Dr. Norman González Chacón – sábado 28 de marzo de 2026
Suplemento Aclaratorio:
EL SECRETO DE LOS SIGLOS
¡REVELADO!
La verdad del sábado debe producir un proceso de crecimiento y de sellamiento que proteja al pueblo de Dios de las plagas que, desde el año 1850, están cayendo sobre el mundo en términos de enfermedades, accidentes, cataclismos, desastres naturales, guerras y conflictos de todo tipo. Para que esas plagas no afecten al pueblo fiel del Señor y lo protejan del efecto de esa ira divina sobre la Tierra, el sábado se convierte en una cubierta o seguro de salud divino. Es precisamente, una protección que Dios ha provisto desde el Edén para que su pueblo viva eternamente en salud y no muera nunca.
Dios hace todo tan sencillo y práctico que, cuando lo analizamos con el entendimiento que Él nos da, los “entendidos” lo comprenden sin gran dificultad.
El sábado no es otro día más de la semana en el que podemos hacer cosas como ir al médico, al hospital, a la iglesia o a reuniones. En la última etapa de esta dispensación, en la que Jesús sale del Lugar Santísimo y comienzan a caer las plagas sobre la tierra y sobre los impíos, el sábado es un refugio divino que, si lo entendemos como Cristo trató de enseñarlo al mundo de su tiempo y a sus discípulos, es un agente divino sanador y protector que la iglesia no ha comprendido en su carácter curativo y preventivo. No es un día más del calendario.
En la historia del pueblo de Israel, durante su peregrinaje por el desierto, el Señor les indicó que durante el sábado no caería maná, por lo que no debían salir de sus casas ni encender fuego: “Lo que habéis de cocer, cocedlo el viernes o día de preparación para el sábado sagrado”. Pero algunos salieron a buscar maná el sábado y no lo encontraron. Los tales no recibieron la bendición de ese reposo.
Como hemos señalado en otros escritos, el sábado tiene un secreto: la bendición y la santificación crean en todas las cosas santas y bendecidas por el Creador un efecto de vida eterna, condicionado a la obediencia. Antes de comer del árbol prohibido, Eva violó la santidad del sábado por tres razones diferentes:
- No descansó su mente desde el viernes, porque planeaba salir a explorar el Edén al día siguiente, cuando Dios no vendría a darles instrucciones.
(2) Se separó de su compañero sin consultarle. Hizo su voluntad en el Día Santo y no la voluntad del Creador. Por lo tanto, cuando se encontró frente al árbol prohibido, ya estaba en violación de la ley divina, lo cual la colocaba en desventaja, porque estaba violando la ley de vida. Eso mismo le ha ocurrido a los cristianos que aceptaron guardar el reposo divino del séptimo día y, aun así, hacen su voluntad ese día: hablan sus propias palabras y caminan para todos lados sin una necesidad justificable. Ya sea en reuniones, haciendo planes, congregándose o viajando de un lugar a otro sin una necesidad urgente. Por eso no han descubierto el secreto de salud que el sábado contiene y que produce vida eterna. Por esa razón, solo guardan el reposo cuando se enferman y no pueden entender el propósito preventivo que el Creador le dio a ese día, el cual hizo santo, glorioso y suyo por toda la eternidad (Isaías 58:13-14).
(3) Al estar en violación del descanso sagrado, quedó en gran desventaja ante el Maligno, que la sedujo con la mentira y el engaño.
Jesús trató de restaurar la virtud sanadora del reposo divino, pero las mentes tradicionales de los judíos y de los apóstoles nunca entendieron la razón que tenía el Maestro para llevar a cabo sus más grandes milagros de curación en ese día.
Se sabe que, en la tierra nueva, cada sábado toda criatura vendrá a adorar al Señor en santa convocación (Isaías 66:23).
El sábado tiene connotaciones eternas porque es el instrumento divino para conservar la vida eternamente sin interrupción. Es el mecanismo que el Creador le da a las células del cuerpo para que, mediante el descanso, renueven la energía invertida y recarguen el organismo de vida nueva. Lo mismo ocurre con la vida vegetal, los animales y la tierra, que viven por su constancia en el descanso.
El corazón humano tiene un ciclo de descanso denominado clínicamente como diástole. Su relajación, aunque sea por una fracción de segundo, es vital para evitar eventos cardiovasculares serios como infarto agudo de miocardio o accidente cerebrovascular (isquémico o hemorrágico), porque la sístole —es decir, la fuerza del llenado de sangre al corazón— no puede subsistir sin el descanso (diástole), que relaja el músculo cardíaco y lo prepara para su próximo llenado. Ese descanso es la vida que sostiene el secreto que marca la diferencia entre una larga vida y una muerte prematura.
En Proverbios 4:23, el sabio Salomón, con toda la limitación científica de la época, explicó de manera sencilla y magistral la importancia del corazón. No existía un esfigmomanómetro que midiera la presión arterial, pero se conocían los efectos de la alimentación y el descanso como instrumentos imprescindibles de vida y salud.
No es casualidad que los tres mandamientos que Dios da en el Edén, y que protegen el corazón, sean precisamente el secreto de vida eterna que Dios da a sus criaturas, a quienes ama y adopta como hijos.
La presión arterial se afecta básicamente por tres factores:
(1) Por grasas animales depositadas en las arterias, que las van obstruyendo.
(2) Por falta de descanso adecuado.
(3) Por comer todo lo que Dios prohibió en su palabra desde un principio.
El gran secreto de vida eterna que se ha mantenido oculto a la vista del mundo es, sin lugar a duda, la diferencia que Dios Creador estableció desde el principio como regla de vida y señal entre la divinidad y la humanidad, como pacto perpetuo. Podemos concluir, sin equivocarnos, que la observancia de los tres mandamientos originales del Edén produciría una constancia energética en el descanso diario nocturno, que culmina en las 24 horas del séptimo día de cada semana. Así se produce un efecto saludable, protector y restaurador de carácter perpetuo en la creación del ser humano, de la tierra y su naturaleza, y de los animales.
Todos fueron creados bajo una misma premisa genética. Tanto los animales como las plantas y los seres humanos contienen genes afines que son similares; lo que hace la diferencia es su composición o posición en el genoma de cada especie. No obstante, se puede comprobar que Dios Creador utilizó un mismo principio para toda su gran obra de creación. Por esa razón, al asignarles el combustible o alimento a cada especie, determinó que la naturaleza fuera el elemento básico de nutrición, y el descanso, el mecanismo para recuperar la energía invertida.
En el corazón humano se encuentra el secreto que Dios escondió desde un principio para compensar la obediencia a esas tres sencillas leyes que promulgó en su infinita sabiduría, con el fin de evitar que la ciencia del mal triunfara sobre la ciencia del bien que Él estaba preparando para sus hijos desde el principio.
En Proverbios 3:1-12; 4:23; 23:26, el sabio Salomón descubre el secreto para todos y revela su sencilla procedencia en humildad y mansedumbre:
(3:1-12) “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos”.
(4:23) “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida”.
(23:26) “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”.Véase también Eclesiastés 10:2 y Juan 6:47-58.