La Verdadera Medicina Divina

Por: Dr. Norman González Chacón

Existen muchas formas de practicar las artes curativas, pero solo una cumple con los requisitos y acuerdos divinos: Dios es muy celoso con su pueblo, desde un principio ha dado instrucciones claras en cuanto a todo lo que atañe a la salud y bienestar de todas sus criaturas. En el pentateuco, existen más de 300 leyes y estatutos relacionados al comportamiento de la gente con la salud, con la higiene, con la naturaleza y con la disposición de todo lo que, de alguna manera, resguarde la paz, la tranquilidad y la salud de todos los que se sometan a su cuidado. Además, Jesús en persona le dio algunos consejos a sus discípulos y restableció conceptos que se habían ido perdiendo en el tiempo y los rescató. Por eso dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley ni los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplirPor que de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. (Mateo 5:17-19) Esta declaración de Jesús es clara y contundente. Comenzando su ministerio, estableció tajantemente su posición en cuanto a las leyes que se establecieron desde un principio, y que los profetas proclamaron desde siempre. Las primeras leyes fueron dadas de la boca de Dios a Adán y Eva, y luego a Moisés para que las escribiera para el pueblo de Israel. Los diez mandamientos los escribió Dios con su propio dedo para que no hubiera duda de su validez.

Las más importantes leyes de la salud las dio Dios de su boca a la primera pareja que creó: “y dijo Dios: “He aquí que os he dado toda hierba que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da simiente, seros ha para comer”. (Génesis 1:29)

Dios no podía pasar por alto algo tan importante como el combustible adecuado para la maquinaria perfecta que acababa de crear. Como todo ingeniero que fabrica una máquina, le indica al usuario el tipo de combustible más adecuado, la calidad de los aceites que deben usarse y todo lo relacionado a su mantenimiento y uso, a Dios no se le pasó por alto ese detalle tan importante; Acabando de crear a Adán y a todos los animales del campo, les asignó su alimentación por separado.

De toda hierba que produce semilla y de todo árbol que da fruto y que el fruto da semilla, nos servirá de alimento. En el Génesis se señalan claramente las características de las hierbas y frutos que servirán de alimento. No nos está diciendo que comamos el fruto y las semillas. Todo en la naturaleza y en el plan divino tiene un propósito, las semillas se devuelven a la tierra para que germinen en más alimento para todos.

Es que la característica determinante de las hierbas y frutos que servirían de alimento a los humanos, son diferentes a las hierbas que comerán los animales. Estos se alimentarán de hierbas que no producen semilla y los humanos de hierbas y frutos que producen semilla. La diferencia es más grande de lo que se ve a simple vista de la lectura del texto bíblico. Las semillas identifican las hierbas y los frutos que deben comer los seres humanos, a diferencia de las hierbas que deben comer los animales y bestias de la tierra.

Tampoco significa que nos comamos las hierbas y las frutas con todo y semilla. En la semilla está el germen de la vida y cada semilla contiene tóxicos que protegen y promueven su germinación y desarrollo para evitar que los insectos y otros animales las exterminen. Cada semilla tiene su propio mecanismo tóxico de preservación y protección. Está claramente especificada la prohibición de que se haga mezclas de semillas o se consuman (Levítico 19:19) (Deuteronomio 22:9) (Zerá) (simiente) 

La única excepción a esa regla fue Jesucristo, que portaba la naturaleza divina y la humana a través de la Ruaj de YHWH. Esa mezcla permitida en el Miskán nos señala que esa combinación de  dos naturalezas en un ser es prerrogativa única del Mesías solamente. Fuera de Jesús, la ley era y es clara: No se permiten las mezclas de razas, especies o semillas, así como no se les permitió comer sangre. Estas medidas eran importantes aspectos para preservar la salud, la genética divina en la descendencia de Adán y mantener un pueblo limpio y saludable que representara la creación original. Se ha comprobado científicamente que las personas de raza blanca tienen tendencias a sufrir de problemas cardiovasculares, las de raza negra a la presión alta y la indígena a la diabetes. Los cruces de razas en vez de fortalecer debilitan y empobrecen la salud humana. Esta información fue compartida a la comunidad científica en el Simposio Nacional sobre Biomedicina que se celebró en Panamá en el año 1999 y el Instituto del ADN y del Genoma Humano de la Universidad de Panamá. Se analizaron allí las consecuencias del mestizaje que es un asunto mayormente común en las Américas. En el libro “Cruce de Razas Humanas” se trata este tema en detalle y se discuten los diferentes aspectos que afectan la salud y la longevidad de los diferentes grupos raciales y las consecuencias genéticas de algunos cruces que resultan en debilidades que se transmiten a generaciones futuras.

Dios trató de evitar que su pueblo sufriera las consecuencias de la mezcla de genes que ocurre desde el principio de la historia cuando los hijos de Dios se mezclaron con lo que Dios llamó los hijos de los hombres. Estos primeros habitantes de la tierra, o Nephilims, eran ángeles caídos de la rebelión de Satanás que se “humanaron” o se convirtieron en humanos cuando comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal que estaba en el huerto del Edén. 

Satanás y sus secuaces habían estado mil años vagando en el espacio sin tener lugar donde asentarse. Ahora, Dios les ofrece el perdón y la oportunidad de vivir en esta bella tierra recién creada. Dios puso ese árbol allí para invitar a Satanás y a sus huestes a participar de las bellezas y conveniencias que Dios puso en esta tierra en su perfección. El llamado de Dios a los rebeldes que vinieron de diferentes mundos que cayeron en el engaño de Satanás y se unieron a su ejército, fue para que, viendo la conveniencia de esta tierra, sobre todas las demás galaxias y mundos creados, se decidieran a arrepentirse y a vivir en este mundo de perfección. Ellos, instigados por Satanás se humanaron comiendo del árbol de la ciencia, pero no se arrepintieron. Por esa razón, Dios retiró el árbol de su alcance, pero no pudo evitar que muchos de los que se humanaron, habitaran el valle de Mesopotamia, formaran pueblos y ciudades y se dispersaran por todo el mundo conocido. Por su naturaleza rebelde y su enojo con Dios y su pueblo, formaron diferentes religiones y creencias contra Dios y su pueblo. Por eso, Dios les advirtió a sus hijos que no se mezclaran con ellos ni tomaran mujeres, ni las mujeres hombres.

Pero no hicieron caso a las recomendaciones de Dios y ángeles caídos que se humanaron como mujeres muy bellas, atrajeron a los hijos de Dios que las tomaron como esposas y tuvieron hijos con ellas. Así comenzaron a diversificarse y a mezclarse las diferentes razas que vinieron de los diferentes mundos en donde Satanás encontró seguidores rebeldes. 

La rebeldía y la traición son estados mentales que se forman en la fijación de ideas que maduran en la conciencia y se hacen parte de la genética humana. Los genes se pueden educar o se pueden influenciar de acuerdo a la conciencia educativa que se forme en una persona. Luego de creados y formar parte del genoma se pueden transmitir de generación, de padres a hijos que conservan las características de los genes dominantes de sus ancestros.

Conociendo esta ciencia, Dios trató de evitar que los genes de la rebelión pasarán a los hijos de su pueblo y por eso les recomendó que no se juntaran con ellos. (Génesis 6: 1-4) (Job 1:6) (2:1) (38:7) (2da de Juan 1:7) (Judas 1: 6-12) (Génesis 6:4)

Estos portadores de la rebelión, de la maldad y de todas las ciencias del mal, han diseminado su genética maligna a todos los habitantes del planeta. Cada criatura que nace trae una carga genética de la descendencia de Dios y una carga genética de la descendencia satánica.

En unos, los genes malignos dominan sobre la genética buena. En otros, se establece un balance que puede inclinarse al lado bueno si se educan correctamente, o del lado malo si este no se controla.

Como podemos deducir, es la educación de la conciencia la formación que se haga de lo que es bueno y de lo que no lo es, el factor principal que puede determinar la conducta de vida de cada individuo.

Como hemos señalado en otros escritos, la formación intelectual comprende varios factores determinantes que hay que tomar en cuenta: El tipo de educación y la intención de la misma, la alimentación, el ambiente donde el individuo se desarrolla, la conducta social general del medio, y la intervención de otras personas como padres, abuelos, maestros, amigos y familiares que puedan influenciar de alguna manera la formación del carácter individual. Todos esos factores determinan, junto a la genética que heredamos de nuestros ancestros, las inclinaciones y determinaciones de nuestros genes y por consiguiente, de nuestra conducta personal y social. 

Hay que tener en cuenta que los genes buenos se pueden pervertir, pero los malos no se regeneran a buenos. Se pueden controlar, pero no se vuelven buenos nunca. Son como los secuaces de Satanás, que con todo lo bueno que hizo Dios para lograr que se arrepintieran, no lo hicieron. Las células malignas de nuestro cuerpo se pueden controlar, pero no se regeneran, la malignidad permanece y en el momento preciso en el sistema inmunológico se distrae con algo nuevo que llega, la malignidad se aprovecha y reaparece. Es el mismo patrón del cáncer. Los genes malignos siguen esa misma fórmula. Lo único que puede acabar con los genes malignos es el ayuno. El ayuno puede hacer más que la más eficaz medicina, pues todos los genes malignos necesitan alimentarse con proteínas animales y sangre. Por esa razón, una dieta vegana, baja en proteínas vegetales, y sin ningún tipo de producto de origen animal, puede curar, casi todas las enfermedades conocidas, incluyendo el cáncer, porque así se destruyen los genes malignos.

Los genes malignos se desintegran en fragmentos y son reemplazados por genes buenos que se duplican de inmediato en un ambiente propicio. Si además del factor alimentario, se controla la mente con una buena preparación espiritual, y un respaldo familiar favorable, la mayoría de las enfermedades pueden curar y los genes malignos desaparecen de nuestro genoma. El ayuno, acompañado de oración positiva por el problema, cura toda enfermedad.

Cuando depuramos nuestro genoma, y por consiguiente, nuestra sangre de todo gen maligno, las reacciones naturales, los instintos, las emociones y las actuaciones nuestras, son modificadas por los más altos ideales y a tono con las mejores intenciones de nuestro intelecto corregido en toda justicia. Cuando hablamos de justicia, nos referimos al código de leyes de Dios que rigen nuestro organismo, la naturaleza y el orden universal.

En el sistema que vivimos, donde todo ha sido intervenido para servir al sistema mismo, la educación le sirve al sistema para mantener a la gente enajenada de la verdad absoluta y confundida con medias verdades que han sido sutilmente creadas para satisfacer a la mayoría todo el tiempo. Los que pensamos diferente y descubrimos que el sistema es una mezcla de mentiras con algunas verdades que le sirven de esqueleto para vestirlas y sostenerlas. Por esa razón, todas las diferentes disciplinas que se estudian en todos los centros educativos contienen errores escondidos en verdades que no permiten que la verdad absoluta y clara se conozca y se respete; y sirva de guía a la humanidad.

Cuando el error o la mentira se establecen, se repiten y se enseñan como verdades, los resultados de su aplicación práctica se pueden descubrir porque no es efectiva en un gran porciento.

Tomamos el ejemplo de la medicina moderna que ha ido haciendo descubrimientos extraordinarios en todas las ramas y disciplinas en que se divide. Sin embargo, no ha descubierto la cura de la mayoría de las enfermedades que afectan a la gente, y que se tratan y se tratan por la vida del enfermo sin que cure.

¿De que vale tanta tecnología si las enfermedades más comunes que afectan a todos; las enfermedades circulatorias, la hipertensión, la diabetes y el cáncer no tienen cura? Al contrario, cuánto mas medicación se aplique, tanto más enferma estará la persona afectada y mucho más sufrirá de otras condiciones que resultan de los efectos secundarios y terciarios de la medicación. Pero, la percepción de la gente, en relación a esta falsa representación de la medicina moderna es sorprendente: La mayoría piensa que es milagrosa, que los médicos son la gente que más sabe de salud, y que su palabra, así como sus medicinas farmacéuticas son indispensables para la vida y la salud. Esa percepción de la gente es una de las mentiras mejor disfrazadas del sistema y se le ha hecho creer a todos que representan la única alternativa que existe por alguien que sufre algún trastorno en su salud.

Se nos educa falsamente en salud, en finanzas, en ingeniería, en agricultura, en los problemas sociales, en psicología en leyes, en política, en religión; en cada disciplina que se nos ocurra pensar, existe una verdad que sostiene una sarta de mentiras que resultan en defectos e ineficacias cuando se aplican. Esa cadena de fallas y falsedad rompe siempre por el eslabón más fino. Lo triste es que ese engaño revestido de ciertas verdades cobra vidas a diario, en seres que han estado sufriendo por la maldad del sistema, por su ineficacia en resolver efectivamente los problemas sociales, políticos, económicos y de salud de los pueblos y de las naciones. Ningún sistema político puede funcionar efectivamente si no conoce ni respeta las leyes universales de la naturaleza y de la salud. Pregúntele a algún político o a un catedrático de alguna universidad si las conoce. Pregúntele a un ingeniero si conoce las leyes naturales o a un médico si conoce las leyes de la salud. Dígale a un pastor o ministro que le mencione de memoria, aunque sean 25 de las 633 leyes naturales del pentateuco, todos funcionan en sus respectivas especialidades en desconocimiento y negligencia respecto a aspectos tan importantes de leyes universales de vida, salud y orden. Adquirieron un título profesional con mucho esfuerzo, pero no aprendieron la trascendencia del más sabio de los conocimientos: Las leyes universales de vida que el Creador del Universo estableció para la salud y el orden general del planeta y de sus habitantes. Leyes y conceptos de vida que deben enseñarse en sus diferentes etapas en la escuela primaria, secundaria y universitaria.

Ya es tarde para comenzar a hacerlo en esas etapas. Quienquiera cambiar el sistema se enfrentará a una oposición férrea y tenaz de los grupos sociales que defienden el libertinaje, la conducta sexual, la religión libre, la igualdad genérica, la libre determinación sin causa ni ley, los patrones de conducta gregarios o específicos, y las diferentes conductas sexuales que existen.

Esos, que defienden esas “libertades” creadas contra la naturaleza que rige; han ganado tanto terreno en sus diferentes expresiones y puntos de vista que no es posible para ningún gobierno del mundo, dar marcha atrás y regresar a un nuevo sistema educativo basado en las leyes naturales, en los 10 mandamientos, en los principios de salud y vida, en los verdaderos patrones de conducta social y de justicia. Ya hay que dejar que cada cual crea y haga lo que le parezca. Eso fue lo que hizo Dios cuando, arrepentido de haber creado a la humanidad, se dio cuenta de su obstinación en no seguir las reglas de vida, y los dejó que sufrieran las consecuencias de su conducta temeraria y obstinada en contra de las reglas y leyes naturales de la salud, del orden y de la vida.

Por esa razón, sufren todo tipo de enfermedades, calamidades e incapacidades. Por esa razón, nunca los médicos podrán curar las enfermedades que resultan de ese estilo libre de vida. Nunca los psicólogos podrán evitar las consecuencias de conductas sociales aberrantes, de inducciones mentales enfermizas, de traumas psíquicos consecuentes a pensamientos autodestructivos o ideas suicidas, homicidas o rebeldes. La quiebra o bancarrota social es inevitable ante la conducta o estilo de vida que muchos practican en contra de las leyes de vida.

Existe una sentencia bíblica que ilustra las consecuencias de esa conducta en el libro de Romanos, capítulo 2: 12-16 que define el destino de aquellos que ignoraron la ley y vivieron la “supuesta” “libertad social” que tanto proclamaron, por la que lucharon y que al fin lograron. Se alejaron cuanto pudieron de la ley, pero no pudieron escapar jamás de su alcance: Sin la ley serán juzgados. A eso se le puede llamar justicia divina y de esa, nadie se escapa. “Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerány todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados” (Rom 2:12)

Esta es la ley que impera, es la medida exacta de sus intereses, es lo que el mundo ha escogido, nadie se puede quejar de sus problemas, enfermedades y desdichas. No hay mas que dos caminos: Vivir conforme a las leyes de Dios, o de la naturaleza, o enfrentar el resultado de vivir conforme a lo que el mundo ha decidido. “No se puede servir a dos señores” 

Cuando analizamos a fondo la condición del mundo y vemos tantos enfermos, desquiciados, incapacitados, y dependientes a drogas de todo tipo, tenemos que concluir que la sociedad, la medicina, la iglesia y el sistema han fallado en proveer una educación que responsabilice a la gente a la vez que los eduque en salud para que no haya tanta gente enferma. La responsabilidad de la salud de la gente no debe ser de los gobiernos, sino de la misma gente que tiene que ser educada en como conservar la salud y no enfermarse. El gobierno debe proveer medios y facilidades para cuando ocurren accidentes, desastres o calamidades inevitables. Pero invertir billones en drogas y medicamentos, en tratamientos y en vacunas para gente que no sabe cuidar su alimentación y por eso pierden la salud, es un despilfarro de dinero que inicialmente se puede invertir en educar y responsabilizar a la gente en cuidar su salud. Por ejemplo: Por cada kilo o libra de peso que tenga una persona de más en su cuerpo, se le debe cobrar un impuesto que a medida que aumente en peso, suba el porciento de contribución. Esa es una ley antipática para muchos gorditos, pero puede ser la medida ideal para salvarlos de condiciones cardiovasculares, de diabetes, de enfermedades renales y de amputaciones y muerte prematura. Ese es un ejemplo de medidas drásticas que los gobiernos deben asumir para evitar los gastos recurrentes innecesarios en tratar enfermos que nunca se curan porque siguen viviendo y comiendo de la misma manera que los llevó a enfermarse.

Si está comprobado científicamente que la gente se enferma de la mayoría de las enfermedades por su estilo y gusto de alimentarse, no es lógico ni sensato que se invierta tiempo, recursos humanos y grandes sumas de dinero en tratar de curarlos o atender sin cambiar sus hábitos de alimentación ni su estilo de vida. Peor aún, tratar de suplir con drogas y medicamentos los errores de una alimentación incorrecta y dejar que el enfermo siga con su estilo y gusto de comer que lo llevó a enfermarse y que lo enfermará de nuevo. Es inaudito, incomprensible e insensata esa forma de intervenir con la salud de un individuo que no sabe curarse ni prevenir enfermarse. Ni existe una escuela donde se le pueda enseñar y practicar hacerlo.

Partiendo de la premisa comprobada y efectiva de que todas las enfermedades sistemáticas se pueden curar con un cambio a tiempo en la alimentación, podemos concluir que en una sociedad de sensatez y cordura no deben haber enfermos.

Esta encomienda educativa se la entregó Jesucristo a la iglesia cristiana que lleva su nombre y le añadió: “Cosas mas grandes que estas haréis en mi nombre” (Juan 14: 12-17) La iglesia y no el hospital fue la encargada de curar a los enfermos. Sus discípulos, la iglesia debían estar haciendo los milagros curativos de este tiempo. Ahora, hay más enfermos que en el tiempo de Jesús y no hemos visto a ningún discípulo, de ninguna iglesia, realizando campañas curativas reales. Por lo tanto, podemos concluir que no existe una iglesia en la tierra, con la fuerza y el poder de Jesucristo para curar a los enfermos.

Este es un asunto muy serio. En un hospital te pueden ayudar si tuviste un accidente, si sufriste alguna lesión o herida, o si se requiere de una operación quirúrgica de emergencia. Esas son labores prácticas que los médicos y el personal de enfermería aprenden en la escuela de medicina: pero no son enfermedades sistémicas. Por lo tanto, no se puede decir que en el hospital te curan la diabetes, el lupus, la esclerosis, la artritis, la hipertensión o el cáncer. No se puede decir que si quedaste paralítico, ciego o impedido vas al hospital y sales caminando, viendo o restablecido. Jesús sanó toda clase de enfermos y levantó muertos. El dijo claramente a sus discípulos de todas las edades: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, el las hará también; y aún mayores hará,” Es interesante ver los comentarios teológicos de este texto y cómo los teólogos esquivan la realidad. Los supuestos encargados de predicar la palabra y curar a los enfermos han delegado la responsabilidad de curarlos a los hospitales y a los médicos, se excusan diciendo que no son médicos, pero los médicos tampoco curan las enfermedades que mencioné antes.

La razón por la cual ni médicos ni hospitales pueden curar estas enfermedades, es porque el Señor designó a la iglesia para que ésta hiciera el trabajo que él hizo y que encomendó a sus discípulos y a la iglesia. Si usted es médico, o le pregunta a un médico si estas enfermedades son curables, le va a decir que son tratables con medicamentos o drogas, pero que no se curan. Esto, si el médico es honesto y le dice la verdad. La realidad es que no se curan a menos que el enfermo sea instruido y se le señale la causa de su enfermedad y quiera curarse, desee curarse y busque la curación con fe. 

Ese fue el caso del último milagro que Jesús realizó y lo hizo para enseñarle una lección al mundo: Se trata de la curación del ciego de nacimiento que pedía limosna a la entrada del templo de Jerusalem. Todos los que iban al templo lo conocían y sabían que era ciego, y muchos sabían que había nacido ciego.

En este caso, Jesús hizo diferente porque quería enseñar una lección de futuro al mundo cristiano que tendría que utilizar otros recursos para fomentar la fe de los discípulos y la fe del enfermo o del impedido. En este caso, escupió en tierra y mezcló la saliva con tierra e hizo lodo y lo puso en los ojos del ciego. Hecho esto, lo mandó a lavarse a la fuente de Siloé que era un lugar relativamente lejos de donde el ciego acostumbraba a caminar de su casa al templo. Jesús le cambia su costumbre y lo saca de su rutina acostumbrada, “ve a lavarte a Siloé”. Nadie lo llevó, él solo caminó todo el trayecto, tal vez preguntando, con los ojos sucios de lodo, hasta llegar al lugar, lavarse y recobrar la vista. Una tarea no muy fácil para que un ciego de nacimiento se animara a realizar y lo logró.

Hoy día, todos los que están enfermos de la enfermedad que sea, son ciegos de nacimiento porque nunca nadie les abrió los ojos para decirles la causa de su enfermedad ni en su cura, la lección que Jesús le enseña al mundo en que vivimos, es que las curaciones del futuro, que se harían después de su partida, tendrían los elementos que el usó en esta curación: La saliva del Maestro que es símbolo de su verbo o palabra, los elementos de la tierra y la fe del enfermo. La aplicación de estos tres factores producirá curaciones tan grandes o mayores en este tiempo, que las que hizo Jesús en el suyo.

Debido a la gran cantidad de personas que mueren a diario de enfermedades que no se curan en los hospitales ni por obra de ningún médico de la tierra, la curación de las enfermedades de este tiempo, sería algo más extraordinario que las curaciónes en el tiempo de Cristo, por su naturaleza, atraería a todos los medios de comunicación y la transmitirían por todos los canales disponibles. En unos minutos, la estarían viendo y oyendo en todos los países del mundo. Por esa razón, fue que Jesús, mirando hacia el futuro y anticipando lo que avanzarían las comunicaciones, le dijo a sus discípulos: “De cierto, de cierto os digo: El que en mi cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará…” La iglesia ha desperdiciado la oportunidad de hacer las obras de su Maestro.

La medicina de la tierra, mezclada con la palabra que “sale de la boca de Dios” (la saliva) (el verbo) puede curar a todos los ciegos de nacimiento que tengan el oído dispuesto a escuchar la palabra y a realizarla por fe. La ceguera espiritual es peor que la ceguera física, y la actitud de la iglesia cristiana ante las enfermedades que sufre la gente crea una expectativa de curación mediante la oración, pero no mueve al enfermo al cambio de vida y de alimentación que les permite curarse.

Los elementos de “la tierra” que se mezclan con la “saliva” del Señor, son los minerales, las vitaminas, las enzimas, el calcio y todos los elementos activos que las plantas obtienen de la tierra y que son medicina para este tiempo, dicho y expresado en la realidad por el Señor Jesucristo a sus discípulos.

A estos elementos hay que agregarles la fe del enfermo que necesita curarse para realizar los pasos necesarios para “lavarse” o desintoxicarse. Para quitarse la ceguera espiritual la gente debe lavarse los ojos con el colirio natural que es la palabra educadora y transformadora que cambia la perspectiva rutinaria del enfermo y realiza el cambio curativo.

Cuando comencé a estudiar sobre la medicina natural, nadie sabía mucho de esta ciencia, no se conseguía mucha información que no fuera la botánica específica de cada planta clasificada en la química y en la biología. Después que comenzamos a estudiar y a trabajar con las plantas medicinales en los años sesenta, pudimos observar un gran auge de las medicinas naturales, ayurvédicas de la India, de la China, de las regiones de las selvas africanas, suramericanas y de todas las regiones del mundo que comenzaron a despertar en interés sobre la aplicación de los remedios de plantas, hierbas y preparaciones combinadas para las diferentes condiciones que sufre la gente.

Es curioso, que resurjan justo cuando la medicina convencional que había deslumbrado al mundo comenzaba a dar muestras de alta toxidad, efectos secundarios y terciarios graves, ineficacia en curar, altos costos de los tratamientos y drogas utilizadas y desaciertos en la aplicación de tratamientos químicos y quirúrgicos.

De pronto, la medicina natural en sus diferentes versiones étnicas y de procedencias geográficas, se proyectó al mundo como alternativa viable, económica y más efectiva que las drogas químicas. Todas esas ventajas, sumadas al factor de seguridad debido a que no presenta efectos secundarios indeseables, la convierten rápidamente en una alternativa real y efectiva. Aún cuando no se aplique en la forma más adecuada y científica, da resultados efectivos de inmediato que se aplica. Si algún efecto secundario puede verse en la aplicación de la medicina herbaria natural es un efecto bueno sobre otras áreas que no se pretendía tratar y que respondieron positivamente a su aplicación.

Otras Causas

Aunque muy efectivas, las diferentes versiones de medicinas naturales que se practican en el mundo pierden efectividad en muchos enfermos por diferentes razones:

1. Por la alimentación de la gente si no se hace un cambio radical

2. Por factores emocionales y mentales que deben tratarse

3. Por la fertilización química del suelo donde se siembra

4. Por la hibridación o manipulación genética de muchas variedades de plantas

5. Por los procesos de recolección y manejo de las plantas

6. Por la dosificación inadecuada

7. Por la aplicación indicada y la continuidad requerida

Aún existen otros factores que pueden disminuir el efecto de un tratamiento natural como es la respuesta del organismo que ha estado bajo tratamientos químicos de drogas esteroidales o sintéticas por mucho tiempo. Hasta que la persona no se “limpia” o desintoxica, no comienza el proceso curativo natural visible. Otro factor que puede retrasar un tratamiento natural es la falta de órganos como la apéndice o la vesícula, la matriz y los ovarios, la falta de función renal por diálisis y la amputación de una o más extremidades.

Hay otro factor que puede demorar el efecto de un tratamiento natural cuando el enfermo ha perdido la conciencia o está mentalmente enfermo y no puede cooperar con el mismo. Aún así hemos visto resultados muy positivos en pacientes encamados o con este tipo de impedimentos. Algunos han recuperado tanto, que han sorprendido a médicos y familiares. 

Fuera de esos casos muy particulares; la medicina natural cuando combina plantas medicinales y una alimentación sencilla de papas y frutas enzimáticas nos permite ver milagros curativos modernos que nadie puede negar por su eficacia y rapidez.

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