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Los Ángeles Parte II

Un Conflicto entre el Bien y el Mal

 Por Dr. Norman Gonzalez Chacón

Los ángeles de Dios tienen que enfrentar constantemente a los ángeles malignos de Satanás, que están todo el tiempo conspirando para llevar a cabo obras siniestras, eventos catastróficos, accidentes horribles, guerras entre las naciones, desastres en la naturaleza: tornados, terremotos, inundaciones, tormentas, sequías, plagas, enfermedades, epidemias y todo lo que pueden de alguna manera trastornar en la tierra para destruir y crear el caos. La intención satánica es que la gente piense que todos esos desastres vienen de Dios, al punto que se le han llamado “Acts of God”. 

Esa idea generalizada de que Dios castiga la tierra y a sus criaturas por su desobediencia, es una treta satánica para justificar todo lo malo que ocurre sobre la tierra, y achacárselo a Dios, que es quién supuestamente castiga y hace sufrir a unos, mientras premia a otros. Esa falsa doctrina es predicada en muchas iglesias, y se ha convertido en creencia general de la humanidad: “Que las plagas provienen de Dios porque están profetizadas en la Biblia”.

Es cierto, que algunos de los profetas en el pasado, advirtieron a la iglesia, y  específicamente al pueblo de Dios, que si no se arrepentía, le crearía todo tipo de plagas y calamidades,  porque es la forma en que el profeta ve lo que va a ocurrir y cómo se van a manifestar los elementos de la tierra como consecuencia de la conducta pervertida de los hombres. Esta visión equivocada de la realidad, es con el fin de achacarle a Dios todas las calamidades y desastres que sobrevienen al ser humano y a la tierra por su desobediencia; cuando en realidad, es la obra siniestra de los ángeles malignos de Satanás, creada e inducida por ellos en los seres humanos que por su conducta, se convierten en sus instrumentos para crear el caos, la destrucción, las calamidades, los desastres en la tierra y achacarlas a Dios.

Esta idea distorsionada de la realidad, se enseña y se predica en las iglesias como parte del terrorismo teológico que muchas denominaciones enseñan a sus feligreses, y que llevan gente a esas congregaciones. Personas que huyen del desastre inminente, por el temor que desarrollan cuando ven esas calamidades ocurrir, y buscan refugio en las iglesias por el interés de salvarse de ellas, y no por amor al Salvador del Mundo.

Si los ángeles de Dios nos pudieran hablar directamente, nos dirían que por más que ellos se esfuerzan en proteger a la humanidad de todos esos desastres y enfermedades, la ley de causa y efecto se hace sentir de forma natural en todos los ámbitos donde se violan las leyes naturales de Dios y se actúa en contra de la naturaleza física, biológica, cósmica, natural y de los principios de vida establecidos por Dios desde la creación. Principios y leyes que son vulnerados, ignorados, y pisoteados por la conducta humana. Como consecuencia, se produce todo tipo de enfermedades, desastres, cataclismos y accidentes sobre la tierra que son el resultado de la desobediencia en general a las leyes, preceptos y estatutos divinos. 

La ley de causa y efecto señala que todo lo que el hombre sembrare eso será lo que cosechará (Gálatas 6:7). Esa ley con la constante siembra de la mala semilla del enemigo, actúa como consecuencia natural de una conducta pervertida y contumaz que hace que lo malo parezca bueno y lo bueno parezca malo. Los seres humanos instigados por el enemigo común de Dios, han enseñado doctrinas que pervierten totalmente la verdad de la voluntad divina y la han distorsionado para que parezca ridícula y fuera de lugar en la vida desenfrenada de los hombres y mujeres que le han dado la espalda a la verdad de Dios.

Este trastoque de los valores divinos, combinado con las enseñanzas satánicas, han formado parte de las doctrinas y filosofías enseñadas en las escuelas y universidades. Es lo que ha confundido al mundo y lo tiene sufriendo todo tipo de calamidades como consecuencia de su propia conducta errática y distanciada de la verdad divina.

Todas las tendencias del ser humano que nace y crece en este siglo, trae una genética defectuosa que se ha ido degenerando con la maldad y el error como consecuencia. Toda la conducta humana ha sido modificada a las circunstancias señaladas por la maldad y el error. Corregir esas tendencias no es posible bajo las pautas de las sociedades modernas y los nuevos conceptos de vida de la educación actual que ha puesto en la mente humana la filosofía, la teología, y la psicología de este tiempo. Todo ha sido pervertido por los conceptos erróneos que Satanás y sus ángeles han ido creando y que han sido acogidos por las masas sociales como bueno, cuando es la semilla del caos y del error. Esa tendencia al mal de todas las enseñanzas humanas, le hace el trabajo más difícil y complicado a los ángeles de Dios, pues ya Sus hijos participan de todas esas aberraciones de las sociedades modernas y se envuelven en todas las actividades mundanas, estudian en las mismas escuelas, y participan de todos esos engaños que el maligno ha creado para cambiar el mundo a su conveniencia.

Esta sociedad actual, que practica “las profesiones”que el demonio ha creado y ha instituido en las escuelas y universidades del mundo, viola las leyes divinas establecidas para evitar justamente que las cosas llegaran al extremo que han llegado. Por eso existe tanta violencia y engaño en el mundo. Los ángeles de Dios han tenido que luchar contra todos los ángeles satánicos y contra los seres humanos, que por mayoría, han escogido la vida ficticia del error y la han convertido en la ley de regla y conducta humana. Cuando vemos las películas de cine, vemos las proyecciones satánicas del ideal humano inducido por la mente pervertida y muy astuta de un enemigo sagaz que influye en las mentes incautas, sus ideas falsas, revolucionarias y siniestras. 

¿Cómo podemos enderezar esa curva maléfica de la conducta general que la defiende, la enseña, la practica, y la convierte en ley para que todos se lo agradezcan? La magnificación del error es un mal generalizado que hace ver lo malo como bueno y que manipula la conducta general de las sociedades modernas hacia parámetros irreales, y teorías científicas que sólo se comprueban en base al error mismo.

Los ángeles de Dios, encargados de velar por la paz y el desarrollo correcto de la conducta humana, han visto el rechazo total de la sociedad a las leyes divinas del orden universal, que de haber sido observadas, hubieran evitado todas esas calamidades, desastres, accidentes, guerras y plagas que siguen ocurriendo y seguiremos viendo a diestra y siniestra. Como consecuencia natural de esa conducta desviada de las leyes que el Creador estableció desde el principio, solo se produce fracaso, dolor, enfermedad y la muerte que acechan a una sociedad suicida.

La conducta desviada de los seres humanos, ha llegado al extremo peligroso y fatal de intervenir en los alimentos y frutos de la tierra para acondicionarlos y ser parte del plan universal de manejo de la conducta humana para esclavizarla intelectual y físicamente. A esa nueva era de enseñanza y práctica del supuesto y anhelado “Nuevo Orden Mundial” que se está estado tratando de implantar, y que va en total controversia con los planes de Dios para una tierra nueva y perfecta, constituyen una gran mayoría de intelectuales profesionales, científicos, sociólogos, y ricos comerciantes interesados en este nuevo concepto de gobierno universal cuya meta es esclavizar voluntariamente a toda la humanidad, si Dios no interviene y lo impide a tiempo. Para eso necesita el apoyo de un pueblo que rechace naturalmente esa intención satánica y que pida voluntariamente la intervención divina y el cese de esos planes malignos.

Habrá un decreto de muerte para quienes se opongan a la implementación del nuevo orden mundial. Pero de parte de Dios existe también un decreto de muerte para los que se atrevan a tocar a uno solo de sus hijos obedientes que se opongan al nuevo régimen. Por motivos obvios, las iglesias no son el lugar más seguro para sobrevivir la crisis que se avecina. Debido a su naturaleza errática, sus dirigentes y pastores están propensos a obedecer a los hombres de gobierno antes que a Dios. Debido a esa tendencia humana de temor y debilidad, vimos durante la pandemia, muchos dirigentes religiosos ceder ante los dictados de los jefes de Estado, a la orden para vacunar a toda la población. Muchos cristianos concientes se percataron de la traición que los pastores y ministros le hicieron a sus feligreses, cuando los dirigentes religiosos se unieron al gobierno para obligar a todos, grandes y chicos, niños, adultos y viejos a recibir la inyección experimental. 

Todos los que entendieron de lo que se trataba, y decidieron no inyectarse, fueron discriminados por las iglesias, por los sacerdotes, y por pastores que les prohibieron participar del culto, si no estaban vacunados o usaban una mascarilla, entrar a las iglesias. Si la vacuna hubiera sido la marca de Apocalipsis 18:4, todas las siete denominaciones de iglesias llamadas cristianas se hubieran constituido en la gran Babilonia, en la imagen de la bestia; y los que recibieron la marca estarían perdidos eternamente. Rogamos a Dios para que eso no sea así, pues de serlo, muchos se habrían sellado para perdición eterna.

Por esa unión de las iglesias cristianas a los dictados de los gobiernos dictatoriales que violaron los derechos individuales de la gente a no recibir la marca maldita, la orden del ángel de Apocalipsis indica que los que quieran recibir el sello de Dios deben salir cuanto antes de esas iglesias. “Salid de en medio de ellas, pueblo mío”, dice Jehová: “Para que no seáis participantes de sus pecados y recibáis sus plagas”. Muchos de los que recibieron la inyección obligatoria están sufriendo de condiciones que nunca antes habían padecido. Otros, han muerto súbitamente, y a otros, les espera una muerte prematura y muchos sufrimientos y condiciones de salud que nunca hubieran sufrido si no hubieran recibido la inyección obligatoria. Cuando el texto de Apocalipsis dice que no participemos de sus pecados ni de sus plagas, parece ser que las plagas de condiciones que están presentando los que recibieron el experimento que la iglesias ayudaron a promover, se está manifestando y cobrando vidas.

Como señalé anteriormente, si esa hubiera sido la marca de la bestia de Apocalipsis 18 (Que nadie en la tierra sabe si lo fue o no, y nadie puede asegurar que no lo fue), una inmensa cantidad de cristianos, miembros de todas esas iglesias qué se unieron con el gobierno para obligar a la gente a recibirla, y cayeron víctimas de la trampa y del engaño, se sellaron para perdición por culpa de sus pastores y sacerdotes, y están recibiendo las plagas señaladas.

Muy pocos pastores, ministros o sacerdotes están preparados para defender a sus feligreses ante situaciones como la mencionada. Peor aún, desconocen las señales que pueden decidir la salvación de las almas que militan en sus congregaciones, porque desconocen el cumplimiento de las profecías que inexorablemente estamos viendo. Ellos mismos aceptaron recibir la vacuna y lo hicieron publicamente para inducir a otros que se oponían a recibirla ellos también. Este experimento universal que ha cambiado al mundo que conocíamos por otra cosa diferente, y qué además, ha cambiado la práctica de la medicina convencional en todo el mundo, no puede pasar desapercibida en la práctica religiosa de los creyentes, ni ante los ojos de Dios. Claro, estudiar las Escrituras en este tiempo, es similar al tiempo del nacimiento de Cristo. Los sabios estudiosos de Oriente, que en el tiempo de nacer el Mesías eran los únicos que conocían perfectamente las señales; al ver la aparición de la estrella, salieron para adorarle desde sus respectivos países hasta el pequeño pueblo de Belén de Judea.

Esa señal, que sólo era otra estrella más de las millares que se ven en el cielo, fue suficiente para quienes estudiaban las escrituras darse cuenta del evento que estaba ocurriendo y de su importancia. Si los tres sabios reyes que salieron del oriente en busca del Mesías nacido, hubieran sido igual a los sacerdotes de este tiempo, nunca se hubieran percatado de la gran profecía que se estaba cumpliendo en Belén y hubieran ignorado, como lo hicieron los dirigentes de las iglesias, el evento magno más importante de la historia del mundo que estaba ocurriendo, y ellos estaban entretenidos en sus negocios y no vieron, ni vivieron la gran bendición, ni tuvieron ese inmenso privilegio de ver al niño Jesús, al Salvador del mundo, en la primera etapa de su vida.

Hoy día, la iglesia cristiana se confabuló con el Herodes moderno para vacunar a todos los niños y acabar marcándolos para muerte eterna. Por eso, la profecía es clara y señala: “Maldito el hombre que confía en otro hombre” (Jeremías 17:5). Los pastores confiaron en los gobernantes y los gobiernos de los hombres traicionaron a las iglesias que no tuvieron la luz de las profecías de su tiempo. Debido a que la salvación no depende de los pastores y ministros, hombres o mujeres, sino que es individual, el llamado de Dios es a salir de esas iglesias cuanto antes, y mantenerse fuera de ese ambiente. Si su pastor apoyó de alguna manera la vacunación compulsoria que los gobiernos herodianos han dictaminado; si su pastor no se opuso o no le firmó el documento, o apoyó su decisión de no someterse a los dictadores gubernamentales que violaron los derechos constitucionales de la gente por el lucro personal, y si en su iglesia le prohibieron entrar sin haberse inyectado o a tener la prueba negativa y la máscara maldita; ni defendieron sus derechos a disentir, debes salir inmediatamente de esas iglesias corruptas como recomienda el ángel de  Apocalipsis 18:4: “Salid de en medio de ellas, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis sus plagas”.

Desde el Presidente de los Estados Unidos, los gobernadores de Puerto Rico y de muchos Estados, el Secretario y asesores de salud al igual que los directores de la Organización Mundial de la Salud que violaron derechos civiles tan importantes como la dignidad del ser humano y su derecho a no introducir un elemento extraño y experimental en su cuerpo, ni aceptar una marca que les identifique en la sociedad donde habita. Todos ellos recibirán las plagas que están señaladas para ese fin. “Dios no puede ser burlado, que todo lo que el hombre sembrare, eso es lo qué cosechará” (Gálatas 6:7). Esta sentencia se cumplirá inexorablemente en cada uno de los que conspiraron para inyectar el veneno a todos los que lo permitieron y fueron engañados. “Quién mata a un buey, es como quien mata a un hombre”. “Quién fuerza una vacuna es como quien viola una niña”. Una violación es una violación, y es denigrante, invasiva, indignante, repugnante, y quien la comete, debe recibir todo el peso de la ley debido a que se realizó con toda malicia, fuerza, y engaño. Tanto los líderes religiosos que no se opusieron, y los dirigentes y funcionarios políticos y de salubridad que lo permitieron, pagarán en su carne por el daño causado y por las consecuencias que a largo plazo han ido transformando el mundo entero y cambiando la dinámica de vida de millones de seres humanos, que directa o indirectamente, han sufrido y seguirán sufriendo los cambios que todo el planeta ha sufrido por esa causa.

No fue la pandemia que cambió el mundo. Fueron los funcionarios, religiosos, políticos del gobierno, médicos y farmacéuticas, junto a los medios de comunicación quienes tomaron las iniciativas funestas que han transformado al mundo actual. Muchos fueron inducidos por ignorancia, otros que fueron comprados con dinero; otros que vieron sus intereses en peligro y actuaron en defensa de los mismos y en perjuicio de sus semejantes. Todos tienen una excusa, pero nada de razón para que no paguen por sus decisiones erradas. En su momento, lo pagarán en carne propia, como está profetizado.

Algunos dirigentes religiosos se vendieron por no salir de su zona de comodidad, otros por conveniencia económica, y muchos por ignorancia de las profecías.  Tanto  ellos, como los políticos que le siguieron el juego a los médicos y a las grandes empresas farmacéuticas que iniciaron la ola de terror que aún permanece, sufrirán las consecuencias del engaño a medida que la gente lo descubra. A pesar de que al descubrirse el engaño, los políticos, astutamente para no incriminarse, decretaron la normalización de la pandemia mediante estadísticas inventadas para ese fin. No obstante, todos los que recibieron el experimento en sus cuerpos, sufrirán las consecuencias de alguna manera, que nadie puede predecir y que nadie podrá señalar por su causa. Por lo tanto, la vida, el sufrimiento, el acortamiento de la misma, y los efectos que muchos han de sufrir, se diluirán y se verán como la consecuencia natural de lo que cada persona sufre de acuerdo a su estado de salud y de su genética individual. A ninguna entidad de las que obligaron a tanta gente a recibir las inoculaciones funestas, se le podrá reclamar por los daños y sufrimientos que esas personas y sus familiares tendrán que soportar debido a sus efectos. Nadie aceptará la culpa, ningún médico ni funcionario político, religioso, o fabricante, aceptará la culpa y la responsabilidad del sufrimiento o de la muerte prematura de todas esas víctimas. Pero la sangre de los afectados reclamará su culpabilidad.

Mientras eso ocurre y la gente sufre, los mecanismos efectivos del miedo y del terror inducido, siguen cobrando fuerza en la sociedad y ante unos gobiernos que no hacen nada para evitarlo, un sistema médico que los apoya, y unos líderes religiosos que lo validan. La gente, presa del miedo, sigue aceptando vacuna tras vacuna, medicamento tras medicamento, creyendo que eso los salvará de la destrucción inminente y del sufrimiento inducido y proyectado.

Existe una agenda macabra para controlar la humanidad, que sigue los dictados de Satanás, que quiere adueñarse del mundo en un solo gobierno. Su propósito es sacar a Dios de la mente de todos y que no exista nadie sobre la tierra que crea en Dios. Quedará solo Satanás que se hará visible y se personalizará como dirigente del mundo, para que todos le adoren y le sirvan. Él ha estado esperando para ser el rey de este mundo sin competencia. Satanás fue el primer demócrata de la historia del universo. Levantó su rebelión y convenció a una tercera parte de los ángeles del cielo con la filosofía demócrata que sacaba a Dios del control y le daba el poder a los pueblos y naciones. Según su filosofía, los pueblos por votación mayoritaria escojerán sus dirigentes y legisladores que crearán sus propias leyes y acuerdos. Vemos en su creatividad, un gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Esa es la base de las democracias y por eso a Satanás se le llamó demo-nio. La palabra Democracia esta formada de: “Demos= pueblo o gente y Krátos= gobierno, poder y autoridad”. La idea original de que el mundo fuera manejado por las decisiones de la gente mediante sus representantes elegidos por el voto de la mayoría, ha sido una astuta treta para sacar a Dios del gobierno universal, y Satanás representar la voluntad de la gente. Al oído, y en teoría, se ve muy justo y razonable, pero en la práctica, ha sido un gran fracaso porque no siempre las mayorías han tenido la razón, y en base a la filosofía de la democracia se han cometido muchas injusticias sociales y se han promulgado leyes que degradan la moral y crean nuevas y muy subjetivas leyes que liberan la conducta humana y producen corrupción y violencia. 

A simple vista y en primera instancia, suena bien y es muy convincente. A todos nos gustaría que se hicieran las leyes a nuestro gusto y conveniencia. La idea suena bien al oído y por eso convenció a millares de ángeles que la creyeron y se unieron a la rebelión del demo-nio. Por eso, ha convencido a tantos hombres inteligentes, que a través del tiempo, han luchado para implantar la democracia en los distintos países del mundo. La democracia pasó a ser el ideal de gobierno que sustituía a las monarquías reinantes de reyes déspotas y crueles dictadores que gobernaron el mundo en las distintas épocas como tiranos que sólo buscan el poder y las riquezas, y despojan a los pueblos de todo lo que la gente gana con su trabajo. La democracia se ha impuesto como un mejor estilo de gobierno inicialmente, pero con el tiempo se convierte en un instrumento de opresión y de recolección de impuestos exhorbitantes para satisfacer la corrupción de sus gobernantes, al igual que lo fueron los crueles reyes o dictadores tiranos. 

Pero detrás de la demo-cracia está un demo-nio que ha sido el padre de la corrupción, del engaño, y de la política demagógica que ofrece una cosa y otorga otra muy diferente. Se trata del arte de hacer política, que se ha convertido en una ciencia que se enseña en las universidades, y se trata de la organización que maneja los asuntos, las leyes, las finanzas y las decisiones que se toman en concenso para manejar los asuntos que afectan a la gente y a los pueblos, para mantener el control de los gobiernos y establecer las leyes que lo rigen. Se estudia como marco de referencia para preparar a los futuros dirigentes, representantes y gobernantes de la tierra. Su fundador fue el demo-nio y por eso se le llama demo-cracia. Aunque fue creada antes de la fundación de este mundo, se desarrolló como ciencia en Grecia cuando Aristóteles escribió y definió sus parámetros como un mecanismo o forma de mantener a la sociedad bajo control, estableciendo reglas, órdenes, estatutos, principios y leyes que castiguen a quienes violen las reglas que se aprueban por legislación política mayoritaria.

Satanás ha logrado que la política demo-crática se convierta en el estilo de gobierno ideal que las sociedades modernas escogen para regirse por el voto mayoritario de sus ciudadanos. Esa fue la propuesta original de Satanás en el cielo contra la teocracia divina existente, y ha prevalecido  en el mundo como la mejor opción de gobierno de los pueblos, por los pueblos, y para los pueblos en general, a falta del verdadero gobierno perfecto de Dios.

Pero la democracia tiene un grave defecto que se oculta detrás del ideal socio-político: es que la democracia es buena en la medida en que refleja el carácter de sus proponentes, pero puede ser muy mala, cuando sus proponentes llevan intenciones malignas personales, agendas escondidas, intereses creados, deseos de ganancias económicas, fama, dinero y otras agendas individuales o colectivas cuando se organizan en partidos políticos para cobrar fuerza que se maneja en las democracias para aprovecharse sus dirigentes del pueblo y de la gente que lo compone. Los obligan a pagar contribuciones para sostener a toda la burocracia que el mismo gobierno decida emplear para sus funciones. En resumen, son los obreros que trabajan y aportan sus contribuciones al gobierno y éste decide lo que hace con el dinero del fisco.

Se trata de una estrategia política para extraer del pueblo obrero que trabaja, todo lo más que se puede para engrosar las arcas del gobierno, a fin de que sobren suficientes fondos para los políticos derrochar y enriquecerse. Por eso se ha visto que los gobiernos democráticos abruman a los pueblos que lo componen con arbitrios y contribuciones excesivas. Los obreros que trabajan, aportan para sostener a los políticos y convertirlos en ricos. Los ricos tienen privilegios que los que trabajan no pueden tener, y es por eso que las democracias son constantemente amenazadas y sus dirigentes rechazados por el voto del pueblo, cuando éste es oprimido y abrumado por los impuestos; ese pueblo no recibe los servicios que el gobierno promete y nunca cumple. Esa es la actuación típica de los gobernantes y legisladores de las democracias y por eso aparecen candidatos que ganan el voto popular y luego se convierten en tiranos dictadores.

El gobierno de la democracia falla en la medida en que sus políticos fallen en cumplir sus compromisos y promesas de campaña para ser elegidos. Es un gobierno provisional que Satanás ha permitido que sea la mejor opción en lo que él termina su trabajo de sacar a Dios de las agencias públicas y privadas, de las iglesias, y de la mente de la gente, a fin de no tener ni un obstáculo en imponer e implantar su gobierno personal que siempre ha tenido en mente y proclamarse rey de esta tierra.

Un gobierno exitoso se inició en los Estados Unidos en sus comienzos; un gobierno democrático y republicano que se fue corrompiendo en la medida que se fue sacando la fase republicana y asentando la democracia. Es que en la medida y proporción que se saca a Dios de la administración, de la educación, y de la justicia, así en esa misma medida y proporción, se aleja la paz y la seguridad de sus componentes. Así se apartan los pueblos y las gentes del éxito y de la prosperidad verdadera cuando todas las riquezas que se obtienen para el disfrute de todos los que trabajan por igual, van a parar a mano de políticos corruptos.

En la medida en que las pretensiones humanas han ido aumentando, se ha ido eliminando el concepto divino de la sociedad, y en esa misma proporción, aumenta la corrupción, la violencia, el engaño y la lujuria que descomponen a cualquier sociedad en poco tiempo. Cuando los hombres le quitan el control de las decisiones a Dios, como ha ocurrido en las escuelas, en la judicatura, en los gobiernos, y en los hospitales; el caos, la violencia y la corrupción se apoderan de la sociedad, y el único refugio es: “sálvese quien pueda”. A ese nivel llega toda nación cuando se le da el control del gobierno a los demó-cratas y se saca a Dios de la administración de la justicia.

A ese nivel han llegado las naciones del mundo porque no hay ni una, que le de el lugar a Dios que Dios se merece. Por esa razón, todo el planeta está en un deterioro extremo, visible en todas las sociedades, incluyendo la religión que ha permitido que los políticos dominen sobre la voluntad divina expresada en las leyes de Dios y no en las leyes de hombres, que han sido respaldados por los dirigentes de las iglesias en una política oscura e incomprensible. Si la Iglesia se hubiera expresado unánimente, si se hubiera hecho presente en la dinámica social, defendiendo firmemente los postulados divinos y rechazando las filosofías humanas que se enseñan en las escuelas y universidades a sus estudiantes y si hubieran defendido los fundamentos divinos de la familia, de la de los diez mandamientos de la ley de Dios, y de todos los estatutos y preceptos que Dios comunicó al hombre para preservar la paz, la salud, la vida y la familia, ni una sola de las calamidades sociales, ni de las enfermedades que conocemos, existiría en las sociedades protegidas por los ángeles de Dios que se encargan de cuidar la vida de sus hijos y la de los hijos de los hijos, hasta la cuarta generación. “Dejáronme a mi; dice Dios: fuente de aguas vivas, para cavar para sí, cisternas que no retienen aguas”. Los pastores y dirigentes religiosos que debieron haber defendido hasta la muerte los postulados cristianos ante la liberación demócrata de las leyes morales de vida, del aborto, del género, de la lealtad al Dios del Cielo, y de  otros asuntos de leyes que se han menospreciado para rebajar la conducta humana, han permitido que la corrupción y la violencia aumenten en la sociedad sin que las leyes puedan detenerlas.

Se escogieron ellos mismos, guiados por sus propios intereses y dirigieron la iglesia por caminos equivocados. Creyeron que la iglesia era su negocio personal, su finca privada, y se aliaron con los gobiernos para recibir la ayuda económica destinada a corporaciones sin fines de lucro, y aceptaron otras ayudas económicas, que convirtieron las iglesias en negocios sin fines de lucro, pero productivas en gran medida para los pastores. No tienen que pagar impuestos por ello, y en cambio, reciben grandes compensaciones. Pastores que no fueron escogidos por Dios, dirigen los grandes movimientos que se dicen cristianos en contra de los principios de vida que el Maestro Jesus enseñó a sus discípulos.

En este siglo, las iglesias envían a sus hijos a las universidades, y éstas se encargan de prepararlos para que se burlen de los postulados tradicionales de la Iglesia mediante filosofías humanistas que rechazan la divinidad suprema, que ponen en duda la existencia de Dios, de una promesa divina de paz, y de un salvador que está presto a venir por segunda vez. El primer paso fue sacar a Dios de las escuelas, y luego sacaron la Biblia de los tribunales de justicia, de los corazones fieles, de toda actividad educativa y comercial, y hasta de ciertas celebraciones religiosas que han convertido a fiestas paganas. Cada año que pasa vemos cómo los activistas que se oponen a que se ore en las escuelas y que se hable de Dios, ganan terreno en educar a los niños en las nuevas enseñanzas sobre identidad de género que ellos inventaron en contra de las enseñanzas bíblicas sobre la integridad de la familia, formada por un hombre y una mujer y sus hijos. Esta tendencia ya es respaldada por varias denominaciones religiosas, que endosan la conducta homosexual y han ido cambiando sus dogmas originales. Se han aliado con el enemigo de Dios, traicionando así la fe y la enseñanza tradicional por el solo hecho de ganar adeptos y ser aceptados en la sociedad.

Es conveniente señalar que en la medida que el ser humano saca a Dios de su vida, entra Satanás a poseerla. Las enseñanzas anticristianas de las escuelas y universidades desestabilizan la fe cristiana y menosprecian las leyes y recomendaciones divinas. Además, siembran en la mente de los estudiantes la idea de la inexistencia de Dios. Ponen en duda las escrituras sagradas y las limitan a unos libros viejos que no tienen mucho valor moderno. La negación es tan insistente en todas las disciplinas, que muchos estudiantes no se atreven a decir que ellos y sus padres son cristianos o creyentes en el evangelio de Cristo, y poco a poco su fe en Dios se va debilitando según avanzan en sus estudios. Cuando salen, es poca su fe en Dios, o ninguna.

Filosofía anti-creacionista

Todas las enseñanzas universitarias contienen ideas absolutistas que penetran en la mente de los estudiantes, siembran las dudas en las mentes cristianas y establecen puentes sólidos en la mente de los no cristianos. Las ciencias naturales han sido desnaturalizadas de sus parámetros originales. La botánica y la zoología se analizan para introducir químicas experimentales basadas en las sintetización de procesos antinaturales y la formulación de mezclas tóxicas en contra de la naturaleza creada. La botánica original ha sido invalidada totalmente por la manipulación genética y el intercambio de cromosomas de diferentes especies entre sí es lo que prevalece en la mayoría de los procesos investigativos. No queda nada en su estado original como Dios lo creó en el principio y por eso existen tantas enfermedades del sistema digestivo y de la sangre. Por esa razón, los virus y bacterias se vuelven más peligrosos en el organismo de quienes utilizan medicación para sus diferentes condiciones de salud. Es que el cuerpo humano sufre los cambios que se le han hecho a los alimentos y en la mayoría de los casos, no asimila adecuadamente aquellos frutos y vegetales que han sido hibridados, injertados o manipulados genéticamente. Nuestro sistema fue diseñado compatible con los alimentos tal cómo Dios los creó originalmente sobre la tierra. Aunque a la vista parezcan iguales, o hasta de mejor apariencia externa, las alteraciones y modificaciones genéticas que han sufrido esos frutos y vegetales, no son reconocidas por nuestro sistema inmunológico como alimento nutriente. En la mayoría de los casos, es rechazado para llevar a cabo funciones vitales. Si por necesidad biológica vital, el organismo utiliza y echa mano de esos nutrientes alterados y los admite y los procesa, el resultado es detrimental para energizar y vitalizar órganos y sistemas que se van a ir afectando hasta enfermarse seriamente. Un ejemplo de estos procesos lo podemos comprobar en diferentes enfermedades que han surgido y que no tienen explicación alguna para la ciencia que desconoce la diferencia que existe entre un alimento genuinamente creado por Dios en su estado natural y uno modificado o transgénico. Por eso vemos la falta de hueso sólido en personas que han tomado leche de vacas toda la vida y sufren de osteoporosis. Así también podemos observar cómo tantas personas sufren de diversas infecciones a pesar de la vitamina C que consumen: Es que tanto la vitamina C que se vende comercialmente como la vitamina C de los frutos y vegetales que han sido modificados genéticamente, no funciona como la verdadera vitamina C que Dios creó en la naturaleza. La verdadera es un ascorbato natural alcalino, y la que proviene de frutas y vegetales modificados o alterados genéticamente, es un ácido ascórbico irritante y dañino a las células que la necesitan. No sólo acidifican el sistema que las recibe, lo inflaman y lo irritan, impidiendo la mitosis natural y produciendo una mitosis imperfecta. Nuestro organismo no fue creado para ese tipo de combustible, y al igual como ocurre con un motor de gasolina si usted le echa combustible diesel o gas crudo, arruinará todo el sistema y se echará a perder el motor de su auto. Así de similar podemos señalar, que ocurre en el cuerpo humano cuando lo alimentamos con frutos híbridos o manipulados genéticamente (transgénicos). Si usted consulta a un científico, nutricionista, o profesional de la salud, estos le dirán que tomar vitamina C o ácido ascórbico es la misma cosa para nuestro organismo, porque desconocen la diferencia y el origen de las enfermedades. Ese mismo médico, o profesional de la salud, le dirá que la ciencia desconoce el origen y causa de la mayoría de las enfermedades que sufre la gente. Por lo tanto, si desconocen su origen: ¿Cómo se atreven a tratarlas?, ¿Cómo pueden atacar a un enemigo que desconocen totalmente?, ¿Cómo pueden aseverar que la vitamina C de fuentes naturales no modificadas y el ácido ascórbico es lo mismo?, ¿Cómo pueden violar las leyes naturales sin afectar la vida y la salud de la gente?, ¿Por eso será que muere tanta gente en los hospitales? Tanta investigación que hacen, y a estas alturas no han podido descubrir la causa de la mayoría de las enfermedades y producir medicinas que las curen.

Definitivamente algo anda muy mal en la práctica de la medicina moderna. Saben mucho de la terminología, conocen e identifican por nombres cada condición y síntoma, cada órgano y sus funciones, conocen cada uno de los componentes químicos del tejido y de la sangre, de los componentes orgánicos del cerebro y del corazón y no han podido crear medicinas que lo curen. Eso es increíble y sospechoso. Cuando aplican el supuesto medicamento, que saben que no cura la condición, tiene más efectos secundarios que el bien que pretende hacer, y produce otras condiciones que al sumarse, son peores que la que pretenden tratar inicialmente. Aparte, de que aseguran y garantizan que no cura la enfermedad.

Ante esa realidad que es altamente preocupante cuando nos percatamos de su impotencia para curar las enfermedades que sufre la gente, nos preguntamos: ¿Para qué la gente va al médico?, ¿Para que por los síntomas, le  identifiquen la condición?, ¿Para que le recete una droga que no lo va a curar?, ¿Para qué sirve ese esfuerzo, ese ejercicio y ese riesgo?, ¿No se ha preguntado usted qué hay detrás de una ciencia que no produce resultados curativos?, ¿Estarán usando los enfermos para financiar una industria que se aprovecha de la ignorancia de la gente para vender inservibles?, ¿Los estarán usando de ratas de laboratorio?

La sospecha de un gran fraude universal aumenta a medida que analizamos el asunto de la salud desde la perspectiva de la medicina natural que cura económicamente todas esas enfermedades que la gente sufre y que la medicina convencional no cura; así lo acepta como un hecho. Porque los médicos, ante la imposibilidad de curar una enfermedad con las drogas químicas, no optan por usar las medicinas naturales, es obvio, primeramente, que no es un buen negocio. Los médicos reciben muy buenas compensaciones de las grandes empresas farmacéuticas y cuando recomiendan remedios naturales simples, violan los cánones de su mal llamada ética. Otra desventaja para ellos es que el paciente aprende a curarse sin depender del médico y deja de ir a la consulta. Eso les reduce los clientes y por consiguiente, los ingresos. Por esas y otras razones,  a  muchos médicos no les interesa practicar medicina natural tradicional. Algunos combinan uno que otro producto natural con las drogas químicas. A eso le llaman medicina alternativa. 

La sospecha general de un gran fraude universal para mantener a la población mundial atemorizada por las enfermedades y pandemias asistiendo constantemente a las oficinas médicas y hospitales para asegurarse de su salud, vacunarse constantemente y tomar toda clase de medicamentos. De esta manera la población mundial se reducirá a una dependencia absoluta a drogas químicas que los convertirá en adictos que necesitan medicarse constantemente para poder funcionar y sobrevivir. Esto, sumado al terror de sucumbir a la gran cantidad de enfermedades virales que seguirán propagando por encargo, laboratorios inescrupulosos que se han dedicado a producir armas biológicas como lo son el virus VIH, el virus Covid, el Micoplasma, y otros que ya están registrados y patentados como propiedad de sus fabricantes, y clasificados como armas biológicas. Estas armas químicas, que han sido creadas para reducir la fuerza militar de los ejércitos enemigos, están siendo probadas con gente inocente que vive ajena a las maquinaciones circunstanciales de los políticos que las promueven y ordenan su fabricación y su experimentación en países donde sus gobernantes prestan su apoyo y reciben grandes sumas de dinero para llevar a cabo las pruebas necesarias para perfeccionar y desarrollar esas armas químicas biológicas. Por esa razón, cuanto más contagioso y rápido sea un virus en propagarse, mucho más apreciado es para sus fabricantes, porque la rápida propagación y el daño inmediato que produzca, es la señal de su efectividad en términos militares y bélicos.

Todos esos ensayos químico-biológicos están siendo probados en poblaciones aisladas, pero eventualmente se propagan al mundo como consecuencia de la gente que viaja de un lugar a otro del mundo constantemente, y que llevan o cargan el virus de un país a otro y lo hacen universal.

Posibles soluciones

Una posible solución, para usted no sufrir las consecuencias más agresivas de cada uno de esos productos biológicos creados en el laboratorio, es adoptar una dieta vegana que asegure el funcionamiento de su sistema inmunológico a la máxima capacidad. Sabemos que el transporte más rápido y seguro para la propagación de un virus son los animales. Tan pronto llega a los animales, estos lo transmiten a los humanos. Por eso tenemos varios virus: porcino, aviar, de mono, canino, gatuno, y otros. Se trata de medios vivos de mantener el virus activo y saludable, tanto en los animales que lo transportan como en el alimento de los seres humanos que eventualmente consumirán la carne de los animales de mayor preferencia en el mundo: pollos, huevos, peces, cerdos, pavos, etc. Todo animal que se mata para comer, carga proteínas en su cuerpo que son tóxicas y nocivas para los seres humanos y se convierten en transportes de bacterias, de viruses, de microbios y otras sustancias que afectan el funcionamiento de órganos y sistemas, como lo son la sangre y la grasa que reciben ese tipo de proteínas.

Experiencia propia

Cuando descubrimos a través de la Biblia que Dios no nos había dado originalmente los animales para consumo y alimento humano, los eliminamos de nuestra dieta. De inmediato, pudimos comprobar el cambio que se produce en la salud y en el rendimiento de la energía física y mental. Así comenzamos nuestro trabajo de educar a la gente en los mejores hábitos de alimentación a base de frutas y vegetales. Es conveniente señalar que la referencia al ayuno aparece 41 veces en el Antiguo Testamento y 27 veces en el nuevo Testamento. Un total de 68 veces en ambos. 

Una de las historias más fascinantes de la Biblia está en el libro de Daniel. Éste y sus hermanos, hijos de Judá: Ananías, Misael y Azarías, fueron escogidos por Nabucodonosor, rey de Babilonia, para educarlos en asuntos de gobierno y de relaciones públicas, representando al pueblo israelita ante la corte real. A estos futuros ayudantes y asesores del rey, se les asignaron profesores de lo mejor de Babilonia para que les enseñaran el idioma caldeo y fueran instruidos en las ciencias de su tiempo. Se les asignó la misma comida de la dieta del rey y se le concedieron otros privilegios como vivir en el palacio y estudiar las ciencias de su tiempo por espacio de 3 años. Estos cuatro jóvenes habían sido criados e instruidos desde niños en sus prácticas sanas de vida y de alimentación del pueblo hebreo qué se regía por las escrituras sagradas. Por lo tanto, Daniel y sus amigos propusieron en su corazón, no contaminarse con la comida del rey, ni con el vino que los babilonios bebían. Pidió, por lo tanto Daniel, al Príncipe de los Eunucos que estaba a su cargo, que le dieran a ellos cuatro, legumbres y agua, rechazando así, los manjares del palacio. Daniel y sus compañeros le habían agradado mucho al encargado de sus estudios y necesidades, por lo que éste accedió a probar por 10 días con legumbres y agua que era su alimentación acostumbrada. El principal a su cargo estuvo de acuerdo con una condición: Si después de diez (10) días se veían bien de peso y de rostro, aceptaría seguirles su dieta acostumbrada; de lo contrario, tendrían que comer la comida que el rey había designado. 

Demás, está señalar el resultado, al cabo de los diez días se veían de mejor semblante y más nutridos que los otros jóvenes que comían de la comida del rey. De esa manera, el príncipe de los vasallos del rey se llevaba la comida asignada a ellos para su casa y le traía las legumbres para ellos comer. Pasado los tres años de preparación, fueron traídos todos ante la presencia del rey que los interrogó en toda ciencia y asuntos de gobierno; ¿el resultado?, salieron diez (10) veces más inteligentes y sabios que todos los científicos, magos y profesores de su reino. La alimentación natural de Daniel y sus hermanos hebreos, les ayudó a salir más sabios e inteligentes que todos los sabios magos y astrólogos de Babilonia en su tiempo.

La alimentación natural de estos jóvenes hebreos es un ejemplo para que todos los que dudan de la relación de la alimentación con el estado físico y mental de la gente hagan la prueba de diez días de Daniel y sus compañeros y sientan en sus mentes y en sus cuerpos la diferencia. Sólo verduras, legumbres y agua como bebida y se produce un cambio tan notable, que muchos que han sufrido condiciones de salud por mucho tiempo no pueden creer el cambio que se opera en el organismo al aplicar el ayuno de Daniel de frutas, vegetales y legumbres. En otros diez días más se amplía el bienestar obtenido, y en otros diez días se completa un mes de cambios que nos comprobarán que en poco tiempo las enfermedades crónicas que la medicina moderna de drogas tóxicas clasifica como incurables, pueden mejorar grandemente o curar sin ningún tipo de medicamento. Sólo cambiando el tipo de alimentación que la persona acostumbraba consumir, por la dieta sencilla que Daniel y sus compañeros aceptaron para ellos; que no es otra, que la que Dios, desde el principio, le recomendó a los primeros seres que creó en el Edén (Génesis 1:29). Está claro, que esa dieta no es del agrado de aquellos que han hecho de la comida complicada y condimentada su principal razón de vida, o de los muchos que viven para comer en vez de comer para vivir. Esos están sentenciados a sufrir todo tipo de enfermedades mucho más temprano en la vida que los temperantes que se cuidan alimentándose lo más natural posible. La diferencia, según estudios realizados por la Escuela de Medicina de Loma Linda, en California, y por la Universidad Del Sur de California, estos últimos dirigidos por el doctor en gerontología Valter Longo, han demostrado que las personas que llevan dietas vegetarianas pueden vivir un promedio mayor de 7 a 10 años sin enfermedades, sin achaques, ni problemas mayores de salud.

Una dieta vegetariana es específicamente un ayuno como el de Daniel. El estudio se llevó a cabo con gente que no comía ciertas carnes, pero utilizaban ciertos productos de origen animal como pescado, atún, leche, queso y huevos. Aún esos que no se pueden llamar vegetarianos absolutos, obtuvieron buenos resultados, añadiendo años de vida útil y libres de la mayoría de las enfermedades comunes crónicas que sufre la gente en esta sociedad: diabetes, hipertensión, artritis y otras condiciones autoinmunes, Parkinson, Alzheimer, y cáncer entre otras. Mencionamos sólo las principales o más comunes que sufre la gente de este siglo, pero son muchos los males que se adjuntan y complican el cuadro clínico de millones de personas en el mundo, que desconocen que sus enfermedades y sufrimientos, son el resultado del plato que desayunan, almuerzan y cenan a diario. 

El ayuno sustentado que creamos para los que no pueden ayunar, porque son dependientes o adictos a la comida, les puede ser muy útil en lo que se acostumbran y realizan el cambio saludable. El ayuno sustentado elimina todos aquellos componentes de la dieta común que son altos en proteínas animales y vegetales, pero les permite comer tres veces al día, parecido a lo que acostumbraban por años. Después de un tiempo en el ayuno sustentado que se compone de alimentos vegetales sencillos, pero preparados de forma sabrosa y nutritiva, la gente se distancia de los hábitos que adquirieron y que los llevaron a enfermarse, o al sobrepeso insalubre. Cuando se percatan de que pueden ayunar de esa manera, y experimentan los cambios positivos en su salud, lo hacen convencidos de los beneficios obtenidos.

En esa etapa, ya la persona ha superado la primera crisis de adicción a la comida insalubre, se han desaparecido la mayoría de las enfermedades que sufrieron, y disfrutan de la vida como nunca antes. No hay mayor satisfacción para el ser humano que estuvo sufriendo una o varias enfermedades, que sentirse bien y librarse de ellas. La experiencia de la mayoría de nuestros pacientes cuando llegan a esa etapa, es que ven el cielo más azul que antes, escuchan con mas deleite su música favorita, sienten una alegría constante en el corazón todo el tiempo, duermen plácidamente, disfrutan los elementos de la naturaleza y saborean los nuevos manjares naturales de su nueva dieta.  Ahora, el trabajo que antes les agobiaba lo realizan con un placer diferente. O sea, que ven el mundo y todo lo que los rodea con una visión diferente y una perspectiva halagüeña.

La cantidad de personas curadas totalmente de enfermedades de todo tipo, nos hace reflexionar sobre el fracaso de la medicina convencional moderna, que con tantos adelantos científicos y estudios que se realizan, aún no puede curar ni una sola de las enfermedades mencionadas que sufre la gente. Esta incapacidad para curar, es una vergüenza social que tratan de invisibilizarla, resaltando el supuesto valor de las cirugías y trasplantes de órganos, que son, o deben ser el último recurso a recurrir, si no se han hecho antes los cambios en la alimentación que estamos señalando; que restablecen los órganos afectados por el descuido en el estilo de vida y de alimentación. Esas cirugías, que la priorizan como una mecánica salvadora, en realidad, y desde el punto de vista de la medicina natural, la mayoría de estas intervenciones son innecesarias porque los enfermos curan cuando se aplican los remedios naturales sencillos, y no necesitan cirugías mutilantes ni transplantes. No creo que exista un médico que desconozca esta alternativa, ya que los mismos enfermos, cuando se curan con medicina natural, regresan al médico que los trataba para que éste les confirme que están curados y que no necesitan ni drogas ni intervenciones quirúrgicas. Cuando le realizan los nuevos estudios y laboratorios, se percatan de la realidad y del milagro que se ha efectuado sin drogas y sin cirugías, y el paciente curado les indica lo que hicieron y están haciendo para lograrlo. Algunos médicos los felicitan y otros los menosprecian y los maltratan de palabra, porque les incomoda en gran manera que el paciente pudo más que el médico y sus drogas. Pero ese médico pudo comprobar que se efectuó un proceso curativo y que el enfermo está totalmente curado y no necesita ni médico ni medicinas. ¿Por qué algunos médicos reaccionan de esa manera? Porque se sienten frustrados cuando saben que su medicina no cura a la gente y que existen alternativas que pueden hacer milagros modernos y curar todo tipo de enfermedades, a diferencia de otros, que felicitan al paciente, y lo animan a seguir con el cambio, hay muchos que tratan de atemorizarlos, porque según ellos, esas dietas que hace la gente que les permiten curarse no pueden seguirse por mucho tiempo, porque los enferma y desnutre. Siguiendo la lógica natural, si los curó de sus enfermedades, ¿Cómo los va a enfermar y a desnutrir? Ellos no tienen contestación ni explicación posible a la interrogante, pero su ignorancia a los procesos naturales del cuerpo humano, los perturba y los lleva a pensar y a hablar erráticamente, sin sentido. 

Pero el paciente curado que tanto sufrió con la enfermedad y con los médicos, no es tonto, y entiende que el milagro efectuado le costó trabajo y sacrificio de muchos placeres que antes se daba comiendo, y que resultaron dañinos a su salud. Ahora sintiéndose libre de esas enfermedades limitantes y peligrosas, se sienten como presos liberados de la cárcel. 

La alegría y el gozo de la salud, surgen espontáneos de un cuerpo que ha sanado de sus enfermedades. Los ángeles de Dios están ansiosos de que todo esto acabe pronto, y se mueven sin cesar, cuidando de los señalados para salvarse y que éstos encuentren el camino libre para lograrlo. En esta etapa de la historia, no habrá mártires que sean inmolados en nombre de la verdad, porque la verdad misma relucirá a través de los medios y establecerá la diferencia.

El enemigo ha llegado a un nivel de maldad, violencia y engaño, que es intolerable a los ojos de Dios, y que muy pronto Dios recogerá a su pueblo y lo trasladará de esta tierra para que Satanás termine su obra de maldad con los suyos. ¡Ay de los moradores de la tierra que no hayan sido señalados para salvarse! Quedarán con Satanás y sus ángeles malignos en este mundo, participando de la violencia y de las enfermedades más terribles por los próximos mil años. La tierra será un caos de todo lo que los hombres y Satanás han sembrado en ella. Serán víctimas de sus propios actos delictivos, de todo lo que han sembrado, adulterado, hibridado y desnaturalizado sobre la tierra. Les harán creer a sus hijos que ha sido Dios el causante de todas sus calamidades. Estarán unos esclavos de otros, como ocurrió en Egipto con los israelitas, que estuvieron cuatrocientos años bajo el yugo de los faraones. Esta vez son mil años en que se producirán doce generaciones que sufrirán la esclavitud de los magnates que estarán dirigiendo el nuevo orden mundial, la globalización del comercio, de la banca, de la industria, de la moneda, y de todo lo que desde hace años, los grandes empresarios y magnates de la tierra están proponiendo establecer en el mundo con un solo gobierno y un solo gobernante: Satanás en persona se hará visible para cumplir sus planes malévolos que lo llevaron a rebelarse contra Dios en el Cielo. Gobernar, reinar, dirigir y someter a todos los habitantes de la Tierra, a su proletariado, como siempre deseó, Satanás será el rey de esta Tierra y todos le rendirán culto y pleitesía. Por mil años que durará su reinado, doce generaciones que sufrirán su gobierno.

Mientras eso ocurre en la Tierra, el pueblo de Dios estará en el cielo de Dios disfrutando de la compañía de Jesús, del Espíritu Santo y de todos sus ángeles, y de los salvados de todas las épocas desde la creación. Disfrutarán de todo lo perfecto y maravilloso que Dios prepara para sus hijos y para los hijos de sus hijos vivos que han sido salvos y trasladados, resucitados los que habían muerto y transformados todos. La Paz de Dios estará en cada corazón y el gozo perfecto que crea alegría santa en la vida de cada uno de los que creyó en la palabra de salvación y obtuvo el boleto para el viaje al espacio donde nos encontró el Señor en en el camino y nos escoltó hasta su reino. No habrá mas dolor, ni una lágrima, ni un detalle, que Dios no haya previsto para la felicidad de su pueblo.

Volviendo la mirada a la Tierra, cada día de los mil años se volverá más estéril, y apenas producirá para alimentar a los ricos y a los esclavos que tendrán que comer los alimentos que ellos mismos adulteraron. Es como castigarse a sí mismos y poco a poco desfallecer por la falta de vitalidad que las plantas y los productos de la tierra adulterados van perdiendo generación tras generación. El enemigo que sembró la mala semilla ya no tiene poder para restaurar la creación para suplirle alimento a todo el mundo. Muchos enfermarán y sufrirán hambre porque el alimento bueno escaseará cada año. Además, los elementos básicos, el agua y los minerales de la tierra se irán extinguiendo, como ya podemos observar en la naturaleza, que cada año es menos productiva a causa de la mano del hombre que la ha adulterado mediante sus métodos de hibridación, manipulación genética y fertilización química. Con todos los grandes laboratorios y farmacéuticas a su disposición, Satanás no podrá reparar el daño que él y los hombres a su mando, han ido haciéndole a los frutos de la tierra. Como en el pasado, se tendrán que comer todas las bestias de la tierra, todos los animales domésticos, y al final, se comerán a los niños que nazcan, para no morir de hambre. Terminando los mil años, estarán hambrientos y sin alimento. Esto ya ocurrió anteriormente, cuando Satanás y sus ángeles fueron echados del cielo al abismo y asentaron en cada uno de los planetas de nuestro Sistema Solar, dejándolos arrasados y estériles a su paso. Así estará la Tierra, perdiendo la vitalidad y aumentando los desiertos cumplidos los mil años del reinado de Satanás. 

Es entonces cuando Jesús vuelve con la Santa Ciudad y los redimidos y la coloca en el Monte de los Olivos, que será allanado para formar una planicie enorme donde se asentará la Nueva Jerusalén que el profeta describe en Apocalipsis con sus medidas exactas. Una vez más, el ambicioso e incansable Satanás tratará de atacar y apoderarse de la santa ciudad que tiene abundancia de árboles y alimentos, para poseerla. Para esa hazaña, reunirá todos los ejércitos de la Tierra para atacar la gran ciudad. Esa será su gran batalla y la perderá ante los ejércitos del Dios vivo. También será su destrucción final, pues no podrá presentar un ejército más poderoso que el que Jesús tendrá custodiando la gran ciudad de oro. Los ángeles de Dios con su poder y disposición, destruirán finalmente a Satanás y a todos sus ángeles malignos, así como a la gente que les sirvieron como colaboradores. En su gobierno, todos serán destruidos y no quedara de ellos, ni raíz ni rama. La Tierra arderá como estopa a todo alrededor de la Nueva Jerusalén, y los elementos de la Tierra, ardiendo en fuego serán derretidos y desechos. El planeta se volverá a hacer de nuevo con toda la sabiduría divina mucho más allá de la tecnología que el hombre ha adquirido mediante inspiración divina en cualquier momento de la historia de este mundo durante estos seis mil años. El planeta Tierra será renovado a una perfección mayor y con nuevos elementos que ojo humano no ha visto, que lo que Dios creó en un principio para Adán y Eva. Ellos estarán ahí y testificarán de la gran diferencia con la que Dios premiará a sus hijos y les dará el planeta más bello y fructífero de todo el universo. Así son las cosas que Dios tiene preparadas para los que perseveren y venzan las tentaciones vanas que Satanás le pone a los santos hijos de Dios que tratan de serles fieles.

Para esa etapa, el pecado, la tentación, la maldad, y el engaño, que prevalecieron en la Tierra, desaparecerán para siempre y viviremos felices eternamente con Jesucristo, Rey y Señor de toda la creación. No sembraremos para que otro coseche; la ley de siembra y cosecha será vigente junto a los diez mandamientos originales que estarán en vigor, sin que a nadie se le ocurra violarlos. No habrán casas para alquilar, porque cada salvo tendrá su hogar propio, su finca personal y familiar, como la ha soñado tener en esta Tierra.

Los mil años que pasaremos en las Santa Ciudad estaremos en apartamentos de lujo, con paredes de oro y piedras preciosas, esperando que Jesús termine el juicio de los impíos y de Satanás, que arderán en el fuego, que purificará la Tierra, que será hecha nueva. Cuando esto ocurra, los ángeles establecerán un perímetro alrededor de la ciudad. que ni Satanás ni sus ángeles podrán penetrar. Pero pensarán, y planearán atacar la ciudad y poseerla. Es en ese momento cuando Satanás se dispone a atacar la ciudad  con sus milicias demoníacas, que Jesús dirá: ¡Basta ya! y los destruirá con un fuego infernal que se extenderá por toda la Tierra y que derretirá toda estructura hecha por el hombre, y toda planta que Satanás adulteró y convirtió en malezas estériles, en yerbajos espinosos, o en frutos híbridos. Todo quedará quemado de raíz a rama. Todo será hecho nuevo, como en el principio, y mejor aún, pues el Señor tiene sorpresas que no imaginamos con nuestra mente finita y humana, pero que su sabiduría divina infinita, ha ideado para nuestra alegría y felicidad eterna. Cosas que ojo no ha visto, ni han subido a la mente humana, son las que Dios prepara y planifica para su pueblo. Este planeta Tierra volverá a su forma original, como fue creado en un principio, pero mucho mejor ahora que tendremos casas y fincas para vivir y sembrar todo lo que deseemos cosechar. Los mil años que viviremos en la Santa Ciudad, serán para asistir a la escuela del Señor, donde aprenderemos a vivir y a descubrir los secretos de la naturaleza, de nuestro cuerpo, de las plantas y animales nuevos, y de toda la creación nueva, con la cual compartiremos conociendo sus funciones y sus usos y propósitos. Nada escapará a la sabiduría divina, que no lo revele a sus hijos privilegiados que rescató de este mundo corrupto. La diferencia tan grande de una cosa con la otra nos hará recapacitar sobre el pecado y sus consecuencias, a tal grado, que repudiaremos de inmediato la posibilidad de pecar, y no existirá tampoco un demonio que nos tiente a hacerlo. 

Como todo lo que podemos imaginar con nuestra mente, no alcanzamos a vislumbrar siquiera un ápice de las cosas que Dios está preparando para sus redimidos. Iremos de sorpresa en sorpresa, descubriendo todo lo que Dios ha diseñado para que nos ocupe toda la semana de trabajo y acción, que será en gran manera productiva y placentera en extremo. Pero lo más que desearemos, es que llegue el último y séptimo día de la semana para deleitarnos, escuchando nuevas y maravillosas historias del universo y del plan de salvación que Jesús, de su propia boca, nos contará cada sábado cuando asistiremos a su presencia en el gran templo de la Ciudad Santa. Allí cantaremos con los ángeles celestiales que nos acompañarán con los instrumentos musicales y las arpas de oro que elevarán nuestras voces hasta el Padre y la Madre Celestial que nos acompañarán y recibirán la honra y la gloria que ellos, sólo merecen. El evento se volverá universal y se transmitirá en vivo a todo el universo que se unirá al coro musical, cada mundo desde sus órbitas espaciales. 

A veces recibiremos visitas de otros mundos y en otras ocasiones estaremos visitándolos nosotros a ellos y compartiendo la experiencia de la salvación que se nos dió  la oportunidad y el privilegio de estar allí con Jesús y su familia en persona. Ellos nos contarán cómo vieron y sufrieron la caída de Eva en el Edén, y cómo les afectó el cambio que se fue produciendo en la Tierra y en sus habitantes. Después del pecado, esa experiencia los fortaleció para rechazar al maligno si éste llegaba a sus mundos y tocaba a sus puertas.

Dios limitó a Satanás a esta Tierra y a los planetas de nuestro sistema solar que están convertidos en desiertos desolados y vacíos de toda vida, tras Satanás habitarlos por un tiempo. Los esfuerzos de los hombres en alcanzar el espacio y visitar otros mundos en busca de vida, son totalmente futiles y carecen de razón, ya que no encontrarán vida en ninguno de los planetas de nuestro sistema solar, donde Satanás con sus huestes, acentó pie por mil años en lo que se creó la tierra.  Por todo ese tiempo, Satanás estuvo en el abismo, los destruyó, y los dejó áridos como desiertos sin vida. Así hubiera ocurrido con la Tierra, si los ángeles de Dios no la hubieran cuidado de los planes siniestros de Satanás. Muchas de las plantas venenosas y malezas que crecen en esta Tierra fueron cruces que Satanás y sus científicos del mal hicieron con plantas silvestres que importaron de planetas vecinos que destruyeron con su presencia, como hubieran hecho con nuestro planeta Tierra si Dios nos hubiera abandonado a nuestra suerte y a la autoridad y dominio de Satanás. El destructor y deformador de la creación perfecta de Dios quiso crear su propia versión de la naturaleza, y sembró su semilla de maldad. Pero no dio frutos buenos. No le salió el experimento y se desacreditó como agrónomo, como ingeniero, como médico, como educador, y como dirigente religioso. Todavía tiene seguidores y ha sido medianamente exitoso. En religión, proyecta unir a todos los países en un solo gobierno mundial para él gobernar la Tierra. Pero no logrará sus planes de exterminar a todos sus oponentes. El Señor Jehová intervendrá a tiempo y destruirá sus planes, una y otra vez que lo intente. Ahora le toca fracasar como político y aspirante a la gobernación del mundo. 

Es un ser muy inteligente en gran medida, pero el orgullo y la vanidad lo han engañado de la misma manera como él ha engañado a toda la humanidad con sus falsas enseñanzas en las escuelas y universidades que maneja. Será víctima de sus engendros macabros. Ha logrado estandarizar la enseñanza de todas las materias que el hombre ha creado bajo su tutela en el mundo. Cada día y cada siglo inventa nuevas materias de engaño. Cada vez que puede, induce a los legisladores a formular leyes que van en contra de la moral, de la dignidad del ser humano, y para coartar sus derechos inalienables, físicos, y de conciencia. Cada siglo ha ido cambiando sus tácticas de enseñanza y control de la mente humana. Cada cierto tiempo ha variado sus planes malévolos para mantener engañadas a las iglesias y a los gobiernos. Ha creado terribles drogas tóxicas, y mortales para hacerle creer a la gente que son medicinas, cuando son alucinantes tóxicos, que producen adicción y enfermedades diferentes. Bajo el efecto de esas poderosas drogas induce a la gente a creer que van a curarse, tomando ese veneno que los lleva a la tumba, sin percatarse que están perdiendo la razón, enajenados con la droga, pierden la oportunidad de entregar sus vidas a Dios antes de morir.

A veces escucho personas quejarse de que la droga costosa que le recomendó el médico, su seguro no la paga y le recomienda otra opción más económica. Eso no es del agrado del paciente que busca la mejor droga y la más cara para su tratamiento. El seguro médico sabe que una droga de marca y una llamada genérica son el mismo engaño y que ninguna lo va a curar. Esa es una de las razones para economizar, y muchas veces ni siquiera van a hacerlo sentir mejor. Le sustituyen el medicamento caro por uno menos costoso para el seguro y eso no es del agrado del paciente que clama por la droga, aunque sea más costosa y mas dañina en efectos secundarios. 

La lucha no termina nunca, pues la gente que ha puesto su confianza y su fe en la medicina de drogas y cirugías innecesarias, no se conforma con tratamientos sencillos. Este tipo de personas, que son creyentes fieles del sistema médico moderno creado por Satanás, son comedores compulsivos que han hecho de la comida parte de su estilo de vida. Son los que claman por las drogas más fuertes para compensar los malos hábitos de alimentación, y la droga los engaña haciéndole desaparecer los síntomas por un tiempo.

Seguimos mostrando el trabajo incansable de los ángeles de Dios en esta tierra por las veinticuatro horas del día sin descansar. No hay descuido posible ni descanso que puedan tomar, porque de hacerlo, costaría vidas de los inocentes hijos de Dios que tienen a su cargo y cuidado. Si desatienden un segundo uno de ellos, Satanás lo destruiría de inmediato. 

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El Secreto de los Siglos «Revelado»

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Suplemento Aclaratorio:

EL SECRETO DE LOS SIGLOS
¡REVELADO!

La verdad del sábado debe producir un proceso de crecimiento y de sellamiento que proteja al pueblo de Dios de las plagas que, desde el año 1850, están cayendo sobre el mundo en términos de enfermedades, accidentes, cataclismos, desastres naturales, guerras y conflictos de todo tipo. Para que esas plagas no afecten al pueblo fiel del Señor y lo protejan del efecto de esa ira divina sobre la Tierra, el sábado se convierte en una cubierta o seguro de salud divino. Es precisamente, una protección que Dios ha provisto desde el Edén para que su pueblo viva eternamente en salud y no muera nunca.

Dios hace todo tan sencillo y práctico que, cuando lo analizamos con el entendimiento que Él nos da, los “entendidos” lo comprenden sin gran dificultad.

El sábado no es otro día más de la semana en el que podemos hacer cosas como ir al médico, al hospital, a la iglesia o a reuniones. En la última etapa de esta dispensación, en la que Jesús sale del Lugar Santísimo y comienzan a caer las plagas sobre la tierra y sobre los impíos, el sábado es un refugio divino que, si lo entendemos como Cristo trató de enseñarlo al mundo de su tiempo y a sus discípulos, es un agente divino sanador y protector que la iglesia no ha comprendido en su carácter curativo y preventivo. No es un día más del calendario.

En la historia del pueblo de Israel, durante su peregrinaje por el desierto, el Señor les indicó que durante el sábado no caería maná, por lo que no debían salir de sus casas ni encender fuego: “Lo que habéis de cocer, cocedlo el viernes o día de preparación para el sábado sagrado”. Pero algunos salieron a buscar maná el sábado y no lo encontraron. Los tales no recibieron la bendición de ese reposo.

Como hemos señalado en otros escritos, el sábado tiene un secreto: la bendición y la santificación crean en todas las cosas santas y bendecidas por el Creador un efecto de vida eterna, condicionado a la obediencia. Antes de comer del árbol prohibido, Eva violó la santidad del sábado por tres razones diferentes:

  • No descansó su mente desde el viernes, porque planeaba salir a explorar el Edén al día siguiente, cuando Dios no vendría a darles instrucciones.


(2) Se separó de su compañero sin consultarle. Hizo su voluntad en el Día Santo y no la voluntad del Creador. Por lo tanto, cuando se encontró frente al árbol prohibido, ya estaba en violación de la ley divina, lo cual la colocaba en desventaja, porque estaba violando la ley de vida. Eso mismo le ha ocurrido a los cristianos que aceptaron guardar el reposo divino del séptimo día y, aun así, hacen su voluntad ese día: hablan sus propias palabras y caminan para todos lados sin una necesidad justificable. Ya sea en reuniones, haciendo planes, congregándose o viajando de un lugar a otro sin una necesidad urgente. Por eso no han descubierto el secreto de salud que el sábado contiene y que produce vida eterna. Por esa razón, solo guardan el reposo cuando se enferman y no pueden entender el propósito preventivo que el Creador le dio a ese día, el cual hizo santo, glorioso y suyo por toda la eternidad (Isaías 58:13-14).


(3) Al estar en violación del descanso sagrado, quedó en gran desventaja ante el Maligno, que la sedujo con la mentira y el engaño.

Jesús trató de restaurar la virtud sanadora del reposo divino, pero las mentes tradicionales de los judíos y de los apóstoles nunca entendieron la razón que tenía el Maestro para llevar a cabo sus más grandes milagros de curación en ese día.

Se sabe que, en la tierra nueva, cada sábado toda criatura vendrá a adorar al Señor en santa convocación (Isaías 66:23).

El sábado tiene connotaciones eternas porque es el instrumento divino para conservar la vida eternamente sin interrupción. Es el mecanismo que el Creador le da a las células del cuerpo para que, mediante el descanso, renueven la energía invertida y recarguen el organismo de vida nueva. Lo mismo ocurre con la vida vegetal, los animales y la tierra, que viven por su constancia en el descanso.

El corazón humano tiene un ciclo de descanso denominado clínicamente como diástole. Su relajación, aunque sea por una fracción de segundo, es vital para evitar eventos cardiovasculares serios como infarto agudo de miocardio o accidente cerebrovascular (isquémico o hemorrágico), porque la sístole —es decir, la fuerza del llenado de sangre al corazón— no puede subsistir sin el descanso (diástole), que relaja el músculo cardíaco y lo prepara para su próximo llenado. Ese descanso es la vida que sostiene el secreto que marca la diferencia entre una larga vida y una muerte prematura.

En Proverbios 4:23, el sabio Salomón, con toda la limitación científica de la época, explicó de manera sencilla y magistral la importancia del corazón. No existía un esfigmomanómetro que midiera la presión arterial, pero se conocían los efectos de la alimentación y el descanso como instrumentos imprescindibles de vida y salud.

No es casualidad que los tres mandamientos que Dios da en el Edén, y que protegen el corazón, sean precisamente el secreto de vida eterna que Dios da a sus criaturas, a quienes ama y adopta como hijos.

La presión arterial se afecta básicamente por tres factores:
(1) Por grasas animales depositadas en las arterias, que las van obstruyendo.
(2) Por falta de descanso adecuado.
(3) Por comer todo lo que Dios prohibió en su palabra desde un principio.

El gran secreto de vida eterna que se ha mantenido oculto a la vista del mundo es, sin lugar a duda, la diferencia que Dios Creador estableció desde el principio como regla de vida y señal entre la divinidad y la humanidad, como pacto perpetuo. Podemos concluir, sin equivocarnos, que la observancia de los tres mandamientos originales del Edén produciría una constancia energética en el descanso diario nocturno, que culmina en las 24 horas del séptimo día de cada semana. Así se produce un efecto saludable, protector y restaurador de carácter perpetuo en la creación del ser humano, de la tierra y su naturaleza, y de los animales.

Todos fueron creados bajo una misma premisa genética. Tanto los animales como las plantas y los seres humanos contienen genes afines que son similares; lo que hace la diferencia es su composición o posición en el genoma de cada especie. No obstante, se puede comprobar que Dios Creador utilizó un mismo principio para toda su gran obra de creación. Por esa razón, al asignarles el combustible o alimento a cada especie, determinó que la naturaleza fuera el elemento básico de nutrición, y el descanso, el mecanismo para recuperar la energía invertida.

En el corazón humano se encuentra el secreto que Dios escondió desde un principio para compensar la obediencia a esas tres sencillas leyes que promulgó en su infinita sabiduría, con el fin de evitar que la ciencia del mal triunfara sobre la ciencia del bien que Él estaba preparando para sus hijos desde el principio.

En Proverbios 3:1-12; 4:23; 23:26, el sabio Salomón descubre el secreto para todos y revela su sencilla procedencia en humildad y mansedumbre:
(3:1-12) “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos”.
(4:23) “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida”.
(23:26) “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”.Véase también Eclesiastés 10:2 y Juan 6:47-58.

Hipotiroidismo y la Salud Menstrual

Dr. Norman Gonzalez Rivera y Nat. Arianne M. Santiago Jordán

El Engaño de los Siglos – Parte I

Artículo Completo

Dr. Norman González Chacón – sábado 21 de marzo de 2026

INTRODUCCIÓN:

Por Dr. Norman González

En este tratado, aludimos al “secreto” de salud que se oculta en el reposo divino desde la creación y que fue materia secreta solo para que fuera entendida por “los entendidos”. Este misterio, escondido por siglos, ha sido ignorado y vulnerado por las iglesias, por los concilios, por los pioneros, por los judíos y por los adventistas que lo adoptaron superficialmente como parte de su doctrina, sin conocer a fondo su secreto de vida y su profundo significado.

Jesucristo lo sabía, él era co-autor del proyecto del reposo diario y semanal, y al venir a la tierra, quiso aprovechar el poder de la bendición y de la santificación que le había sido otorgado a ese período desde la creación. Por esa razón, sus mas grandes milagros fueron hechos en las horas santas del sábado.

El secreto de vida eterna estaba implícito en las tres leyes que originalmente Dios le da al hombre para vida: 1.Lo que debía de comer. 2. El descanso diario nocturno y el reposo semanal. 3. Lo que NO debían de comer. Obedeciendo esas tres leyes, honrarían al Creador, protegerían la creación, y vivirían eternamente sin enfermarse ni morir. Por lo tanto, la salud y la vida se protegerían y mantendrían el equilibrio de la creación mientras se siguieran esas instrucciones de garantía.

El misterio se mantuvo secreto por cuatro mil años hasta que Cristo trata de revelarlo en su ministerio curativo que resume en las parábolas de Mateo 13. (13:35). Veamos:

Las siete parábolas de Mateo 13

Aquel día salió Jesús de la casa de Lázaro, Marta y María, donde           acostumbraba descansar como si estuviera en su propio hogar. Al llegar, se sentó a la orilla del mar. Tan pronto la gente se enteró de su presencia, acudió para oírle. Como eran muchos los que se agrupaban, entró en la barca y se sentó en la proa, de manera que todos pudieran verle y escucharle.

Por una razón muy particular, Jesús siempre se sentaba para hablarle a las personas. Lo hacía en el templo cuando se sentaba a leer las Escrituras (Juan 8:2), y lo hacía también en todo lugar donde iba a predicar la Palabra a la gente. Se sentó en el monte, y desde allí, predicó un largo sermón (Mateo 5:1; Marcos 4:1; Juan 8:2; Lucas 5:3).

Es obvio que el sentarse tenía para Jesús un significado muy particular. ¿Por qué se sentaba Jesús para predicar la Palabra? ¿Por qué no predicaba de pie, como hacen hoy muchos pastores en las iglesias cristianas? Es evidente que Jesús sabía muy bien lo que hacía, y que los pastores cristianos, en general, no han copiado al Maestro en su estilo, ni conocen la razón de esa costumbre. Posiblemente desconocen —o pasan por alto— ese importante aspecto de su enseñanza.

Aunque esa no era la razón principal por la que Jesús se sentaba a predicar, es importante señalar que muchos pastores de hoy, en su forma de hablar y de vestir, han perdido la efectividad que tenía el Maestro cuando se dirigía a un público deseoso de oírle. Tanto en el Sermón del Monte como en el templo y en el sermón de las siete parábolas de Mateo 13, Jesús habló sentado desde un lugar elevado para que todos pudieran verle. Es que, al sentarse en sábado, a la vez que predicaba, descansaba.

En el sermón de las siete parábolas de Mateo 13, se sentó a la orilla del mar. Como había llegado una gran multitud, mandó a los discípulos que acercaran la proa de la barca a la orilla y, desde allí, les dirigió la palabra. Según el relato de Mateo 13:3:

“Les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó, y porque no tenía raíz, se secó. Parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga”.

Esta parábola se aplica a cuatro tipos de personas que oyen la Palabra, y según las circunstancias personales de cada oyente, la Palabra fructifica de manera diferente. Aun en el terreno bueno no fructifica igual ni da los mismos resultados en cada oyente. Los porcentajes de asimilación son distintos y muy particulares. Esos resultados solo los puede medir el Maestro, que discierne los pensamientos y las intenciones de cada corazón, y ve individualmente el resultado en cada persona.

Los discípulos se sintieron incómodos, pues no entendían la razón por la cual Jesús les hablaba por parábolas, algo a lo que no estaban acostumbrados. Entonces le preguntaron:

“¿Por qué les hablas por parábolas?”

Y él, respondiendo, les dijo:

“Porque a vosotros os es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no les es concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden”.

Nos sorprende a nosotros la respuesta del Maestro, así como sorprendió a los discípulos. Hemos sido enseñados a adaptar el mensaje a la conveniencia de cada cual; sin embargo, Jesús hablaba para los entendidos, y a los otros no parecía preocuparle que entendieran. Por eso citó la profecía de Isaías, que dice:

“De oído oiréis, y no entenderéis;
y viendo veréis, y no percibiréis.
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
y con los oídos oyen pesadamente,
y han cerrado sus ojos;
para que no vean con los ojos,
ni oigan con los oídos,
ni con el corazón entiendan,
y se conviertan,
y yo los sane”.

Aquí podemos entender que el mensaje de Cristo no es para echarlo delante de quienes no pueden aprenderlo ni entenderlo. Él dijo: “No echéis vuestras perlas delante de los cerdos” (Mateo 7:6). El mensaje es algo sublime, un tesoro muy valioso, que la iglesia cristiana ha repartido muchas veces sin tener en cuenta la voluntad de su Autor. Así también ha regalado el mensaje, que le costó la vida y sufrimientos extremos al Salvador. Algo tan valioso como perlas de gran precio ha sido dado como hojarasca a quienes no lo aprecian ni lo buscan.

Aprovechando la pregunta de los discípulos, el Maestro expresó algo que para todos ellos era un privilegio: escuchar y ver cosas que muchos justos, mensajeros y profetas desearon ver, y no las vieron. Tenían a Dios con ellos, y no lo pudieron reconocer plenamente.

Eso ocurre cuando no se le da valor al mensaje ni se reconoce al Mensajero. Los siglos han pasado, y en cada uno de ellos el mensajero o el mensaje han sido desvalorizados, a tal extremo que las perlas han sido olvidadas y dadas a los cerdos. Las preciosas joyas han ido a parar a los lodazales, donde se revuelcan quienes debían cuidarlas. Por esa razón, las palabras del Maestro fueron una fuerte reprensión para los discípulos, que, al igual que mucha gente, no entendieron ni comprenden el mensaje oculto en las parábolas.

Por eso les hablo en parábolas: para que solo los entendidos las puedan comprender. Porque los misterios del Reino han estado escondidos desde antes de la fundación del mundo (Mateo 13:35), y solo son disponibles para los entendidos (Daniel 12:10). Cristo los adelantó por medio de las parábolas de Mateo 13.

Esas siete parábolas requieren una fórmula secreta, por decirlo así, que Jesús compartió con los discípulos ese día, y que contenía siete palabras clave que servirían a los entendidos para comprender no solo esas parábolas, sino también otras parábolas de la Biblia y aun del Apocalipsis, dado casi un siglo después de la ascensión del Maestro.

Las siete parábolas son estas:

  1. La parábola del sembrador.
  2. La parábola de la cizaña.
  3. La parábola del grano de mostaza.
  4. La parábola de la levadura.
  5. La parábola del tesoro escondido.
  6. La parábola del tratante de perlas preciosas.
  7. La parábola de la red echada al mar.

En el resumen final, verso 52, Jesús dice:

“Todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”.

En resumen, el mismo Jesús presenta al final de las parábolas la clave interpretativa, también expresada en siete elementos:

  1. El sembrador es el Hijo del Hombre.
  2. El campo es el mundo.
  3. La buena semilla son los hijos del Reino.
  4. La cizaña son los hijos del malo.
  5. El enemigo que la sembró es el diablo.
  6. La siega es el fin del mundo.
  7. Los segadores son los ángeles.

Esta clave interpretativa la da el Maestro a sus discípulos de todas las épocas para entender las parábolas. Es, según esta perspectiva, un concepto universal que puede aplicarse también a los libros de Daniel y Apocalipsis, así como a muchas otras parábolas bíblicas.

Una de las parábolas proféticas más sorprendentes, que anticipa hechos que ocurrirían en las iglesias después de la partida de Jesús, se relaciona con Isaías 4:1, donde se presenta la apostasía de las siete iglesias cristianas, las cuales fueron duramente reprendidas en los primeros tres capítulos del Apocalipsis por Jesucristo desde el cielo. Sin esa clave de interpretación, difícilmente se descubriría que esas siete mujeres representarían a las siete iglesias que recibieron el nombre de cristianas y que se corrompieron hasta la prostitución espiritual.

A medida que analizamos las parábolas, vamos descubriendo los mensajes ocultos en ellas, que solo los entendidos pueden descifrar para descubrir los misterios del Reino de los cielos, escondidos desde antes de la fundación del mundo (Mateo 13:35). La parábola de la cizaña del campo, por ejemplo, nos lleva tan lejos como a un tiempo anterior a la creación de la tierra, cuando el enemigo sembró la cizaña en el cielo y, posteriormente, la introdujo en la tierra.

Primero la sembró en la mente de Eva cuando esta llegó al árbol de la ciencia, y luego continuó sembrando la mala semilla en el Edén, afectando todos los frutos de la tierra. La Palabra de Dios, la hierba del campo y todo cuanto Dios hizo perfecto fue siendo afectado por la cizaña satánica, que ha ocupado todas las áreas del conocimiento humano y las ha contaminado con la mentira, el error y la falsa ciencia, esparcida como sabiduría en las mentes que la estudian sin saber que se trata de cizaña satánica.

Toda esa información la adelantó Jesús a sus discípulos en las parábolas de Mateo 13. Y fue mucho más lejos cuando reveló información acerca de los tres grandes errores que una iglesia —representada como una mujer— introdujo en tres doctrinas del Evangelio, hasta que esa levadura fermentó toda la masa.

Asimismo, mostró el efecto que la mala semilla iba a causar en el desarrollo del Evangelio, y expuso con claridad los cuatro tipos de terreno donde caería la semilla del mensaje y los resultados que se obtendrían en cada uno. También los comparó con la acción de los pescadores, cuando llegan a la orilla con las redes llenas de toda clase de peces: escogen los buenos en canastas y el resto lo echan de nuevo al mar. Esa es la última de las parábolas, que ilustra la acción del juicio seleccionador de los que se han de salvar y de los que se han de perder.

Como podemos observar en la respuesta que Jesús da a los discípulos cuando ellos cuestionan la razón por la cual les habla en parábolas, el Maestro es claro. Y esa respuesta tajante establece una forma y un estilo que ninguna iglesia ni ningún pastor o sacerdote se han atrevido a practicar. Mientras ellos atraen toda clase de personas a la iglesia y la llenan de todos ellos, el Maestro no les enseñó esa lección a sus discípulos.

Hubo muchos casos en que Jesús se negó a sanar ciertos enfermos que él sabía que no tenían fe, mientras que en otras ocasiones sanó por la fe de quien intercedía, como ocurrió con la hija de la mujer cananea o con el siervo del centurión (Mateo 15:22-28; Mateo 8:5-13). Estos casos demostraron la fe de los solicitantes, y resultan ser excepciones que el Maestro realizó sobre la base de la fe del peticionario.

No obstante, en más de una ocasión fue firme al explicar a los discípulos su decisión de no sanar a aquellos que no entendían su misión. En el caso de la mujer cananea y del ciego de nacimiento, Jesús pudo advertir que en ambos casos habría resultados de fe que justificarían el milagro.

En las parábolas de Mateo 13 se puede advertir la firme decisión de Jesús, especialmente en Mateo 13:15, de no sanar a quienes no entendían ni aceptaban el mensaje, ni predicar a quienes venían por mera conveniencia, sin la fe ni la perseverancia necesarias para permanecer firmes en el Evangelio que Cristo predicaba.

A diferencia de la filosofía moderna de muchos pastores e iglesias, que bautizan a todo el que hace profesión de fe, aun sin tenerla realmente, el Maestro fue firme y claro con los discípulos, quienes tampoco entendían bien su misión hasta que recibieron el Espíritu Santo.

A pesar de eso, la dirigencia cristiana, que aún no ha entendido esa parte del Evangelio de Cristo, parece interesarse más en crecer, llenar las arcas y aumentar los recursos con la feligresía. No quiere entender que no todos están aptos para recibir y practicar el Evangelio, y que esa actitud liberal de las iglesias ha rebajado las normas de vida y comportamiento en detrimento del Evangelio puro y de la conducta de la humanidad en general.

De acuerdo con esa premisa, todos son cristianos, todos se han de salvar y todos, por pertenecer a una u otra denominación, creen que se salvarán. Esa doctrina de la salvación universal, surgida desde los primeros siglos de la iglesia cristiana, es una de las tres falsas doctrinas que Jesús anticipó en la parábola de la mujer que puso levadura en tres medidas de harina. Estas simbolizarían el triple mensaje de los tres primeros ángeles de Apocalipsis 14 que son contrarrestados por los tres espíritus de error que, a manera de ranas, han minado la efectividad del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14.

Cuando Jesús señaló con toda intención: “Yo soy el pan de vida”, lo hizo porque ya existía un pan de muerte, consumido por todos los que no aceptaban su Palabra. Esta diferencia la estableció con toda intención de separar el trigo bueno del pan malo leudo. Lo mismo hizo con el vino, hay vino bueno que desembriaga y vino malo que emborracha; con el pastorado, se pronunció: “Yo soy el buen pastor”,  con la puerta, con la luz, con el camino, con la verdad y con la vida. En total, siete veces dijo “Yo soy” y se comparó con elementos que habían sido corrompidos por su mal uso y aplicación.

No es casual que incluyera siete parábolas en su sermón de ese sábado y que diera a los discípulos siete palabras clave para entenderlas. Del mismo modo, cuando se compara a sí mismo con siete realidades distintas, está presentando una plenitud de significado. Asimismo, cuando habló al profeta Juan, le presentó las siete iglesias y los siete ángeles de las iglesias, que estaban en camino de corromperse totalmente: unas en mayor peligro que otras, pero todas bajo grave riesgo de apostasía.

Cuando el Señor explica la parábola del sembrador, que riega la semilla en el campo, encuentra cuatro tipos de terreno, que a su vez pueden observarse en siete expresiones:

  1. La semilla que cae junto al camino.
  2. La semilla que cae en los pedregales.
  3. La semilla que cae entre espinas.
  4. La que cae en buena tierra,
  5. Produce frutos a un treinta por ciento.
  6. Produce frutos a un sesenta por ciento
  7. Produce frutos a un cien por ciento.

Esta tendencia del Señor a presentar todo en siete es grandemente significativa, pues el siete representa plenitud. Viene desde la creación de la tierra en siete días: seis más uno. Por esa razón, intuimos que al usar siete parábolas y siete palabras clave para su interpretación, Jesús está proyectando el pasado, el presente y el futuro, desde la creación hasta el Apocalipsis en el fin del tiempo.

Además, en las parábolas de Mateo 13 incluye los más importantes eventos que cubren las tres grandes divisiones o dispensaciones del tiempo profético: la semana de seis mil años en la tierra, dividida en tres etapas de dos mil años, más el milenio en el cielo; las tres doctrinas de error que dañarían el Evangelio y lo fermentarían; y los cuatro diferentes terrenos en que se dividiría el mundo que oye y practica la Palabra, así como sus efectos al final del tiempo.

Las siete parábolas cargan la totalidad del efecto del Evangelio en el mundo, como declaró Jesús al dar la clave interpretativa: “El campo es el mundo”, y “los segadores son los ángeles”.

Veamos primero las siete parábolas:

  1. Parábola del Sembrador (Mateo 13:3).
  2. Parábola de la cizaña (Mateo 13:24).
  3. Parábola del grano de mostaza (Mateo 13:31).
  4. Parábola de la levadura (Mateo 13:33).
  5. Parábola del tesoro escondido (Mateo 13:44).
  6. Parábola del tratante de buenas perlas (Mateo 13:45).
  7. Parábola de la red que recoge toda clase de peces (Mateo 13:47).

Las siete palabras clave para su interpretación son las siguientes:

  1. El sembrador es el Hijo del Hombre, Jesucristo.
  2. El campo es el mundo.
  3. La buena semilla son los hijos del Reino.
  4. La mala semilla son los hijos del malo.
  5. El enemigo que la sembró es el diablo.
  6. La siega es el fin del mundo.
  7. Los segadores son los ángeles.

Esta magistral presentación que Jesús hace a la gente, y luego explica a los discípulos, es una joya de gran precio. Quien desee poseerla debe vender todo lo que tiene y comprar ese terreno, para poseerla legalmente. En estas siete parábolas, Jesús escribe, en forma prospectiva, la historia del Evangelio y de las iglesias cristianas. De esta manera puede apreciarse su dominio del tiempo y de las circunstancias que tendría que sufrir su ministerio, así como el esfuerzo suyo y de los apóstoles por darlo a conocer al mundo.

En las parábolas describe misterios del Reino que habían estado escondidos desde antes de la fundación del mundo. Esta información incluye la trayectoria del mensaje, la apostasía de la iglesia, la introducción de tres doctrinas de error en la pureza del Evangelio, la introducción de la mala semilla en el campo del Señor, las siete palabras clave para interpretar y entender las parábolas, y su extensión al entendimiento del Apocalipsis.

Todos los misterios secretos del Reino de los cielos concernientes a la tierra y a sus habitantes, incluyendo el sábado, están —según esta interpretación— incluidos en las siete parábolas de Mateo 13 y pueden ser alcanzados con las siete palabras clave que Jesús reveló a los discípulos en la casa.

Cuando él les preguntó si habían entendido las parábolas, le dijeron que sí. Pero el Maestro sabía que aún no las habían comprendido plenamente, y se entristeció por ellos y por los que vendrían más tarde, incluyendo a los pastores y dirigentes de la futura iglesia cristiana, que sería atacada fuertemente por el maligno.

Más adelante, Jesús sopló sobre ellos su Espíritu, y desde entonces comprendieron un poco mejor las nuevas verdades que serían introducidas al Evangelio para sacar a los nuevos conversos de las prácticas judías, que habían trastornado el mundo conocido. Habían desvirtuado la bendición y la santificación del sábado, habían convertido los sencillos Diez Mandamientos en seiscientas leyes difíciles de seguir, y habían convertido al Dios creador, de amor y misericordia, en un dictador cruel y vengativo que parecía no satisfacerse sino con sangre, carne y sacrificios.

Jesús sabía que estaría poco tiempo más con ellos y aprovechó las pláticas que hacía con la gente que le seguía para preparar también a los discípulos, que quedarían solos tras su partida. Por la tradición judía que los afectaba, el Maestro no podía cambiarles su forma de pensar de un día para otro. Les hablaba como un padre a sus hijos, pero ellos, siendo judíos, todo lo medían en relación con sus tradiciones, inculcadas por los rabinos desde niños.

Igual sucede con nuestras generaciones actuales. Al proyectar Jesús el futuro de su pueblo en la tierra, vio cómo esa misma actitud se manifestaría en las generaciones venideras. Y él no podía estar allí en persona para guiarlos por el camino nuevo que él mismo estaba abriendo con su paso por esta tierra. No obstante, la tarea seguía siendo muy complicada y difícil ante las intervenciones constantes del maligno.

Aunque el pueblo judío hoy está más reducido en proporción que el resto del mundo religioso y secular, la iglesia cristiana, en general, ha hecho muchas veces lo mismo que hicieron los judíos en su tiempo: hacerle creer a la gente que todos se salvan si invocan el nombre de Jesucristo, y eso —según esta perspectiva— es una falacia que surge de los errores doctrinales que esa iglesia introdujo en el Evangelio, fermentándolo con la levadura de la hipocresía de fariseos y saduceos.

Esa cuarta parábola de Mateo 13 ilustra proféticamente la traición que la iglesia cristiana le hizo al Maestro al introducir doctrinas erróneas en la pureza inmaculada del Evangelio que Jesús presentó al mundo, y que costó la sangre preciosa del Hijo de Dios.

Todo eso lo habló en parábolas el Maestro, y sin parábolas no les hablaba. Por eso, por segunda vez, los discípulos le reclamaron: “¿Por qué les hablas por parábolas?”. Ellos no entendían; ni los discípulos, ni nosotros muchas veces entendemos.

Si la iglesia pudiera comprender la respuesta de Jesús, cambiaría el rumbo de mucho de lo que ocurre en la tierra, porque descubriría la clave del problema: el que conoce lo oculto de los corazones, la naturaleza humana en relación con el pecado y la obra del maligno, sabe cómo el enemigo ha sembrado la mala semilla en todos los suelos que Dios ha tratado de cultivar en el cielo y en la tierra.

En la primera de las siete parábolas, el Maestro clasifica el terreno donde cae la semilla. Al hacerlo, está clasificando los cuatro tipos de oyentes que escuchan la Palabra, y los distingue por la cantidad de fruto que produce cada uno. Dios, en Jesucristo, sabe si entienden o no entienden, si darán fruto y cuánto dará cada cual. Pero aun así, el Maestro sembrador seguía esparciendo la semilla entre todos los que acudían a sus enseñanzas.

Algunos de esos oyentes y seguidores le sorprendieron por el grado de fe que demostraron al solicitar un milagro o al recibirlo, como la mujer que tocó su manto, el siervo del centurión o la mujer cananea. Muchos no recibieron más de lo que esperaban porque su fe no era firme. Pero Jesús aprovechó cada oportunidad que tuvo para revelar a sus discípulos los misterios del Reino, aunque ellos no lo entendieran.

Debemos tener en cuenta que muchas de las curaciones más importantes relatadas en los cuatro Evangelios las hizo el Maestro en sábado, y por esa razón provocó la ira de los judíos.

Los judíos se forjaron una idea extrema del sábado. Como eran los únicos en reconocer el día de descanso, lo llevaron a extremos muy distantes de lo que el Creador había diseñado para el hombre. Así perdieron la bendición sobre ese día, que lo apartaba del resto de los días de la semana y lo santificaba para un propósito muy importante: que los seres humanos, la naturaleza, los animales y la tierra, creados perfectos en sus especies, tuvieran la capacidad de vivir y funcionar eternamente, sin fallar, sin enfermarse y sin dejar de producir fruto.

Cuando el maligno, enemigo de Dios, vio la importancia de ese reposo y cómo unía a la creación en una relación constante y perpetua con su Creador, comprendió que, para llevar a cabo sus planes de gobernar la tierra y poseer el control de la creación, no podía permitir que esa relación se mantuviera como Dios la había diseñado.

Era imprescindible para sus planes romper esa relación. Por eso procuró separar, distanciar y enemistar al Creador con sus criaturas, a fin de que no se produjera la relación familiar y amistosa que Dios había establecido con ellas. El maligno sabía, por experiencia propia, que la desobediencia a la voluntad y a las leyes divinas produce una separación rotunda entre el Creador y sus criaturas.

No hubo forma de que Dios cambiara sus planes divinos por las sugerencias que Satanás intentó introducir en su diseño. Dios sabía lo que estaba haciendo, y ninguna de sus criaturas, aunque fueran ángeles privilegiados de su gobierno, tenía la capacidad de dirigir y manejar el complicado gobierno del universo y de sus habitantes.

La tierra era la obra maestra de la creación, y en ella el Creador planeaba establecerse permanentemente y tener una familia numerosa con la cual compartir su capacidad creadora. Por esa razón hizo la tierra bajo un diseño único y particular, en el que todo tuviera vida propia, capacidad de funcionar, de fructificar y reproducirse, eternidad de vida y libre albedrío para decidir.

El maligno no podía permitir que el plan del Creador se llevara a cabo exitosamente. Eso acabaría con su rebelión y no le permitiría gobernar la tierra ni manejar la voluntad de sus habitantes. De inmediato, analizó la forma en que Dios había creado los cimientos de la tierra y sus criaturas. Al descubrir la diferencia entre esa creación y la condición del cielo, vio la fortaleza de la relación entre el Creador y sus criaturas.

Por un momento se sintió atraído a formar parte de la familia de Dios. Al igual que muchos de los ángeles caídos con él, la tierra parecía más atractiva que el mismo cielo del cual fueron expulsados. Pero su ambición de gobernar lo cegó ante la realidad del plan divino, y decidió sabotear la creación de Dios y tomar la tierra para sus propios fines.

Para llevar a cabo exitosamente su rebelión y gobernar sobre la tierra, tenía que vencer tres obstáculos que eran propios de la nueva creación y constituían la fortaleza del gobierno divino en este mundo. Si lograba vencer esas tres instrucciones divinas, únicas de esta tierra, estaría en vías de poseer su gobierno y autoridad suprema.

Las Tres Instituciones

Estas tres instituciones garantizarían la vida, la estabilidad y la salud humana y del planeta eternamente, por lo cual debían ser elevadas al rango de leyes naturales para toda la creación. Esos tres mandamientos del Edén, eventualmente fueron incluidos en las dos tablas que Dios, con su dedo, le escribió al pueblo de Israel. No fue casualidad el hecho que motivó a la iglesia cristiana  a abolir los mandamientos originales y a inventar la forma de evadirlos con subterfugios humanos.

Es importante mencionar, en este punto, que la biología de los cuerpos humanos, de los habitante s de otros mundos, de las plantas y de los animales era de una composición similar, compatible, muy sencilla y estructurada, para que en las plantas vivas todos hallaran el alimento idóneo que sostendría la vida interminablemente, eternamente en salud y energía vital (Génesis 1:29). Por lo tanto, lo que iban a comer era vital y determinante para el mantenimiento saludable de la vida, y eso era un elemento básico de vida que Dios creó para asegurar que el ser humano no excediera, como lo hizo, los parámetros de vida condicionados a estas leyes.

El segundo elemento que les es dado es el descanso de cada día. Y para eso Dios puso la noche, sin luz del sol, para que todas las criaturas y la naturaleza recuperaran, en gran medida, la energía invertida en sus funciones individuales diarias. Debido a que Dios conocía la creatividad que puso en cada criatura, además de ese descanso diario en la noche, instituyó lo que podemos llamar el sine qua non, o la suma total de lo que no podía faltar en la suma de los seis descansos semanales en las noches, y estableció un reposo o descanso semanal de 24 horas que recogía la pérdida que se podía producir por otras razones fuera del control humano. Para evitar esa posible fuga energética, Dios bendijo y santificó ese día séptimo de la semana, y lo consagró para establecer la comunión familiar del Creador con sus criaturas, para mantener unido el vínculo divino-humano y la unión familiar de toda la raza humana: la familia de Dios, hijos e hijas de la creación original, todos hermanos y hermanas. Esta institución de tiempo cíclico de cada seis días nos da una idea del infinito amor y poder divino sobre toda la creación y sobre toda cosa creada. Ese día sería descanso para los animales, para la naturaleza y para la tierra, que no sentiría la azada ni el arado dañando o arañando sus campos ese día.

Pero la sabiduría divina iba más lejos de lo que la mente humana puede concebir. Ese día se reunirían, en santa convocación, la divinidad con la humanidad en un culto familiar único que contenía, y aún contiene, un secreto de vida desconocido para todos. Es desconocido porque el maligno logró destruir la confianza del ser humano en la promesa divina del Creador. Eso causó la separación del Creador de la primera pareja, que violó todas las leyes dadas por Dios para la salud universal. La mujer, que fue la última criatura creada por Dios, primeramente violó la ley del descanso,, (Génesis 2), violó la ley del alimento (Génesis 1:29) y violó la ley de lo que no debía comer.

Los seis días de clases que Dios les llegó a dar les enseñaron lecciones muy importantes a ambos. Podemos notar que la mujer discutió razonablemente con la serpiente cuando esta le preguntó: “¿Conque Dios les ha dicho que no coman de todos los árboles del huerto?” Ella pudo contestar, efectivamente, que Dios lo que había dicho es lo contrario: que podían comer de todos los árboles menos de ese. No es lo mismo. Ella sabía la gran diferencia y se refería correctamente a la enseñanza divina del Creador. Ella hizo una defensa legal de lo que Dios había dicho, que solo un abogado con experiencia podía igualar. Pero, cuando eso ocurrió, ya el reposo divino había sido violado, y su condición ante la ley la hacía vulnerable. Por esa razón, siempre debemos estar en armonía con todas las leyes de vida de la naturaleza divina, a fin de que tengamos toda la protección necesaria en casos de amenaza o peligro. (Salmo. 91)

Un solo precepto de la ley que estemos violando nos hace susceptibles y vulnerables a caer en tentaciones más peligrosas y mucho más difíciles de salir de ellas.

Satanás vio y comprobó que las leyes divinas eran voluntarias de obedecer y sujetas al libre albedrío que Dios les dio a todas sus criaturas. Y el reposo señalado contenía una fórmula de vida que era un elemento básico para toda la creación y, por lo tanto, combatirlo y desmerecerlo le daba una gran ventaja en su lucha contra Dios. Solo tenía que atacar ese importante pilar de la ley natural, y todo lo demás estaría en sus manos. La reacción de la mujer al violar el reposo del séptimo día ante otras tentaciones lo convenció de que ese era el objetivo más importante que tenía que atacar para manejar la humanidad a su antojo. Por lo tanto, para vencer a Dios tenía que vencer al hombre, y para vencer al hombre solo tenía que quitarle el descanso. Era el resultado natural de una causa que contenía un secreto de vida que Dios mismo le descubrió a Adán cuando le señaló el resultado de su transgresión y las consecuencias en Génesis 3:17:

  1. Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer.
  2. Comiste del árbol prohibido para ustedes.
  3. Maldita será la tierra por amor de ti.
  4. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
  5. Espinos y cardos te producirá.
  6. Comerás hierba del campo, como las bestias.
  7. En el sudor de tu frente y de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, o hasta que mueras.

Esas siete maldiciones no fueron un castigo divino al hombre por haber desobedecido la voz de Dios, sino el resultado natural de la violación a la ley de vida, que fue desafiada por ellos sin considerar sus efectos. Y, como la ley natural indica que toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa, Dios les anticipa los resultados de su osadía, de su osada aventura. A la mujer le señaló otras tres consecuencias adicionales, porque ella sufriría las consecuencias de violar más severamente. Como señalamos anteriormente, solo habían sido estudiadas tres importantes leyes naturales en el corto tiempo en que Dios los estuvo preparando cada día de la semana, cuando venía a darles clase al huerto. Para Dios fue una grata experiencia, como la tiene todo padre que saca de su tesoro y de su tiempo para educar a sus hijos.

En la parábola de Mateo 13, Jesús resume el importante tema de las siete parábolas y les compara a un escriba o padre de familia que sabe sacar de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. En el caso de Adán y Eva, antes de terminar la educación primaria, ellos desobedecieron las enseñanzas de su Maestro y, de esa manera, interrumpieron el descanso del único día en que Dios no venía a darles clase, porque se trataba del reposo divino que Dios les regalaba para ellos poder vivir eternamente saludables y nunca enfermarse o morir. De esa bendición se trataba, y Dios se lo hizo saber a tiempo para su salud física, mental y espiritual (Éxodo 16:23).

Veamos más adelante, en Éxodo 16:23, cómo Moisés le reitera al pueblo de Israel este importante elemento de vida que se había perdido desde el principio y cuya pérdida causó que las aguas cubrieran la tierra mortalmente para sus habitantes. Por esa razón, Dios, al escribir con su propia mano los mandamientos a Moisés, escribió claramente: “Acuérdate del día de reposo”, porque el cuarto mandamiento y el quinto resumen la voluntad divina para toda criatura sobre la tierra y les garantiza la vida eterna.

En un principio, todo estaba dispuesto para que no murieran. Pero la desobediencia original causó la entrada de la muerte, y como todos pecaron, todos tienen que morir. No obstante, el cuarto y quinto mandamientos, que son el corazón de la ley de vida, tienen la capacidad de restaurar lo que se perdió en un principio y le dan la oportunidad al ser humano de recuperar la opción de vivir eternamente una larga vida sobre la tierra (Éxodo 20:11).

El cuarto mandamiento se suma a los tres anteriores, y el quinto reafirma la voluntad divina de adoptar hijos que honren al Creador en la creación. La herencia se obtiene por la intervención del Hijo, y la adopción está diseñada desde que Dios pensó en crear una familia en la tierra, a la cual Él pudiera llamar familia, hijos e hijas con quienes compartir la suya como una sola. Claro que el pecado de la primera pareja hizo una gran separación entre el ser humano y su Creador, lo que dejó al planeta, perfectamente creado en su origen, en un caos físico de grandes proporciones, que Dios no pudo soportar, y se alejó de los transgresores por dos mil años.

Hemos escuchado a muchos escritores decir que el sábado es un monumento conmemorativo de la creación. Desde la perspectiva judía se puede entender esa apreciación, y parece simpática y justa. Pero la realidad de lo que es y lo que significa el sábado en la creación y en la historia del mundo hace que cada apreciación se quede muy corta y muy lejos de la realidad para la cual el Creador detuvo la acción creadora y reposó, aun cuando no estaba cansado, porque Dios no se fatiga ni se cansa.

Se trata de un secreto que Satanás descubrió cuando derrotó a Eva y vio los resultados de su obra sobre toda la creación. Su intención de destruir la confianza de los recién creados humanos en la palabra del Creador y poner en duda sus intenciones dio un giro total cuando pudo comprobar todas las virtudes que Dios había puesto en ese reposo y sus resultados. De esa experiencia, el maligno concentró su atención en los dos primeros mandamientos del evento y vio la gran relación de la vida, la salud, la paz universal y la voluntad divina en el reposo continuo y cíclico del tiempo establecido en la creación.

Con ese giro inesperado de toda la naturaleza, la preciosa y productiva fisonomía de todo el planeta se deterioró a tal grado que Satanás perdió mucho de su gran interés en gobernar la tierra, que ya no era igual ni se parecía a su creación original. Pero el sábado tenía tanta fuerza curativa en su creación, que Satanás entendió que la presencia del Espíritu de Dios, que se manifestaba tan fuerte en el séptimo día, pudiera representar un obstáculo para sus planes, porque ya se habían manifestado las plagas y enfermedades en el hombre, y la medicina del reposo los sanaba. El inteligente ángel de la muerte vio en el séptimo día un enemigo que podía volverse invencible y arruinar sus planes de conquistar la tierra para gobernarla. Y, ya en pleno dominio del mundo, él se encargaría de crear un sistema médico que realizaría el trabajo que el espíritu del sábado ahora tenía intrínseco, con la bendición y la santificación que el Creador le había otorgado.

Cristo conocía ese poder impartido por el Padre al reposo, porque Él estuvo presente en cada detalle de la creación, y el sábado fue una creación única dentro de la creación general de la tierra, con unos atributos legales que nadie podía invalidar a menos que se derogaran todas las leyes, tanto las leyes de la naturaleza como las del hombre. Por esa razón, Jesús trató de restaurar todo lo que se había perdido en cuanto a mil años de dominio satánico en las manos sucias de los enemigos de Dios. Aun los que pertenecieron por descendencia a las diferentes tribus en que se dividió el pueblo de Israel, eso les ofreció; más el exilio de José en Egipto y a otros les convino la división de las tribus que se establecieron en Judea y decidieron tomar el importante camino de las leyes que Moisés les había entregado, escritas con el dedo de Dios.

Junto a estas leyes, tanto los levitas como los judíos tuvieron que añadir información adicional específica a cada situación, ya que el pueblo que vino de Egipto era altamente susceptible a la idolatría y constantemente iba tras de dioses falsos.

Para sobreponerse a esa tendencia, el pueblo judío se aferró a las leyes que sus dirigentes les enseñaron como voluntad divina. Y entre esas leyes se destacó el séptimo día como recordatorio de la creación. Así, el pueblo judío reconoció una observancia literal y mecánica del reposo, que con el tiempo fue perdiendo su verdadero significado y convirtiéndose en una carga que los judíos pretendían aplicarle al mundo. Para todos estos fines, Satanás ayudaba a que el mundo religioso sintiera la presión judía en el sábado de ellos, porque era una forma más de desviar la atención del mundo del santo reposo divino que fue creado en el Edén para vida abundante y eterna salud.

Conociendo el secreto del reposo, Jesús trató de llamar la atención de los judíos hacia el santo y bendito día de reposo que ellos guardaban celosamente, pero del cual desconocían su verdadera finalidad.

De la misma manera que su intuición le permitía sospechar que existía un secreto en el día de descanso que él tendría que descubrir, lo mismo le ocurrió con el primer mandamiento que Dios les da en general, Génesis 1:29, que contenía el alimento que habrían de consumir de la misma naturaleza. Y su gran astucia le hizo pensar que todo eso debía ser intervenido por él para sus fines personales de obtener el control de toda la creación. De la misma manera que pudo entender el secreto de vida bajo el descanso semanal, pudo ver que ese reposo era un complemento perfecto del descanso nocturno de cada día de la semana, y que en conjunto constituía la renovación energética de todos los organismos vivos. Toda la creación dependería de ese reposo, incluyendo la naturaleza vegetal y la tierra, que no solo reposaría cada noche, sino cada semana y cada siete años, el séptimo.

Al descubrir el secreto de vida oculto en el descanso, Satanás se da cuenta de que, para controlar la creación, tenía que buscar la forma de pervertir o abolir el descanso y cambiar la alimentación de los humanos. Manipulando esas dos necesidades básicas, estaría en posición de controlar toda la creación. Ya tenía la experiencia de su encuentro con Eva y descubrió que Adán tenía las mismas debilidades ante la comida y el descanso. Cada uno de los mandamientos que Dios les dio a los hombres llevaba una protección; una protección que significaba mantenimiento de vida eterna y poseía un poder de vida para vida, que sorprendió grandemente al maligno y, a la vez, le proporcionó un conocimiento que le permitiría controlar la naturaleza humana a su conveniencia.

Con la experiencia obtenida en el árbol de la ciencia y su encuentro exitoso con Eva, el maligno se aseguró de su estrategia y del conocimiento que el árbol de la ciencia le daba para echar a correr su plan siniestro: desprestigiar la obra del Creador, mezclando lo bueno con lo malo para crear confusión. En el árbol de la ciencia del bien y del mal aprendió a usar la verdad como base y sostén de la mentira, para que esta se pudiera sostener y confundirse con la verdad.

Vio que los seres humanos eran susceptibles a aceptar la mentira si podían comprobar algo de razonabilidad, de verdad en ella. Cuando le dijo a Eva: “No morirán”, ella lo creyó porque vio a Gadiel comiendo del fruto del árbol prohibido y no moría. Pero, eventualmente, todos los que comieron murieron. La inteligencia, sagacidad y astucia del maligno lo llevaron a aprender muy pronto cómo vulnerar la naturaleza humana y la creación de Dios, que podrían ser sus enemigos más peligrosos para sus ambiciones de dominio. Su lucha contra Dios lo ha llevado a extremos que sobrepasarían los límites de la tolerancia, paciencia y misericordia divina. Aun así, se le ha permitido vivir, no porque se lo merezca, sino porque su terquedad ha causado millones de muertes a través de toda la historia, y él ha sido el causante responsable de tanto sufrimiento y mortandad. Por esa razón, estará vivo hasta que haya terminado el juicio de cada criatura que haya nacido en el mundo, y aun de los no nacidos que han muerto abortados. Su castigo será el más largo y doloroso. Algunos teólogos han dicho que su castigo será eterno, pero se equivocan una vez más, pues el amor de Dios es tan inmenso que no permitirá que sufra en proporción al daño que ha causado y que causará a quienes, por su obra, sean condenados en el juicio.

Pero es muy importante que todos sepamos de su intervención contra el Creador, porque cada ser humano tiene que tomar una posición en la gran lucha de los siglos que comenzó hace seis mil años y que está a punto de finalizar para los que tomen partido con Dios. Pero, aun así, al maligno le faltan mil años más para su juicio, y los pasará tratando de unir los gobiernos de la tierra bajo su mando, tarea que no será fácil. Pues su propia filosofía, enseñada y practicada por el mundo, no acostumbra a ceder sus logros alcanzados a los dirigentes políticos ni a los religiosos, a quienes les han gustado los privilegios de gobernar sobre las multitudes bajo su mando. Y se rehusarán a hacerle el poder absoluto a Satanás. De manera que su propia gente, a la que él ha impulsado a ganar posiciones políticas y religiosas, se resistirá a cederle el poder, y no le será fácil obtenerlo.

Esa lucha que está predicha en el Apocalipsis se dará en la tierra al final de los seis mil años. Y tanto los 144,000 como los santos que han de ser levantados para salvación eterna no pasarán por esa etapa de la lucha, porque Jesús viene a buscar a los justos al final de los seis mil años. Pues está prometido que pasarán ese último milenio, que es la culminación de la semana milenaria que se le asignó a la tierra y a Satanás para llevar a cabo su rebelión. Y los justos pasarán ese reposo sabático de mil años descansando junto a Cristo en la santa ciudad, en el cielo, y revisando el juicio de todos los que no están allí con el Señor, que quedaron en la tierra: unos en las tumbas de los cementerios, otros en el mar y en los lugares de la tierra donde murieron, y otros vivos luchando para sobrevivir a la guerra de Satanás por obtener el poder mundial. Esa lucha estará vigente por los mil años del reposo milenario. Y al final de los mismos, Cristo levanta la santa ciudad, la nueva Jerusalén, con todos los salvados que se hospedan en ella, y los regresa a esta tierra ante la mirada sorprendida de todos los vivos que están en la lucha terrenal con los gobernantes que no han querido ceder el poder, y otros con Satanás tratando de llevarlo al trono mundial.

Cuando el maligno vea la santa y gloriosa ciudad bajar del cielo y asentarse en el monte de los Olivos, que se allanará a su tamaño de 12,000 estadios de largo, 12,000 de ancho y 12,000 de alto, un cubo perfectamente cuadrado, y por eso tan fuerte y resistente que el Señor la puede transportar por el espacio hasta el monte de los Olivos.

Por su parte, Satanás, envuelto en su lucha terrenal, al ver la preciosa joya que será la capital del reino de Cristo, concluye que es precisamente ese precioso tesoro de joyas lo que él necesita para establecer su gobierno mundial desde Palestina para todo el mundo, como habían anunciado los judíos cuando trataron infructuosamente de restaurar a Jerusalén y el templo que había sido destruido. Su ambición lo lleva a pensar que dos coronas son mejor que una, y que ahora, si toma la ciudad como capital de su reino y establece su sede religiosa y política, puede ser papa, vicario y gobernante, lo que le facilitaría unir las fuerzas de los gobiernos de toda la tierra en su lucha por el dominio mundial.

Tan pronto la ciudad esté asentada como la nueva Jerusalén, Satanás reúne a sus más valientes comandantes, y ya puestas sus tropas alrededor de la ciudad santa, donde cantan gloriosos los redimidos con Cristo, Satanás les anuncia sus intenciones y le pide a los santos que abandonen la ciudad y que abran las puertas, que salgan, pues están rodeados, para que así se rindan.

Nadie en la ciudad le hace caso. Están con Jesús en el culto divino, y Satanás, viendo que no hay respuesta desde adentro, lanza una bomba nuclear sobre el lado norte de la ciudad. El cohete rebota en la atmósfera protectora de la ciudad y cae en medio del arsenal de bombas y misiles acumulados frente a ella. En términos de segundos, el fuego de su propia artillería se mezcla con el fuego que baja del cielo y se convierte la tierra en un infierno ardiente.

Los santos en la ciudad, ante el fuerte resplandor del fuego alrededor, suben al muro para presenciar la gran ola de fuego que consumirá la tierra en su superficie y purificará toda la corteza terrestre por siete millas hacia abajo, consumiendo todo y a todos bajo su calor interno e infernal. Ese es el fin del maligno y de la tierra y sus habitantes. De ahí en adelante, una nueva creación, un nuevo cielo, será inaugurado por el Padre, la Madre y el Hijo, que constituirán la nueva familia de los redimidos, que se convertirán en los hijos y las hijas de Dios.

Terminada esa etapa espectacular, que sorprenderá a todos los salvos, todos tendrán una casa y un terreno completamente sembrado por el Señor. Y el lujoso apartamento en la ciudad no dejará de servir, pues será para que, de mes en mes y de sábado en sábado, habitemos con nuestro Creador.

Volviendo a la estrategia de Satanás ante las leyes divinas y su efectividad en toda la naturaleza creada, el maligno temió por la forma en que Jesús reaccionó y dirigió su proyecto curativo al sábado, lo que levantó el celo judío, que, viendo la trayectoria curativa del Maestro en ese día, decidió matarlo antes de que cambiara la costumbre que tantos años les había tomado crear sobre el día de reposo. No podían echar a perder los cuatro mil años de lucha que les tomó llegar a una conclusión de la finalidad que ellos entendían le correspondía al sábado de descanso judío: defendiendo el día correcto con leyes y prácticas incorrectas. El maligno aprovechó el odio judío para lograr que mataran al Hijo de Dios y sacarlo así del camino que estaba pavimentando sobre los procesos curativos en ese día. Si hubiera tenido uno o varios discípulos que hubieran entendido su misión, el mundo hubiera conocido el secreto escondido en la santidad del bendito sábado.

En el desarrollo de las parábolas de Mateo 13, Jesús sorprende a los discípulos con su contestación cuando le preguntaron con gran preocupación: “¿Por qué les hablas por parábolas?”.

Aun cuando Jesús les daba la contestación correcta a sus preguntas, no lograban entender los misterios escondidos desde la fundación del mundo. Jesús se sentaba a su lado el sábado y les hablaba de forma muy clara y sencilla, tan clara y sencilla como si fueran niños. Con eso y todo, la iglesia cristiana aún no ha descubierto, o no le interesa descubrir, el significado de algunas de las parábolas, porque la mayoría de estas aluden a la mujer, o iglesia cristiana, y le es más conveniente no entender su declaración y hacerse la desentendida, porque sabe que en las profecías y en las parábolas la mujer y la iglesia se representan mutuamente, y eso no es muy fácil de evadir.

En el contexto profético, Génesis 3:15 y Mateo 13:33, esa mujer o esa iglesia usó levadura en tres masas de trigo que prepara para hacer el pan, hasta que toda la masa quedó leuda. En el contexto del evangelio, la masa del trigo representa la totalidad del evangelio, y la levadura, según Lucas 12:1, representa ciertas doctrinas de error e hipocresía de los fariseos y de los saduceos. Usando la misma palabra para aclarar la parábola, nos percatamos de que fue una mujer o iglesia la que puso levadura en esas tres medidas de harina hasta que todo el evangelio quedó leudo, o leudado, es decir, fermentado, adulterado, afectado, etcétera. Esas tres doctrinas de error han subsistido en la iglesia hasta el día de hoy.

Cuando se desea conocer el verdadero significado de las parábolas, es menester aplicar la clave secreta que Jesús les da a los discípulos ese mismo día. Se encuentra en Mateo 13:34-40. Al llegar a la casa, Jesús se sienta con los discípulos y les da la clave. Finalizada la declaración en el verso 40, añade la parte fuerte que a la iglesia tampoco le gusta, porque se implica tanto en la introducción de la levadura como en la recogida del trigo bueno y la cizaña, que será quemada en el fuego al final del siglo.

Todas las siete parábolas tienen aplicaciones muy fuertes para la mujer, o dígase iglesia, desde Génesis 3:15, donde se establece una enemistad irreconciliable entre el diablo, la serpiente y la iglesia-mujer, porque no puede haber una comunicación amistosa entre ambas, a menos que la iglesia, como ha ocurrido, ceda los derechos de la verdad a la serpiente. Por esa razón, en el verso 39, Jesús le dice de manera clara y contundente: “El enemigo que la sembró es el diablo, y la siega es el fin del mundo”. Ese día Jesús les habló fuerte y claro a los discípulos, porque veía que el tiempo estaba cerca, y los discípulos no acababan de entender que la mayor parte de esos mensajes eran para la naciente iglesia, para que ellos entendieran y pudieran explicar.

Debe haber sido desesperante para Jesús ver que el tiempo se estaba cumpliendo y los discípulos no entendían su misión ni su predicación. Tampoco podía hablarles claro delante de los enemigos que le seguían, entre los cuales estaba Judas, el traidor. Al fin y al cabo, la iglesia hizo igual que Judas y vendió su primogenitura por un plato de lentejas.

La zona de confort de los discípulos se limitaba a escuchar sus pláticas y verlo sanar a los enfermos. Para ellos, eso era todo, y no podían entender la razón por la cual les hablaba por parábolas y el poco tiempo que le quedaba con ellos. Aun dos mil años después, la situación de los discípulos de este tiempo es la misma, y no se puede ver progreso alguno al respecto, porque la situación ha empeorado y se ha confundido el trigo entre la cizaña, y no se puede ver la diferencia.

El maligno la emprendió contra Cristo y contra el sábado de reposo, que ya desde el Edén venía saboteando con mayor intensidad. Precisamente, las tres doctrinas de error que la mujer puso en las tres medidas de harina de trigo tenían como objetivo borrar para siempre la institución de sanidad que Jesús trató de restituir curando a los enfermos en ese día específico. “El sábado por causa del hombre es hecho, y no el hombre por causa del sábado”; así es que, por esa misma razón, “el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado” (Marcos 2:27). Haciéndoles claro que Satanás había destruido el sábado desde el Edén, Él estaba allí para restaurarlo en su verdadero propósito y significado.

Su primera acción en esa dirección fue la de sanar a los enfermos ese día, más que ningún otro, para aprovechar la bendición y la santificación que Él mismo, con el Padre y la Madre, le habían impartido a ese séptimo día de la creación. Por eso les dijo: “Hasta ahora mi Padre obra, y yo obro”, porque aún no había sido designado el Espíritu Santo, o Madre divina, para cuidar del rebaño en la tierra y hacer crecer la iglesia de Cristo a su partida.

Para ese fin, Satanás sería arrestado y puesto en prisión por mil años, para darle oportunidad a la iglesia a crecer sin la intervención directa del maligno, que dejó en la iglesia gente de toda su confianza, que siguió sus directrices y cambió la ley que Jesús vino a cumplir y a restablecer en justicia. Cambiaron la santidad bendita del sábado al domingo, y proclamaron salvación universal por fe, justificando así la inclusión de un falso día de reposo, transferido en intención, pero no en propósito. Solo era un subterfugio para justificar el cambio. La iglesia se arrogó la autoridad para realizar los cambios que, a su entender, eran necesarios para estandarizar el evangelio.

Y al cabo de los mil años después de la partida de Cristo, Satanás fue soltado de su prisión (Lucas 10:18), y los discípulos de ese tiempo fueron investidos de poder sobre la serpiente, los escorpiones y toda otra fuerza que el enemigo estuviera desarrollando para seguir deformando el evangelio, que fue adulterado con todo tipo de falsas doctrinas (Lucas 10:19-24).

Liberado de su prisión de mil años, Satanás cayó en la tierra como un rayo, y venía con toda la intención de destruir la obra de Cristo en la iglesia y ponerla a trabajar para su servicio. Él estaría gobernando a la iglesia, y desde el santuario del primer cielo recibiría las oraciones y las peticiones de los creyentes que fueron bautizados en las iglesias que apostataron y trastornaron la ley divina.

Tan pronto Cristo abandonó el lugar santo del santuario en el primer cielo, Satanás ocupó ese lugar haciéndose pasar por Cristo y la iglesia, como no conocía el plan divino. La iglesia siguió dirigiendo sus oraciones al lugar que Cristo abandonó y Satanás ocupó. Así han ocurrido varios siglos, y la iglesia cristiana, con su director espiritual dividiéndola, recibe el espíritu de error creyendo que se trata del Espíritu Santo, y baila al son de la música que no es, creyendo que sí es.

Así las cosas, no queda un pueblo en la tierra que se congregue y entienda lo que es el verdadero culto al Creador, que entienda la razón del sábado o reposo divino, y vea lo que está ocurriendo con la iglesia cristiana, que ha sido engañada y le rinde culto al maligno. Este ha logrado su objetivo de destruir el reposo divino que le garantizaba la salud al mundo y ha logrado que todos se enfermen para él curarlos con su medicina de drogas, que ha sustituido la labor de Cristo en el sábado de la creación. Ahora el sábado es el día que más negocios se realizan en la tierra y la culminación de las actividades comerciales que no tienen reposo ni de día ni de noche (Apocalipsis 14:11).

Desde el principio, Satanás descubrió el secreto oculto en el sábado y luchó con todo su poder para destruirlo y desviar la bendición y la santificación divina que Dios puso en ese día. Y lo ha logrado. No hay quien cure en verdad a los enfermos como hizo Cristo en su ministerio.

Satanás no solo destruyó el sábado: logró que mataran a Cristo y engañó a la iglesia. El mundo lo ha seguido, lo ha aceptado como su líder, y la suerte de todos ha sido echada. El secreto de los siglos ha sido escondido al mundo, y solo los entendidos entienden lo que está ocurriendo. Todos rechazaron el descanso. Todos aceptaron el engaño. Todos enferman y mueren. El gran secreto de los siglos ha sido sustituido por el gran engaño de los siglos.

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