OVNIS… Segunda Parte

Por: Dr. Norman González Chacón

Debemos tener bien claro en nuestras mentes, que cuando hablamos de objetos voladores no identificados, (OVNIS), tenemos que especificar el tipo, o la naturaleza del mismo. En el artículo anterior, les señalé que hay dos clases de estos seres en el espacio, y cada uno de ellos, tiene características y comisiones o encomiendas diferentes. Al hablar de este tema, nuestro idioma humano nos falla, como señalé antes, para poder explicar con toda propiedad, lo que nuestra mente, nuestros oídos, y nuestros ojos, perciben de algo, que no es usual ni común ver, excepto en pocas y raras circunstancias. 

Nací y me crie en el pueblo de Guánica, Puerto Rico, y desde niño, veía estos fenómenos cruzar sobre la bahía y desaparecer en el cielo. No eran extraños para mí, cuando fui creciendo y viéndolos a menudo remontarse sobre los montes y sobre el mar, así como de ascender a velocidades espectaculares, para de pronto, desaparecer a la vista. Me acostumbré a verlos, escuché a los adultos que comentaban todo tipo de especulaciones, y nunca tuve la certeza de si eran naves del ejército, de la fuerza aérea, o espías secretos de otras potencias mundiales. La gente comentaba todo eso, y las especulaciones eran tantas, que nadie tenía un criterio claro de algo, que todos observaban en los cielos como discos, platos, o ruedas iluminadas, y que se veían a menudo, de día o de noche. 

Pasaron años, me fui a vivir a San Juan, pero eventualmente, volví a mi pueblo natal y construí una casita frente al mar, justo en la bahía de la Montalva; entre playa Santa y la Bahía Bioluminiscente de la Parguera. Al principio, era una casita pequeña, frente a la costa de manglares, y años más tarde, compré un terreno grande, y construí la casa que hoy, podemos disfrutar en familia los veranos y las vacaciones de Navidad. Nunca pensé que, desde ahí, presenciaría las escenas que compartí con ustedes en el tema anterior, con más detalles. 

El verano de 1962 lo pasamos en la casita de madera frente al manglar, lugar que disfrutábamos mucho en vacaciones. El vecindario apreciaba nuestra presencia pues compartíamos actividades que ellos no acostumbraban, por ejemplo: Juegos de voleibol o béisbol y otras actividades recreativas. 

Algunas noches, después de acostarnos, sentíamos los perros del vecindario ladrar insistentemente. Un día, me asomé por la ventana para ver lo que los inquietaba al extremo de ladrar de esa forma en que lo hacían. Los vecinos habían dicho que se trataba de los monos de La Parguera, que se habían escapado de la isla en que estaban, y que de noche buscaban comida por la costa de los mangles. Al mirar hacia el manglar, vi que del otro lado del mar, había una luz muy potente que iluminaba un área muy grande. Pensé que se trataba de los pescadores, o de un barco grande que pasaba al otro lado de los cayos, pero la luz era intensa y estaba muy cerca. De pronto se apagó, y los perros dejaron de ladrar. Asumí que era precisamente, porque lo que los asustaba se había ido. Cerré la ventana y me acosté a dormir nuevamente, con la interrogante en la mente: ¿Qué sería en realidad esa luz tan intensa? ¿Pescadores?, ¿Un barco?, ¿Varias embarcaciones?

Un día de verano, mi esposa fue a reunirse con unos familiares al pueblo de Mayagüez, y de allí llegó muy deprimida, pues la familia le informó que dos de las tías habían salido con cáncer de seno. La mamá de mi esposa había muerto recientemente de cáncer del seno, y el médico que las atendió, le dijo que ella por genética, era la próxima que también sufriría del mismo tipo de cáncer. La noticia la deprimió en extremó, y le ofrecí darle un paseo para distraerla del problema y de la preocupación que la noticia le causó. 

Salimos en un Volkswaguen verde claro de 1963, y tomé la carretera 116 del pueblo de Guánica. Estando allí, dimos una vuelta por el pueblo y tomamos la ruta a la playa de Caña Gorda, por la carretera 333 que va del pueblo, y sube por el monte seco para la zona de los hoteles. Al pasar por la entrada a la playa de Jaboncillo, subiendo la cuesta, divisamos en el cielo un espectáculo único: Cinco platos voladores que, en perfecta formación, surcaban en silencio los cielos, casi por encima de la bahía hasta perderse sobre el bosque seco de Guánica. Los vimos tan cerca, que fue algo muy impresionante pues otras veces los habíamos divizado alto en el cielo. Esta vez, volaban muy bajo, casi por encima de las montañas y de un tanque de acueductos que se ve antes de la curva. 

Cuando me detuve en la orilla para ver ese espectáculo celeste, sentí un fuerte deseo de orinar y me bajé del carro, justo en una entrada pequeña que hay a la izquierda de la carretera, casi frente a la entrada de la playa de Jaboncillo. Allí hay una vereda que conduce bosque adentro. Decidí entrar para vaciar mi vejiga y proseguir camino. Al entrar por la vereda, caminé unos cuántos pasos y quedé en un claro del caminito donde casi tropecé de frente con cinco figuras extrañas, nunca antes vistas, ni tan siquiera en dibujos. Estaban vestidas o desnudas, no lo puedo asegurar, pues su ropaje o su piel eran de un gris brillante y parecía la piel de un pez o de una ballena. El susto que me llevé al verlos me paralizó y no recuerdo si llevé a cabo la urgencia que me llevó a entrar allí. Tan pronto me detuve, sentí una señal que llegó a mi mente: “No temas, te traemos buenas noticias”, “No te vamos a hacer daño; tu esposa no va a sufrir de cáncer del seno, pero para ello, debe adoptar una dieta vegetariana. Además, está embarazada y el niño varón que lleva en el vientre, te será de gran ayuda y bendición en comunicar el mensaje de salud qué vas a recibir ahora”. 

¿Cuál mensaje de salud?, me pregunté en mi mente. De pronto sentí que mi cabeza comenzaba a crecer y a llenarse como un globo que se iba inflando. Varias veces me toqué para sentir el tamaño que mi cabeza había adquirido pues pensaba que ya había crecido más que una calabaza grande, y seguía recibiendo información. 

La figura que enviaba las señales a mi mente estaba en el centro, y había otros dos a cada lado como escoltándolo. No le vi ni nariz ni boca, solo unos ojos grandes y expresivos que inspiraban confianza y nada de temor. Tan pronto se comunicaron, me calmé del susto inicial, y percibí que no tenían intenciones de hacerme daño. Al contrario, me daba la sensación de que necesitaban a alguien a quien pudieran comunicar el mensaje que le transmitieron a mi mente y que aún yo no podía entender o descifrar en detalle, de qué se trataba el asunto de salud. 

Me tomó tiempo en poder asimilar y repasar la información que recibí, pero fluía en tanto y en cuanto me disponía a hablar del tema de salud. Ese no era mi tema favorito; me había mudado al suroeste de la isla para estar cerca de Mayagüez y matricularme en el Colegio de ingeniería de la UPR. Ahora, y después de este encuentro, estaba confundido y perplejo con la experiencia que acababa de tener, y no sabía cuál sería el próximo paso de mi vida. ¿Un mensaje de salud?, ¿Tendría que ver con el cáncer?, El mensaje a mi esposa fue: Debe adoptar una dieta vegetariana. Una cosa era segura: mi esposa estaba embarazada y no lo sabíamos. Habíamos hecho planes de quedarnos con una parejita de niños que teníamos y no contábamos con otro miembro más en la familia. Cuando sentía que ese niño sería una bendición especial que me ayudaría en todo lo que fuera en el futuro, me preparaba mentalmente para comunicar un mensaje especial de gran importancia; algo que, según ellos, sería una encomienda divina o una experiencia de vida permanente. 

Así las cosas, según fue pasando el tiempo, me fui percatando de que la información que me había sido transmitida a mi mente comenzaba a dar frutos: Una lugareña, una anciana, muy buena persona que conocimos en el vecindario llamada Alejandrina Sánchez se enfermó y adelgazó mucho. Perdió el apetito, y todo le caía mal. Un día, la fui a visitar a su casa, y se levantó de la cama para atenderme; se veía muy mal físicamente. Le pregunté si quería tomar un té medicinal, y de inmediato, me dijo que sí. Fui al patio y lo único que encontré fue un árbol de guanábana. Arranqué varias hojas y le preparé un té. Puse a hervir agua en una vasija, le di el té y se lo tomó. Varios días después fue a darme las gracias a mi casa, pues el té le resolvió el problema de salud y lo había seguido tomando a diario. Ella se encargó de anunciar por todo el vecindario que yo la había curado de su padecimiento, y eso me hizo pensar en la misión de salud que me habían anunciado los seres que me sorprendieron en el Bosque Seco. ¿Cómo se me ocurrió ofrecerle un té a la señora enferma? Nunca antes había pensado que, ante una situación como esa, actuaría de esa forma, preparando un té medicinal. 

De esa experiencia, todos me preguntaban qué era bueno para esto, para lo otro, y yo, sin haber estudiado nada de botánica, ni conocer nada de las plantas medicinales, les        indicaba cuál planta, hierba, hoja, o remedio, podían hacer, y les funcionaba. Todo fluía de la mente sin esfuerzo alguno de mi parte. Nombres de plantas que nunca había estudiado ni mencionado, venían a mi boca cuando lo necesitaba. Tal vez las había escuchado de mi abuela algún día, pero nunca le presté atención. 

En una conferencia, a la que asistí en el Colegio de Mayagüez, escuché a un profesor sudamericano hablar de que él se había curado de cáncer con Medicina Natural. Esa fue la primera vez en mi vida que escuché ese término y esperé a que el profesor terminara su charla para preguntarle. Me dio la dirección de una Escuela de Medicina natural de Ecuador y escribí solicitando información. Me matriculé en un curso de Medicina Natural que ofrecían por correspondencia. Las lecciones se tardaban semanas en llegar, las contestaba y las enviaba de nuevo por correo. 

El proceso era lento y cuando analizaba las preguntas, yo sabía las contestaciones, aún sin haber leído el texto. En ocasiones, me daba cuenta de errores en el concepto, o contradicciones en el texto, que me sentía obligado a corregir; añadía una nota al calce de las contestaciones, refiriéndome a lo que consideraba erróneo. En esa institución, se dieron cuenta que yo estaba bien preparado en el tema, y me invitaron a visitarlos. No me animé a ir, pues era un largo viaje a la ciudad de Loja y tenía a mi esposa cuidando de los niños. Además, no había aeropuerto cerca y se tenía que hacer el viaje en autobús una gran parte del camino, y el último trayecto, en carreta o a lomo burro. 

No me atreví a dejar a mi familia sola tanto tiempo. Al terminar el curso, me enviaron el diploma y eso me dio ánimo y respaldo, lo que me hizo sentirme preparado para ayudar a la gente en asuntos de su salud. Comencé por hablarles a la familia de mi esposa para advertirles sobre la alimentación que debían cambiar para no sufrir de cáncer. Ellos se burlaron y no hicieron caso. Casi todos murieron de cáncer y mis consejos de nada sirvieron. Ninguno escuchó mis advertencias. Solo ella, la madre de mis hijos, que se volvió vegetariana, y aún está viva y saludable, gracias a Dios que siguió los consejos. 

Estuve un tiempo, meditando sobre el encuentro que había tenido con los seres extraños que invadieron mi cabeza con una información que yo no solicité, ni tan siquiera sospeché que existía. Miraba el rústico diploma que recibí de The University of Living Man de Loja, Ecuador, y no me atrevía a mostrarlo para respaldar mis consejos de salud. Estuvo guardado por años hasta que nuevamente hice estudios en otra escuela de Medicina Natural de Inglaterra: Brandtrige University, en donde estudié y recibí un doctorado en Medicina Natural; esta vez más aceptable y de más prestigio. Para completar dicho grado, presenté una tesis que fue muy bien recibida por esa institución, y por el Dr. Bruce Copen, presidente de la misma, quien me envió una carta de reconocimiento por el tema que escogí: “Las Plantas Medicinales y su Integración a la Alimentación Humana”. 

Para ese tiempo, un amigo, al cual ayudé con sus problemas de salud, agradecido por mis consejos, me instó a estudiar teología y a obtener un título local y poder ayudar a mucha gente a mejorar su salud y estilos de vida. Esa recomendación me pareció lógica, pues todavía estaba desconcertado con lo que sería mi trabajo en el campo de la salud, sin ser médico ni enfermero. No veía mi ubicación, pues no existía en nuestra sociedad, un lugar ni una práctica profesional de Naturopatía, como la tenemos hoy, o por lo menos, no conocía de ella.  

La familia me presionaba a que terminara mis estudios, y a pesar de que tenía un buen trabajo, que me sostenía económicamente bien, sabía que eso no era todo y que debía estudiar. Mi trabajo en mantenimiento, mecánica y servicios de los Volkswagens me permitía una estabilidad económica que, para su tiempo, era muy buena. Así fue como decidí matricularme en el Programa de Teología de la Universidad de Antillian College, donde comencé mi preparación en teología, en la que puse gran empeño en practicar. 

El profesor de evangelismo, el Doctor Salím Japas, se entusiasmó con mi trabajo de Evangelismo Práctico, pues de tres conferencias de salud que llevé a cabo en tres diferentes lugares del suroeste de Puerto Rico, quedaron establecidas tres iglesias que hoy, más de 50 años después, permanecen y perseveran, como testimonio del éxito de la combinación de la teología evangelística y de salud.

Esa fue la fórmula que me ayudó al éxito de las campañas que me tocó realizar para la clase de evangelismo, pero esa combinación, que fue el éxito de Jesucristo en su ministerio en la tierra, no les gustó a los dirigentes del colegio ni a la organización que dirigía la Iglesia Adventista. Mi trabajo con la salud de la gente y su cambio en el estilo de vida no fue visto con buenos ojos, ya que para manejar los asuntos de salud, la organización se sentía muy orgullosa de tener el Hospital Bella Vista en Mayagüez. 

La medicina natural basada en plantas medicinales y alimentación vegana era una competencia deshonrosa, que no estaba en los planes de la organización. De inmediato, me acusaron a la Junta administrativa para que desistiera de mi exitosa práctica. Digo exitosa, pues para ese tiempo, la voz se había corrido y mucha gente me buscaba para pedir consejos para sus condiciones de salud, o de hijos o familiares cuyas dolencias, no habían podido ser curadas por la medicina convencional. 

Desistí de dar consejos en la Universidad, pero no pude negarme a ayudar a la gente que acudía a mi casa buscando ayuda. Eso no lo podía evitar, pues su necesidad de salud era y sigue siendo grande. Venían donde quiera que estuviera lo que despertó la ira de alguno de los dirigentes, de los que más había confiado. Un día, llego al colegio y mi mentor de evangelismo, el Dr. Japas, que tanto había alabado mi trabajo misionero de la clase de evangelismo, me increpó fuertemente y me amenazó con expulsarme del colegio si no cambiaba mi enfoque de Medicina Natural. Días más tarde me citaron a una Junta en la que me expulsaron, sin darme oportunidad de argumentar mi defensa al respecto, tampoco tuve tiempo de prepararme para defenderme. 

Ese golpe me hizo mucho daño emocional, y por un tiempo, estuve deprimido, confundido y muy molesto con la forma en que me trataron, de manera muy grosera y me dijeron, que lo que yo hacía, era espiritismo, un tipo de hechicería moderna, y que yo trabajaba para el diablo. Si es así, les dije: Deben deshacer las tres iglesias que se levantaron en un año: Papayo, Salinas Fortuna y Ensenada. Esta fue la única argumentación que me permitieron hacer y me fui de la reunión destruido emocionalmente. Aquellas personas, que habían sido mis amigos, en quienes confié mi vida espiritual se volvieron contra mí, me calumniaron y me persiguieron, como los fariseos de los tiempos de Cristo tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos. 

El golpe fue muy fuerte y doloroso. Le dieron a entender a la gente que me apreciaba, y a mi familia, padres, hijos, que yo era un pecador, que tenía pacto con el diablo, que no me buscarán ni me vieran a los ojos porque les leía el ojo y los hechizaba. ¡Qué muchas cosas escuché! ¡Cuánto hubieran ganado si me hubieran escuchado! Mi esposa también creyó que las figuras que ví aquel día, eran demonios, y rehusaba hablar de la experiencia. Aún, más de cincuenta años después, se rehúsa a hablar del asunto, y cree firmemente que la experiencia fue un acto de espiritismo. 

Me tomó varios años reponerme del golpe. La vergüenza, el coraje, la indignación, y el disgusto, me frenaron un tiempo de mi trabajo, me afectaron en mi autoestima, destruyeron mi familia, pues mi esposa creyó que se trataba de una práctica diabólica y cambió totalmente con respecto a mi persona. Así se lo hicieron creer los amigos y pastores, pero la gente me seguía buscando mi ayuda, y aunque no tenía deseos de trabajar, no me pude negar a atenderlos. 

Con el tiempo, pude ver que todos aquellos que me rechazaron y me acusaron injustamente, fueron enfermando de cáncer y murieron; a todos los perdoné, y no creo que de ese grupo quede ni uno solo con vida. ¡Qué el Señor tenga de ellos misericordia! Con su actitud, me detuvieron un poco, pero la obra grande y poderosa de curación, ha seguido y se ha propagado al mundo entero. Aunque estuve desconcertado unos años, confundido porque todos me rechazaban y me criticaban, la misión que había recibido de los ángeles que me interceptaron aquel día de verano, el mensaje fue más fuerte y poderoso que el escarnio público que recibí de la gente en quienes había puesto mi confianza espiritual. Más adelante, comprendí que aquellos extraños visitantes que me aparecieron de forma tan abrupta en el camino, eran ángeles de Dios que me conocían y sabían de mi fuerte determinación en hacer lo que el sentido y la razón me dictan como bueno. 

No fueron inoportunos, ni arriesgaron la causa. La misión que me entregaron ha sido el norte de mi vida desde ese momento, y aunque recibí reclamaciones injustas y fui calumniado sin misericordia, rechazado y humillado públicamente por haber sostenido los principios naturales de vida y salud, con el paso del tiempo, me fui restaurando nuevamente, con la experiencia y el agradecimiento profundo de todos aquellos que se beneficiaron de mi misión de salud, que recibí, practiqué, y compartí con todos los que la buscaron. Misión que me entregaron un día, sin yo buscarla, sin pedirla, sin conocerla, y sin haberla considerado ni aceptado previamente. 

En toda mi vida no he conocido a nadie que haya recibido una misión tan importante de la manera qué me la impusieron en aquella tarde. ¿Y por qué a mí? Tal vez vieron mi determinación en defender las causas que creo justas, los principios de vida que he creído, y que no soy capaz de vender mi conciencia, por ningún precio. 

Casi 60 años después de esa experiencia, que cambió el rumbo de mi vida, le doy gracias a Dios por el privilegio de haberme escogido para defender los principios de vida que la Iglesia Cristiana perdió por venderse a los grandes intereses de las farmacéuticas modernas y de los hospitales. La reforma de salud que rechazó mi iglesia fue también rechazada por los dirigentes y comerciantes del Evangelio. El don de sanidad, que perdió la Iglesia está aún en el mundo, y Dios ha designado medios alternos para sanar en tiempos modernos, a las víctimas del sistema que sufren todo tipo de enfermedades, porque desconocen que Dios es el mismo ayer, hoy, y siempre; y que está presto a sanar a todos los enfermos, no importa la enfermedad, ni su origen, ni raza, ni color, ni creencia, ni hace acepción de personas. 

Los refiero a mi blog: “La Verdadera Medicina Divina” para que puedan ustedes entender cuál es la voluntad de Dios para sanar a los enfermos en esta última etapa de la historia. Se puede descubrir el método divino para este tiempo, en el último de los milagros de Jesús cuando untó lodo de la tierra, mezclado con la saliva de su boca, en los ojos del ciego de nacimiento, y luego lo envió lejos del acostumbrado lugar que frecuentaba, a lavarse en el estanque de Siloé. Ahí están los tres elementos nuevos de la curación en esta etapa de la historia de la iglesia cristiana: 

  1. La palabra que sale de la boca de Dios. (La saliva). 
  2. Los elementos de la tierra representados en el lodo. 
  3. La fe del enfermo que no dudó en seguir las instrucciones del Maestro Médico y caminó hasta el estanque, lejos de su ruta acostumbrada. 

Nota:

Tal como lo señaló el ser extraterrestre, o aquel siervo de Dios o ángel celestial que interceptó mi vida un día, no perdió el tiempo conmigo. Mis hijos han sido mis mayores colaboradores en esta misión tan importante: Ellos han sufrido al igual que yo, la separación del mundo, de la familia, y de los amigos. Han resistido el escarnio, pero han disfrutado la satisfacción de recibir el agradecimiento de todos los enfermos curados, cuyas enfermedades eran supuestamente incurables. El menor, Edwin, tal como lo señaló el ser extraño, me ha ayudado a manejar el canal de televisión que llega al mundo entero y que recibe la bendición especial de Dios. A diferencia de cualquier otro canal, que necesita de mucha gente para ser manejado, virtualmente es manejado por una sola persona; mi hijo Edwin. Este milagro, lo vemos cada día en nuestra experiencia y nos exhorta a confiar en la palabra de Dios. Mis otros hijos Norman y Lily también se unieron a esta causa y han luchado igual que yo, a través del tiempo, atendiendo los pacientes que acuden buscando ayuda. Con mucho amor y lealtad le sirven a Dios en este privilegiado Ministerio de Salud. ¡A Dios sea la gloria! y a mis otros hijos, que colaboran en esta causa, mi total agradecimiento y bendición. Son únicos y especiales, Los cinco están envueltos en la misión y cada uno realiza una labor específica relacionada a este importante Ministerio. El Señor nos ha bendecido con todo tipo de bendiciones: lo que no hemos tenido, no nos hace falta, y lo que tenemos, todos lo aprovechamos, lo disfrutamos, y lo compartimos. 

Este blog lo están leyendo personas de todo el mundo, y lo comparten con otros, así como el canal de televisión que es un activo, que lleva un mensaje particular único en su clase y de gran relevancia para la salud general de la audiencia. Hemos cumplido la misión, hemos sobrepasado el blanco, hemos corrido la carrera que nos ha sido propuesta. 

Hemos visto cómo los que se han opuesto a este mensaje, han sufrido las consecuencias de su terquedad, han sucumbido lastimosamente. El resultado de su negación a aceptar los principios de vida expresados claramente en la Biblia y que las iglesias cristianas han ignorado, se traduce en dolor, enfermedad y muerte. 

7 comentarios sobre “OVNIS… Segunda Parte

  1. Fascinante…me gustaría mucho poder practicar fielmente un estilo de vida natural.
    Trato de incorporar algunas prácticas, pero no he sido tan consistente.
    Trabajo con algo relacionado pacie tes de cáncer y trato de llevar un poco el mensaje de un estilo de vida saludable.
    Gracias por sus enseñansas.

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  2. Qué historia de vida tan hermosa!!!…sabía desde siempre que usted y su familia son seres muy especiales y muy comprometidos con la salud de todos nosotr@s❤…Gracias, gracias por compartir su testimonio de una manera tan fácil de entender…Dios lo bendiga siempre🙏🙏🙏

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