¿Esclavitud Voluntaria?

Por: Dr. Norman González Chacón

Por más de 400 años, el pueblo de Israel estuvo trabajando los siete días de la semana de puesta de sol a puesta de sol, construyendo la gran ciudad, capital de Egipto y todo lo que los faraones ordenaban realizar en ese país. No tenían tiempo para acordarse de Dios ni descansar un solo día. Dios, se apiadó de su pueblo y comenzó a tomar control de la situación mediante sueños que inquietaron al faraón y le hicieron buscar ayuda para interpretarlos. No hubo sabio ni intérprete en todo el Reino, que pudiera revelar el arcano al rey. Sólo José, un joven hebreo, hijo de Israel o Jacob, que le pudo revelar el sueño y darle la debida interpretación que satisfizo al dignatario y por esa razón, éste lo nombró gobernador de todo Egipto. Cuando el faraón que nombró a José gobernador y que salvó a Egipto y al pueblo judío de sufrir una hambruna descomunal murió, vino otro faraón que no conocía ni a José ni al pueblo de Israel. Este rey, comenzó a construir grandes obras en todo Egipto y le aumentó los horarios y el trabajo al pueblo judío, al extremo, que para avanzar las obras, trabajaron de sol a sol, los siete días de la semana. Como esclavos, no podían tomar un descanso sin recibir el debido castigo por ello. Así se construyeron las grandes obras de Egipto, las pirámides, y los edificios que todavía hoy permanecen. Fue la mano de obra de los israelitas, los que trabajaron sin descanso, para realizar ese trabajo servil que resultó muy duro para ellos. 

Hoy día, el pueblo de Israel moderno, está tan esclavizado, como estuvo Israel en el pasado. Esta vez, no por voluntad de un rey impositor sino por voluntad propia. No tienen descanso del trabajo y de las actividades, que de una u otra forma, le ocupan el tiempo y las energías, que de otra manera, tendrían oportunidad de tomar un día de puro descanso espiritual de cada semana, para dedicarlo a Dios, y otro día para la familia y el asueto personal. Tanto el sábado, como el domingo, trabajan y van de tiendas, fiestas, y actividades de todo tipo. Esa actividad constante, sin el debido descanso, los enferma y les acorta la vida, así como los esclaviza en el trabajo servil, en las actividades religiosas, cívicas, deportivas, y seculares. En Apocalipsis, los describe como “los que no tienen descanso de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11, Isaías 48:22 23, 12:, 57:20-21). Desgraciadamente, y por la misma razón, han perdido el sentido del descanso, y el sábado, es el día de más actividad para ellos. Los comerciantes promueven sus negocios ese día, y los clientes acuden a comprar todo lo que no compraron y vendieron en la semana. No sacan tiempo para descansar, ayunar, y meditar. Por esa razón, se enferman de las mismas enfermedades que sufren los impíos, y no entienden, que el verdadero descanso, implica: reposo, oración, meditación, y ayuno para Dios, y restauración de su organismo. 

Los genes de la rebelión que viven en la sangre de cada una de las criaturas que no obedecen el descanso, les hacen creer que ese trabajo constante, y esa actividad incesante, son las buenas actitudes que deben tener los seres humanos que los llevará a obtener todo lo que ellos desean. Para lograrlo, trabajan incesantemente, y al no recordar el reposo divino, ni devolverle a Dios el diezmo del tiempo, quedan a su suerte y sufren todo tipo de enfermedades, accidentes lamentables, y muchas veces, arruinan su vida y la de otros en el afán de obtener lo que desean. A veces es porque buscan fama, otras, por fortuna, y por posiciones sociales o laborales de poder y respeto social o religioso. Al no comunicarse con Dios debidamente, toman decisiones propias, sin la debida orientación divina que les garantice el éxito. 

En la parábola del hombre insensato de Lucas 12:15 al 31, Jesús describe el caso de un hombre muy rico de su tiempo, que no conforme con las riquezas que había hecho y tenía guardadas, decidió derribar sus almacenes para construirlos más grandes, a fin de tener suficiente abasto para darse buena vida y disfrutar de sus riquezas. No sabía él, que esa noche moriría, y no tendría oportunidad de disfrutar las riquezas y los frutos del esfuerzo del trabajo, que por mucho tiempo, estuvo guardando.  

Esa parábola, contiene una lección muy importante para el cristiano, para el no cristiano, y para todo el que por ir en pos del éxito mundanal, descuida el descanso, la salud, y la relación con el Creador. Le dijo Dios: “Necio, esta noche vienen a pedir tu alma, ¿Y lo que has guardado,? ¿De quién será?” Este hombre, no sólo perdió todo su esfuerzo de muchos años, perdió también la oportunidad de disfrutar el resultado de su trabajo, y finalmente, pierde la vida eterna. Todo, por el desmedido empeño de allegarse riquezas para vivir luego una vida holgada. Ni una cosa ni la otra, le resultaron a quien trabajó y se esforzó, y no descansó. 

Para evitar esa desgracia, el Creador apartó el día de descanso y lo proclamó: delicia, lo bendijo, y lo santificó. No para que hiciéramos el trabajo rutinario de la semana, sino para que ese día especial, santo y glorioso de Jehová, nos deleitaremos en su creación, en la contemplación de su obra, y descansáramos el cuerpo y la mente de la rutina semanal, dedicando ese tiempo para cambiar totalmente el rumbo de nuestras vidas y del mundo, aunque sea por veinticuatro horas en toda la semana, de todas las horas que tenemos para trabajar, dormir y recrearnos en todo lo que deseemos realizar en la vida. 

En otro tema de este blog, habíamos señalado que, de las 24 horas del día: 8 horas son para descansar, 8 horas para trabajar, y 8 horas que se deben dedicar al asueto, diversión, o al estudio de lo que nos ayuda a crecer y para comunicar con la familia. Dios nos dio el tiempo de la semana con espacio suficiente para todo lo que necesitamos hacer, y para el debido descanso nocturno. 

Las personas que trabajan turnos de noche, necesitan dormir cuatro horas adicionales a las ocho horas reglamentarias, pues el descanso, o sueño de día, no satisface las necesidades físicas y mentales de la noche. Durante las horas de sueño en la noche, se activan los mecanismos de regeración celular orgánica, y se produce el necesario proceso regenerador de órganos y sistemas. Por su salud, estas personas, como los policías, enfermeros, bomberos de turno, y otros obreros que trabajan en la noche, necesitan 12 horas de sueño para compensar y producir el descanso adecuado y no enfermar. Cuando no se descansa adecuadamente el tiempo requerido, los procesos regeneradores del organismo no se completan de la misma manera, y se interrumpe la entropía de los sistemas, dando lugar a un acortamiento proporcional de la energía y del término de vida.

Las personas que trabajan de noche y de día en turnos rotativos o alternos, sufren de trastornos del sueño, y a la larga, se afectan mucho más que las que están en el turno nocturno siempre. El dormir, o descansar de día unas veces, y otras en la noche,  desprograma el reloj biológico interno del organismo y se producen enfermedades orgánicas y mentales con muy malos resultados siempre.  Al invertirse ciertos procesos metabólicos, ocurren trastornos que acortan la vida útil, merman las energías físicas y mentales que nunca se recuperan totalmente. El descanso nocturno adecuado produce resultados excelentes en la salud física y mental de quienes lo cuidan como un tesoro de salud sagrado.

Se ha hecho común entre los patronos que tienen empleados que trabajan en turnos de noche, alternarlos para que todos tengan igualdad de oportunidades. Esta práctica, clínicamente, no se recomienda, pues es la más dañina a la salud. Sin embargo, tanto el gobierno, como la empresa privada, buscando igualar los derechos de los trabajadores, provocan que esto ocurra en detrimento de la salud de todos. El organismo humano ajusta el reloj biológico a las circunstancias, pero a la larga, cobra intereses y recargos muy onerosos a los que violan la ley natural del descanso. Por eso, la semana laboral de cinco días, nos da dos días de descanso: Uno para el creador, y otro para la familia. Cuando no guardamos el descanso divino, ni el físico, nos enfermamos constantemente y nuestra vida se acorta proporcionalmente al tiempo que le neguemos ese descanso. Todas las leyes de la salud se ajustan a la entropía de causa y efecto. No existe compensación alguna que repare ese daño causado por la falta del descanso adecuado que Dios le recomienda al ser humano para su salud. 

Se viola la ley del descanso, cuando no se trabaja en la semana laboral: Dios dijo: “seis días trabajarás y harás toda tu obra y el séptimo día descansarás.” El asueto del primer día de la semana es relativo al trabajo, porque es para nuestro beneficio personal. Quien no trabaja en la semana, viola la ley del trabajo, y el descanso no le aprovecha. Quien no trabaja lo indicado mínimo en la semana, no cumple con la ley de trabajo y descanso que el Creador instituyó para la raza humana, y por eso, sufre trastornos mentales y físicos muy serios. por esa misma razón; son cinco días de trabajo laboral, uno de descanso y meditación para Dios, y otro para nosotros. Al separar ese sábado para meditar, estudiar y entender el plan de salvación, se pueden comprender mejor los designios divinos para la humanidad. Así mismo, el Creador ha tenido gran amor y cuidado con sus criaturas para librarlas de las enfermedades que el enemigo de la paz y de la justicia ha creado para entrampar y enfermar y al pueblo de Dios de su rumbo, y desviarlos del camino, hacia la tierra prometida. 

La señal en la mano derecha indica acción, y en la frente conciencia. Todos los habitantes de esta tierra tienen ante sí una decisión muy importante que determina su destino eterno. (Apocalipsis 13:13-18 y Apocalipsis 14:11-12). O toman la señal de Dios, o toman la señal de la bestia y de su imagen. Debido a que en Apocalipsis 14:11, se identifica a los que toman la señal de la bestia como “los que no tienen descanso ni de día ni de noche,” se sobreentiende que los que toman la señal de Dios, son los que descansan el sábado conforme al mandamiento divino. Estamos a tiempo para tomar la señal de Dios en nuestras vidas y hacer la parte importante de nuestra decisión de conciencia por convicción propia. Ese descanso nos dará la paz que necesitamos y la seguridad de nuestro propósito de vida y destino eterno. Dios les bendiga.

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