundancia para limpiar y purificar la tierra con el diluvio. En términos científicos le llamamos “desintoxicación” pues hoy día a diferencia de los tiempos de Cristo, la gente está intoxicada de miles de productos que consumen con todo tipo de alérgenos, toxinas, inmundicias de la carne de animales muertos y sus muchos derivados, de drogas médicas y de drogas añadidas en todo insumo procesado que se utiliza para limpieza en el hogar, para cosméticos y para miles de usos que no vale la pena mencionar, pero que comercialmente se ofrecen y la gente los compra; los usa constantemente y los aplica en su vida diaria.
Todos esos componentes tóxicos y dañinos a la salud que parecen inofensivos, que se usan hasta para condimentar los alimentos, como el glutamato monosódico y los digestivos químicos, son los cuales mucha gente no puede comer. Todos esos y muchos otros químicos ambientales que respiramos, nos enferman y dañan órganos y sistemas, además de contaminar la sangre y coagularla. Mucha gente tiene que tomar anticoagulantes químicos para poder sobrevivir a esa catástrofe tóxica que oscurece y espesa la sangre, a tal grado que a veces ni pasa por la aguja cuando se les extrae al paciente para una prueba de laboratorio, y se ven en la necesidad de utilizar agujas más gruesas para tomar la muestra de sangre y examinarla.
Todo eso que mencionamos y muchas otras no mencionadas pueden contaminar la sangre y por ende el cuerpo humano para enfermar la gente. Está claro, y es un axioma bíblico, que el cuerpo humano es un templo donde puede o no habitar el Espíritu Santo dependiendo del grado de contaminación y sucio que haya en el mismo. La limpieza interna es tan importante como la limpieza externa, y Dios no puede morar o hacer presencia en un ambiente sucio y descuidado. El ejemplo de limpieza y pulcritud interna y externa de todos los ritos del santuario, nos conducen a una conclusión muy importante al respecto: Dios no puede, el Espíritu Santo no puede, Cristo no puede morar ni habitar en un cuerpo sucio, enfermo, contaminado con drogas y químicos tóxicos que puedan afectar las funciones de órganos y sistemas, así como nublar o modular de alguna manera el comportamiento humano ante los requisitos espirituales del Creador.
Para detectar la acumulación de tóxicos en la química interna del organismos, vasta con oler las áreas de transpiración como lo son los pies y las axilas. Si se produce mal olor en el sudor, y la persona necesita usar desodorantes y perfumes para ocultar el mal olor del cuerpo y del cabello, y si las heces fecales huelen mal, el cuerpo está intoxicado y lleva el rumbo a enfermarse. Una sola de estas señales de mal olor, nos indican que alguna de nuestras costumbres tienen que ser revisadas y transformadas.
Si hay el más mínimo olor desagradable en un cuerpo, o en sus excreciones es la señal de que tenemos que corregir, y explico: Al evacuar no deben sentirse malos olores en las heces fecales.
Cuando se consume alimento sencillo en la forma correcta, no debe haber mal olor en las excreciones del intestino, de la orina y de la piel. El mecanismo natural del cuerpo contiene desodorantes naturales que compensan las funciones orgánicas sin que se produzcan malos olores. Un ejemplo para que comprendamos esto, es el olor de un bebé que lacta de una madre que cuida su alimentación. Tan pronto ese niño comienza a comer de la comida que comen los adultos, pierde el olor natural que tenía al nacer. Eso nos indica que los adultos comen y preparan los alimentos de forma incorrecta y el cuerpo tiene que procesar muchas toxinas, las cuales se forman cuando se combinan mal los alimentos. Por ejemplo: siempre que se mezcla la química natural de los vegetales que crecen bajo tierra (tubérculos y raíces) con los que crecen sobre la tierra, a los que también le llamamos aéreos, se produce fermentación en la digestión y eso causa mal olor en las heces fecales. Lo mismo ocurre cuando se consumen lácteos y productos derivados de animales. La fermentación y putrefacción de esos productos en el sistema digestivo, reparte malos olores y descomposición en todos los órganos del cuerpo; al salir, dejan una ofensa mal oliente en los gases y en las evacuaciones. Esas son las señales de malas combinaciones aun cuando no se consuman carnes y la persona es vegana. Pero si hay mal olor en las excreciones, es señal de malas combinaciones en los alimentos y se van acumulando elementos tóxicos que los enfermarán al tiempo.
Por eso, el texto bíblico es claro y al animal o cordero del sacrificio se le lavaban los intestinos para evitar malos olores en el templo o santuario. De acuerdo al evangelio, ya no es necesario tener ese santuario, pues cada persona es un santuario y su cuerpo es el templo donde debe habitar la presencia divina o Espíritu Santo (Levítico 1:9-13). ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? (1 de Corintios 6:15-16). Cuando el cuerpo está sucio invita a los demonios para que entren en diferentes categorías y moren en la mente y el cuerpo y lo controlen con todo aquello que complace la vista, la carne y aleja al Espíritu.
Mientras que nuestros pacientes, los que se han curado y han aprendido la lección de sencillez en la alimentación, solo hacen una o dos comidas simples de vegetales al día, y de esa manera han podido controlar su apetito y seleccionar cuidadosamente lo que consumen, vemos a la nutrición moderna recomendando una dieta variada, complicada en ingredientes, mezclando hidratos de carbono con proteínas y grasas de origen animal. Todo lo contrario a lo que recomendamos para lograr curar la mayoría de las enfermedades crónicas que sufre la gente y que son el resultado de esas recomendaciones, supuestamente balanceadas. De haber algún balance en ellas, podemos señalar sin lograr equivocarnos, que es un balance que se inclina peligrosamente hacia el lado de las enfermedades: diabetes, hipertensión, problemas autoinmunes y cáncer que son las que predominan en la gente que supuestamente cuidan su salud con ese tipo de alimentación.
En los últimos años, tanto la medicina moderna como la nutrición han hecho estudios sobre la alimentación a base de plantas (vegetarianas) y han podido comprobar que es una alternativa mucho más saludable que la que ellos han recomendado tradicionalmente desde que existe la nutrición moderna. No obstante debido a su preparación académica convencional, aún no se atreven a incursionar profundamente en recomendar solo frutas y vegetales a la gente porque piensan que van a carecer de las proteínas que el cuerpo requiere para su función normal sana. Esa preocupación infundada totalmente, los lleva a recomendar altas concentraciones de proteínas a sus clientes, al público para compensar la ausencia de carnes, leche y huevos en la dieta. Sin embargo, se equivocan y fallan en entender que para no enfermarse, o para curarse si está enfermo, mientras más sencilla la alimentación, y mejor si se acerca al ayuno, más rápida y efectiva es la curación.
Explicándole esto a una nutricionista que había atendido a uno de los pacientes que se curó de cáncer con el ayuno sustentado, alimentación vegetal simple, sin las proteínas derivadas de animales, ésta no podía entender cómo con una alimentación simple y que solo incluía unos pocos tubérculos, podía curarse de un cáncer “terminal” en menos de un año de haber realizado los cambios alimentarios y dejado la alimentación complicada y sobrecargada de proteínas que ella le había recomendado. Le hablé de los estudios del Dr. Valter Longo de la Universidad de California que indican que el cáncer se cura con ayuno y no lo podía creer. Su adiestramiento en la escuela de nutrición y todos los textos que tuvo que estudiar al respecto, nada indicaba de esa posibilidad. Su mente envuelta en lo que estudió no le permitía aceptar algo tan simple y diferente. ¿Estarían equivocados los autores de tantos textos de nutrición que tuvo que estudiar en la universidad?
Ella había leído que los vegetales eran necesarios para completar la nutrición que las carnes y los derivados animales como la leche y el huevo, no podían suplir. Eso de eliminar totalmente las carnes y derivados animales, no estaba claro para ella; solo había estudiado que las dietas vegetarianas requerían de proteínas suplementarias para que no hubiera deficiencias. Cuando llegó mi paciente curado de cáncer, a demostrar que estaba curado con una dieta simple de papas y zanahorias, se alarmó en extremo y asustó, de tal manera al paciente, que éste, momentáneamente olvidó que estaba curado, y se preocupó al extremo que llamó de la misma oficina de la nutricionista preguntando si ya podía comenzar de nuevo a comer de la dieta general para no desnutrirse. Mi contestación fue: Sí claro, si quieres volverte a enfermar, puedes comenzar.
Como imaginarán al leer esta experiencia, tuve que tener una conversación con la nutricionista para aclarar la duda que acababa de crear en la mente del paciente que fue feliz a la cita de la nutricionista que tenía desde antes de curarse para mostrarle que su curación milagrosa, y ahora ella le crea dudas al respecto.
Esta experiencia y muchas más que he tenido con médicos y nutricionistas me confirman el atraso que tiene la ciencia médica moderna en este campo tan importante de la salud humana y animal, y en la curación de los enfermos de todo tipo. Con toda la evidencia científica y los estudios que se han realizado, es para que ya hubieran cambiado la alimentación en los hospitales, en los hospicios de ancianos y en los comedores escolares y se hubiese proclamado una campaña para mejorar la alimentación general. Pero esa no parece ser la intención de los políticos que parece que quieren eliminar a todos los adultos mayores y ancianos que no trabajan para economizarse las pensiones. Si los médicos le prohibieran las carnes y sus derivados a los enfermos, y estos mejoraran y se curaran de las enfermedades comunes crónicas que sufren, se crearía una conciencia general en la población que haría a la gente más cuidadosa con su salud al comer moderadamente productos de origen animal y muchos las eliminarían enteramente de su dieta. Así como se ha ido creando una conciencia general sobre el uso excesivo de sal. Pero parece que los médicos y los nutricionistas creen que si la gente no se enferma, ellos y las farmacéuticas no van a sobrevivir económicamente, se hacen de la vista larga ante la gran ola de enfermedades y cáncer que cada año aumentan en proporción a la población general del mundo.
En la curación del ciego de nacimiento está la clave para los milagros modernos en esta etapa de la historia antes de que llegue el tiempo “cuando nadie pueda obrar”, como señaló el Maestro (Juan 9:4). La segunda parte de esta curación milagrosa en la que Jesús trasplanta ojos nuevos en este hombre joven, nos da una idea del resultado que se producirá en los vecinos, en los compañeros, en la familia y allegados de los que se curen como consecuencia de tener un encuentro personal con el Maestro y seguir sus instrucciones al pie de la letra. El verso 11 resume la experiencia del que había nacido ciego. Esta curación causó grandes discusiones entre los fariseos, pero el joven que había sido ciego, que estaba acostumbrado a oír los sermones de los sacerdotes en el templo, donde a diario el ciego se sentaba a pedir limosnas, sabía tanto del tema, que sus contestaciones fueron enseñanza para los fariseos y sacerdotes (versos 30-40) así como para todos nosotros hoy día, siglos después.
Este es el milagro de curación más largo y completo que relatan los evangelios y recoge la opinión de los vecinos, y los que le habían visto que era ciego decían: ¿Es este?, otros: A él se parece, y el dijo: Yo soy. También los fariseos lo interrogaron porque era sábado y ellos celaban fanáticamente las acciones de Jesús al curar en ese día. Las opiniones se dividieron y unos decían: Este hombre no es de Dios porque no guarda el sábado. Otros en cambio decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Estas diferencias produjeron disensión entre ellos. Volvieron a traer al ciego para interrogarle: ¿Tu que dices del que te abrió los ojos? Y el dijo: Es profeta. Mas los judíos no querían creer que había sido ciego y hubiese recibido la vista hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista. Le preguntaron a ellos; ¿Es este vuestro hijo el que dicen que nació ciego? ¿Cómo puede ver ahora? Respondiendo sus padres dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Mas como ve ahora, nosotros no sabemos; edad tiene, preguntadle a él, el hablará de sí. De esta manera se excusaron los padres porque tenían miedo de los judíos; ya habían resuelto que, si alguno confesaba que Jesús era El Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron: Edad tiene, preguntadle a él. Así, que volvieron a llamar al que había nacido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que este hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé. Una cosa sé, que habiendo sido ciego, ahora veo. Una vez mas insistieron en preguntarle: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El joven respondió: Ya se los he dicho antes y no han entendido. ¿Por qué lo queréis oír otra vez? ¿Acaso vosotros queréis haceros sus discípulos?
Aquí, en esta parte de la conversación, los Fariseos lo increparon y le dijeron: Tú eres su discípulo, pero nosotros discípulos de Moisés somos. Aquí los Fariseos establecieron una diferencia separada: (V.28). Con esas palabras, los dirigentes religiosos de su tiempo rechazaron a Jesús y a su obra con los enfermos, y maltrataron al que había sido ciego de acción y de palabra. Sin embargo, el joven que conocía muy bien desde niño la religión judía, porque llevaba años sentándose a la puerta del templo cada día a pedir limosna, y escuchaba todos los sermones y pláticas de los sacerdotes. Oía las conversaciones de Fariseos y Saduceos, y sus discusiones teológicas. Ninguno de ellos en todos esos años, tuvo una consideración especial ni una oración por él en su condición. Ahora se veía cuestionado y rechazado solo porque había recibido la atención del Maestro; lo había sanado, otorgándole el mejor regalo de su vida: la visión física y la convicción espiritual de Uno que era, sin lugar a duda para él, más grande que ellos y que Moisés.
Su discurso ante ellos fue la gota que desbordó el vaso; veamos su reacción contra los sacerdotes: “Por cierto, maravillosa cosa es ésta, que vosotros no sabéis de donde es, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios y hace su voluntad, a este oye. Desde el principio no fue oído, que alguien abriese los ojos de uno que nació ciego. Si este hombre no fuera de Dios no podría haber hecho nada”. Con estas palabras, el joven provocó la ira y el coraje de los Fariseos que lo echaron fuera del templo. Cuando Jesús se enteró que lo habían echado fuera lo buscó y le habló: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él diciendo: ¿Quién es Señor para que crea en él? Y díjole Jesús: Le has visto y el que habla contigo, él es. Y él dice: Creo Señor; y le adoró de inmediato. Y dijo Jesús: Yo para juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados. Estas palabras fueron oídas por algunos de los fariseos que están con él y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos? Y les contestó Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora porque decís, vemos, por tanto, vuestro pecado permanece.
Aquí hay una lección de teología pura y correcta que ni los dirigentes de las iglesias ni los teólogos han querido aprender y enseñar: Jesús estableció la diferencia que ellos no aceptaban y que por siglos, habían enseñado incorrectamente y habían aplicado mal en la persona del ciego que se sentaba todos los días en la escalera del templo a pedir limosna. “Ni éste, ni sus padres pecaron para que naciera ciego”. La creencia errónea de que todo defecto físico de nacimiento es el resultado del pecado de la persona o de sus padres, era una de las falsas enseñanzas y creencias de los Fariseos legalistas de aquel tiempo y todavía esa doctrina se oye en las iglesias cristianas. A continuación, Jesús les habla una parábola de las ovejas y claramente se puede deducir que ellos no la entendieron (Juan 10:6), y aunque Jesús les explicó el significado de la parábola, tampoco la quisieron entender, más aún, tomaron piedras para apedrearlo.
Definitivamente, este fue el último milagro de curación de Jesús antes de ir a resucitar a Lázaro y es el milagro más detallado y expresado en los evangelios porque tiene connotaciones eternas y cambia la dinámica religiosa de su tiempo, abriendo una nueva etapa en la obra de curar a los enfermos y sus resultados. Una nueva etapa de curaciones se presenta en esa historia que introduce nuevos elementos al evangelio. La combinación de tres elementos serían integrados a una nueva manera de curar a los enfermos cuando Cristo ya no estuviera con sus discípulos.
- La palabra: La combinación de lo que sale de la boca del Señor, representado por su saliva.
- La tierra: Combinada con su palabra es parte de los 7 remedios naturales: aire, agua, plantas medicinales, alimento sano, ejercicio adecuado, la luz del sol, y el descanso. “Del polvo de la tierra fuiste creado.”
- La fe inquebrantable del enfermo: genera la acción para ir a lavarse y desintoxicarse de todo aquello que le contaminó; sigue cada instrucción al pie de la letra para obtener la sanidad.
“La noche viene, cuando nadie puede obrar”. Esta profecía de Jesús indica que la luz del día se extinguirá y las tinieblas espirituales de la noche no permitirán que se obre en esa labor de curar a los enfermos y abrirle los ojos a los ciegos. En el verso 40 los fariseos se sienten aludidos con las palabras de Jesús: “Yo he venido a este mundo para que los que no ven vean; y los que ven sean cegados”. Lo que provocó que los fariseos preguntaran sintiéndose aludidos: ¿Somos nosotros también ciegos? Esta ceguera en la etapa oscura de la noche o de las tinieblas espirituales en que se encuentra el mundo, no permiten que la gente se percate de la realidad y reaccionen y vean la condición en que se encuentran y cómo deben actuar para librarse del juicio que se aproxima.
En la Comisión Evangélica el Señor le indicó a los discípulos: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuese bautizado, será salvo; más el que no creyere será condenado. Y esas señales seguirán a los que creyeron:
1. En mi nombre echarán fuera demonios.
2. Hablarán nuevas lenguas.
3. Quitarán serpientes.
4. Si bebieren cosa mortífera no les hará daño.
5. Sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán.
Ese fue el testamento antes de partir, la comisión que dio a los discípulos y fueron sus últimas instrucciones antes de ascender al cielo. Esa fue la despedida a la iglesia antes de partir de su presencia. No hay una iglesia en este mundo llevando a cabo la voluntad divina en todas sus dimensiones. Sólo se ha predicado parte del evangelio, y de las cinco encomiendas, no se está cumpliendo con ninguna de ellas.
Echar fuera demonios es sacar de la mente y del cuerpo humano todo lo que lo incapacita para ver y entender la palabra, mantener una salud perfecta tanto física como espiritual y eliminar toda droga tóxica que pueda nublar la mente y afectar el cuerpo. Esa es la manifestación actual y moderna, de los demonios que se encuentran dominando la vida de una inmensa mayoría de la gente.
Hablar nuevas lenguas no se refiere a hablar diferentes idiomas. Es que se hablan nuevas lenguas cuando se expresa el evangelio en forma distinta a lo tradicional y se añaden nuevos elementos que enriquecen la comprensión, actualizan cada relato, refrescan las lecciones con nuevos elementos como estamos haciendo aquí, y se amplía la comprensión abriendo los ojos a los que no pueden ver. Al hablar el evangelio en nuevas lenguas, se entiende mejor su contenido y renueva la fe de los que pueden verlo.
Quitarán serpientes: La gente está llena de parásitos que el demonio utiliza para tentar y debilitar la voluntad humana y destruir tanto el cuerpo físico como la mente. Esos demonios que se apoderan de los genes humanos y controlan todos los apetitos, la voluntad, comer lo que le place, hacer lo que le gusta, vivir plácidamente, y no guardar las leyes divinas, porque viven para complacer la carne, son elementos dominantes que viven en el cuerpo humano y dominan la voluntad de la gente, pidiendo desde adentro, todo lo que le place hacer y comer. Esos son parásitos que controlan los apetitos desde los intestinos. Son demonios que Jesús tuvo que enfrentar durante su ministerio y que la iglesia moderna desconoce su naturaleza y procedencia, ni cómo sacarlos del cuerpo.
“Sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”. Esta es una de las señales m ás claras y definidas del discipulado: Curar a los enfermos es la demostración más grande y clara que tiene la Comisión Evangélica; ese fue el mayor trabajo de Cristo en su ministerio. Predicó la palabra del Padre, sacó demonios, quitó serpientes y sanó todo tipo de enfermos, así como resucitó muertos. Este último poder está incluido en la Gran Comisión porque es un privilegio suyo dar vida a quién lo desea. Al sanar a los enfermos, se libra a muchos de una muerte ignominiosa y segura.
Cuando la tierra con la saliva o palabra que sale de la boca del Señor, y creamos el lodo interno que renueva órganos y sistemas, y limpiamos, lavamos, y desintoxicamos ese organismo enfermo, internamente sucio y enfermo, le devolvemos no solo la salud física, sino que el enfermo puede ver lo que nunca sus ojos han visto: La Mano Divina obrando eficaz y poderosamente en sus vidas transformándolas por completo. Los remedios naturales de la tierra, combinados con la Palabra Divina, hacen el milagro curativo que, primeramente, abre los ojos de los que han nacido ciegos y no conocen las maravillosas obras de fe que el Señor hace a diario. El uso y aplicación adecuada de esos siete remedios naturales, sumados a la fe del enfermo que sigue las instrucciones al pie de la letra, y se lava, se purifica y se desintoxica, hace milagros modernos que son tan grandes como el que recibió el ciego de nacimiento. Al fin y al cabo, todos nacimos ciegos de este conocimiento que vamos desarrollando a medida que caminamos en la dirección correcta que se nos indica para que ocurra el milagro. Los siete remedios de la naturaleza que debemos aplicar en el proceso de curación son y repito:
1. El aire puro.
2. El agua pura.
3. El alimento sano y limpio.
4. Las plantas medicinales.
5. El ejercicio adecuado.
6. La fe y confianza en el Creador.
7. El descanso o reposo.
Cuando analizamos estos siete remedios naturales que necesitamos aplicar, nos daremos cuenta de que los siete culminan con el descanso. Entonces nos percataremos que por toda la vida estuvimos ciegos y no vimos que el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, indica un descanso de un día de cada siete. Veinticuatro horas de descanso por cada semana de siete días y además de ocho horas de cada día en la noche. Ese es el reposo que Dios estableció desde el principio y que sella el proceso curativo con una bendición especial que tiene ese día en específico que no lo tienen los otros días de la semana. El Señor bendijo el día de reposo y lo santificó. Por eso el milagro del ciego de nacimiento, y la mayoría de los milagros que hizo el Maestro Jesús, se hicieron en sábado para que se entendiera que ese reposo tiene una bendición especial que no debemos perder (Éxodo 20:8-11). El descanso verdadero, la salud perfecta, la energía renovada, y la fe en acciones positivas, son los atributos que debe tener todo cristiano para salvación eterna.
Aunque Dios estableció los remedios de la naturaleza y las plantas medicinales desde la Creación, su enemigo se dedicó a manipular, hibridar y amalgamar las plantas para convertir muchas de ellas en drogas tóxicas y mortales. Con esta acción el enemigo de Dios y del ser humano, adulteró la creación original, y los alimentos y plantas medicinales perdieron mucho de su poder alimenticio y curativo. Con esta acción surgieron las drogas tóxicas y alucinantes que los hechiceros usaron en el pasado y que los médicos recetan hoy día con nombres científicos y fórmulas químicas combinadas. De ahí que la farmacéutica moderna tiene como origen “la hechicería del pasado”.
En el caso que nos ocupa aquí, Jesús establece la tónica de la medicina que los discípulos estarían practicando en un futuro para que enseñaran a la gente estos tres principios básicos para la curación de los enfermos. La palabra, los elementos de la tierra y la fe que produce la obediencia del enfermo a los principios que señala la palabra de Dios.
Estos tres principios utilizando el Consejo Divino y los siete remedios de la naturaleza, añadido a la cooperación del enfermo en seguir las instrucciones del Maestro, permiten que el cuerpo humano se recupere de toda enfermedad y dolencia. Además, abre los ojos de los que no han visto el Poder de Dios en esa obediencia a Su Palabra y al proceso natural que el Señor establece para la curación de los enfermos, mediante la aplicación de estos tres principios.
No es un secreto que las medicinas naturales mencionadas son el regalo de Dios a la humanidad al igual que lo es el alimento que se produce en la tierra donde crecen todo tipo de frutas y vegetales para nuestra salud alimentaria.
Es triste y lastimoso reconocer que la iglesia y los discípulos del Señor en todo el mundo desconocen, y no viven esta gran verdad. Todavía van y envían a los enfermos a médicos y hospitales para que reciban drogas tóxicas. Han despreciado la Medicina Divina y optado por la ciencia del mal que los esclaviza y nubla su intelecto.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8:32). ¡Los entendidos entenderán!