Su Inconmensurable Amor

Por: Dr. Norman González Chacón

Cuando Dios creó la tierra, la hizo tan atractiva y bella que nadie en el universo había visto nada semejante.  Ningún otro planeta de la gran creación universal podía compararse en diversidad de dones que Dios, con su infinito amor, diseñó para este mundo.  Aquí el Señor utilizó recursos nunca antes vistos ni existentes: La tierra tenía el maravilloso y divino don de la procreación de todas las especies animales, vegetales y de la raza humana.  Ese don en sí mismo, cambiaba el patrón de comportamiento y funcionamiento de esta tierra en comparación a los demás planetas o mundos habitados.  En el Apocalipsis podemos ver una representación de las figuras de seres que representan algunos de los mundos creados por Dios.  A Juan el profeta, teólogo y amigo íntimo de Jesús, estos seres le parecieron animales raros y difíciles de comparar con los que conocemos en la tierra.  Todos fueron creados, en distintas etapas y épocas por la palabra divina.

  Pero en cuanto a la tierra, la última y perfecta creación de Dios, la decisión fue unánime en la divinidad y la nueva creación tendría seres creados a la imagen y semejanza de los Dioses, (Padre, Madre e Hijo), con la especial y única capacidad de auto-procrearse y poseer criterio propio y libertad para decidir y escoger.

Podemos decir que la tierra, en el plan divino, era la obra maestra del Creador y donde se iba a ver universalmente, la culminación de la perfecta y magna voluntad divina.  De acuerdo con el plan establecido y perfeccionado por el Creador, el éxito de este sistema, cambiaría eventualmente la creación de todos los demás mundos habitados en el universo y se establecería en ellos y en sus habitantes el mismo patrón de vida que Dios esperaba de la tierra. 

Viendo la grandeza y las posibilidades de un plan tan perfecto y abarcador, uno de los querubines que cubrían el arca del testimonio y de la ley divina en el santuario del cielo, se atrevió a ejercer su criterio que recién se les había concedido a cientos de ángeles, querubines cubridores que realizaban labores específicas en el santuario, y conociendo el plan de cerca, aspiró a dirigir el nuevo planeta a crearse. 

Es que junto al criterio propio, nació la ambición de gloria y fortuna que tanto daño ha hecho en la tierra así como en todo el universo.  Ese ángel querubín que utilizó mal las facultades nuevas que acababa de recibir, casi echa a perder todos los beneficios que los habitantes del universo y los nuevos pobladores de la tierra recibirían, y los han atrasado por seis mil años. 

Tan pronto se rebeló y comenzó su campaña política para convencer adeptos a su causa, Dios lo llamó Satanás o Satán que significa, adversario que se rebeló contra Dios,presentando un sistema de gobierno democrático en el que las decisiones las tomaba la gente dirigida por su líder, el demonio, quién ha pretendido, y casi ha logrado someter al mundo bajo su control.

A diferencia del gobierno de Dios que es la teocracia, donde Dios dirige y es el proveedor de todas las necesidades de su pueblo, como lo hizo con el pueblo de Israel.  Quienes aceptan ese tipo de política, tienen que trabajar para sostener al gobierno y proveer para sus dirigentes.  En la teocracia, Dios provee y cuida a su pueblo, lo dirige a toda bendición, establece sus leyes y vela por el bienestar y la salud de todos.  A diferencia, en la democracia, el gobierno, sostenido por sus constituyentes es quien provee de acuerdo a sus ingresos.  Todos conocemos los defectos de los gobiernos humanos y podemos leer en la historia del pueblo de Israel, cómo Dios cuidó, alimentó y guió a su pueblo cuando salieron de Egipto hacia la tierra prometida. 

Pero Satanás intervino todo el tiempo y no permitió que el pueblo entendiera la voluntad divina para ellos, y confiaran en Dios que los guiaba de día y de noche.  De día los protegía del sol bajo una nube que los refrescaba con una brisa fría en medio del desierto, y de noche, la misma nube que los cubría por el día, se llenaba de una luz tenue que no permitía que quedaran en tinieblas.  Les proveía agua y alimento y los libraba de toda plaga, de todo enemigo y enfermedad. Pero prefirieron tener su gobierno propio como los pueblos paganos y nombraron reyes y escogieron la demo-cracia. 

En síntesis, si miramos las condiciones del mundo hoy, y las comparamos al mundo recién creado por Dios para sus criaturas, veremos que no hay comparación posible entre uno y el otro.  Satanás ha echado a perder la obra perfecta del Creador, introdujo la muerte, las enfermedades, los terremotos, el sufrimiento, las malas yerbas, las drogas tóxicas, las guerras, las traiciones, las enemistades y la mentira.  Ha sustituido el descanso por el trabajo esclavizador, ha sustituido el alimento con veneno disfrazado de alimento que causan enfermedades orgánicas de todo tipo, ha instituido los hospitales en vez de sanatorios naturales, etc., etc.  Sus mentiras y medias verdades se han introducido en todas las enseñanzas morales, educativas y profesionales.  Todos en general participan de la gran mentira disfrazada hábil y científicamente de verdades a medias.  

No existe nada que se pueda salvar de la destrucción final que Dios tendrá que realizar para volver a crear la tierra según su estado original y darla en disfrute a sus hijos, los que entiendan lo que ha ocurrido y deseen un verdadero y justo cambio de gobierno.  La promesa del Creador es que la nueva tierra, tendrá muchas mejoras tecnológicas y funcionales que las que tuvo el edén original.  Cada adaptación que el hombre ha hecho de la verdadera ciencia será perfeccionada por Dios para su pueblo moderno del nuevo cielo y de la nueva tierra.  Aún más que lo que vemos y conocemos ahora, la ciencia del Dios Creador de todo el universo, se mostrará a la mente del hombre y de la mujer modernos, con toda la perfección de la tecnología científica actualizada en verdad y justicia. 

El profeta Isaías vio la nueva versión de agricultura, El apóstol Juan vio la nueva versión de la arquitectura, de la salud y de la era espacial de Dios para nosotros.  Los profetas vieron los nuevos sistemas de transporte y los atributos angélicos que nos permitirán transportarnos de un lugar a otro propulsados por nuestro propio generador energético.  Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han siquiera subido a la mente humana, serán dispuestas por el Creador al hombre moderno que está preparado para entenderlo, disfrutarlo y operarlo para el bien común de toda la familia de Dios.

Cada familia tendrá su propio huerto de donde obtendrá el alimento que necesita.  Nadie sembrará para que otro coseche, los niños nacerán saludables y los ancianos nunca envejecerán ni morirán. No es posible explicar todo lo que Dios tiene guardado en su experiencia y sabiduría para sorprender a los salvados de este sistema.  Pero paso a paso iremos descubriéndolo para sorpresa y deleite. 

Todo lo que Satanás quiso encubrir para que no se conociera, será puesto a funcionar a la vista de todos.

Por último, quiero hablar del nuevo concepto de vivienda de la tierra nueva que nos sorprenderá de lo diferente, original y funcional que nos resultará nuestra nueva morada de construcción celestial hecha por la mano de Dios.  Les aseguro que nadie puede igualar ni imaginar ese aspecto de la arquitectura divina.  Iremos de sorpresa en sorpresa, descubriendo todos los nuevos conceptos de la creación divina para la nueva tierra. 

Nuestros cuerpos siempre se mantendrán limpios, purificados y emblanquecidos con los rayos de la luz divina que alumbrarán toda la tierra.  Todo será tan diferente, que en poco tiempo nuestra mente olvidará por completo toda la miseria y suciedad de esta tierra y nos acostumbraremos al perfecto clima y ambiente de la tierra nueva donde no se verá nada sucio, nada corrupto, nada podrido ni en deterioro.

En los jardines, nunca veremos espinas, ni yerbajos, ni abrojos, ni bejucos que ahoguen las flores. No habrá que estar desyerbando como ocurre en esta tierra, donde crece todo tipo de malezas y plantas indeseables.  Los campos serán jardines donde crecerán árboles frutales y flores, así como céspedes de diferentes aspectos que como una alfombra cubrirán todo el vergel.  

No existen palabras en nuestro idioma que puedan describir la gran belleza de la tierra nueva, ni mente humana que la pueda vislumbrar en su esplendor y funcionabilidad.  “Cosas que ojo no ha visto, ni oído ha escuchado” se mostrarán ante nuestros ojos que poco a poco se acostumbrarán a ver semejantes escenas.

Cada siete días, habrá una santa convocación y escucharemos de labios de Jesucristo, un mensaje que irá acondicionando nuestras mentes al nuevo ambiente perfecto, en compañía de todos los salvados ante el trono de Dios y el arca del pacto.  Será un sábado glorioso que esperaremos ansiosos durante la semana para que llegue esa experiencia gloriosa y única.  Cada sábado nos visitarán seres de otros planetas y mundos que vieron y sufrieron la desgracia de nuestro planeta bajo el dominio de Satanás y compartirán su alegría de ver el planeta renovado sin maldad ni corrupción.

 Debido a que hemos nacido y crecido en la maldad de este mundo, a muchos le será difícil comprender y asimilar la gran diferencia entre una vida y la otra.  Les costará trabajo adaptar su mente a un mundo tan diferente.  Pero otros, estaremos tan felices que no recordaremos los sinsabores y sufrimientos de esta tierra y de inmediato, nos adaptaremos a todo lo nuevo que el Señor tiene preparado para sorprender a los salvados.  Allí las lágrimas serán de gozo y de alegría de cada experiencia que vivamos. “Conoceremos, como somos conocidos”. Encontraremos amigos y conocidos, familiares que murieron y que estarán allí por recompensa a su fidelidad a la voluntad divina.  Personalmente, tengo la esperanza de ver a mis padres y abuelos que aceptaron al Señor y murieron con la gloriosa esperanza de resucitar para salvación eterna.  Ellos encaminaron mi vida a esta experiencia divina.  Nunca nos separaremos de nuevo. Mis hijos, mis nietos, biznietos, mis padres y abuelos, ¡todos compartiremos con Jesús y sus hijos de todo el mundo!

La experiencia será única en nuestras vidas y de los que tengan el privilegio de pertenecer a esa inmensa muchedumbre que se congregará frente al trono para adorar al Creador y Salvador.  Ese gran sábado se darán cita frente al trono de Dios, los salvados de todas las épocas y edades, los patriarcas, los profetas, los reyes que fueron fieles a Dios, los mártires del evangelio, los apóstoles y muchos de los que Jesús sanó de terribles enfermedades.

Tendremos la visita de grandes naves interplanetarias que llegarán y se estacionarán frente al trono, y de las cuales bajarán los representantes de los diferentes mundos que no dieron oportunidad a Satanás de entrar y hacer su obra de maldad.  Esos que se mantuvieron firmes y leales a Dios ante sus mentiras y rechazaron los ataques de Satanás y sus huestes, tienen su lugar de honor frente al trono de Dios y serán reconocidos por el Creador ante toda esa gran multitud y junto a los ciento cuarenta y cuatro mil fieles de esta tierra que tienen asientos con su nombre escrito en letras de oro.  Dios se regocijará en llamar a cada uno por su nombre nuevo y nos dará una joya blanca de material nunca visto, con nuestro nombre nuevo que llevaremos y por el cual responderemos de ese día en adelante.  Se trata de un nombre único que nadie mas comparte, porque lleva la clave de nuestro ADN, las siglas que surgen de nuestro genoma y que suena celestial.

Esa ceremonia se extenderá por las 24 horas de ese sábado glorioso y junto al coro celestial entonaremos el cántico de Moisés y del Cordero dirigidos por Moisés en persona.  Allí estará el rey David con su arpa de oro puro, acompañando a Moisés y al coro interplanetario que tendrá una orquesta de instrumentos musicales que nunca hemos visto los humanos.  A ellos los acompañará un coro de voces de ángeles que han estado ensayando para ese día. 

No podemos olvidar ni por un momento, que fuimos los únicos seres del universo que Dios creó a su imagen y semejanza.  Que somos compatibles en estructura biológica con Cristo que carga en su cuerpo las dos naturalezas: la humana y la divina. Que desde el principio, y antes del pecado, estaba en los planes del Creador que la familia de la tierra y la familia divina se unieran en una sola familia.  Por esa razón, las bodas del Cordero, con María, reestablecen el vínculo de las dos familias que se unen.  Todos seremos hijos e hijas de Dios, por creación, por genética y por redención.  

No podemos decir por sangre, porque a los seres humanos glorificados no les corre sangre por las venas.  La sangre es consecuencia de la transformación que el pecado causó en nuestra fisiología interna y que cada mujer necesita depurar cada mes por el término de su vida fértil.  Pero los seres glorificados que heredarán el reino, tienen su plasma claro y cristalino como la savia de los árboles.  “Porque ni carne ni sangre heredarán el reino de los cielos” (1 Corintios 15:50).  La transformación glorificadora que recibiremos a raíz de su venida eliminará de nuestra sangre las células rojas o eritrocitos que le dan el color rojo a nuestra sangre.  Los eritrocitos no cargan ADN, no tienen núcleo ni mitocondria y se tienen que renovar constantemente para sostener su función y mantener la oxigenación y por consiguiente la vida terrenal.  En el cuerpo glorificado, no existe el proceso de glucólisis por fermentación y el ciclo de oxigenación se produce sin la intervención de la hemoglobina.  El ciclo para producir energía no se interrumpe y la vida se prolonga eternamente.  

La sangre es consecuencia del pecado que se introdujo al cuerpo humano a través de una substancia, que al ser ingerida, (el fruto de un tipo de vid en particular, del árbol de la ciencia del bien y del mal), produjo una transformación fisiológica, como consecuencia del pecado. Este árbol fue puesto en el edén por el inconmensurable amor de Dios para los hijos de la rebelión que desearan arrepentirse y abandonar las filas del enemigo y venir a vivir en la tierra, participar del arrepentimiento y convivir con los recién creados Adán y Eva.   Para los seres que se rebelaron con Satanás, el árbol de la ciencia era del bien. Para Adán y Eva, era del mal.  Por eso, al Eva comer y darle a su compañero, comenzaron una serie de procesos fisiológicos de cambios conducentes a la muerte.  No murieron inmediatamente, pero su organismo entró en un proceso de deterioro determinado por su nueva fase de vida acortada. Los cambios fueron altamente significativos y así el organismo humano sufrió los cambios que formaron la sangre.

Por esa razón, los procesos salvíficos tienen que ser ratificados con sangre.  Primero con la sangre de animales, y luego con la sangre de Jesucristo que nos redimió de una vez y para siempre.  Para eso, el Hijo de Dios tuvo que derramar hasta la última gota de sangre de su cuerpo terrenal a fin de entrar en el proceso de glorificación que en veinticuatro horas lo purificó y lo transformó.

LOS PLANES DE DIOS

Las sorpresas de la tierra nueva son tantas y tan diferentes a lo conocido y vivido en esta tierra, que iremos explorando, de asombro en asombro cada etapa de cada cosa que vayamos descubriendo. 

Tenemos que recordar que en el jardín del Edén no había casas donde morar.  Adán y Eva dormían en el suelo sobre un césped perfecto, que les servía de colchón. En la tierra nueva hay moradas de excepcional belleza y funcionabilidad.  En los seis mil años que tiene la tierra, el Señor ha visto las preferencias naturales de sus criaturas y ha modificado su creación original, no porque no fuera perfecta, sino porque Dios, lo bueno y lo perfecto lo perfecciona hasta donde le es posible.  Y en el amplio espectro de las posibilidades, Dios en su infinito amor por sus hijos, ha seguido “mejorando” lo perfecto: “voy pues a preparar lugar para vosotros”.  “En la casa de mi Padre muchas moradas hay” (Juan 14:2-4). 

Dios conoce el fuerte deseo de propiedad y de hogar de los seres humanos y sus necesidades innatas de privacidad.  Ahora no son solo dos personas, como habitaron Adán y Eva en el principio, Serán miles o millones de salvos de todas las edades y épocas, que compondrán el pueblo de Israel, que llegará a la tierra prometida del Señor.  Toda esa inmensa muchedumbre que vio el profeta Juan ante el trono, tendrá hogares inteligentes, con la más alta tecnología divina, con los más finos materiales como construyó su santuario en el desierto, y los cubrió con oro puro.  Mucho más que eso el Señor tiene dispuesto para los que venzan sobre la maldad y el pecado. Tanto las moradas, como los medios de transportación tienen vida como los árboles plantados junto a arroyos de aguas, y su hoja no cae (Salmo 1:3).

En los planes del Señor, las ciudades son como campos en los que las casas están convenientemente distanciadas y todas tienen terreno para cultivar todo tipo de flores y de árboles frutales.  Debido a que no existirán mas los yerbajos y plantas indeseables, el césped parecerá grama artificial que nunca arropará las flores del patio.  Todo se mantendrá inmaculadamente cuidado y protegido por el jardinero celestial que le dará vida y criterio propio a las plantas que sembremos y que solo cultivaremos para belleza y deleite de todo ojo.  

Los árboles frutales siempre tendrán frutos maduros y apetecibles.  No caerán podridos al suelo porque allí nada se dañará ni se corromperá.  Estarán al alcance de nuestras manos, los comeremos y sembraremos las semillas en el lugar que deseemos que crezcan y fructifiquen.  Nadie comerá o botará las semillas pues son vida latente en si mismas y que nunca han sido para consumo humano.  En el nuevo reino, todos respetarán la vida de las plantas así como de los animales que Dios decida permitir en el campo. Estos tendrán inteligencia y criterio propios y serán tímidos y prudentes al socializar con los seres humanos. Todos pastarán en la campiña y ninguno atacará a otro pues todos comerán yerba del campo como en el edén.

De nuevo, todos los seres creados por Dios volverán a ser como al principio.  Dios volverá a cerrar los intestinos de todas las criaturas para que nada sucio pueda contaminar la tierra.  Todo lo que consumamos, tanto la gente como los animales, será lo necesario para mantener la salud y la vida, y nadie comerá de más de lo que el organismo requiera. Todo el alimento de los frutos nuevos, se convertirá en energía y no habrá residuos que eliminar.

Por lo tanto una cena podrá ser una fruta o un vegetal que consumamos una vez al día y la costumbre o necesidad actual de comer varias veces al día, varios platos diferentes, así como recetas cargadas de sabores y condimentos será una costumbre pasada de esta tierra que no extrañaremos para nada cada vez que probemos una fruta nueva de los árboles que el Señor volverá a crear para sus hijos. Como el señor demostró en el desierto, el maná caía una sola vez al día y nunca faltó para satisfacer el hambre. 

Todo lo que Satanás ha dañado injertando, cruzando especies, manipulando semillas, fertilizando químicamente las siembras, envenenando los suelos con herbicidas, insecticidas, etc., se quemará hasta no quedar nada en esta tierra. Los valles se elevarán con la nueva capa de tierra y los montes se allanarán (Isaías 40:4-6) para que no hayan abismos ni precipicios en toda la tierra, que será como en el principio antes del diluvio.

El Señor me ha mostrado las bellezas y conveniencias de la tierra nueva porque he escuchado muchos cristianos pensar que se aburrirán sin hacer nada en la tierra nueva.  Algunos piensan y así lo expresan en dibujos, que en el cielo estarán sentados en una nube con un arpa en la mano sin hacer nada. En la tierra nueva tendremos tantas actividades que a nadie se le ocurrirá dormir ocho horas cuando hay tanto que hacer y disfrutar.  Todos tendrán la oportunidad de tocar su instrumento musical preferido, cantar sus canciones favoritas, pertenecer al coro, jugar con los niños, practicar deportes, crear artesanías, pintar cuadros vivos, tejer las telas más exquisitas y exóticas con el algodón restaurado, el lino y las fibras naturales de muchas plantas que se extinguieron porque no soportaron el manejo inadecuado y la manipulación genética de los cruces prohibidos por Dios.

El Señor volverá a sembrar la tierra de toda planta productiva.

Por las razones expuestas, todos estaremos envueltos en actividades útiles, recreativas y productivas (Isaías 66:23). Por esa razón, el séptimo día será de descanso y solaz con el Señor, dirigiendo su iglesia que se congregará cada semana y alabará, cantará y bendecirá al Señor y el Señor los bendecirá a ellos con su palabra de sabiduría y nos revelará los secretos de toda la historia de los mundos creados en vivo.  Veremos en una pantalla gigantesca, la participación de los seres de otros mundos celebrando el descanso semanal de ellos junto al nuestro en un acto de unidad y devoción, en el cual, toda la creación universal honrará a Dios al unísono, en vivo y en tercera y cuarta dimensión. Cada pantalla nos mostrará la actividad de un mundo diferente.  Todos han evolucionado por la mano divina a lo que será la tierra restaurada.  A todos se les dará el maravilloso don de la procreación.  Todos tendrán comunicación constante entre ellos y nosotros.  “Conoceremos como somos conocidos” (1 de Corintios 13:12 y 1 de Juan 3:2).

“No parirán para maldición” (Isaías 65:23).  Las mujeres tendrán el privilegio de cargar en su vientre los hijos del nuevo reino.  Los nietos de Jesús y los biznietos de Jehová Padre Eterno.  ¡Qué privilegio tan grande reivindicará para siempre el papel de la mujer en la familia de Dios, en la sociedad universal y ante la presencia divina!  Las mujeres que luchan en esta tierra por recobrar los derechos originales, pierden el tiempo aquí, nunca lo lograrán porque es un patrimonio guardado solo para las que han de ser salvas. 

No más derramamiento de sangre cada mes, no más humillaciones y malos tratos, no más dolores para parir, no más pagas desiguales; ya no tendrán que lavar los platos sucios de la comida, ya no tendrán que lavar la ropa, trapear el piso, ni cambiar pañales.  “Nada sucio habrá en el reino”.  La reivindicación de la mujer, será la satisfacción de Eva que verá de nuevo la tierra como antes de que ella fallara y sentenciara a todos a la muerte.

Nota: Recomiendo la lectura del artículo Teología de la Mujer, en este mismo blog, donde se detalla más el tema de los derechos y prerrogativas de la mujer.  

Estas actividades especiales de cada semana confirman la eternidad del descanso semanal y muestran la rebeldía desmedida de la iglesia cristiana a entrar en el “reposo divino” del Señor. Cada sábado debe ser y será eternamente una fiesta espiritual sagrada que conmemorará no solo la creación original, sino la nueva creación de la tierra con todas sus mejoras e innovaciones que el Señor ha de introducir por experiencia.  El sábado es el sello de Dios en el tiempo, así como la estrella es el sello en la naturaleza y nosotros los humanos somos el sello de la creación.  Es que Dios todo lo que hace lo notariza como buen abogado.  La tierra nueva llevará su sello en cada flor, en cada alimento, en cada criatura y en cada cosa creada por su mano.  

Al igual que en la creación, cada sábado culminará la semana en descanso y fiesta espiritual de alabazas al Creador y las lecciones maravillosas que aprenderemos de la boca del Señor que nunca olvidaremos.  Todos los que en esta tierra tengan la oportunidad de “entrar en ese reposo” tendrán el privilegio de celebrarlo en la tierra nueva (Hebreos 4:1-3, 9-12).  El reposo sabático está claramente definido en el cuarto mandamiento y es una ley universal que nadie, ni en la tierra ni en el cielo puede cambiar, alterar o remover de su lugar.  La iglesia que se dice “cristiana” permitió que los políticos mal intencionados cambiasen la solemnidad del sábado al domingo y sus consecuencias han sido funestas para la humanidad, que confundida respecto a un asunto tan importante, han perdido el verdadero valor y la solemnidad del reposo divido que fue instituido en la ley para Dios y para el hombre por pacto perpetuo.  Esa misma iglesia, alteró la ley, cambió los mandamientos y creó un código propio distanciado de los diez mandamientos originales. Veamos los resultados del cambio:

Aquí podemos ver como la iglesia acomodó los mandamientos para obviar el importante mandato divino de no hacer imágenes ni adorarlas. Así como de abolir el día de descanso.  La iglesia evangélica protestante sencillamente se acomoda a una y otra versión, y no emite un criterio claro que no sea el de abolir el cuarto mandamiento por su propia cuenta y voluntad.  La biblia debe ser su propio intérprete y cada doctrina debe conformarse en el contexto general y no debe ser basada en un solo texto o en una interpretación particular.  El reposo divino y humano se menciona tantas veces en el nuevo testamento como en el antiguo.

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis se puede apreciar la importancia del descanso semanal, y su aparición entre los diez mandamientos lo confirma.

Dios creó la tierra literalmente por su palabra, en seis días y descansó el séptimo día, no porque estuviera cansado, porque Dios no se cansa, sino para enseñarnos una lección de salud tan importante como el descanso de cada día en la noche que todos disfrutamos.  Cuando una persona no duerme de noche, va al médico en busca de ayuda.  Así debe ser cuando no descansa el sábado conforme al mandamiento porque sus días se acortan por cada sábado que no se descansa.  Las personas que trabajan de noche pierden el sentido del descanso y se agotan tempranamente en la vida.  Algunas instituciones han establecido leyes al respecto y se le cambian los turnos de noche a los empleados para alternar el descanso.  Esta práctica, aunque es legal y parece justa, rompe todos los patrones del ciclo y conducta del descanso de noche y de día, por lo que muchos de estos obreros necesitan medicarse para poder descansar.  Su ciclo de vida se acorta proporcionalmente al tiempo que no descansaron adecuadamente. La música, sin los silencios o descansos que se establecen en el ritmo, deja de ser música y se convierte en ruido.

En la naturaleza, todos los animales, los árboles y la tierra, necesitan descansar, el ciclo del descanso es de siete días, siete semanas, siete meses y siete años.  Siete veces siete suman 49 años y es el jubileo o jubilación del sacerdote, del obrero y de todos los que a los 50 años deben cesar su ciclo de labores.  Por falta de descanso diario y semanal, muchos enferman y mueren prematuramente.  El sábado debe ser fiesta espiritual, recreación sana y pasiva, descanso físico de la rutina semanal, comunión especial con el Creador, oración y ayuno, recordación del acto creador y contemplación de las bellezas que aún quedan en la naturaleza y que recuerdan la mano creadora de Dios.  Quien no entienda y ponga en práctica este mandamiento de la ley natural del hombre, de la tierra y de todo el universo, pierde la especial bendición de la obediencia y reta la salud prometida (Éxodo 31:15-17, 23:25-26 y 15:26).  Ahí está la clave por la cual, muchos cristianos sufren las mismas enfermedades que el resto del mundo.

Si usted oye a un pastor cristiano decir que el cuarto mandamiento está abolido y que no hay que obedecerlo, dígale que le muestre la cita bíblica donde lo dice.  Si no lo hace, ese pastor es un mentiroso, engañador y no es honesto.  Recuerde que Jesús dijo: “No he venido a abrogar la ley ni los profetas.  No he venido a abrogar, sino a cumplir.  Porque hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas” (Mateo17-19).  En ese capítulo de mateo, Jesús hace una crítica a los fariseos y les explica a los discípulos como es que se debe obedecer y respetar la ley.  No vino a derogar sino a enseñar a cumplir con la ley.

Los que obedecen la ley y aprenden a descansar el sábado semanal de la forma correcta, reciben la bendición de salud más grande que se pueda esperar, porque no se enferman.  Esa es la promesa y el la cumple.  El sábado no es el día para afanarse viajando, para visitar alguna iglesia, para trabajar en el evangelio, para visitar enfermos en el hogar ni en los hospitales, ni para predicar sermones en el templo.  El sábado debe ser un día de reflexión, descanso de toda actividad personal semanal, de estudio y oración pasiva, de contacto con la naturaleza y de comunión familiar de índole espiritual.  Cualquier otra actividad, puede ser de la voluntad personal y no percibir la bendición especial del descanso sabático. 

Al templo o a la iglesia se puede ir otro día, que también puede ser el primer día de la semana en que hagamos las obras misioneras, prediquemos los sermones, visitemos los enfermos y hagamos obras con nuestro prójimo y con nuestros hermanos.  Pero el sábado no es ese día. 

Jesús dedicó el sábado a predicar y sanar los enfermos porque necesitaba llevar a cabo su breve ministerio ante los judíos fariseos y saduceos.  “El sábado por causa del hombre fue hecho, y no el hombre por causa del sábado” (Mateo 2:26-28).

Algunos cristianos que pretenden descansar el sábado y guardar el mandamiento, se afanan por realizar tantas cosas ese día, que en realidad, lo menos que hacen es descansar, meditar y hacer de esas horas sagradas, delicia, santidad y gloria al Creador de ese descanso, que no es para Dios, sino para el ser humano.  El sábado es el día que más trabajan y se afanan en hacer cosas que se podrían hacer cualquier otro día de la semana.  

Como podemos concluir, la iglesia cristiana se ha adjudicado el derecho de cambiar, abolir, interpretar y enseñar el evangelio de Cristo a su manera, sin tomar en cuenta las palabras de Jesús que “no vino a abrogar la ley ni los profetas”.  Al contrario, dijo que cualquiera que haga la voluntad de su Padre, muy grande será llamado en el Reino de los Cielos, pero quien no lo haga, “muy pequeño será llamado en el Reino”.

Para permitir que la próxima venida del Señor a su pueblo sea para salvación eterna, tenemos como individuos, que realizar cambios radicales en nuestras vidas, en nuestras creencias y prácticas adquiridas de una iglesia cristiana corrupta que ha incumplido con el pacto eterno y se ha desviado a la conveniencia humana.  Como creyentes en el evangelio de Cristo, tenemos que revisar una y otra vez, cada una de las doctrinas cristianas y su significado. De eso depende que el Señor reconozca nuestra identidad como individuos y como pueblo (1 de Juan 2:15, Juan 17:11-17, Juan 15:19, 2 de Corintios 10:3 y 6:14-18, Colosenses 3:1-4).

Estaremos en el mundo hasta que Cristo regrese a buscarnos, pero no somos de este mundo.  A medida que vamos avanzando en nuestra vida espiritual, debemos alejarnos de toda la vanidad, corrupción y del gran engaño en que vive la sociedad actual y del que participa la iglesia cristiana.

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