El Santuario de Dios – Parte I

Por: Dr. Norman González Chacón

Un santuario, (del latín sanctuarium) es un templo en el que se venera a Dios. Literalmente significa, según la biblia, la Casa del Señor.

Aunque modernamente el término Santuario también se utiliza para identificar áreas o zonas naturales que contienen cierta riqueza de flora y fauna, así como la presencia de especies o subespecies en peligro de extinción que deben ser protegidas para su preservación.  Se denominan “santuarios naturales”.

Nota: Toda comunicación de Dios con el hombre tiene un valor que se multiplica por el tiempo y el espacio, literal, simbólico, espiritual y profético.

Por ser un tema muy amplio y con un gran significado histórico, espiritual y profético, lo divideremos en varias partes. Para su mejor comprensión, algunos conceptos se repetirán en una u otra parte debido a que se relacionan a sus funciones históricas , simbólicas o proféticas.

No podemos pretender abarcar un tema tan  amplio en un solo escrito, debido a que las riquezas interpretativas del mismo, son tan grandes y significativas que podemos compararlas a una gran parábola que debe interpretarse como tal: “Los entendidos entenderán”, y al entender, tendrán la certeza de su aceptación y pertenencia al plan de Dios para su pueblo. Por esas razones, nos atrevemos a entrar por esa “puerta” y auscultar y tratar de descubrir su gran riqueza espiritual.

A Moisés le tomó seis capítulos del libro de  Éxodo y todos los 27 capítulos del libro de Levítico para narrar en síntesis las instrucciones divinas respecto al santuario, sus funciones y sus leyes. De ese material, los judíos sacaron el gran libro de la Torah y su guía del Midrash que abarcan todo el pentatéuco. Por tanto es imposible, que en un solo escrito, tratemos de exponer toda la maravillosa y rica información que podemos obtener de esa divina fuente de sabiduría.  

En éste escrito, comenzaremos el estudio del santuario o templo que Dios le indicó a Moisés que construyera bajo planes específicos que le fueron mostrados y donde cada pieza del mismo tenía un propósito y un significado. Esta pieza, de cualidades únicas, desarmable y transportable en el viaje de Egipto a Canaan por el pueblo de Israel, fue una obra de sorprendente estructura, de belleza incomparable y de funcionalidad perfecta. Un edificio de cualidades únicas, que se podía desarmar y transportar a través del viaje de Israel a la tierra prometida.  Era una estructura sencilla, una carpa desmontable, pero de un diseño divino único en sus colores, materiales y muebles.

Sólo había que mirarlo por fuera, o por dentro para convencerse o descubrir que la obra había sido diseñada por Dios para varios propósitos.

  1. Éxodo 26: 1-21 y Éxodo 25:8-40: “Y hacerme han un santurario, y Yo habitaré entre ellos. Conforma a todo lo que Yo te mostraré, el diseño del tabernáculo, y el deseño de todos sus vasos, así lo haréis”. Dios personalmente le indicó a Moisés cada medida, cada color, cada detalle y cada mueble, vasija, cortina y lámparas que había de fabricar, así como el material del cual debía hacerse cada pieza.

El santuario terrenal fue una estructura transicional para esta tierra, y prefiguraba al santuario celestial que es eterno. La iglesia cristiana ha ignorado la importancia de este templo portatil que Dios le pidió a Moisés que fabricara para Él acercarse a su pueblo y morar con ellos. Mientras más estudiemos su propósito  y el valor del mismo, más nos percataremos de su importante significado para el creyente.  Al perder el valor real, simbólico y profético, la iglesia cristiana pierde el propósito y el fin para el cual Dios se tomó el tiempo y el esfuerzo en comunicarle tal obra.

Primeramente, el modelo es una réplica pequeña del santuario celestial, donde Cristo ministra para su pueblo y para el universo. Hebreos 9:19, 10:19, Era una humilde casa para Dios habitar con su pueblo. “Habitaré entre ellos”.

Además de ser una obra de arquitectura divina, es una hechura humana de la voluntad de Dios para tener un lugar donde la divinidad pudiera morar con nosotros y comunicarse con la humanidad. Según vayamos analizando el significado simbólico de cada tabla, de cada objeto, de cada mueble, de cada vaso y de cada uno de los componentes de ese santuario, nos daremos cuenta de su importancia para los israelitas que peregrinaban hacia la tierra prometida, y para nosotros hoy que también andamos en ese camino. A diferencia de ellos, para nosostros, es de mayor significado cuando descubrimos el misterio oculto en el significado profético de las dimensiones generales y de las demensiones específicas de cada recinto y de toda la estructura dentro del límite cercado y de la cerca misma, sus tablas, sus postes y su puerta.

Todo apunta a un plan perfecto de diseño en el cual Cristo se manifiesta como el sumo sacerdote, como hombre, como el cordero del sacrificio, y como el redentor que culmina con el pecado, hace expiación del mismo y le impone el castigo a Satanás al fin de la ministración.  Todo ese ritual está predicho o profetizado en el santuario del desierto y en el Apocalipsis. No solo la ceremonia es el símbolo de lo que había de venir, sino el mapa de tiempo y de eventos que señalan cada uno de los acontecimientos en órden cronológico que nos llevarían a la santa presencia de la divinidad.  En el santuario están claramente definidas las tres grandes dispensaciones de tiempo que demarcan la historia de la tierra: La dispensación del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. 

 Agua, sangre y fuego son los tres elementos de purificación del santurario.  El agua era el primer elemento de purificación en el atrio exterior fuera del tabernáculo.  Significa que el diluvio no estaba originalmente planeado por Dios y que fue un acto de purificación necesario para depurar las impuresas que se añadieron como consecuencia del pecado de Adán y Eva y de los hijos de Caín.  El diluvio representado por la fuente de agua en el atrio exterior, tiene el propósito de lavar las partes del cordero sacrificado, y las manos y los pies del sacerdote oficiante antes de entrar al tabernáculo. El segundo elemento de purificación es la sangre. La sangre del cordero de Dios que quita el pecado del mundo. (véase nota 1) El tercer recinto, era donde estaba el arca del testimonio con las tablas de la ley, custodiado, a manera del celestial por dos querubines de oro. Representaban a Cristo y a Luzbell que eran los querubines que lo custodiaban en el cielo, antes de la creación de la tierra y de la rebelión de Luzbel. Allí se manifestaba la presencia divina (la santa Shekinah) cuando el sumo sacerdote, una vez al año, y habiendo cumplido con todos los requisitos, realizaba la expiación de los pecados de Israel. Si no cumplía con todos los requerimientos del ritual, no se producía la expiación y la Santa Shekinah, no consumía el sacrificio y el sacerdote moría.  Así de seria y solemne era la naturaleza del ritual y la importancia del mismo para Dios y su pueblo.

El recinto sagrado, el último paso del sacerdote en el camino ritual del santuario, era un cuadrado perfecto en las dimensiones: largo, ancho y alto, que por su naturaleza matemática cumplía con la fórmula perfecta de la energía, descubierta por el científico Albert Einstein,“E=MC2” , la poderosa energía divina se manifiesta cuando todos los elementos se encuentran en perfecto orden, por esa razón, el lugar santísismo tenía dimensiones matemáticas exactas.

El Creador, autor de las matemáticas utiliza la energía natural para alumbrar la tierra y dar vida a las plantas y a todos los seres creados. Su presencia divina se manifiesta desde el sol en todos los elementos naturales que sostienen la vida.

Como señalé, cada recinto del santuario representa una etapa de la historia del mundo. Cada división en el tiempo se denomina “dispensación”.  La iglesia cristiana en su teología divide la historia en 7 diferentes dispensaciones unas, y en 5 otras, pues tiene que explicar elementos de la teología que no guardan relación estrecha con la verdad divina. En realidad, son tres grandes dispensaciones: La del Padre que estuvo a cargo de la primera y que culminó con la purificación de la tierra en el diluvio, la del Hijo, que estuvo a cargo de Cristo y culminó con su muerte vicaria en la cruz y su gloriosa resurrección, y en términos futuros, la del Espíritu Santo que es la que correponde al tercer recinto del santuario donde se manifestará finalmente la purificación de la tierra con fuego.

Según Apocalipsis, bajará fuego del cielo y  consumirá toda la obra del enemigo. Las matemáticas de Dios son perfectas y tanto el tiempo como el espacio se unen en un mismo fin. Veamos esta realidad:

Se denomina la dispensación del Padre como la del agua porque la tierra fue purificada con agua.

Se denomina la dispensación del Hijo como la de sangre, porque la tierra fue purificada con sangre.

Se denomina la dispensación de fuego como la del Espíritu Santo que destruirá la tierra con fuego.

Agua, sangre y fuego, en esa misma secuencia son los 3 elementos de purificación en el santuario.

Podemos decir que en el santuario del desierto se prefigura la historia de la tierra en esas tres etapas y que la venida del sumo sacerdote al lugar santísimo simboliza la venida del Señor a su templo en el día de la expiación final.  Pero eso no es todo, hay una serie de pasos que el sumo sacerdote lleva a cabo en su camino hacia el lugar santísimo que proyectan los eventos a ocurrir entre las diferentes dispensaciones.

Algunos ya ocurrieron, otros están por ocurrir. Cada etapa debe ser seguida por los fieles hijos de Dios que por fe siguen los pasos del sumo sacerdote, Cristo, en su ritual para expiar el pecado.  Esos son los que “por fe siguen al Salvador por donde quiera que va”. 

Esto es solo un ejemplo de cómo el símbolo se empareja con la realidad y se establece el hecho histórico o profético.

En el capítulo 25 de Éxodo comienza la historia del santuario y cómo Dios instruyó a Moisés en cada detalle del mismo y de su construcción portable.

Todo tenía un propósito y un significado profético que debía guiar al pueblo de Dios hasta el fin del mundo.  Pero la iglesia cristiana, tomando el hecho de que en la muerte de Cristo en la cruz se terminaban los ciclos de sacrificios y muerte de animales para expiar los pecados, descartó todos los rituales y símbolos que iban más allá del ministerio y muerte de Cristo, el cordero. Veamos un ejemplo:  En el diseño del santuario, los tres recintos interiores, como señalamos, eran símbolos de las tres grandes dispensaciones.  El atrio exterior con la verja que lo rodeaba era el perímetro sagrado que separaba el campamento de Israel del lugar santísimo, donde únicamente podía entrar el sacerdote una vez al año, después de purificarse y estar seguro de que sus pecados personales hubieran sido perdonados.  De lo contrario, entrar sin la debida preparación, era una muerte segura para quien lo intentara. No podemos olvidar que era la casa de Dios que venía a morar con nosostros. Como podemos observar en las ilustración que incluimos del santuario, hay una distancia del doble del espacio del área que ocupa la carpa techada, del patio cercado.

Esa distancia es el doble porque cubre el tiempo desde la creación hasta Cristo, unos 4,000 años, luego viene el tabernáculo techado y a la parte de atrás otro patio, que no sabemos cuanto mide, pero que de acuerdo a las medidas generales del cerco o verja en relación a las otras medidas, no es mayor que el cuadrado del lugar santísismo. Este atrio según Apocalipsis fue dado a los gentiles. (Apocalipsis 11:2).

La importancia profética del atrio es de gran ayuda para entender las razones que tuvo Dios para apartar la distancia del lugar santísimo del extremo final del atrio. Al ver este detalle nos podemos percatar de la gran providencia divina del Creador para dar un lugar a todos los que por no ser judíos o israelitas, aceptarían por fe el sacrificio de Cristo en la cruz como cordero de Dios. En el simbolísmo del tiempo, este atrio representa el descanso milenario de la tierra que ha cumplido los seis mil años y entra en el reposo divino. Es la oportunidad que tienen los gentiles para cumplir con el descanso que no tuvieron la dicha de realizar a su tiempo.

Observando el plano del santurario del desierto, descubrimos muchas de las profecías de Apocalipsis, reveladas por más de 4,000 años antes en el santurario del desierto.  Por eso, al principio mencionaba que las matemáticas de tiempo y espacio de Dios son perfectas y que todo tiene un tiempo, lugar y un espacio, así como la razón de su existencia. A nosotros nos toca entender el mensaje oculto así como de entender una gran parábola que hay que descifrar. 

Este es un estudio que debe repasarse de año en año para ir descubriendo el cumplimiento de la profecía de los tiempos revelados al Apostol Juan en Apocalipsis y que surgen del santuario del desierto que es una copia del santuario celestial donde ahora mismo está Cristo ministrando por su pueblo de todas las épocas. La iglesia cristiana ha olvidado que para que se produjera la expiación, el pueblo tenía que estar en reposo, en ayuno, oración y constricción de espíritu, (Esperando que haya un pueblo postrado en actitud de ser perdonado). En los escritos apocalípticos publicados en éste mismo blog, titulados “La Llave de David” se hace un recuento  breve de los eventos que el profeta recibe en visión y que por la naturaleza de la época en que lo recibe, no puede detallar con mas precisión pero que a la luz del santuario se pueden descubrir para su debida aplicación en este tiempo..

Tiempo, lugar y espacio, son los elementos clave en el estudio del santuario del desierto.  Otro ejemplo es el de la víctima escogida para el sacrificio. Tenía que ser un cordero o un ave sin defecto ni mancha que lo marcara. Usted y yo, podemos ser ese cordero que ha de ser puesto en el altar del sacrificio como ofrenda perfecta por el pecador imperfecto.

Después del exámen que le hacía el sacerdote a cargo a la víctima del sacrificio, y lo aceptaba, el cordero era puesto en el altar del sacrificio que era el primer mueble que se encontraba depués de la puerta principal del atrio.  La descripción de este evento se da en el primer capítulo de Levítico (Levítico 1:1-8). Luego de sacríficada la víctima, el verso 9 indica la manera en que se lavaban las partes del sacrificio: “Y lavará con agua sus intestinos y sus piernas”. Nada sucio podía entrar al santuario y la limpieza que se realizaba del animal y sus partes era una labor minuciosa y de mucha importancia. Dios ordenó en específico la limpieza de las piernas y los intestinos debido a que los pies o piernas, así como los intestinos son áreas que mantienen sucio del camino y de las heces fecales que no podían contaminar el santuario.  Aquí hay una interesante lección que nos indica la razón y la procedencia del lavamiento de los pies que Jesús instituyó con sus discipulos (Lucas 13:1-10) aunque no se hizo limpieza de los intestinos debido a que su alimentación era sana y por eso Jesús le dijo a Pedro: “El que está limpio no necesita sino que le lave los pies, mas está todo limpio” (Juan 13:10). Esto dijo Jesús de sus discipulos a Pedro cuando lavó sus pies.

La limpieza de los pies y de los intestinos en el santuario es un importante ritual que requiere un estilo de vida diferente del cristiano, tanto en su alimentación como en los pensamientos y acciones de su vida diaria. Los escenios, judíos que vivían apartados en el desierto, tomando en cuenta la contaminación de los alimentos y el daño que ha hecho Satanás de los mismos, practicaban el lavamiento de los intestinos mediante lavativas de agua pura. Hoy día, muchos practican ésta limpieza por salubridad. Por la naturaleza del ritual, cuerpo, mente y alma deben ser limpiados y purificados antes de ofrecer su vida en el servicio y como ofrenda al Señor. La alimentación y la higiene de cada cristiano que ha de ser inmolado en el servicio a Dios, requiere de esa limpieza absoluta: “Nada sucio puede entrar al santuario”. Todo, las paredes, el piso, las cortinas, los utensilios, la ropa del sacerdote y su cuerpo, tenían que estar inmaculadamente limpios siempre. (Véase Ezequiel 8:16-17).  Allí el profeta ve a los sacerdotes inclinados al sol y con el trasero maloliente poniendo hedor en las narices de Dios. Esta profanación fue parte de la gran desobediencia de Israel y del abandono del templo y de sus rituales, así como de los mandamientos y ordenanzas que requerían una higiene personal absoluta. Hoy día, todos esos requisitos se han olvidado y no se tienen en cuenta para aplicarse, no como rituales, ya que fueron eliminados con la muerte del Cordero de Dios que ofreció su sangre una vez y para siempre en el calvario, sino como sacrificios personales que cada cristiano debe realizar en su cuerpo:

  • Abstenerse de bebidas embriagantes, del consumo de carnes y grasas de animales muertos o inmundos, de pensamientos egoístas, negocios de usura, prácticas impuras, y de toda apariencia de maldad. Cada Cristiano debe ser un humilde cordero dispuesto al sacrificio máximo en beneficio del prójimo y un sacrificio vivo de agradable olor a Dios.

Somos Sacerdotes de Nuestro Propio Santuario

Mientras más cerca del fin del mundo, mas estrictos son los requisitos de una vida pura y sin mancha. Ahora, nuestro cuerpo es el templo y es el santuario, nosotros somos el sumo sacerdote de nuestro propio santuario y tenemos que cuidarlo y mantenerlo limpio y aseado, de tal manera que nada de lo que comamos, hagamos y pensemos lo contamine o lo profane.  Nuestra cabeza y cerebro es el lugar santísimo donde se manifiesta la presencia divina todo el tiempo, nuestro cuerpo es el lugar santo donde se encuentran los panes sin levadura de la proposición y el aceite que hace arder las lámparas o candeleros de luz y vida.  Así también nuestras piernas son el atrio exterior que nos conducen al santo y al santísimo recinto de la salvación. Nada sucio debe entrar al santuario. Ya no es tiempo de comer la carne de animales muertos porque la muerte no debe entrar y contaminar nuestro santuario vivo(celular, genético y orgánico). Urgentemente tenemos que regresar a la alimentación del Edén y se nos está haciendo tarde para limpiar nuestros “intestinos y nuestras piernas” a fin de poder presentar un sacrificio vivo y agradable a Dios que es nuestro culto racional único (Romanos 12:1). Todo ese capítulo 12 de Romanos indica ese cambio en el estilo de vida y de alimentación del cristiano moderno. Es el sacrificio vivo y agradable que a Dios le agrada de cada criatura (Romanos 6:13).

Aunque el santuario del desierto ya no tiene hoy vigencia ceremonial para nosostros, los símbolos que de toda esa estructura con su ceremonial representan, son una rica fuente de imágenes y de información histórica y profética que se extiende más allá de la segunda venida de Cristo a la tierra. Cuando sumamos los años de las dispensaciones, nos percatamos que hay cuatro mil años del ceremonial de los sacrificios de sangre hasta la muerte de Cristo (4,000 años de la dispensación del Padre, 2,000 de la dispensación del Hijo que entregó al Espiritu Santo, y que solo espera por la entrada del sumo sacerdote del santurario celestial, Cristo, al lugar santísimo y veamos la presencia divina manifestarse en gloria. El santuario revela mil años más en el atrio posterior que están claramente mencionados en Apocalipsis 20 y que corresponden al descanso milenario de la tierra. Mil años que estaremos en la escuela con el Gran Maestro, aprendiendo cosas maravillosas que ojo no ha visto ni oído oyó.

La purificación del santuario es el símbolo de la purificación de la tierra. Esa limpieza convertirá en cenizas todo lo que el ser humano guiado por la mano de Satanás, ha construído sobre la tierra; todo el cemento, el hierro y los elementos serán pulverizados y desechos por el fuego consumidor. Toda yerba y toda planta que no sembró el Señor será desarraigada y quemada. No quedará ni raíz ni rama de la siembra de la mala semilla que arropa la tierra por todas partes (Mateo 15:13 y Hebreos 6:8).  El señor volverá a sembrar la tierra como lo hizo originalmente en el Edén de toda planta decorativa y novedosa.

Al terminar el período profético de los dos mil y trescientos (días – años) de Daniel (Daniel 8:14), Cristo, como sumo sacerdote del santuario celestial entra al lugar santísimo para hacer la expiación final. Este acto ha demorado porque para llevar a cabo la solemne ceremonia, debe estar el pueblo de Israel en total constricción de corazónes, en solemne meditación, en ayuno y oración, penitencia y arrepentimiento, en absoluto reposo, en humillación y actitud de ser perdonado.  Pero no ha habido un reposo de esa naturaleza en la iglesia cristiana y Cristo no ha podido llevar a cabo esa solemne ceremonia que cierra la ministración y lleva a cabo la expiación final de los pecados de Israel.  Cada año que pasa, hay menos consagración, la iglesia está envuelta en actividades de todo tipo, recaudación de fondos, viajes a lugares históricos, campañas evangelísticas, repartiendo tratados, vendiendo y comprando, construyendo y decorando templos, festejando cumpleaños y fiestas mundanas, y muchas otras actividades que nada tienen que ver con la solemnidad requerida para que unánimes puedan postrarse en actitud de perdón a fin de que el sumo sacerdote  pueda terminar el proceso expiatorio y se puedan celebrar las bodas del cordero, que unen la humanidad con la divinidad.

Las Tres Grandes Fiestas (Éxodo 23:14)

Las tres grandes fiestas solemnes que se convierten en siete festividades anuales, deben ser las únicas celebraciones del pueblo de Dios. Está claro, que la iglesia ha perdido el camino del santuario y no entiende que los acontecimientos mundiales, los cambios climatológicos, las enfermedades y pandemias, las amenazas de guerra, los terremotos, huracanes y calamidades de todo tipo que están ocurriendo en todo el mundo, indican que es tiempo de que haya un pueblo en reposo y humillación, esperando y cumpliendo con los requisitos del gran día de la expiación, para que Cristo termine su labor en el santuraio y pueda venir a buscar a su pueblo.  Si hubiera un pueblo preparado, el proceso de expiación le toma al Señor sólo unos minutos.  Todos los cristianos anhelan y esperan la venida del Señor, pero no han asumido la actitud requerida para ese gran acontecimiento.  No han preparado su equipaje espiritual para ese viaje.  No han hecho la preparación requerida, ni han asumido la actitud indicada para ese gran acontecimiento.  Están endeudados con el mundo, amarrados a sus poseciones, embriagados con los cuidados de éste siglo, comprometidos con sus obligaciones financieras, comprando y vendiendo, etc., cuando la solemnidad de la expiación requiere que estén en reposo, humillación, constricción y actitud de recibir perdón absolutorio de ese gran día.

Las tres grandes fiestas del pueblo de Israel eran de un carácter sagrado y solemne. Tenían como propósito, mantener al pueblo unido en actividades que conmemoraban la salida de Egipto, su paso por el desierto y la llegada o entrada a Canaan, la tierra prometida.  El propósito de Dios para instituir éstas solemnidades era para mantener al pueblo con la vista en el futuro prometido y que no se desviaran de su propósito y de su destino.  Cada una de estas fiestas solemnes requería de un esfuerzo y preparación diferente y muy significativo que les recordaba el motivo de su peregrinación.  Eran y son tres grandes fiestas con sus intermedios que suman siete fiestas al año: Pascua, pentecostés y tabernáculos o cabañas.  El pueblo de Israel debe celebrar hoy, las tres fiestas solemnes para entender su significado y mantener al pueblo en solemnidad creciente hasta el grán día de la expiación, para que Cristo, en el santuario del cielo haga la  expiación final y salga a buscar al pueblo que le espera.

La Pascua

Las tres grandes fiestas anuales del pueblo de Israel y sus cuatro fiestas aleatorias que le siguen, son suficiente actividad para mantener al pueblo de Dios ocupado y proyectando interés en el regreso de Cristo a buscar a su pueblo.  Cada una de estas fiestas tiene un significado y propósito diferente, mas allá de una simple celebración.

1. La primera fiesta del año, la pascua, se celebra el primer mes del año judío que es Nisán o Abib, para la fecha de mediados de marzo a mediados de abril de nuestro calendario actual.  Se escoge el día primero de mes por la salida de la luna nueva.  El día 10 del mes se elige el cordero pascual (Éxodo 2:3) y el día 14 en la tarde se sacrifica el cordero y lo comen en la tarde después de la puesta de sol que ya es el día 15 (Éxodo 12:6-8).  Ese mismo día 15, comienza la semana de los panes sin levadura (Éxodo 23:15, Levítico 23:6-8). El día 16 es el día de ofrecer las primicias de todo fruto y trabajo recogido.  Para ello se ofrece una gavilla mecida.  Es la época de recoger la cosecha de cebada y de lino (Levítico 2:11-16 y 23:10-14). El día 21 es el último día de los panes sin levadura (Levítico 23:4) y el comienzo de la época seca.

Esta es la primera festividad de las tres grandes fiestas del año que culmina con la recolección de las cosechas. Lo único que ya no es válido de todo ese ritual, es la muerte del cordero pascual porque Cristo se hizo Él, el cordero de una vez y para siempre.  No obstante, todo el resto del ritual festivo se debe celebrar en la iglesia cristiana porque conmemora la salida del pueblo de Israel de Egipto que equivale a la salida del pueblo de Dios del tiempo del fin, del mundo a la tierra prometida.  Las cosechas son el símbolo de nuestro trabajo y esfuerzo personal para obtener lo necesario para subsistir y el agradecimiento a Dios por permitirlo.  La muerte del cordero es nuestra muerte al mundo y lo que ésta significa para cada creyente.

2. Iyar es el segundo mes, se celebraba una segunda pascua para darle oportunidad a los que no pudieran celebrar la primera porque estaban impuros o no llegaron a tiempo.  Comenzaba el día primero del segundo mes (entre abril o mayo) y se celebraba el día 14 (Numeros 9:10-11). Para esa fecha, ya el trigo maduraba en los lugares bajos y comenzaba el verano.

3. Siván es el tercer mes que cae entre mayo y junio y comienza con la luna nueva. Se celebra el pentecostés o fiesta de las semanas.  Ese primer día se ofrecía el pan de la nueva cosecha de trigo que se recogía nuevo.  Se consideraba sábado, aunque no cayera ese día semanal, pues era día de descanso, de fiesta y celebración.  Corresponde al día cincuenta comenzando a contar a partir del día 16 de Nisán (Levítico 23:15-21). 

La celebración de la fiesta de pentecostés o fiesta de las siete semanas que termina con el sábado ceremonial, es el símbolo que debemos recordar de la cosecha de almas que el Señor espera recoger en su día de nuestro trabajo y testimonio personal.

4. Otra celebración menos importante pero muy significativa porque se menciona en el Apocalipsis, es la cosecha de trigo, un mes más tarde, Tammuz el cuarto mes, entre junio y julio, con la aparición y cosecha de los primeros racimos de uva.  También está marcado en el calendario por la aparición de la luna nueva.  

5. Av es el quinto mes que cubre los meses de julio a agosto, y lo marca la luna nueva de mediados de julio, era otra celebración por la aparición de las primeras aceitunas (olivas maduras) en los llanos.  Esto también era motivo de otra fiesta sagrada pues éstas representan la llegada del Espíritu Santo.

6. Elul es el sexto mes que cubre de mediados de agosto a mediados de septiembre y el primer día es marcado por la luna nueva de agosto.  Se celebra la cosecha de  los dátiles, higos y la vendimia de estos. Representa el alimento que Dios pone en la mesa de cada creyente cada día.

7. Tishri es el séptimo mes que comienza a mediados de septiembre y se extiende hasta mediados de octubre.  El primer día, es justamente el primer día del año judío y es un sábado ceremonial en el que se anuncia la llegada de un nuevo año.  Ese es el grán día de las trompetas que anuncian el Rosh Hashanah o año nuevo (Levítico 23:24-25).  Lo marca la salida de la luna nueva de septiembre y las trompetas anuncian el gran día de la expiación o Yom Kippur (Levítico 16 y 23:27-32), que ocurre a los 10 días del mes que aunque caiga un día de semana se considera un sábado para fines ceremoniales.  Durante ese mes se llevan a cabo las más importantes ceremonias del santuario: El día primero el toque de trompetas, el día 10 el gran día de la expiación, del día 15-21 la fiesta de los tabernáculos o cabañas, el fin de la cosecha (Levitico 23:34-43) y el día de 22, la santa convocación o asamblea más solemne del año.  Vida nueva para todo Israel. Libres de culpas y pecados, comenzaban una nueva vida.

Esta santa convocación es símbolo de la liberación del pueblo de Dios, que después de que el sumo sacerdote haber hecho la expiación final y poner los pecados del pueblo sobre Azazel (Satanás),  termina su ministración en el lugar santísismo y sale triunfante para anunciar la liberación y salvación de Israel. 

Nos debemos preguntar: ¿Si para ese evento magno y liberador, el pueblo de Dios en la tierra está postrado, humillado, en acción de perdón y en ayuno y oración, siguiendo los últimos pasos de Jesús en el santuario del cielo para llevar a cablo la obra final de expiación?

¿Cómo vamos a lograr que un colectivo tan grande como la iglesia cristiana, se encuentre en algún momento, unánimes en una actitud como la señalada?

La respuesta es sencilla: ¡Imposible! La iglesia como cuerpo orgánico no tiene la dirección humana ni la capacidad global para llevar a cabo una labor de constricción de la unanimidad que ocurría en el pueblo de Israel debido a que no se ha acostumbrado a celebrar las asambleas de expiación dentro de las tres fiestas sagradas. El Señor se tiene que limitar a un pueblo individual esparcido por el mundo, que entienda las señales de los tiempos y esté en preparación constante. O sea, que como la misma iglesia ha señalado: “La salvación es individual”. Si es inidividual, por lógica no puede ser colectiva. En Daniel 12:1-10, aclara que el pueblo de Dios, para ese tiempo del fin estará esparcido, limpiándose, enblanqueciéndose y purificándose.  Durante esa etapa los entendidos, entenderán, pero los impíos no entenderán.

Es justamente lo que se suponía que la iglesia cristiana  estuviera haciendo en la preparación para ese solemne día, ya que no es tiempo de estar haciendo campañas de proselitismo para crecer como entidad. Es el momento de realizar la preparación del gran día de la expiación.  Pero es imposible hacer postrar una iglesia que no conoce la historia ni ha practicado la humillación, la limpieza, ni el ayuno y la oración del gran día de la expiación. Una iglesia que no ha sentido el dolor del arrepentimiento ni la carga del pecado durante el último año de la expiación. Esta condición, que en el Apocalipsis se describe como la iglesia de Laodicea, que es la  iglesia de este tiempo final, recibe un llamado urgente del ángel mensajero y de Jesucristo para que se arrepienta (Apocalipsis 3:19-20) y oiga la voz del Señor que la llama de forma urgente, antes que se cierre la puerta de la oportunidad.

Todos esperan que el Señor venga pronto a buscarlos, pero no han hecho los preparativos necesarios para ese viaje.  En Levitico 23 se describen detalladamente las convocaciones o solemnidades de Jehová requeridas durante el año para culminar en la expiación o limpieza y eliminación el pecado de cada creyente.  Por ser parte del antiguo testamento, la iglesia dirigida por la recomendación de los teólogos, invalidó todo ese ritual que representa al sacerdocio de Cristo, primeramente como cordero del holocausto aquí en la tierra, y mas tarde como sacerdote del santuario celestial.  La teología cristiana se colgó en la escuela del Señor y descartó el camino del santuario tratando de hacer fácil el proceso salvífico de todo tipo de gente.  Es muy lamentable que la iglesia cristiana desconoce la intención de este ritual que es la clave para la preparación para ese gran día de la expiación (Levitico 23:21).

Señala claramente ese texto que esa santa convocación se hará como “estatuto perpetuo en todas vuestras habitaciones por vuestras edades” (verso 21). Señala el texto que donde quiera que habitare el pueblo de Dios, celebrará esa santa convocación perpetuamente por las edades.  No existe pasaje bíblico que indique lo contrario, y el propio Jesús de su boca le dijo a sus discípulos: “No he venido a abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar…, sino a cumplir.  Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de  la ley, hasta que todas las cosas sean hechas” (Mateo 5:17-19). Cumplir con la ley no es abrogarla.  Eso es lo que han hecho los teólogos “cristianos” y los resultados han sido desastrozos para la humanidad que ha creído esta terrible patraña satánica (La salvación universal) que hará que millones de personas, aptas para salvarse se pierdan.  Estando Jesús con sus discipulos les dijo: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos… (Mateo 7:21-23). La importancia de recordar las fiestas sagradas del pueblo de Israel es para que sigamos a nuestro sumo sacerdote del santuario celestial en su camino a la expiación de todo pecado del pueblo.  Este acto, culmina la ministración de Cristo que pone los pecados de Israel sobre el chivo expiatorio (Azazel – Satanás) y lo saca de circulación del campamento para que el pueblo respire santidad y seamos salvos.

Los judíos cristianos mesiánicos que celebran las fiestas anuales, guardan los mandamientos de la ley, descansan el sábado y mantienen vivo el ritual de las fiestas solemnes para mantenerse a tiempo en la preparación personal, han entendido que Cristo no vino a abrogar o a quitar las leyes eternas dadas a Moisés en el Monte Sinaí.  Pero los cristianos salidos de las enseñanzas de Martín Lutero no lo entienden.  Aceptar a Cristo no es rechazar su ley que es eterna. Al contrario, en Mateo 5:20 vemos que cualquiera que abrogue o invalide un solo mandamiento, “muy pequeño será llamado en el reino de los cielos”. Leamos todo el sermón de este capítulo 5 de Mateo para que veamos la gran importancia y el alcance de la ley para el creyente.  Ese capítulo termina con un llamado a la perfección (verso 48).

Jesús celebró las fiestas judías y condenó las actitudes farisáicas que hacían de la ley una carga pesada y dificil de llevar.  Siempre tuvo presente las palabras de reconociminento de Juan el Bautista que señaló: “He aquí al cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Nunca perdió de perspectiva su propósito y misión de venir al mundo.  Cada acto de su corto ministerio, tenía un propósito profético muy serio y significativo.  Él fue el cordero del holocausto.  La iglesia cristiana no entiende la diferencia entre holocausto y expiación.

Su sacrificio en la cruz, solo terminó con la tradición y ritual de matar animales y derramar sangre por el pecado.  Allí comenzó su ministerio encaminado a llevar a cabo con su sangre, la expiación final de los pecados del pueblo.

Este es un asunto muy serio que no se tiene en cuenta en la teología cristiana.  “Quién no conoce la historia, está en riesgo de repetir los errores del pasado”.

La razón por la cual el Señor le da el mensaje a las iglesias de Apocalipsis, es porque las iglesias perdieron el rumbo de sus obligaciones y se corrompieron.  El Apocalipsis es el mensaje del santuario enfatizando lo que las iglesias perdieron y lo que deben hacer para recuperarse (véase Apocalipsis capítulos 2 y 3).

Podemos, con la nueva evidencia presentada en el artículo de este blog “La Llave de David”, decir que el santuario del desierto, con sus medidas, su estructura, sus muebles y sus rituales, es una parábola que contiene grandes lecciones para el pueblo de Israel moderno.  La evidencia cronológica nos indica que el libro de Apocalipsis es dado al apostol Juan a raíz de la entrada de Cristo al santuario celestial y es evidencia de su primer trabajo de redención en ese lugar, habiendo visto que después de su ascención, la iglesia cristiana se apartó del camino trazado con su sangre.  Cada medida o instrucción que el Señor le da a Moisés tiene un significado histórico y profético. Veamos:

  1. El arca del testimonio: sus medidas y su diseño.
  2. Los dos querubines sobre el arca.
  3. La mesa de los panes.
  4. El candelero de oro.
  5. El tabernáculo: las diez cortinas de veintiocho codos de largo y cuatro de ancho.
  6. Cinco cortinas unidas y otras cinco unidas también.
  7. Cincuenta lazadas en cada cortina contrapuestas con las otras.
  8. Cincuenta corchetes de oro para amarrar las cortinas.
  9. Once cortinas para la cubierta.
  10. Cincuenta lazadas.
  11. Veinte tablas de diez codos de dos veces.
  12. Cuarenta basas de plata.
  13. Seis tablas.
  14. Los números del santuario que se repiten son: 2-3-4-5-6-10-20-24-30-40-50-100.

Estos son los números del santuario que se repiten y son parte de la matemática arquitectural de Dios para el hombre.  Cada número tiene un siginicado literal y otro profético.  El literal se aplicaba a las medidas del santuario y al pueblo de Israel en su peregrinaje.  Ahí vemos los cuarenta años que le tomó al pueblo de Israel llegar a la tierra prometida, los cincuenta años del jubileo y el pentecostés, los diez mandamientos, etc., etc.  En el próximo escrito detallaré cada uno de los números de la matemática divina representada en las medidas del santuario del desierto y su significado en tiempo, en espacio, en lugar y en ocurrencia.

Lo más interesante e importante para el pueblo de Dios, el Israel de los últimos días es su cumplimiento en los acontecimientos que marcan la segunda venida de Cristo y por consiguiente, la liberación, nuestra del dominio y control de Satanás.  Este acontecimiento que se detalla en el Apocalipsis y que discutimos brevemente en el artículo de este blog “La Llave de David” estaba delineado proféticamente desde que Jehová le dió a Moisés las medidas del santuario y su plano arquitectónico.  ¡Qué dificil ha sido para la iglesia cristiana que se supone espere la venida del Señor a la tierra por segunda vez a busar a su pueblo, no conocer las señales de los tiempos establecidos en símbolos, en parábolas, en ilustraciones y hechos históricos, en sombras y en medidas matemáticas exactas!  Todo está revelado en las profecías y la entidad, llámese iglesia, que debe saberlo no conoce las señales, ni ha visto su estrella en el oriente.  Así como los reyes de oriente conocían la señal, la vieron y salieron al encuentro del Salvador,  los sacerdotes de Israel, los teólogos de su tiempo, desconocían, tanto las señales como los tiempos en que habría de nacer el Cristo.

Cuando el rey Herodes mandó a llamar a los sacerdotes del templo de Jerusalem para inquirir sobre el nacimiento del salvador, ellos desconocían que el tiempo se cumplía porque estaban en los negocios de la iglesia y en las actividades seculares y habían descuidado lo más importante de su existencia.

Así pasa en nuestros días y si usted le pregunta a los sacerdotes, y ministros del pastorado moderno, tampoco saben interpretar las matemáticas de Dios que de  forma exacta definen el cumplimiento profético que señala su próxima venida. A esa pregunta le contestan: “El día y la hora nadie lo sabe”.  En la viña del Señor, el que no siembra desparrama.  La siembra, en los tiempos de Israel tenía que ir marcada por la luna.  La luna representa a la iglesia que debe enfrentarse sola al gigante porque los ejércitos de Israel tienen miedo.

Esa es la triste realidad de la iglesia cristiana que ha perdido la fuerza y el poder de curar a los enfermos, de predicar un evangelio poderoso que convierta las almas de un solo mensaje, de una sola palabra, de un solo clamor, de un solo acto de fe.  Que abra los ojos de los ciegos de nacimiento mediante la aplicación efectiva de los elementos de la tierra con la saliva divina de su boca.  En su impotencia e incapacidad de curarlos, se los refiere a los médicos y a los hospitales que los encaminan en el sendero de las drogas químicas que los enajenan de la realidad y los convierten en adictos a ese mundo de drogas tóxicas.

Con la toxicidad de los medicamentos envenenan la sangre, contaminan el santuario personal y debilitan el cerebro y la voluntad.  De esa manera, deshonran al Creador impidiendo que la santa Shekinah o presencia divina se manifieste en sus vidas.

Es que la presencia divina no se puede manifestar en un santuario contaminado. Una parte importantísima del sagrado recinto era la pulcritud y la limpieza absoluta de cada cosa que había en ese tabernáculo, así como del sacerdote, su ropa, el ephod y la mitra que leía en su frente: “Santidad a Jehová”.

Desaparecido el santuario o tabernáculo del desierto, cada cristiano se convierte en un santuario de Dios y en su propio sacerdote de ese lugar santo.  Para que la presencia divina se manifieste, tanto el cuerpo físico, como la mente y sus vestiduras, deben estar inmaculadamente limpias para que al recibir la santa shekinah no muera. ¡Cuántos han muerto de enfermedades mundanas que no se supone ataquen a los cristianos!  Ningún cristiano en santidad debe morir de enfermedades circulatorias, del corazón ni de cáncer.  Esas plagas son al igual que las pandemias, para los inconversos que no mantienen su santuario limpio.  Existen serias dudas en cuanto a si un cristiano, intoxicado con drogas pueda salvarse.  Según el ritual del santuario y su significado ritual para este tiempo, la contaminación del santuario o del sacerdote implican muerte inminente así como ocurrió con los hijos de Aarón cuando quisieron cambiar las reglas del santuario con fuego extraño (Deuteronomio 14:21-29; Daniel 12:9-10). Toda droga, legal o ilícita produce daño orgánico al cuerpo, al genoma y al cerebro.  Por esa razón el santuario debe ser purificado, limpiado y emblanquecido. “Los entendidos entenderán”(Mateo 13:11-13).

La obra del enemigo de las almas es confundir al creyente con las tres doctrinas de error, o con una de ellas, cualquiera que sea que pueda accesar la mente del creyente.  El asunto del santuario y su purificación, establece elementos clave en la vida del cristiano y hace dificil comprender la limpieza y purificación del santuario cuando todos están oyendo continuamente que “la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado”.  Eso es cierto, no es falso, pero se usa de forma equivocada y una verdad desviada se convierte en una mentira disfrazada. Por esa razón, debemos entender el mensaje oculto en los símbolos para los entendidos que entenderán la diferencia y descubrirán el error donde quiera que éste se encuentre.

En el caso que discutimos, si entendemos correctamente el mensaje, debemos comprender que aunque Cristo estaba limpio de pecado, se hizo bautizar por Juan el Bautista, como ejemplo y confirmación del nuevo ritual que sería instituido en sustitución de los rituales de sangre que terminarían cuando el cordero de Dios muriera en holocausto.

En la purificación del santuario se usaban los tres elementos de purificación: agua, sangre y fuego.  El agua y la sangre era provista por el sumo sacerdote y el fuego lo proveía Jehová para la aprobación final o bautismo del Espiritu Santo.  Nuestro sumo sacerdote del santuario celestial puso la sangre de su sacrificio, nosotros ponemos el agua de nuestra limpieza, y el Espíritu Santo nos envía su fuego abrazador.  Nada ha cambiado sino la víctima.  El apostol Pablo dijo muy acertadamente:  “Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo venga a ser reprobado” (1 Corintios 9:27).

Jesús dijo: “Sed vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).  No es cosa fácil vivir en perfección en un mundo de malvados.  El mismo Jesús que dijo esas palabras, pudo haber dicho: “Sean perfectos como Yo”, pero puso de ejemplo al Padre, por razones obvias.

La perfección es un proceso purificador del santuario que toma toda la vida en alcanzarse.  Muchos no lo alcanzarán, pero la muerte los debe sorprender tratando de alcanzar la perfección que se nos pide como norma de vida. Esa perfección nunca la alcanzaremos, pero  en la medida que purifiquemos nuestro santuario, seremos lavados, purificados y emblanquecidos (Daniel 12:10).

“Los entendidos entenderán” y sabrán el grado de perfección que van alcanzando a medida que crecen en Cristo y avanzan en la purificación de su santuario personal.  Es una labor que solo termina cuando el Señor venga o nos ponga a descanzar.

El Santuario, Los Muebles y Utensilios – Éxodo 25

Lo primero que ordenó Dios a Moisés construir fue el arca de diseño rectangular, de dos y medio codos de largo, un coco y medio de ancho y un codo y medio de alto.  Las instrucciones que fueron dadas incluían cada detalle: El tipo de madera, el doble enchapado de oro, las varas a los lados, la corona y los querubines que están sobre la cubierta.

La madera de Sittim o acacia es una madera fuerte, resistente y liviana. Tiene la característica de que no se expande con el contacto del agua ni se encoje cuando seca. Por esa razón servía para ser enchapada en oro sin que se resquebraje o se agriete el enchapado.  Los querubines tenían que ser de oro puro labrados a martillo.

Todas estas instrucciones las dio el Señor a Moisés y cada una tenía el propósito intrínseco de enseñar una lección a los hijos de Israel y a futuras generaciones.  Es importante señalar que el santuario del desierto, es una copia pequeña del santuario celestial.  Esta magnífica obra que se encuentra en un lugar del cielo donde la presencia divina está siempre alumbrando, calentando y dándole vida a la tierra, sirvió de modelo al pequeño santuario del desierto, que con todo y el oro y las piedras preciosas que se donaron para su construcción, es una obra terrenal incomparable a la celestial pero con el mismo diseño funcional: Un atrio con un altar, una fuente y una puerta que da al pueblo y otra interior que da al tabernáculo bajo la cubierta.

En el interior, un pasillo cintral y al lado derecho una mesa de acacia enchapada en oro con una cornisa de oro puro en la circunsferencia de su tope para sobre ella poner los panes de la proposición que debián estar de continuo siempre frescos y comestibles.  Este mueble estaba colocado en la derecha en el centro del espacio.  A la izquierda del pasillo central, un candelero de oro puro, labrado a martillo de tres brazos a cada lado y uno en el centro.  Los siete llevan candiles en se extremo superior.  Su ubicación era al centro del espacio de la izquierda o al sur. Los candiles se alimentaban de aceite puro de olivas que al arder, impregnaban el ambiente del suave olor.

Antes de continuar describiendo la ubicación de cada mueble y su propósito, es importante señalar que cada mueble representa una etapa histórica y una profética de la historia de esta tierra.

Que el atrio interior dentro de la verja exterior es el espacio que hay entre el campamento del pueblo de Israel y el tabernáculo, es un área específica dejada en la profecía a los gentiles que han de ser salvos sin haber sido israelitas, pero que aceptan a Cristo como salvador.  Ese atrio representa el ministerio terrenal de Cristo que abarca las tres grandes dispensaciones (Apocalipsis 11:2).

El altar de los holocaustos es el primer mueble que se encuentra a la puerta del atrio.  Ese altar representa el ritual de sacrificios y holocaustos que requerían de sangre para la purificación de los pecados de Israel.  Está cerca de la puerta porque así estuvo el sistema de sacrificios cerca de la creación cuando Dios llevó a cabo el primer sacrificio.  Este es el mueble mas grande del santuario y el único que no está enchapado en oro.  Su configuración cuadrada y la altura, poco más de la cintura del sacerdote.  Tanto la madera como el enrrejado a manera de parrilla son de bronce y estaba colocada a un codo y medio del suelo, o sea, a mitad de la altura del mueble.  La biblia no da detalles pero de la traducción se desprende que puede haber sido hecho de hierro enchapado en bronce.  De todas maneras, fue Dios que lo diseñó y se lo mostró a Moisés para su construcción.  Otra representación simbólica de este altar es el Gólgota en donde Cristo fue crucificado.  Sobre ese altar fue derramada la sangre del Hijo de Dios como holocausto perpetuo.  El altar del sacrificio representa la vida del cristiano.  Quien entrega su vida al Señor, la pone en “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1).

Dios comenzó a mostrar el plano de los muebles del tabernáculo del lugar santísimo al atrio.  O sea, de adentro hacia fuera.  El primer mueble que menciona Dios, terminado el tabernáculo a manera de tienda o edificio, es el altar donde se guardan las tablas del testimonio o los diez mandamientos escritos en el monte con el dedo de Dios.  Por eso se le llama el arca del testimonio.. Es una copia miniatura del arca del testimonio celestial que es resguardado y protegido por dos ángeles querubines.  Originalmente y antes de la creación de la tierra, esos dos ángeles eran Luzbel y Jesucristo.  Luzbel representando la creación ante la divinidad y Jesucristo el hijo de Dios representando la divinidad ante la creación.  Recordando ese acto del santuario celestial, Dios le indicó a Moisés que pusiera dos querubines de oro sobre el altar del testimonio.  En el arca celestial está resguardada la ley universal de Dios para todos los mundos y criaturas.  Es importante señalar que esa ley universal quien primero la ha violado ha sido Satanás cuyo nombre era Luzbel.  El indujo a miles de seres celestiales de otros mundos creados a violar la ley y a rebelarse contra Dios y su gobierno universal.

Mas tarde, Dios le indicó a Moisés que pusiera la vara de Aarón en el arca del pacto junto a un gomer de maná a fin de que ese testimonio quedara para la eternidad como recuerdo real de lo que Dios hizo con Israel.  Un día, ese arca va a aparecer y el maná se podrá ver, así como la vara volverá a reverdecer para dar el testimonio final de su existencia y de la eternidad perpétua de la ley de Dios que fue escrita con el propio dedo de Dios en dos tablas de piedra en el Monte Sinaí.

Luego de describir detalladamente la estructura y el plano del arca, Dios le indicó con la misma precisión cómo tenía que hacer la mesa de los panes de la proposición que se hubicaría al lado norte, y el candelero que iba al sur.  La puerta del atrio tenía que quedar al éste y el lugar santísismo al oeste.

Cada detalle del santuario se puede leer en Éxodo capítulos 25, 26, 27 y 28. Todo lo relativo a la consagración de los sacerdotes, el altar del perfume y los detalles de la fuente de metal se encuentran en los capítulos 29 y 30.

Como señalé antes, en cada mueble del santuario, en cada cortina, medida y utensilio, hay un significado profético, una parábola o símbolo del peregrinaje del pueblo de Israel en la tierra, del tiempo marcado en las medidas del cerco exterior, de la cantidad de codos, de secciones, de lazadas, de corchetes, y de cada cosa, tamaño y lugar que Dios incluyó en las instrucciones dadas a Moisés para su construcción y funcionamiento, además para su transportación móvil a través del viaje a la tierra prometida.

La verja o cerco del atrio tenía 100 codos de largo por cincuenta de ancho, un área de unos 180 pies de largo por 90 de ancho, que equivale a unos 16,200 pies de área que equivalen a unos 415 metros cuadrados de superficie.  En las instrucciones que acompañamos se puede ver el tamaño y proporción de la tienda o carpa en relación al atrio y al diseño general.  Todo debía ser desmontable y armable durante el tiempo que durara el viaje y su llegada a la tierra prometida.

Las tres grandes fiestas o celebraciones y sus cuatro conmemoraciones están detalladas en Éxodo  23 y se supone que son fiestas o celebraciones que el pueblo de Dios en la tierra debe celebrar eternamente en ésta tierra y en la tierra nueva (Isaías 66:22-23).  No entendemos la razón por la cual la iglesia cristiana, que es tan presta a celebrar todas las fiestas mundanas y paganas, no celebra estas tres fiestas que tanta importancia tienen para el pueblo de Dios y que éste determinó que son fiestas eternas que por su naturaleza nunca debieron haber dejado de celebrarse.  Algunos recuerdan la pascua, a veces fuera de fecha y en la semana santa.  Ya solo celebran el viernes santo y nunca escuchamos un sermón que haga referencia a la historia del pueblo de Israel cuando celebró la pascua previo a su salida de Egipto.  Los únicos que siguen celebrando estas fiestas eternas son los judíos y por ellos, podemos tener las fechas exactas de cada una de estas celebraciones para restaurar todo lo que hemos perdido de su solemnidad y como señal de lealtad y obediencia al mandato divino.

Nota 1

El segundo recinto que es el primero bajo el techo de la carpa, es el lugar santo que corresponde a la segunda dispensación que culmina con la muerte del Cordero de Dios, Cristo, en la cruz del Calvario y con su sangre, hace la limieza del pecado del pueblo que lo acepta y entra por fe al templo.

En ese recinto está la mesa de los panes de la proposición, a la derecha o norte del pasillo principal por donde pasa el sacerdote hacia el lugar santísimo y el candelero de siete brazos a la izquierda o sur del camino del santuario.

La mesa de los panes representa el pacto de Dios con su pueblo de que no le faltaría el pan y la cena del Señor que instituye Jesus en la pascua con sus discipulos.  La promesa se cumplió durante cuarenta años que Dios estuvo enviando el maná del cielo hasta que llegaron a la tierra de abundancia prometida.

El candelero de los siete brazos o lámparas, representa la luz de Dios que ilumina su pueblo por la luz de las siete iglesias.  Se ilumina mediante el combustible del aceite de olivas que hacía arder cada uno de los siete candiles que permanentemente estaban encendidos.  Esta luz representa al Espiritu Santo que en cada una de las iglesias debe arder para la iluminación del mundo.  Durante el tiempo de existencia del santuario, la luz del candelero no se apagó, pero al llegar a la tierra prometida y no levantarse nuevamente el santuario, la luz de las iglesias desapareció y por esa razón, Jesus tuvo que asumir la iluminación del pueblo en persona: “Yo Soy la luz del mundo”.  Después de la ascención de Cristo hubo un gran despertar de la iglesia, pero medio siglo después ya comenzó a corromperse con doctrinas erróneas que se introdujeron y que obligaron al Señor a realizar un nuevo llamado espiritual.

Mientras, la iglesia cristiana celebra las fiestas mundanas: acción de gracias, navidad, año nuevo, semana santa, cumpleaños, aniversarios, celebraciones de todo tipo, días de recordación, etc.,etc., mientras que las fiestas eternas, le son desconocidas.

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