El Engaño de los Siglos – Parte I

Artículo Completo

Dr. Norman González Chacón – sábado 21 de marzo de 2026

INTRODUCCIÓN:

Por Dr. Norman González

En este tratado, aludimos al “secreto” de salud que se oculta en el reposo divino desde la creación y que fue materia secreta solo para que fuera entendida por “los entendidos”. Este misterio, escondido por siglos, ha sido ignorado y vulnerado por las iglesias, por los concilios, por los pioneros, por los judíos y por los adventistas que lo adoptaron superficialmente como parte de su doctrina, sin conocer a fondo su secreto de vida y su profundo significado.

Jesucristo lo sabía, él era co-autor del proyecto del reposo diario y semanal, y al venir a la tierra, quiso aprovechar el poder de la bendición y de la santificación que le había sido otorgado a ese período desde la creación. Por esa razón, sus mas grandes milagros fueron hechos en las horas santas del sábado.

El secreto de vida eterna estaba implícito en las tres leyes que originalmente Dios le da al hombre para vida: 1.Lo que debía de comer. 2. El descanso diario nocturno y el reposo semanal. 3. Lo que NO debían de comer. Obedeciendo esas tres leyes, honrarían al Creador, protegerían la creación, y vivirían eternamente sin enfermarse ni morir. Por lo tanto, la salud y la vida se protegerían y mantendrían el equilibrio de la creación mientras se siguieran esas instrucciones de garantía.

El misterio se mantuvo secreto por cuatro mil años hasta que Cristo trata de revelarlo en su ministerio curativo que resume en las parábolas de Mateo 13. (13:35). Veamos:

Las siete parábolas de Mateo 13

Aquel día salió Jesús de la casa de Lázaro, Marta y María, donde           acostumbraba descansar como si estuviera en su propio hogar. Al llegar, se sentó a la orilla del mar. Tan pronto la gente se enteró de su presencia, acudió para oírle. Como eran muchos los que se agrupaban, entró en la barca y se sentó en la proa, de manera que todos pudieran verle y escucharle.

Por una razón muy particular, Jesús siempre se sentaba para hablarle a las personas. Lo hacía en el templo cuando se sentaba a leer las Escrituras (Juan 8:2), y lo hacía también en todo lugar donde iba a predicar la Palabra a la gente. Se sentó en el monte, y desde allí, predicó un largo sermón (Mateo 5:1; Marcos 4:1; Juan 8:2; Lucas 5:3).

Es obvio que el sentarse tenía para Jesús un significado muy particular. ¿Por qué se sentaba Jesús para predicar la Palabra? ¿Por qué no predicaba de pie, como hacen hoy muchos pastores en las iglesias cristianas? Es evidente que Jesús sabía muy bien lo que hacía, y que los pastores cristianos, en general, no han copiado al Maestro en su estilo, ni conocen la razón de esa costumbre. Posiblemente desconocen —o pasan por alto— ese importante aspecto de su enseñanza.

Aunque esa no era la razón principal por la que Jesús se sentaba a predicar, es importante señalar que muchos pastores de hoy, en su forma de hablar y de vestir, han perdido la efectividad que tenía el Maestro cuando se dirigía a un público deseoso de oírle. Tanto en el Sermón del Monte como en el templo y en el sermón de las siete parábolas de Mateo 13, Jesús habló sentado desde un lugar elevado para que todos pudieran verle. Es que, al sentarse en sábado, a la vez que predicaba, descansaba.

En el sermón de las siete parábolas de Mateo 13, se sentó a la orilla del mar. Como había llegado una gran multitud, mandó a los discípulos que acercaran la proa de la barca a la orilla y, desde allí, les dirigió la palabra. Según el relato de Mateo 13:3:

“Les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó, y porque no tenía raíz, se secó. Parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga”.

Esta parábola se aplica a cuatro tipos de personas que oyen la Palabra, y según las circunstancias personales de cada oyente, la Palabra fructifica de manera diferente. Aun en el terreno bueno no fructifica igual ni da los mismos resultados en cada oyente. Los porcentajes de asimilación son distintos y muy particulares. Esos resultados solo los puede medir el Maestro, que discierne los pensamientos y las intenciones de cada corazón, y ve individualmente el resultado en cada persona.

Los discípulos se sintieron incómodos, pues no entendían la razón por la cual Jesús les hablaba por parábolas, algo a lo que no estaban acostumbrados. Entonces le preguntaron:

“¿Por qué les hablas por parábolas?”

Y él, respondiendo, les dijo:

“Porque a vosotros os es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no les es concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden”.

Nos sorprende a nosotros la respuesta del Maestro, así como sorprendió a los discípulos. Hemos sido enseñados a adaptar el mensaje a la conveniencia de cada cual; sin embargo, Jesús hablaba para los entendidos, y a los otros no parecía preocuparle que entendieran. Por eso citó la profecía de Isaías, que dice:

“De oído oiréis, y no entenderéis;
y viendo veréis, y no percibiréis.
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
y con los oídos oyen pesadamente,
y han cerrado sus ojos;
para que no vean con los ojos,
ni oigan con los oídos,
ni con el corazón entiendan,
y se conviertan,
y yo los sane”.

Aquí podemos entender que el mensaje de Cristo no es para echarlo delante de quienes no pueden aprenderlo ni entenderlo. Él dijo: “No echéis vuestras perlas delante de los cerdos” (Mateo 7:6). El mensaje es algo sublime, un tesoro muy valioso, que la iglesia cristiana ha repartido muchas veces sin tener en cuenta la voluntad de su Autor. Así también ha regalado el mensaje, que le costó la vida y sufrimientos extremos al Salvador. Algo tan valioso como perlas de gran precio ha sido dado como hojarasca a quienes no lo aprecian ni lo buscan.

Aprovechando la pregunta de los discípulos, el Maestro expresó algo que para todos ellos era un privilegio: escuchar y ver cosas que muchos justos, mensajeros y profetas desearon ver, y no las vieron. Tenían a Dios con ellos, y no lo pudieron reconocer plenamente.

Eso ocurre cuando no se le da valor al mensaje ni se reconoce al Mensajero. Los siglos han pasado, y en cada uno de ellos el mensajero o el mensaje han sido desvalorizados, a tal extremo que las perlas han sido olvidadas y dadas a los cerdos. Las preciosas joyas han ido a parar a los lodazales, donde se revuelcan quienes debían cuidarlas. Por esa razón, las palabras del Maestro fueron una fuerte reprensión para los discípulos, que, al igual que mucha gente, no entendieron ni comprenden el mensaje oculto en las parábolas.

Por eso les hablo en parábolas: para que solo los entendidos las puedan comprender. Porque los misterios del Reino han estado escondidos desde antes de la fundación del mundo (Mateo 13:35), y solo son disponibles para los entendidos (Daniel 12:10). Cristo los adelantó por medio de las parábolas de Mateo 13.

Esas siete parábolas requieren una fórmula secreta, por decirlo así, que Jesús compartió con los discípulos ese día, y que contenía siete palabras clave que servirían a los entendidos para comprender no solo esas parábolas, sino también otras parábolas de la Biblia y aun del Apocalipsis, dado casi un siglo después de la ascensión del Maestro.

Las siete parábolas son estas:

  1. La parábola del sembrador.
  2. La parábola de la cizaña.
  3. La parábola del grano de mostaza.
  4. La parábola de la levadura.
  5. La parábola del tesoro escondido.
  6. La parábola del tratante de perlas preciosas.
  7. La parábola de la red echada al mar.

En el resumen final, verso 52, Jesús dice:

“Todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”.

En resumen, el mismo Jesús presenta al final de las parábolas la clave interpretativa, también expresada en siete elementos:

  1. El sembrador es el Hijo del Hombre.
  2. El campo es el mundo.
  3. La buena semilla son los hijos del Reino.
  4. La cizaña son los hijos del malo.
  5. El enemigo que la sembró es el diablo.
  6. La siega es el fin del mundo.
  7. Los segadores son los ángeles.

Esta clave interpretativa la da el Maestro a sus discípulos de todas las épocas para entender las parábolas. Es, según esta perspectiva, un concepto universal que puede aplicarse también a los libros de Daniel y Apocalipsis, así como a muchas otras parábolas bíblicas.

Una de las parábolas proféticas más sorprendentes, que anticipa hechos que ocurrirían en las iglesias después de la partida de Jesús, se relaciona con Isaías 4:1, donde se presenta la apostasía de las siete iglesias cristianas, las cuales fueron duramente reprendidas en los primeros tres capítulos del Apocalipsis por Jesucristo desde el cielo. Sin esa clave de interpretación, difícilmente se descubriría que esas siete mujeres representarían a las siete iglesias que recibieron el nombre de cristianas y que se corrompieron hasta la prostitución espiritual.

A medida que analizamos las parábolas, vamos descubriendo los mensajes ocultos en ellas, que solo los entendidos pueden descifrar para descubrir los misterios del Reino de los cielos, escondidos desde antes de la fundación del mundo (Mateo 13:35). La parábola de la cizaña del campo, por ejemplo, nos lleva tan lejos como a un tiempo anterior a la creación de la tierra, cuando el enemigo sembró la cizaña en el cielo y, posteriormente, la introdujo en la tierra.

Primero la sembró en la mente de Eva cuando esta llegó al árbol de la ciencia, y luego continuó sembrando la mala semilla en el Edén, afectando todos los frutos de la tierra. La Palabra de Dios, la hierba del campo y todo cuanto Dios hizo perfecto fue siendo afectado por la cizaña satánica, que ha ocupado todas las áreas del conocimiento humano y las ha contaminado con la mentira, el error y la falsa ciencia, esparcida como sabiduría en las mentes que la estudian sin saber que se trata de cizaña satánica.

Toda esa información la adelantó Jesús a sus discípulos en las parábolas de Mateo 13. Y fue mucho más lejos cuando reveló información acerca de los tres grandes errores que una iglesia —representada como una mujer— introdujo en tres doctrinas del Evangelio, hasta que esa levadura fermentó toda la masa.

Asimismo, mostró el efecto que la mala semilla iba a causar en el desarrollo del Evangelio, y expuso con claridad los cuatro tipos de terreno donde caería la semilla del mensaje y los resultados que se obtendrían en cada uno. También los comparó con la acción de los pescadores, cuando llegan a la orilla con las redes llenas de toda clase de peces: escogen los buenos en canastas y el resto lo echan de nuevo al mar. Esa es la última de las parábolas, que ilustra la acción del juicio seleccionador de los que se han de salvar y de los que se han de perder.

Como podemos observar en la respuesta que Jesús da a los discípulos cuando ellos cuestionan la razón por la cual les habla en parábolas, el Maestro es claro. Y esa respuesta tajante establece una forma y un estilo que ninguna iglesia ni ningún pastor o sacerdote se han atrevido a practicar. Mientras ellos atraen toda clase de personas a la iglesia y la llenan de todos ellos, el Maestro no les enseñó esa lección a sus discípulos.

Hubo muchos casos en que Jesús se negó a sanar ciertos enfermos que él sabía que no tenían fe, mientras que en otras ocasiones sanó por la fe de quien intercedía, como ocurrió con la hija de la mujer cananea o con el siervo del centurión (Mateo 15:22-28; Mateo 8:5-13). Estos casos demostraron la fe de los solicitantes, y resultan ser excepciones que el Maestro realizó sobre la base de la fe del peticionario.

No obstante, en más de una ocasión fue firme al explicar a los discípulos su decisión de no sanar a aquellos que no entendían su misión. En el caso de la mujer cananea y del ciego de nacimiento, Jesús pudo advertir que en ambos casos habría resultados de fe que justificarían el milagro.

En las parábolas de Mateo 13 se puede advertir la firme decisión de Jesús, especialmente en Mateo 13:15, de no sanar a quienes no entendían ni aceptaban el mensaje, ni predicar a quienes venían por mera conveniencia, sin la fe ni la perseverancia necesarias para permanecer firmes en el Evangelio que Cristo predicaba.

A diferencia de la filosofía moderna de muchos pastores e iglesias, que bautizan a todo el que hace profesión de fe, aun sin tenerla realmente, el Maestro fue firme y claro con los discípulos, quienes tampoco entendían bien su misión hasta que recibieron el Espíritu Santo.

A pesar de eso, la dirigencia cristiana, que aún no ha entendido esa parte del Evangelio de Cristo, parece interesarse más en crecer, llenar las arcas y aumentar los recursos con la feligresía. No quiere entender que no todos están aptos para recibir y practicar el Evangelio, y que esa actitud liberal de las iglesias ha rebajado las normas de vida y comportamiento en detrimento del Evangelio puro y de la conducta de la humanidad en general.

De acuerdo con esa premisa, todos son cristianos, todos se han de salvar y todos, por pertenecer a una u otra denominación, creen que se salvarán. Esa doctrina de la salvación universal, surgida desde los primeros siglos de la iglesia cristiana, es una de las tres falsas doctrinas que Jesús anticipó en la parábola de la mujer que puso levadura en tres medidas de harina. Estas simbolizarían el triple mensaje de los tres primeros ángeles de Apocalipsis 14 que son contrarrestados por los tres espíritus de error que, a manera de ranas, han minado la efectividad del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14.

Cuando Jesús señaló con toda intención: “Yo soy el pan de vida”, lo hizo porque ya existía un pan de muerte, consumido por todos los que no aceptaban su Palabra. Esta diferencia la estableció con toda intención de separar el trigo bueno del pan malo leudo. Lo mismo hizo con el vino, hay vino bueno que desembriaga y vino malo que emborracha; con el pastorado, se pronunció: “Yo soy el buen pastor”,  con la puerta, con la luz, con el camino, con la verdad y con la vida. En total, siete veces dijo “Yo soy” y se comparó con elementos que habían sido corrompidos por su mal uso y aplicación.

No es casual que incluyera siete parábolas en su sermón de ese sábado y que diera a los discípulos siete palabras clave para entenderlas. Del mismo modo, cuando se compara a sí mismo con siete realidades distintas, está presentando una plenitud de significado. Asimismo, cuando habló al profeta Juan, le presentó las siete iglesias y los siete ángeles de las iglesias, que estaban en camino de corromperse totalmente: unas en mayor peligro que otras, pero todas bajo grave riesgo de apostasía.

Cuando el Señor explica la parábola del sembrador, que riega la semilla en el campo, encuentra cuatro tipos de terreno, que a su vez pueden observarse en siete expresiones:

  1. La semilla que cae junto al camino.
  2. La semilla que cae en los pedregales.
  3. La semilla que cae entre espinas.
  4. La que cae en buena tierra,
  5. Produce frutos a un treinta por ciento.
  6. Produce frutos a un sesenta por ciento
  7. Produce frutos a un cien por ciento.

Esta tendencia del Señor a presentar todo en siete es grandemente significativa, pues el siete representa plenitud. Viene desde la creación de la tierra en siete días: seis más uno. Por esa razón, intuimos que al usar siete parábolas y siete palabras clave para su interpretación, Jesús está proyectando el pasado, el presente y el futuro, desde la creación hasta el Apocalipsis en el fin del tiempo.

Además, en las parábolas de Mateo 13 incluye los más importantes eventos que cubren las tres grandes divisiones o dispensaciones del tiempo profético: la semana de seis mil años en la tierra, dividida en tres etapas de dos mil años, más el milenio en el cielo; las tres doctrinas de error que dañarían el Evangelio y lo fermentarían; y los cuatro diferentes terrenos en que se dividiría el mundo que oye y practica la Palabra, así como sus efectos al final del tiempo.

Las siete parábolas cargan la totalidad del efecto del Evangelio en el mundo, como declaró Jesús al dar la clave interpretativa: “El campo es el mundo”, y “los segadores son los ángeles”.

Veamos primero las siete parábolas:

  1. Parábola del Sembrador (Mateo 13:3).
  2. Parábola de la cizaña (Mateo 13:24).
  3. Parábola del grano de mostaza (Mateo 13:31).
  4. Parábola de la levadura (Mateo 13:33).
  5. Parábola del tesoro escondido (Mateo 13:44).
  6. Parábola del tratante de buenas perlas (Mateo 13:45).
  7. Parábola de la red que recoge toda clase de peces (Mateo 13:47).

Las siete palabras clave para su interpretación son las siguientes:

  1. El sembrador es el Hijo del Hombre, Jesucristo.
  2. El campo es el mundo.
  3. La buena semilla son los hijos del Reino.
  4. La mala semilla son los hijos del malo.
  5. El enemigo que la sembró es el diablo.
  6. La siega es el fin del mundo.
  7. Los segadores son los ángeles.

Esta magistral presentación que Jesús hace a la gente, y luego explica a los discípulos, es una joya de gran precio. Quien desee poseerla debe vender todo lo que tiene y comprar ese terreno, para poseerla legalmente. En estas siete parábolas, Jesús escribe, en forma prospectiva, la historia del Evangelio y de las iglesias cristianas. De esta manera puede apreciarse su dominio del tiempo y de las circunstancias que tendría que sufrir su ministerio, así como el esfuerzo suyo y de los apóstoles por darlo a conocer al mundo.

En las parábolas describe misterios del Reino que habían estado escondidos desde antes de la fundación del mundo. Esta información incluye la trayectoria del mensaje, la apostasía de la iglesia, la introducción de tres doctrinas de error en la pureza del Evangelio, la introducción de la mala semilla en el campo del Señor, las siete palabras clave para interpretar y entender las parábolas, y su extensión al entendimiento del Apocalipsis.

Todos los misterios secretos del Reino de los cielos concernientes a la tierra y a sus habitantes, incluyendo el sábado, están —según esta interpretación— incluidos en las siete parábolas de Mateo 13 y pueden ser alcanzados con las siete palabras clave que Jesús reveló a los discípulos en la casa.

Cuando él les preguntó si habían entendido las parábolas, le dijeron que sí. Pero el Maestro sabía que aún no las habían comprendido plenamente, y se entristeció por ellos y por los que vendrían más tarde, incluyendo a los pastores y dirigentes de la futura iglesia cristiana, que sería atacada fuertemente por el maligno.

Más adelante, Jesús sopló sobre ellos su Espíritu, y desde entonces comprendieron un poco mejor las nuevas verdades que serían introducidas al Evangelio para sacar a los nuevos conversos de las prácticas judías, que habían trastornado el mundo conocido. Habían desvirtuado la bendición y la santificación del sábado, habían convertido los sencillos Diez Mandamientos en seiscientas leyes difíciles de seguir, y habían convertido al Dios creador, de amor y misericordia, en un dictador cruel y vengativo que parecía no satisfacerse sino con sangre, carne y sacrificios.

Jesús sabía que estaría poco tiempo más con ellos y aprovechó las pláticas que hacía con la gente que le seguía para preparar también a los discípulos, que quedarían solos tras su partida. Por la tradición judía que los afectaba, el Maestro no podía cambiarles su forma de pensar de un día para otro. Les hablaba como un padre a sus hijos, pero ellos, siendo judíos, todo lo medían en relación con sus tradiciones, inculcadas por los rabinos desde niños.

Igual sucede con nuestras generaciones actuales. Al proyectar Jesús el futuro de su pueblo en la tierra, vio cómo esa misma actitud se manifestaría en las generaciones venideras. Y él no podía estar allí en persona para guiarlos por el camino nuevo que él mismo estaba abriendo con su paso por esta tierra. No obstante, la tarea seguía siendo muy complicada y difícil ante las intervenciones constantes del maligno.

Aunque el pueblo judío hoy está más reducido en proporción que el resto del mundo religioso y secular, la iglesia cristiana, en general, ha hecho muchas veces lo mismo que hicieron los judíos en su tiempo: hacerle creer a la gente que todos se salvan si invocan el nombre de Jesucristo, y eso —según esta perspectiva— es una falacia que surge de los errores doctrinales que esa iglesia introdujo en el Evangelio, fermentándolo con la levadura de la hipocresía de fariseos y saduceos.

Esa cuarta parábola de Mateo 13 ilustra proféticamente la traición que la iglesia cristiana le hizo al Maestro al introducir doctrinas erróneas en la pureza inmaculada del Evangelio que Jesús presentó al mundo, y que costó la sangre preciosa del Hijo de Dios.

Todo eso lo habló en parábolas el Maestro, y sin parábolas no les hablaba. Por eso, por segunda vez, los discípulos le reclamaron: “¿Por qué les hablas por parábolas?”. Ellos no entendían; ni los discípulos, ni nosotros muchas veces entendemos.

Si la iglesia pudiera comprender la respuesta de Jesús, cambiaría el rumbo de mucho de lo que ocurre en la tierra, porque descubriría la clave del problema: el que conoce lo oculto de los corazones, la naturaleza humana en relación con el pecado y la obra del maligno, sabe cómo el enemigo ha sembrado la mala semilla en todos los suelos que Dios ha tratado de cultivar en el cielo y en la tierra.

En la primera de las siete parábolas, el Maestro clasifica el terreno donde cae la semilla. Al hacerlo, está clasificando los cuatro tipos de oyentes que escuchan la Palabra, y los distingue por la cantidad de fruto que produce cada uno. Dios, en Jesucristo, sabe si entienden o no entienden, si darán fruto y cuánto dará cada cual. Pero aun así, el Maestro sembrador seguía esparciendo la semilla entre todos los que acudían a sus enseñanzas.

Algunos de esos oyentes y seguidores le sorprendieron por el grado de fe que demostraron al solicitar un milagro o al recibirlo, como la mujer que tocó su manto, el siervo del centurión o la mujer cananea. Muchos no recibieron más de lo que esperaban porque su fe no era firme. Pero Jesús aprovechó cada oportunidad que tuvo para revelar a sus discípulos los misterios del Reino, aunque ellos no lo entendieran.

Debemos tener en cuenta que muchas de las curaciones más importantes relatadas en los cuatro Evangelios las hizo el Maestro en sábado, y por esa razón provocó la ira de los judíos.

Los judíos se forjaron una idea extrema del sábado. Como eran los únicos en reconocer el día de descanso, lo llevaron a extremos muy distantes de lo que el Creador había diseñado para el hombre. Así perdieron la bendición sobre ese día, que lo apartaba del resto de los días de la semana y lo santificaba para un propósito muy importante: que los seres humanos, la naturaleza, los animales y la tierra, creados perfectos en sus especies, tuvieran la capacidad de vivir y funcionar eternamente, sin fallar, sin enfermarse y sin dejar de producir fruto.

Cuando el maligno, enemigo de Dios, vio la importancia de ese reposo y cómo unía a la creación en una relación constante y perpetua con su Creador, comprendió que, para llevar a cabo sus planes de gobernar la tierra y poseer el control de la creación, no podía permitir que esa relación se mantuviera como Dios la había diseñado.

Era imprescindible para sus planes romper esa relación. Por eso procuró separar, distanciar y enemistar al Creador con sus criaturas, a fin de que no se produjera la relación familiar y amistosa que Dios había establecido con ellas. El maligno sabía, por experiencia propia, que la desobediencia a la voluntad y a las leyes divinas produce una separación rotunda entre el Creador y sus criaturas.

No hubo forma de que Dios cambiara sus planes divinos por las sugerencias que Satanás intentó introducir en su diseño. Dios sabía lo que estaba haciendo, y ninguna de sus criaturas, aunque fueran ángeles privilegiados de su gobierno, tenía la capacidad de dirigir y manejar el complicado gobierno del universo y de sus habitantes.

La tierra era la obra maestra de la creación, y en ella el Creador planeaba establecerse permanentemente y tener una familia numerosa con la cual compartir su capacidad creadora. Por esa razón hizo la tierra bajo un diseño único y particular, en el que todo tuviera vida propia, capacidad de funcionar, de fructificar y reproducirse, eternidad de vida y libre albedrío para decidir.

El maligno no podía permitir que el plan del Creador se llevara a cabo exitosamente. Eso acabaría con su rebelión y no le permitiría gobernar la tierra ni manejar la voluntad de sus habitantes. De inmediato, analizó la forma en que Dios había creado los cimientos de la tierra y sus criaturas. Al descubrir la diferencia entre esa creación y la condición del cielo, vio la fortaleza de la relación entre el Creador y sus criaturas.

Por un momento se sintió atraído a formar parte de la familia de Dios. Al igual que muchos de los ángeles caídos con él, la tierra parecía más atractiva que el mismo cielo del cual fueron expulsados. Pero su ambición de gobernar lo cegó ante la realidad del plan divino, y decidió sabotear la creación de Dios y tomar la tierra para sus propios fines.

Para llevar a cabo exitosamente su rebelión y gobernar sobre la tierra, tenía que vencer tres obstáculos que eran propios de la nueva creación y constituían la fortaleza del gobierno divino en este mundo. Si lograba vencer esas tres instrucciones divinas, únicas de esta tierra, estaría en vías de poseer su gobierno y autoridad suprema.

Las Tres Instituciones

Estas tres instituciones garantizarían la vida, la estabilidad y la salud humana y del planeta eternamente, por lo cual debían ser elevadas al rango de leyes naturales para toda la creación. Esos tres mandamientos del Edén, eventualmente fueron incluidos en las dos tablas que Dios, con su dedo, le escribió al pueblo de Israel. No fue casualidad el hecho que motivó a la iglesia cristiana  a abolir los mandamientos originales y a inventar la forma de evadirlos con subterfugios humanos.

Es importante mencionar, en este punto, que la biología de los cuerpos humanos, de los habitante s de otros mundos, de las plantas y de los animales era de una composición similar, compatible, muy sencilla y estructurada, para que en las plantas vivas todos hallaran el alimento idóneo que sostendría la vida interminablemente, eternamente en salud y energía vital (Génesis 1:29). Por lo tanto, lo que iban a comer era vital y determinante para el mantenimiento saludable de la vida, y eso era un elemento básico de vida que Dios creó para asegurar que el ser humano no excediera, como lo hizo, los parámetros de vida condicionados a estas leyes.

El segundo elemento que les es dado es el descanso de cada día. Y para eso Dios puso la noche, sin luz del sol, para que todas las criaturas y la naturaleza recuperaran, en gran medida, la energía invertida en sus funciones individuales diarias. Debido a que Dios conocía la creatividad que puso en cada criatura, además de ese descanso diario en la noche, instituyó lo que podemos llamar el sine qua non, o la suma total de lo que no podía faltar en la suma de los seis descansos semanales en las noches, y estableció un reposo o descanso semanal de 24 horas que recogía la pérdida que se podía producir por otras razones fuera del control humano. Para evitar esa posible fuga energética, Dios bendijo y santificó ese día séptimo de la semana, y lo consagró para establecer la comunión familiar del Creador con sus criaturas, para mantener unido el vínculo divino-humano y la unión familiar de toda la raza humana: la familia de Dios, hijos e hijas de la creación original, todos hermanos y hermanas. Esta institución de tiempo cíclico de cada seis días nos da una idea del infinito amor y poder divino sobre toda la creación y sobre toda cosa creada. Ese día sería descanso para los animales, para la naturaleza y para la tierra, que no sentiría la azada ni el arado dañando o arañando sus campos ese día.

Pero la sabiduría divina iba más lejos de lo que la mente humana puede concebir. Ese día se reunirían, en santa convocación, la divinidad con la humanidad en un culto familiar único que contenía, y aún contiene, un secreto de vida desconocido para todos. Es desconocido porque el maligno logró destruir la confianza del ser humano en la promesa divina del Creador. Eso causó la separación del Creador de la primera pareja, que violó todas las leyes dadas por Dios para la salud universal. La mujer, que fue la última criatura creada por Dios, primeramente violó la ley del descanso,, (Génesis 2), violó la ley del alimento (Génesis 1:29) y violó la ley de lo que no debía comer.

Los seis días de clases que Dios les llegó a dar les enseñaron lecciones muy importantes a ambos. Podemos notar que la mujer discutió razonablemente con la serpiente cuando esta le preguntó: “¿Conque Dios les ha dicho que no coman de todos los árboles del huerto?” Ella pudo contestar, efectivamente, que Dios lo que había dicho es lo contrario: que podían comer de todos los árboles menos de ese. No es lo mismo. Ella sabía la gran diferencia y se refería correctamente a la enseñanza divina del Creador. Ella hizo una defensa legal de lo que Dios había dicho, que solo un abogado con experiencia podía igualar. Pero, cuando eso ocurrió, ya el reposo divino había sido violado, y su condición ante la ley la hacía vulnerable. Por esa razón, siempre debemos estar en armonía con todas las leyes de vida de la naturaleza divina, a fin de que tengamos toda la protección necesaria en casos de amenaza o peligro. (Salmo. 91)

Un solo precepto de la ley que estemos violando nos hace susceptibles y vulnerables a caer en tentaciones más peligrosas y mucho más difíciles de salir de ellas.

Satanás vio y comprobó que las leyes divinas eran voluntarias de obedecer y sujetas al libre albedrío que Dios les dio a todas sus criaturas. Y el reposo señalado contenía una fórmula de vida que era un elemento básico para toda la creación y, por lo tanto, combatirlo y desmerecerlo le daba una gran ventaja en su lucha contra Dios. Solo tenía que atacar ese importante pilar de la ley natural, y todo lo demás estaría en sus manos. La reacción de la mujer al violar el reposo del séptimo día ante otras tentaciones lo convenció de que ese era el objetivo más importante que tenía que atacar para manejar la humanidad a su antojo. Por lo tanto, para vencer a Dios tenía que vencer al hombre, y para vencer al hombre solo tenía que quitarle el descanso. Era el resultado natural de una causa que contenía un secreto de vida que Dios mismo le descubrió a Adán cuando le señaló el resultado de su transgresión y las consecuencias en Génesis 3:17:

  1. Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer.
  2. Comiste del árbol prohibido para ustedes.
  3. Maldita será la tierra por amor de ti.
  4. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
  5. Espinos y cardos te producirá.
  6. Comerás hierba del campo, como las bestias.
  7. En el sudor de tu frente y de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, o hasta que mueras.

Esas siete maldiciones no fueron un castigo divino al hombre por haber desobedecido la voz de Dios, sino el resultado natural de la violación a la ley de vida, que fue desafiada por ellos sin considerar sus efectos. Y, como la ley natural indica que toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa, Dios les anticipa los resultados de su osadía, de su osada aventura. A la mujer le señaló otras tres consecuencias adicionales, porque ella sufriría las consecuencias de violar más severamente. Como señalamos anteriormente, solo habían sido estudiadas tres importantes leyes naturales en el corto tiempo en que Dios los estuvo preparando cada día de la semana, cuando venía a darles clase al huerto. Para Dios fue una grata experiencia, como la tiene todo padre que saca de su tesoro y de su tiempo para educar a sus hijos.

En la parábola de Mateo 13, Jesús resume el importante tema de las siete parábolas y les compara a un escriba o padre de familia que sabe sacar de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. En el caso de Adán y Eva, antes de terminar la educación primaria, ellos desobedecieron las enseñanzas de su Maestro y, de esa manera, interrumpieron el descanso del único día en que Dios no venía a darles clase, porque se trataba del reposo divino que Dios les regalaba para ellos poder vivir eternamente saludables y nunca enfermarse o morir. De esa bendición se trataba, y Dios se lo hizo saber a tiempo para su salud física, mental y espiritual (Éxodo 16:23).

Veamos más adelante, en Éxodo 16:23, cómo Moisés le reitera al pueblo de Israel este importante elemento de vida que se había perdido desde el principio y cuya pérdida causó que las aguas cubrieran la tierra mortalmente para sus habitantes. Por esa razón, Dios, al escribir con su propia mano los mandamientos a Moisés, escribió claramente: “Acuérdate del día de reposo”, porque el cuarto mandamiento y el quinto resumen la voluntad divina para toda criatura sobre la tierra y les garantiza la vida eterna.

En un principio, todo estaba dispuesto para que no murieran. Pero la desobediencia original causó la entrada de la muerte, y como todos pecaron, todos tienen que morir. No obstante, el cuarto y quinto mandamientos, que son el corazón de la ley de vida, tienen la capacidad de restaurar lo que se perdió en un principio y le dan la oportunidad al ser humano de recuperar la opción de vivir eternamente una larga vida sobre la tierra (Éxodo 20:11).

El cuarto mandamiento se suma a los tres anteriores, y el quinto reafirma la voluntad divina de adoptar hijos que honren al Creador en la creación. La herencia se obtiene por la intervención del Hijo, y la adopción está diseñada desde que Dios pensó en crear una familia en la tierra, a la cual Él pudiera llamar familia, hijos e hijas con quienes compartir la suya como una sola. Claro que el pecado de la primera pareja hizo una gran separación entre el ser humano y su Creador, lo que dejó al planeta, perfectamente creado en su origen, en un caos físico de grandes proporciones, que Dios no pudo soportar, y se alejó de los transgresores por dos mil años.

Hemos escuchado a muchos escritores decir que el sábado es un monumento conmemorativo de la creación. Desde la perspectiva judía se puede entender esa apreciación, y parece simpática y justa. Pero la realidad de lo que es y lo que significa el sábado en la creación y en la historia del mundo hace que cada apreciación se quede muy corta y muy lejos de la realidad para la cual el Creador detuvo la acción creadora y reposó, aun cuando no estaba cansado, porque Dios no se fatiga ni se cansa.

Se trata de un secreto que Satanás descubrió cuando derrotó a Eva y vio los resultados de su obra sobre toda la creación. Su intención de destruir la confianza de los recién creados humanos en la palabra del Creador y poner en duda sus intenciones dio un giro total cuando pudo comprobar todas las virtudes que Dios había puesto en ese reposo y sus resultados. De esa experiencia, el maligno concentró su atención en los dos primeros mandamientos del evento y vio la gran relación de la vida, la salud, la paz universal y la voluntad divina en el reposo continuo y cíclico del tiempo establecido en la creación.

Con ese giro inesperado de toda la naturaleza, la preciosa y productiva fisonomía de todo el planeta se deterioró a tal grado que Satanás perdió mucho de su gran interés en gobernar la tierra, que ya no era igual ni se parecía a su creación original. Pero el sábado tenía tanta fuerza curativa en su creación, que Satanás entendió que la presencia del Espíritu de Dios, que se manifestaba tan fuerte en el séptimo día, pudiera representar un obstáculo para sus planes, porque ya se habían manifestado las plagas y enfermedades en el hombre, y la medicina del reposo los sanaba. El inteligente ángel de la muerte vio en el séptimo día un enemigo que podía volverse invencible y arruinar sus planes de conquistar la tierra para gobernarla. Y, ya en pleno dominio del mundo, él se encargaría de crear un sistema médico que realizaría el trabajo que el espíritu del sábado ahora tenía intrínseco, con la bendición y la santificación que el Creador le había otorgado.

Cristo conocía ese poder impartido por el Padre al reposo, porque Él estuvo presente en cada detalle de la creación, y el sábado fue una creación única dentro de la creación general de la tierra, con unos atributos legales que nadie podía invalidar a menos que se derogaran todas las leyes, tanto las leyes de la naturaleza como las del hombre. Por esa razón, Jesús trató de restaurar todo lo que se había perdido en cuanto a mil años de dominio satánico en las manos sucias de los enemigos de Dios. Aun los que pertenecieron por descendencia a las diferentes tribus en que se dividió el pueblo de Israel, eso les ofreció; más el exilio de José en Egipto y a otros les convino la división de las tribus que se establecieron en Judea y decidieron tomar el importante camino de las leyes que Moisés les había entregado, escritas con el dedo de Dios.

Junto a estas leyes, tanto los levitas como los judíos tuvieron que añadir información adicional específica a cada situación, ya que el pueblo que vino de Egipto era altamente susceptible a la idolatría y constantemente iba tras de dioses falsos.

Para sobreponerse a esa tendencia, el pueblo judío se aferró a las leyes que sus dirigentes les enseñaron como voluntad divina. Y entre esas leyes se destacó el séptimo día como recordatorio de la creación. Así, el pueblo judío reconoció una observancia literal y mecánica del reposo, que con el tiempo fue perdiendo su verdadero significado y convirtiéndose en una carga que los judíos pretendían aplicarle al mundo. Para todos estos fines, Satanás ayudaba a que el mundo religioso sintiera la presión judía en el sábado de ellos, porque era una forma más de desviar la atención del mundo del santo reposo divino que fue creado en el Edén para vida abundante y eterna salud.

Conociendo el secreto del reposo, Jesús trató de llamar la atención de los judíos hacia el santo y bendito día de reposo que ellos guardaban celosamente, pero del cual desconocían su verdadera finalidad.

De la misma manera que su intuición le permitía sospechar que existía un secreto en el día de descanso que él tendría que descubrir, lo mismo le ocurrió con el primer mandamiento que Dios les da en general, Génesis 1:29, que contenía el alimento que habrían de consumir de la misma naturaleza. Y su gran astucia le hizo pensar que todo eso debía ser intervenido por él para sus fines personales de obtener el control de toda la creación. De la misma manera que pudo entender el secreto de vida bajo el descanso semanal, pudo ver que ese reposo era un complemento perfecto del descanso nocturno de cada día de la semana, y que en conjunto constituía la renovación energética de todos los organismos vivos. Toda la creación dependería de ese reposo, incluyendo la naturaleza vegetal y la tierra, que no solo reposaría cada noche, sino cada semana y cada siete años, el séptimo.

Al descubrir el secreto de vida oculto en el descanso, Satanás se da cuenta de que, para controlar la creación, tenía que buscar la forma de pervertir o abolir el descanso y cambiar la alimentación de los humanos. Manipulando esas dos necesidades básicas, estaría en posición de controlar toda la creación. Ya tenía la experiencia de su encuentro con Eva y descubrió que Adán tenía las mismas debilidades ante la comida y el descanso. Cada uno de los mandamientos que Dios les dio a los hombres llevaba una protección; una protección que significaba mantenimiento de vida eterna y poseía un poder de vida para vida, que sorprendió grandemente al maligno y, a la vez, le proporcionó un conocimiento que le permitiría controlar la naturaleza humana a su conveniencia.

Con la experiencia obtenida en el árbol de la ciencia y su encuentro exitoso con Eva, el maligno se aseguró de su estrategia y del conocimiento que el árbol de la ciencia le daba para echar a correr su plan siniestro: desprestigiar la obra del Creador, mezclando lo bueno con lo malo para crear confusión. En el árbol de la ciencia del bien y del mal aprendió a usar la verdad como base y sostén de la mentira, para que esta se pudiera sostener y confundirse con la verdad.

Vio que los seres humanos eran susceptibles a aceptar la mentira si podían comprobar algo de razonabilidad, de verdad en ella. Cuando le dijo a Eva: “No morirán”, ella lo creyó porque vio a Gadiel comiendo del fruto del árbol prohibido y no moría. Pero, eventualmente, todos los que comieron murieron. La inteligencia, sagacidad y astucia del maligno lo llevaron a aprender muy pronto cómo vulnerar la naturaleza humana y la creación de Dios, que podrían ser sus enemigos más peligrosos para sus ambiciones de dominio. Su lucha contra Dios lo ha llevado a extremos que sobrepasarían los límites de la tolerancia, paciencia y misericordia divina. Aun así, se le ha permitido vivir, no porque se lo merezca, sino porque su terquedad ha causado millones de muertes a través de toda la historia, y él ha sido el causante responsable de tanto sufrimiento y mortandad. Por esa razón, estará vivo hasta que haya terminado el juicio de cada criatura que haya nacido en el mundo, y aun de los no nacidos que han muerto abortados. Su castigo será el más largo y doloroso. Algunos teólogos han dicho que su castigo será eterno, pero se equivocan una vez más, pues el amor de Dios es tan inmenso que no permitirá que sufra en proporción al daño que ha causado y que causará a quienes, por su obra, sean condenados en el juicio.

Pero es muy importante que todos sepamos de su intervención contra el Creador, porque cada ser humano tiene que tomar una posición en la gran lucha de los siglos que comenzó hace seis mil años y que está a punto de finalizar para los que tomen partido con Dios. Pero, aun así, al maligno le faltan mil años más para su juicio, y los pasará tratando de unir los gobiernos de la tierra bajo su mando, tarea que no será fácil. Pues su propia filosofía, enseñada y practicada por el mundo, no acostumbra a ceder sus logros alcanzados a los dirigentes políticos ni a los religiosos, a quienes les han gustado los privilegios de gobernar sobre las multitudes bajo su mando. Y se rehusarán a hacerle el poder absoluto a Satanás. De manera que su propia gente, a la que él ha impulsado a ganar posiciones políticas y religiosas, se resistirá a cederle el poder, y no le será fácil obtenerlo.

Esa lucha que está predicha en el Apocalipsis se dará en la tierra al final de los seis mil años. Y tanto los 144,000 como los santos que han de ser levantados para salvación eterna no pasarán por esa etapa de la lucha, porque Jesús viene a buscar a los justos al final de los seis mil años. Pues está prometido que pasarán ese último milenio, que es la culminación de la semana milenaria que se le asignó a la tierra y a Satanás para llevar a cabo su rebelión. Y los justos pasarán ese reposo sabático de mil años descansando junto a Cristo en la santa ciudad, en el cielo, y revisando el juicio de todos los que no están allí con el Señor, que quedaron en la tierra: unos en las tumbas de los cementerios, otros en el mar y en los lugares de la tierra donde murieron, y otros vivos luchando para sobrevivir a la guerra de Satanás por obtener el poder mundial. Esa lucha estará vigente por los mil años del reposo milenario. Y al final de los mismos, Cristo levanta la santa ciudad, la nueva Jerusalén, con todos los salvados que se hospedan en ella, y los regresa a esta tierra ante la mirada sorprendida de todos los vivos que están en la lucha terrenal con los gobernantes que no han querido ceder el poder, y otros con Satanás tratando de llevarlo al trono mundial.

Cuando el maligno vea la santa y gloriosa ciudad bajar del cielo y asentarse en el monte de los Olivos, que se allanará a su tamaño de 12,000 estadios de largo, 12,000 de ancho y 12,000 de alto, un cubo perfectamente cuadrado, y por eso tan fuerte y resistente que el Señor la puede transportar por el espacio hasta el monte de los Olivos.

Por su parte, Satanás, envuelto en su lucha terrenal, al ver la preciosa joya que será la capital del reino de Cristo, concluye que es precisamente ese precioso tesoro de joyas lo que él necesita para establecer su gobierno mundial desde Palestina para todo el mundo, como habían anunciado los judíos cuando trataron infructuosamente de restaurar a Jerusalén y el templo que había sido destruido. Su ambición lo lleva a pensar que dos coronas son mejor que una, y que ahora, si toma la ciudad como capital de su reino y establece su sede religiosa y política, puede ser papa, vicario y gobernante, lo que le facilitaría unir las fuerzas de los gobiernos de toda la tierra en su lucha por el dominio mundial.

Tan pronto la ciudad esté asentada como la nueva Jerusalén, Satanás reúne a sus más valientes comandantes, y ya puestas sus tropas alrededor de la ciudad santa, donde cantan gloriosos los redimidos con Cristo, Satanás les anuncia sus intenciones y le pide a los santos que abandonen la ciudad y que abran las puertas, que salgan, pues están rodeados, para que así se rindan.

Nadie en la ciudad le hace caso. Están con Jesús en el culto divino, y Satanás, viendo que no hay respuesta desde adentro, lanza una bomba nuclear sobre el lado norte de la ciudad. El cohete rebota en la atmósfera protectora de la ciudad y cae en medio del arsenal de bombas y misiles acumulados frente a ella. En términos de segundos, el fuego de su propia artillería se mezcla con el fuego que baja del cielo y se convierte la tierra en un infierno ardiente.

Los santos en la ciudad, ante el fuerte resplandor del fuego alrededor, suben al muro para presenciar la gran ola de fuego que consumirá la tierra en su superficie y purificará toda la corteza terrestre por siete millas hacia abajo, consumiendo todo y a todos bajo su calor interno e infernal. Ese es el fin del maligno y de la tierra y sus habitantes. De ahí en adelante, una nueva creación, un nuevo cielo, será inaugurado por el Padre, la Madre y el Hijo, que constituirán la nueva familia de los redimidos, que se convertirán en los hijos y las hijas de Dios.

Terminada esa etapa espectacular, que sorprenderá a todos los salvos, todos tendrán una casa y un terreno completamente sembrado por el Señor. Y el lujoso apartamento en la ciudad no dejará de servir, pues será para que, de mes en mes y de sábado en sábado, habitemos con nuestro Creador.

Volviendo a la estrategia de Satanás ante las leyes divinas y su efectividad en toda la naturaleza creada, el maligno temió por la forma en que Jesús reaccionó y dirigió su proyecto curativo al sábado, lo que levantó el celo judío, que, viendo la trayectoria curativa del Maestro en ese día, decidió matarlo antes de que cambiara la costumbre que tantos años les había tomado crear sobre el día de reposo. No podían echar a perder los cuatro mil años de lucha que les tomó llegar a una conclusión de la finalidad que ellos entendían le correspondía al sábado de descanso judío: defendiendo el día correcto con leyes y prácticas incorrectas. El maligno aprovechó el odio judío para lograr que mataran al Hijo de Dios y sacarlo así del camino que estaba pavimentando sobre los procesos curativos en ese día. Si hubiera tenido uno o varios discípulos que hubieran entendido su misión, el mundo hubiera conocido el secreto escondido en la santidad del bendito sábado.

En el desarrollo de las parábolas de Mateo 13, Jesús sorprende a los discípulos con su contestación cuando le preguntaron con gran preocupación: “¿Por qué les hablas por parábolas?”.

Aun cuando Jesús les daba la contestación correcta a sus preguntas, no lograban entender los misterios escondidos desde la fundación del mundo. Jesús se sentaba a su lado el sábado y les hablaba de forma muy clara y sencilla, tan clara y sencilla como si fueran niños. Con eso y todo, la iglesia cristiana aún no ha descubierto, o no le interesa descubrir, el significado de algunas de las parábolas, porque la mayoría de estas aluden a la mujer, o iglesia cristiana, y le es más conveniente no entender su declaración y hacerse la desentendida, porque sabe que en las profecías y en las parábolas la mujer y la iglesia se representan mutuamente, y eso no es muy fácil de evadir.

En el contexto profético, Génesis 3:15 y Mateo 13:33, esa mujer o esa iglesia usó levadura en tres masas de trigo que prepara para hacer el pan, hasta que toda la masa quedó leuda. En el contexto del evangelio, la masa del trigo representa la totalidad del evangelio, y la levadura, según Lucas 12:1, representa ciertas doctrinas de error e hipocresía de los fariseos y de los saduceos. Usando la misma palabra para aclarar la parábola, nos percatamos de que fue una mujer o iglesia la que puso levadura en esas tres medidas de harina hasta que todo el evangelio quedó leudo, o leudado, es decir, fermentado, adulterado, afectado, etcétera. Esas tres doctrinas de error han subsistido en la iglesia hasta el día de hoy.

Cuando se desea conocer el verdadero significado de las parábolas, es menester aplicar la clave secreta que Jesús les da a los discípulos ese mismo día. Se encuentra en Mateo 13:34-40. Al llegar a la casa, Jesús se sienta con los discípulos y les da la clave. Finalizada la declaración en el verso 40, añade la parte fuerte que a la iglesia tampoco le gusta, porque se implica tanto en la introducción de la levadura como en la recogida del trigo bueno y la cizaña, que será quemada en el fuego al final del siglo.

Todas las siete parábolas tienen aplicaciones muy fuertes para la mujer, o dígase iglesia, desde Génesis 3:15, donde se establece una enemistad irreconciliable entre el diablo, la serpiente y la iglesia-mujer, porque no puede haber una comunicación amistosa entre ambas, a menos que la iglesia, como ha ocurrido, ceda los derechos de la verdad a la serpiente. Por esa razón, en el verso 39, Jesús le dice de manera clara y contundente: “El enemigo que la sembró es el diablo, y la siega es el fin del mundo”. Ese día Jesús les habló fuerte y claro a los discípulos, porque veía que el tiempo estaba cerca, y los discípulos no acababan de entender que la mayor parte de esos mensajes eran para la naciente iglesia, para que ellos entendieran y pudieran explicar.

Debe haber sido desesperante para Jesús ver que el tiempo se estaba cumpliendo y los discípulos no entendían su misión ni su predicación. Tampoco podía hablarles claro delante de los enemigos que le seguían, entre los cuales estaba Judas, el traidor. Al fin y al cabo, la iglesia hizo igual que Judas y vendió su primogenitura por un plato de lentejas.

La zona de confort de los discípulos se limitaba a escuchar sus pláticas y verlo sanar a los enfermos. Para ellos, eso era todo, y no podían entender la razón por la cual les hablaba por parábolas y el poco tiempo que le quedaba con ellos. Aun dos mil años después, la situación de los discípulos de este tiempo es la misma, y no se puede ver progreso alguno al respecto, porque la situación ha empeorado y se ha confundido el trigo entre la cizaña, y no se puede ver la diferencia.

El maligno la emprendió contra Cristo y contra el sábado de reposo, que ya desde el Edén venía saboteando con mayor intensidad. Precisamente, las tres doctrinas de error que la mujer puso en las tres medidas de harina de trigo tenían como objetivo borrar para siempre la institución de sanidad que Jesús trató de restituir curando a los enfermos en ese día específico. “El sábado por causa del hombre es hecho, y no el hombre por causa del sábado”; así es que, por esa misma razón, “el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado” (Marcos 2:27). Haciéndoles claro que Satanás había destruido el sábado desde el Edén, Él estaba allí para restaurarlo en su verdadero propósito y significado.

Su primera acción en esa dirección fue la de sanar a los enfermos ese día, más que ningún otro, para aprovechar la bendición y la santificación que Él mismo, con el Padre y la Madre, le habían impartido a ese séptimo día de la creación. Por eso les dijo: “Hasta ahora mi Padre obra, y yo obro”, porque aún no había sido designado el Espíritu Santo, o Madre divina, para cuidar del rebaño en la tierra y hacer crecer la iglesia de Cristo a su partida.

Para ese fin, Satanás sería arrestado y puesto en prisión por mil años, para darle oportunidad a la iglesia a crecer sin la intervención directa del maligno, que dejó en la iglesia gente de toda su confianza, que siguió sus directrices y cambió la ley que Jesús vino a cumplir y a restablecer en justicia. Cambiaron la santidad bendita del sábado al domingo, y proclamaron salvación universal por fe, justificando así la inclusión de un falso día de reposo, transferido en intención, pero no en propósito. Solo era un subterfugio para justificar el cambio. La iglesia se arrogó la autoridad para realizar los cambios que, a su entender, eran necesarios para estandarizar el evangelio.

Y al cabo de los mil años después de la partida de Cristo, Satanás fue soltado de su prisión (Lucas 10:18), y los discípulos de ese tiempo fueron investidos de poder sobre la serpiente, los escorpiones y toda otra fuerza que el enemigo estuviera desarrollando para seguir deformando el evangelio, que fue adulterado con todo tipo de falsas doctrinas (Lucas 10:19-24).

Liberado de su prisión de mil años, Satanás cayó en la tierra como un rayo, y venía con toda la intención de destruir la obra de Cristo en la iglesia y ponerla a trabajar para su servicio. Él estaría gobernando a la iglesia, y desde el santuario del primer cielo recibiría las oraciones y las peticiones de los creyentes que fueron bautizados en las iglesias que apostataron y trastornaron la ley divina.

Tan pronto Cristo abandonó el lugar santo del santuario en el primer cielo, Satanás ocupó ese lugar haciéndose pasar por Cristo y la iglesia, como no conocía el plan divino. La iglesia siguió dirigiendo sus oraciones al lugar que Cristo abandonó y Satanás ocupó. Así han ocurrido varios siglos, y la iglesia cristiana, con su director espiritual dividiéndola, recibe el espíritu de error creyendo que se trata del Espíritu Santo, y baila al son de la música que no es, creyendo que sí es.

Así las cosas, no queda un pueblo en la tierra que se congregue y entienda lo que es el verdadero culto al Creador, que entienda la razón del sábado o reposo divino, y vea lo que está ocurriendo con la iglesia cristiana, que ha sido engañada y le rinde culto al maligno. Este ha logrado su objetivo de destruir el reposo divino que le garantizaba la salud al mundo y ha logrado que todos se enfermen para él curarlos con su medicina de drogas, que ha sustituido la labor de Cristo en el sábado de la creación. Ahora el sábado es el día que más negocios se realizan en la tierra y la culminación de las actividades comerciales que no tienen reposo ni de día ni de noche (Apocalipsis 14:11).

Desde el principio, Satanás descubrió el secreto oculto en el sábado y luchó con todo su poder para destruirlo y desviar la bendición y la santificación divina que Dios puso en ese día. Y lo ha logrado. No hay quien cure en verdad a los enfermos como hizo Cristo en su ministerio.

Satanás no solo destruyó el sábado: logró que mataran a Cristo y engañó a la iglesia. El mundo lo ha seguido, lo ha aceptado como su líder, y la suerte de todos ha sido echada. El secreto de los siglos ha sido escondido al mundo, y solo los entendidos entienden lo que está ocurriendo. Todos rechazaron el descanso. Todos aceptaron el engaño. Todos enferman y mueren. El gran secreto de los siglos ha sido sustituido por el gran engaño de los siglos.

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