El Fin del Conflicto

Eventos Significativos del Último Tiempo

Por: Dr. Norman Gonzalez Chacón

Están ocurriendo eventos que nunca antes se habían visto; tanto en frecuencia como en ocurrencia. Su particularidad, ya sea con la tierra como en los cielos, son asombrosas señales de que algo diferente, único y particular, está ocurriendo a niveles desconocidos e inalcanzables para la comprensión humana y científica.

Se trata de señales en la tierra y en el firmamento; en el sol, y en las lumbreras celestes, que no tienen aún explicación científica para los que se dedican a mirar al espacio y conocen la configuración tradicional del firmamento.

Para la mayoría de estos fenómenos en ocurrencia, los científicos no tienen explicación posible y solo especulan sobre su aparición inesperada. El 29 de septiembre de 2024 encontraron la aparición de una nueva estrella en el cielo que solo se puede comparar con la aparición de la estrella que guió a los sabios de Oriente hasta el pesebre donde nació el Mesías.

No es común ver estrellas de esta categoría aparecer en el cielo de un día para otro; dijo uno de los investigadores que la vio a través del telescopio. Los investigadores astrofísicos de gran experiencia y conocimiento del tema se mostraron sumamente extrañados con el acontecimiento y no pudieron ofrecer explicación alguna de la aparición del mismo. 

La aparición de una nueva estrella en el cielo viene acompañada de una serie de fenómenos atmosféricos, de meteoritos en dirección a la tierra, de movimientos galácticos, y de avistamientos nuevos; que por su naturaleza, llaman la atención de los astrónomos que constantemente tienen sus telescopios enfocados en el cielo y conocen cada estrella que por siglos han estado en su lugar y no están acostumbrados a ver este tipo de cuerpo celeste que en la historia del universo han aparecido dos veces: 

1. Cuando nació El Salvador en Belén. 

 2. Ahora, cuando reaparece la misma, que durante más de diez siglos estuvo apagada y nadie hizo cuenta de su existencia, hasta que el día 29 de septiembre de 2024 aparece de nuevo en el firmamento anunciando el acontecimiento esperado por todos los que le conocen y han creído en su promesa: “Vendré otra vez”. Esta fecha del mes de septiembre es una de importancia tradicional en el pueblo de Israel porque marca el inicio de las fiestas de las trompetas, que anuncian a su vez, la culminación del año y la expiación por los pecados del pueblo. La aparición de la estrella en este tiempo viene acompañada de una gran cantidad de apariciones de meteoritos, cometas, y otras distracciones que son producidas por el enemigo de Dios para distraer y confundir la estrella de Belén, y de otras tantas demostraciones celestes de la verdadera y muy importante aparición celeste que le anuncia a los sabios de este tiempo; que son los entendidos del significado real de ese evento que el mundo desconoce, y para el cual no están preparados. 

Es la señal del Hijo del Hombre en el cielo. (Mateo 24:30), pero solo los entendidos que como los sabios de su tiempo, conocían las señales y estudiaban los acontecimientos celestes y la Palabra, se percataron a tiempo para salir de oriente, viajar guiados por la estrella que los condujo, junto a los pastores, al pesebre donde se hallaba el Mesías. El descubrimiento de la astronomía moderna, sus telescopios electrónicos de gran alcance, y su experiencia indiscutible, descubrieron la nueva estrella refulgente y de gran resplandor que nos está avisando de ese magno acontecimiento, que esta vez, NO nos llevará a un humilde pesebre, sino que se mostrará la señal con toda la potencia y gloria que caracteriza al Creador del universo en su victorioso retorno a la tierra.

Para los ignorantes, será un elemento más de incredulidad y especulación, que ante su  vista, pasará sin pena ni gloria, pero para los entendidos, es la señal del Hijo del Hombre que regresa a la tierra a buscar a los suyos.

Es importante señalar que está aparición solo será vista por los que le esperan para salvación. Por esa razón, para lo demás habitantes del mundo solo será una conmoción más qué ocurrirá y que sentirán como se han acostumbrado a sentir, relámpagos, truenos, y terremotos que ocultarán la nube o nave en que vendrá el Señor y cubrirá el globo terráqueo, levantará a los muertos en Cristo que han de ser salvados, los arrebatará como ladrón; (Mateo 24:40), y los llevará en un viaje a través del espacio hasta la ciudad Santa que debe estar ubicada en alguna galaxia cercana y que a nuestro paso, veremos a lado y lado, los mundos habitados que han esperado al Señor. A nuestro paso hacia la ciudad, nos saludarán con palmas en sus manos.  Ese acontecimiento que con tanta paciencia hemos aguardado, será algo espectacular para la experiencia nuestra. 

Esta es la primera parte del rescate donde son transformados los justos vivos y resucitan los justos fallecidos para encontrar al Señor en el aire.

Es muy importante señalar que esa primera aparición, no es la segunda venida del Señor que se anuncia en los evangelios. Esa “venida” es para encontrar las ovejas perdidas de la casa de Israel. Son los 144,000 que no se contaminaron con los mensajes falsos de las “iglesias cristianas”. Los impíos que queden en la tierra, seguirán viviendo y serán juzgados para muerte con el resplandor de su venida. Seguirán viviendo bajo juicio. Sus casos serán revisados durante los mil años que los justos estarán en el recinto judicial del trono de Dios en la Santa ciudad, donde se presentará cada caso y serán condenados todos los que no fueron hallados justos.  Esa “venida” es para rescatar a sus ovejas del rebaño.  Esa primera aparición, “como ladrón en la noche” es para buscar a los que ya fueron juzgados y fueron hallados justos en su presencia.

Tan pronto el Señor se retira de la tierra con los justos salvados, Satanás quedará imposibilitado de hacer su obra de confusión y se dedicará a organizar su gobierno mundial. Eventualmente, uno tras otro gobernante que no pudieron unificar la alianza y llevar a cabo la agenda señalada, Satanás intentará al fin de los mil años, (10 siglos generacionales) proclamarse rey de esta tierra. Como en los días de Noé, ajenos a los planes divinos, los mercaderes políticos, los científicos, y los religiosos, estarán luchando contra las fuerzas de la naturaleza, contra la imagen social que crearon, y con las enfermedades que estarán sufriendo todos. Le pedirán al dragón que gobierne y les ayude a resolver la gran decepción social que estará sufriendo la humanidad que vive ese momento y se presentará con grandes milagros y prodigios que engañarán a todos. Lo verán como a un dios que viene a salvarlos del sufrimiento y del trabajo servil en que han sido esclavizados para sobrevivir. Satanás, el dragón que le dio vida a esa bestia social corrupta y enferma, aparecerá como un salvador que resolverá los problemas y sufrimientos de la gente. El trono de la bestia está dispuesto y Satanás personificado y aclamado por las muchedumbres, se sentará en él para gobernar al mundo como siempre quiso hacerlo. 

El día de la toma de posesión, una gran preparación se realizará donde estarán presentes todos los gobernantes de los distintos países de la tierra que pondrán sus gobiernos a los pies del gran demó-crata que gobernará al mundo. Todas las expectativas estarán puestas en ese gobierno y todas las comunicaciones y medios cubrirán el evento magno en que se aclamará al salvador del mundo y se le honrará con una corona de oro que lo exaltará al trono mundial sobre todos los gobiernos existentes.

Al comenzar la ceremonia de la toma de posesión del nuevo gobierno mundial, se escucha sobre todo el tumulto de la gente congregada en Roma, un colosal toque de trompetas, seguido de otro y otro sonido de victoria y triunfo. Satanás se asombra y piensa que sus asesores que prepararon su exaltación al trono mundial le prepararon una impresionante ceremonia de bienvenida.

Muy pronto se percata de que esas trompetas no anuncian su exaltación al gobierno mundial. Se trata de siete ángeles poderosos que anuncian la llegada del verdadero y único rey de este mundo que aparece en una espectacular nube o nave con todos los redimidos, y una gran ciudad hermosa, refulgente, y brillante, de oro transparente, que baja al monte de los olivos; que al sonido de las trompetas se allana y se convierte en un gran valle que recibe esa ciudad con una multitud de gente vestida de un blanco purísimo que no se compara con nada conocido.

De inmediato, Satanás el gran recién proclamado rey reúne a todos los generales y prepara una ofensiva para tomar la ciudad por asalto y hacerla capital de su reino. Eso le dará una gran ventaja sobre todos los reinos de la tierra y haría que todos se postrarán ante su presencia victoriosa.

Tan pronto prepara un ejército como nunca antes se ha visto en la historia, rodea la ciudad de oro y ordena una evacuación de la misma. En la ciudad todos cantan y celebran una ocasión importante y no escuchan las voces que les ordenan salir y desalojar la ciudad para él tomarla por asalto. Cansado de advertir sus intenciones, decide lanzar un cohete bomba para acelerar su primera batalla después de tomar posesión de su cargo. Escoge la plaza que se encuentra en el centro de la ciudad y lanza su misil.

No sabe el nuevo gobernante mundial que la ciudad tiene un escudo protector invisible que la protege, y el cohete es repelido y rechazado hacia el mismo lugar de donde surgió. La explosión prende el fuego que se extiende por todo el campamento enemigo y se propaga a todos los armamentos bélicos y a las municiones acuñadas por los ejércitos que se reunieron para la gran batalla que en hebreo se denomina Armagedón y que incendia todo lo que encuentra a su paso.

la ciudad queda en medio de un horno de fuego que como ocurrió con Daniel no sufre ni el olor del humo tan siquiera. Su coraza protectora mantiene una temperatura agradable y perfecta mientras el resto del mundo se convierte en un infierno que no deja piedra sobre piedra y que destruye raíz y rama, dejando a la tierra abonada con las cenizas.  

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron,…” (Apoc. 21:1) 

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