OVNIS IV… Preguntas y Respuestas

Por: Dr. Norman González Chacón

1. ¿Podría explicar un poco más sobre la forma de los platos voladores? Algunos dicen que son triangulares, otros redondos, otros, que dicen haberlos visto, que son circulares. ¿Cómo son en verdad? 

Es imposible que unos objetos triangulares, como los que presentan algunos documentales UFO, puedan desplazarse en el aire a velocidades que la vista humana no puede captar. Para dar una idea mejor de su forma, imaginen dos platos de mesa, uno sobre el otro; es lo más parecido que les puedo comparar de su forma. En la  parte de arriba tiene ojos como ventanas y en la parte de abajo, una compuerta que se abre en forma de estrella. La luz que irradian es la luz del sol reflejada en una superficie lisa, configurada por lo que parecen ser escamas pequeñísimas como lentejuelas unidas.

No olvidemos, que no son máquinas construidas en metal como lo son los aviones, son seres vivos, inteligentes, que conocen su misión y cada destino al que viajan en el espacio. Por esa razón, no necesitan un piloto que las maneje. Ellos se dirigen al punto que su misión los destina y pueden llevar pasajeros o carga de un lugar a otro. La velocidad que pueden desarrollar en trasladarse de un planeta a otro, que puede estar a cientos de años luz de distancia, la recorren en segundos, debido a que su diseño divino y velocidad de traslación es miles de veces mayor que la velocidad del sonido y de la luz, como lo hemos estudiado en la Tierra. Para ellos, no existe el factor tiempo ni resistencia; la fórmula física: distancia por velocidad es igual a tiempo, no les aplica a ese tipo de seres especiales del espacio universal, que Dios creó para que sus criaturas viajaran en el vasto Universo. 

Son inmortales, en la medida en que cumplan con las misiones encomendadas de vigilar y cuidar de los que se rebelaron con Satanás que resultan en serias amenazas para la Tierra y todo tipo de desastres: huracanes, tornados, terremotos, inundaciones, accidentes, y calamidades de toda índole. Tanto los buenos como los malignos tienen la misma apariencia al ojo humano cuando viajan a velocidades bajas que el ojo humano puede captar, o cuando los vemos detenerse en el aire, moverse y trasladarse de un lugar a otro. 

Estas malicias espirituales, como se denominan en la Biblia, refiriéndose a la flota de Satanás, están confinadas a la tierra y no pueden viajar a otros mundos que no hayan caído en pecado. Están bajo las órdenes de su capitán y comandante Satanás. Él mismo, en persona, es quien planifica sus misiones y estrategias terrestres. Durante el diluvio que inundó toda la Tierra de forma inexplicable para nosotros y para los científicos que no lo pueden explicar en sus términos acostumbrados, estos seres se mantuvieron en el espacio y no perecieron en el diluvio.  Tan pronto bajaron las aguas, regresaron y comenzaron sus obras malignas nuevamente. Ya habían estado antes, a raíz de la rebelión inicial en el cielo, por mil años confinados en el abismo.  Después que Dios los echó de sus lugares en el cielo, la Biblia los ubica en el espacio o abismo, (Tehom – Génesis 1: 2-7). Abismo en hebreo se denomina como tehom. También en Apocalipsis 9:2-11, y 20:3, se menciona ese abismo en el que estuvieron Satanás y sus secuaces por mil años después que fueron arrojados del cielo, hasta la creación de la Tierra (Lucas 8:31, Apocalipsis 17:8, Apocalipsis 9:1 y Apocalipsis 20:1). Esos mil años en el abismo debieron servir para que Satanás y sus ejércitos recapacitaran y se arrepintieran de su rebelión. 

Para facilitarle la transición, Dios puso el árbol de la ciencia a su alcance. Si se arrepentían y decidían vivir en la preciosa y maravillosa tierra creada, podían comer del fruto de ese árbol que los igualaba a Adán y Eva, los humanos de la tierra recién creados. Eso les permitiría vivir y reproducirse eternamente en esta Tierra de ensueño, única en la creación universal. Esa oportunidad que Dios abrió para ellos fue la muestra del gran amor paternal del Creador para sus criaturas; “no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Aún con los que se rebelaron, Dios mostró su infinito amor.  Fueron ellos los que indujeron a Eva a comer del árbol prohibido. Algunos comieron y se humanaron, pero no se arrepintieron de su rebelión, ni de sus ideas.  Nuevamente, durante el milenio de descanso, estarán en prisiones eternas por mil años más. 

Estoy haciendo una distinción entre los dos tipos de seres extraterrestres que podemos encontrar moviéndose en el Universo: los que son del ejército de Dios y los que pertenecen a la rebelión de Satanás. ¿Cómo podemos saber cuáles son los peligrosos? “Por sus frutos los conoceréis”: por sus acciones se conocen sus intenciones y podemos descubrir si son de Dios o del enemigo. Hay legiones de ellos y su misión es de engañar, confundir, destruir, enfermar, y crear situaciones conflictivas que desaten iras, contiendas, separaciones, sufrimientos, guerras, y dolor a las personas, las naciones, y a las familias, que tienen posibilidades de salvarse y de vivir en armonía con las leyes humanas y con las leyes Divinas. Eso mantiene ocupados a los seres buenos cuidándonos y protegiéndonos de los ataques constantes de los malignos. 

En la Biblia, y por consiguiente, el mundo religioso participa del nombre que se les da, les llama ángeles, y de acuerdo a su misión se dividen en categorías de responsabilidad, de ejecución y mando. Cada tipo tiene funciones asignadas y específicas para cuidar de la tierra, del ambiente, de los animales, de las plantas, de las flores, y de cada criatura que vive, así también como de las aguas. Las categorías más conocidas son: serafines, querubines, ángeles, y arcángeles. En cada una de esas categorías de los seres que le sirven a Dios, existen subdivisiones de acuerdo con la misión que realizan y es por esa razón, que el ejército de Dios está muy bien organizado y los millones de seres que lo componen tienen un fin común: mantener el orden mayor posible dentro de la estructura de la creación que ha sufrido los ataques constantes de los malignos del ejército enemigo, comandado por Satanás y sus capitanes de guerra y de destrucción. 

Son ellos los que han creado todo tipo de calamidades sobre la tierra, accidentes y situaciones donde mueren niños y personas inocentes que tenían opciones de salvación, pero que, por sus actos o los actos de sus padres, pierden la protección de los seres angelicales divinos que no pueden ir más allá de la decisión de la voluntad humana. En esa categoría de calamidades están las enfermedades de todo tipo, que son el resultado de la falta de cuidado que se estila de la naturaleza, del ambiente, y del cuerpo humano, que sufre las consecuencias de todas las malas costumbres e influencias que los malignos han creado para culpar a Dios de toda calamidad que ellos han creado sobre la tierra y sus habitantes. El más grande y significativo daño, es a través de la comida que consumen, cuya base principal es la carne de animales que matan para consumo humano. De ahí surgen todas las enfermedades conocidas. 

Fueron ellos, los malignos, quienes inventaron las espinas, los abrojos, las plantas venenosas, las malas hierbas y bejucos que enredan las cosechas. También las enfermedades malignas y sus tratamientos a base de drogas químicas y tóxicas, haciéndole creer a la gente, que con eso se curan, sin embargo, muchos de ellos eventualmente mueren sin la esperanza de vivir saludablemente y salvarse. Esa trampa mortal, atrapa a miles de personas que mueren cada día sin la preparación ni el conocimiento del plan de salvación que Dios tiene para los que entiendan su Palabra y sigan sus caminos. En esa trampa caen muchos cristianos, que creyendo que Dios maneja esos medicamentos, y que pueden hacer milagros en sus vidas. Según dice la palabra: “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16:25). 

La labor principal de los seres malignos es de confundir la verdad con la mentira. En la medida que un error se pueda introducir como un virus en las grandes verdades del conocimiento humano, ellos crean la información científica que lo comprueba. Toda la sabiduría humana está infectada por ese virus que se ha propagado a todo lo que existe. Por esa razón, a veces vemos que la maldad parece prevalecer y la injusticia se hace ver sobre la supuesta justicia de los hombres. Esa es la labor específica de los malignos, que también se dividen en especialidades y categorías: principados, potestades, dominaciones, capitanes, malicias espirituales, espíritus de error, inteligencias militares, especialistas en enfermedades malignas, expertos en estrategias de engaño, publicistas del mal, inversionistas de corrupción, maestros de la malicia, magos, hechiceros, engañadores de todo arte y oficio, burladores, despiadados, aborrecedores de lo bueno que todo lo pervierten, y amadores de los deleites y de la comida y bebida, más que de Dios. Esos también son los atributos de los seres humanos, que inducidos por los seres malignos se alimentan de la sangre de los animales que matan para comer. 

Los seres humanos que siguen sus pasos les sirves de medio para llevar a cabo su obra macabra que se propaga en el mundo bajo diferentes nombres religiosos, confundiendo la verdad que ha sido mezclada con el error y sazonada con todo tipo de mentiras disfrazadas. La Biblia los denomina: “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad” (2 Tesalonicences 2:7),  que obra desde el principio y que estará activamente actuando hasta el mismo fin del mundo. 

 Estos espíritus inducen a la gente a todo tipo de creencias erróneas, al egoísmo sin límite, a pasiones desenfrenadas, al engaño, a las guerras, a la codicia desmedida, a la avaricia, al robo y al asesinato. Su norte es el engaño y hace a todos dudar de la existencia de Dios y de los santos seres de bondad que están todo el tiempo interviniendo para evitar todo tipo de accidentes y catástrofes que ellos provocan tratando de afectar, de la manera que sea, a los fieles hijos de Dios que le esperan ansiosos en la tierra para su rescate. Sobre esos es que concentran su atención tratando de dañarlos o engañarlos de la manera que sea. Si no fuera por la constante intervención de los seres buenos de luz que cuidan a los señalados por Dios para salvación, serían destruidos y barridos de la faz de la tierra. Aún así, algunos de los señalados, a veces sufren el impacto de la maldad de estos seres malignos porque descuidan sus acciones, se envuelven en actividades ilícitas mundanas, descuidan la comunión y la oración, y sobre todo, comen como come el mundo; por eso son víctimas de sus propias acciones. De esa manera, dan oportunidad a los malignos para intervenir en sus vidas y complicarlos con los negocios y cuidados de la vida, abriendo la puerta o atrayendo accidentes, y  enfermedades que están a la puerta. 

2. ¿Qué pueden hacer las personas que quieren salvarse de los ataques de estos seres malignos?

Primeramente, debemos conocer los requisitos que Dios ha dispuesto para salvar a su pueblo escogido: Todas las leyes de Dios están diseñadas para preservar la vida, la paz, la seguridad, y la salud de todas sus criaturas, por lo tanto, debemos conocer Sus Leyes y obedecerlas. El refrán popular que se ha propagado en el mundo cristiano, “que la gracia de Cristo nos salva con solo creer por fe”, es una de las verdades a medias que el rebelde ha creado sobre una verdad absoluta que ha sido degradada para engañar. A base de eso, es que han crecido muchas iglesias falsamente llamadas cristianas (ver Efesios 2:8 y 9). Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14: del 15 al 31) También señala: “El que dice que me ha conocido y no guarda mis mandamientos, el tal es un mentiroso y no hay verdad en Él” (1 de Juan 2:4, Juan 14: 9). 

En el blog, hay un tema que revela las tres grandes doctrinas de error que han sido introducidas en el evangelio por la iglesia cristiana, según la parábola de Mateo 13. Esas tres doctrinas, han sido enseñadas en las Iglesia por siglos, como parte del evangelio, para engañar a los fieles señalados para salvación y que se pierdan, creyendo errores introducidos con el fin de desviar la mente de la verdad. Se les facilita la salvación al extremo, que se pierden. Desde los tiempos de Martín Lutero, el reformador, hasta el día de hoy, esas mentiras disfrazadas de verdades, han persistido en la Iglesia cristiana y son las responsables del estado de tibieza espiritual que atraviesa el cristianismo, y de la pérdida total del don de sanidad que caracterizó a la Iglesia en los primeros siglos de la historia. Sabemos que ese don ya no existe en el seno de esta. Actualmente, los enfermos en vez de ser curados por la mano divina, en la iglesia, son enviados a los hospitales, donde los inducen en el uso de drogas y los desvían del verdadero don de sanidad. 

El éxito de los malignos ha sido engrandecido por el misterio de iniquidad que ha extendido su control absoluto sobre la vida y la salud de todo el mundo. Hay cristianos, que no bien salen de los médicos, vuelven al hospital y nuevamente al médico y así sucesivamente pasan toda su vida.  Descuidan su alimentación, comen opíparamente, no se cuidan de las grasas, de las harinas, ni del azúcar, ni de las carnes que tanto daño hacen al cuerpo humano. Esas personas con su comportamiento y estilo de vida complacen al maligno, al verlos sufrir enfermedades que requieren cirugías, trasplantes de órganos, tratamientos constantes, transfusiones de sangre y uso de drogas tóxicas para toda la vida, una vez se logra esa dependencia, los dejan vivir por un tiempo, alegando que la medicina hizo un milagro con ellos, y luego los dejan a su suerte para que mueran agradecidos y complacidos en que se hizo todo lo que estuvo en sus manos por medio de sus tratamientos e intervenciones. 

Todas las drogas químicas, las transfusiones de sangre, los trasplantes y tratamientos clínicos, así como las anestesias, y las vacunas que reciben durante su vida, les llaman “regalo de vida”. ¡Qué irónico! Esas químicas poderosas y extrañas al cuerpo humano alteran el ADN original y transforman el genoma a tal grado, que van perdiendo la identidad divina con la que nacen, y se vuelven desconocidos para Dios y para los registros celestiales. La Biblia los clasifica como “nubes sin agua” “llevados de acá para allá por los vientos; árboles sin fruto, dos veces muertos y desarraigados”(Judas 12,13). Para fines de salvación, están muertos dos veces y no existen para Dios porque su genoma no coincide con su registro celestial. Son desconocidos en el cielo, aunque estén vivos temporeramente en la Tierra; hablan, algunos caminan y comen. Muchos de ellos fueron cristianos prácticos, que estuvieron en vías de salvación, pero para todos los fines, están muertos dos veces porque su vida está dependiendo de las drogas que continúan usando; pierden su identidad divina y la salvación eterna. Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios”. (1 de Corintios 6: 19 al 20). “Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son su templo” (1 Corintios 3:17).

La ley de causa y efecto es una ley que nadie puede burlar y salir airoso. La ley natural es como la salida y puesta del Sol que se cumple cada día en cada criatura. A través de todo el texto bíblico, se encuentran las leyes de vida y las leyes de muerte. Son para todos, y nadie las puede ignorar sin sufrir las consecuencias naturales de su violación: “No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra” (Gálatas 6:7). Es ley divina para todos los moradores de la tierra. Dios no puede ser burlado, ni sus leyes ignoradas sin sufrir las consecuencias naturales de la desobediencia. 

Tan pronto alguien se descuida de sus responsabilidades con Dios, con su cuerpo, con su mente, o tiene enemistad con su prójimo, los seres malignos aprovechan para inducirlos a error. Crean enfermedades, accidentes y calamidades, en todos aquellos que resulten víctimas de sus propias decisiones. El más mínimo error, es usado en nuestra contra, y acarrea situaciones difíciles de resolver en nuestra vida. No es Dios quién castiga la maldad, es una ley natural de causa y efecto que está vigente siempre. Eso no se enseña en la iglesia cristiana, todo lo contrario, se ha propagado la falsa enseñanza de que Cristo sana y salva, que no importa lo que usted haga, si lo hace con fe, es recompensado divinamente.

Los enemigos de Dios son enemigos suyos cuando usted vive en su ley y su justicia. Estos aprovechan toda oportunidad que usted les dé para crearle dificultades, problemas y enfermedades. Así lo envuelven en la dinámica negativa de las drogas, de los medicamentos y de los hospitales. Cuidar el templo de Dios que es su cuerpo, lo librará de la influencia de estos seres de maldad que aprovechan toda oportunidad de debilidad suya, para meterlo en problemas de todo tipo, y las enfermedades son su arma preferida, porque lo afectan de por vida.  Por esa razón, tenemos que reconocer y aprender a identificar a los seres de luz que nos cuidan y nos libran de los malignos que tienen la encomienda de enfermar y destruir, de engañar y de confundir la verdad con la mentira. ¿Como los podremos vencer? Muy fácil: Viviendo y actuando en conformidad con las leyes divinas de vida y salud, los mantenemos alejados y no les damos oportunidad de hacernos daño, ni de caer en ninguna de sus trampas maliciosas. La verdad nos libera y la fe nos eleva y nos revela cuando estamos siendo tentados por los malignos. “Porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36). “Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales…” (Efesios 6:10 al 18), (Lucas 12:3 al 7), (Lucas 4:10 al 11). 

3. ¿Por qué la Iglesia Cristiana no habla de estas cosas a sus feligreses? 

Porque nadie puede hablar de lo que no entiende, y la iglesia cristiana ha perdido el rumbo de la salvación desde que cambió los mandamientos de Dios por mandamientos humanos y tradiciones de hombres. Tan pronto esto ocurrió, la presencia Divina comenzó a separarse y a retirarse de la Iglesia, ésta perdió el poder para convertir del pecado, para sanar toda enfermedad, y para levantar de los muertos. Para eso necesita aceptar el llamado que el Ángel le hace a las siete iglesias del último tiempo, antes de la venida del Señor. ( Ver Apocalipsis, capitulos 1 y 2) “Mensaje a las siete Iglesias”. (Leer en este blog: La Llave de David I, II, III, IV y V).

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