EL Origen de la Sangre

Por: Dr. Norman González Chacón

El tema de la sangre es uno de gran relevancia en el desarrollo de la gran comisión que Dios le entregó al hombre.  La sangre que impulsa nuestro corazón a través de arterias y venas es el resultado directo de la transformación que ocurrió a raíz de los primeros pobladores de la tierra, Adán y Eva consumir el fruto del árbol prohibido para ellos.  Podemos decir que la formación de la sangre en el cuerpo humano y de los animales que sufrieron las consecuencias del pecado, es una transformación inevitable que ocurrió cuando se alteró el orden natural establecido en el principio.  Dios fue enfático al advertirles a Adán y a Eva sobre la existencia de esta vid particular que había sido puesta en el Jardín del Edén para un propósito específico: La fruta de ese árbol tenía como propósito, realizar una importante transformación en los seres caídos con Satanás para que participaran del beneficio de la nueva creación.  Al comer del fruto de ese árbol, demostraban su arrepentimiento y se humanaban o igualaban a los recién creados seres con la capacidad de procreación y que fueron hechos compatibles con la divinidad a “su imagen y semejanza, varón y hembra los creo”.  Adán y Eva tenían todos los atributos necesarios para iniciar la población de la tierra. “Creced y multiplicaos” fue la encomienda.  

Los seres caídos con Satanás no tenían esas cualidades y su apariencia, era diferente, así como su distribución y composición orgánica.  El árbol de la ciencia del bien y del mal, era, para ellos convertirse a la nueva creación.  Dios esperaba con gran amor, que cuando las huestes de Satanás vieran las maravillosas obras de la creación en este mundo, se arrepintieran, abandonaran las filas de la rebelión y vinieran a incorporarse a la nueva creación de Dios.  El árbol de la ciencia les proveía el medio para humanarse y pertenecer a este nuevo sistema.  Pero Satanás se adelantó y tomó posesión del árbol de inmediato y solo permitió que algunos de sus fieles seguidores adquirieran la nueva naturaleza humana a fines de continuar con sus planes malignos hacia Dios y su creación. 

Es curioso que Satanás en persona tomó posesión del árbol para no permitir que alguno de sus súbditos se arrepintiera y pasara al bando de Dios.  Por esa razón, se encontraba en el árbol el día que Eva decidió dar un paseo por el lugar.  Si Satanás lograba que los nuevos hijos de la creación comieran del fruto prohibido, le echaría a perder los planes de Dios y cambiaría el rumbo de la historia para su beneficio.

Los ángeles caídos con Satanás que se humanaron comiendo del árbol, no se arrepintieron y siguieron en rebelión contra Dios.  Cuando Eva se acercó al árbol, Satanás vio la oportunidad de vencer la nueva raza y usarla para lograr sus planes malignos y gobernar la tierra y a sus habitantes.  La fruta contenía una fórmula divina para transformar a los ángeles caídos en seres compatibles con los de la nueva creación humana.

A nadie se le ha ocurrido investigar qué substancia hormonal podría tener la fruta prohibida, pero bíblicamente se puede concluir que el fruto de la vid, de ese árbol en particular, tenía la capacidad de transformar, la naturaleza estéril de los ángeles caídos en actividad hormonal reproductiva.  Cuando Satanás vio las implicaciones que ese árbol tenía para su rebelión se posesionó del árbol y se mantuvo en guardia para evitar perder muchos de los soldados de su rebelión que pudieran sentir el toque de amor y la oportunidad que el Creador les daba para entrar a formar parte de la gloriosa familia humana. 

El fruto prohibido para Adán y Eva era la promesa de perdón y restauración del Creador para Satanás y los ángeles caídos.  En la parábola del hijo pródigo Jesús ratifica su deseo como Padre de perdonar a su hijo que vuelve arrepentido al hogar (Lucas 15:11-32).  Antes de la muerte de Cristo en la cruz, aún había oportunidad para Satanás y sus huestes de arrepentirse y obtener perdón.  Por eso, en el desierto de la tentación, Jesús reprendió con amor a Satanás y le exhortó a servirle y honrarle.  Aún la puerta de la oportunidad no se había cerrado para los rebeldes. Una nueva perspectiva de la importancia que tiene la sangre en el proceso salvífico para el cristiano, se puede apreciar en la gran cantidad de textos bíblicos alusivos a no comer ni consumir carne.

La relación del fruto de la vid con la sangre permea a través de todo el texto bíblico. A los nazareos se les prohibía consumir tanto el vino como las uvas.  Esta es la primera relación del vino y de la uva con la sobriedad.  En las bodas de Caná, Jesús no pidió uvas para hacer el vino, sino agua para la maravillosa e importante conversión que a mitad de la semana que duraban las bodas, cambió la embriaguez de los convidados por una sobriedad tal, que pudieron reconocer la diferencia del vino que estaban acostumbrados a tomar, con el vino nuevo que Jesús convirtió del agua. 

En la institución de la nueva pascua, Jesús alzó el pan y la copa y dijo: “Este es mi cuerpo y esta es mi sangre”.  Jesús sabía muy bien la relación del fruto de la vid y la sangre.  No debe haber lugar a dudas ni discusión en cuanto a ese aspecto de la simbología de la biblia.  Para Dios que es el dueño del tiempo y de los elementos, no fue difícil crear un árbol de uvas particularmente significativo que por su ingestión, pudiera realizar la transformación de la esterilidad en productividad, del arrepentimiento en vida abundante, así como de la desobediencia en muerte.

Ese fue el caso de Eva al ceder a los reclamos de Satanás para que probara del fruto prohibido para ella.  El diálogo que se desarrolló en una importante discusión, revela que ella estaba muy bien educada por Dios para saber lo que ese paso significaba.  Solo podemos concluir que lo hizo con todo conocimiento de causa y efecto.  Comió y le llevó a su esposo. 

Al comer, posiblemente perdió el control de sus emociones, de sus sentidos y de la lucidez.  Por unos minutos, quedó en total pérdida de sus facultades lúcidas y ese fue el momento para que Satanás usara uno de sus secuaces convertidos y humanados, para sembrar en Eva la mala semilla de la rebelión.  De esa experiencia, salió embarazada y transformada en una criatura diferente a la que Dios creó en santidad.  Sedujo a Adán y tuvo relaciones con él por vez primera.  Pero ya estaba embarazada del mal y el fruto de su vientre, Caín no era hijo de Adán.

Este drama de la vida real de los hijos de Dios, de su historia en los comienzos, ha sido ignorada por la teología cristiana, no ha trascendido como lección para todos los hombres y mujeres que habitan en el planeta.  Aún ocurren cosas como esa porque la ignorancia es la madre de los errores humanos y la iglesia no ha enseñado las consecuencias de la desobediencia.  

La Sangre

Al comer del fruto prohibido para los humanos, Eva Transformó su fisiología hormonal y endocrina.  Una ley natural entró en vigor de inmediato. “El día que de el comieres, morirás ciertamente”.  Un proceso degenerativo comenzó en el genoma humano y una substancia roja comenzó a formarse en las arterias y venas, en los tejidos y en todo el cuerpo: La sangre.

En otro artículo de este blog, Su Inconmensurable Amor, explicamos cómo la ciencia define los componentes rojos de la sangre a partir del consumo de la fruta prohibida que entró a formar parte del organismo humano y que presagian muerte inminente.  Antes del pecado, por las venas de los primeros seres creados corría un plasma claro parecido a la savia de los árboles. 

“La sangre es consecuencia de la transformación que el pecado causó en nuestra fisiología interna y que cada mujer necesita depurar cada mes durante el término de su vida fértil.  “Y casi todo es purificado según la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecado” (Hebreos 9:22).  “Porque ni carne ni sangre, heredarán el reino de los cielos” (1 de Corintios 15:50).

La transformación glorificada que recibiremos a raíz de su venida eliminará de nuestra sangre las células rojas o eritrocitos que le dan su color rojo.  Los eritrocitos no cargan ADN, no tienen núcleo ni mitocondrias y se tienen que renovar continuamente para sostener su función y mantener la oxigenación, y por consiguiente, la vida terrenal actual.  En el cuerpo glorificado, no existe el proceso de glucólisis por fermentación y el ciclo de oxigenación se produce sin la intervención de la hemoglobina.   Por lo tanto, el ciclo de la energía no se interrumpe y la vida se prolonga eternamente.

La sangre roja es consecuencia del pecado que se introdujo al cuerpo humano a través de una substancia química creada por Dios, que, al ser ingerida, produjo esa transformación fisiológica y cambios hormonales que alteraron el plan divino en su esencia.  Como consecuencia, la mujer sufre el derramamiento mensual de sangre mientras dura su ciclo de vida fértil.   Por eso no fue una manzana la que comió Eva, ella se embriagó con el fruto del árbol prohibido.  Una uva con capacidad de transformar orgánicamente la fisiología de los seres que se rebelaron y equipararlos a los recién creados perfectos hijos de Dios.  Para ellos, fue puesto ese árbol en el jardín del Edén, a pasos de donde habitaban Adán y Eva.  Dios les advirtió enfáticamente que cualquiera de ellos que comiera de la fruta de ese árbol, moriría.  Eva estaba consciente de la advertencia divina y así le argumentó a Satanás.  Por lo tanto, no tenía excusa cuando Dios los llamó y les pidió cuentas al respecto.

No había marcha atrás.  El daño a la creación ya estaba desarrollándose rápidamente y los efectos se iban viendo en toda la creación.  Adán y Eva le fallaron al Señor y la perfecta creación se echó a perder casi por completo.

Mientras Adán y Eva contemplaban las frutas caer en descomposición, las flores marchitarse, las malas yerbas crecer, las aves y los animales huir de su presencia, las hojas cayendo secas de los árboles, los insectos picar y aumentar en número a su alrededor y todo en un deterioro que ellos desconocían, Dios tomaba las medidas necesarias para los cambios necesarios a fin de afrontar la crisis.

En las clases de teología siempre se discutía la razón que tuvo Dios para poner el árbol de la ciencia del bien y del mal en medio del huerto, muy cerca del árbol de la vida.  Ambos estaban ubicados al centro, de donde también surgía un río que se dividía en cuatro ramales que a su vez, regaban toda la tierra.  La discusión era inminentemente, pues la razón que daba el profesor de teología no era muy convincente: Decía que “era para probar la fidelidad de Adán y Eva a la voluntad divina”.

La realidad es diferente. Podemos decir que Dios diseñó el árbol de la ciencia del bien y del mal como una gran expresión de amor a todas las criaturas que sucumbieron a las promesas mentirosas de Satanás,  para los que fueron víctimas del engaño y se unieron a la rebelión, creyendo que era una causa justa y loable.  La rebelión de Satanás argüía razonamientos que parecían justos y de igualdad.  Nunca, los ángeles y los seres de otros mundos se habían dado con una situación como esa: Satanás argumentaba que Dios les debía dar a ellos la oportunidad de opinar y participar activamente en la creación de la nueva tierra.  Unos opinaban de una manera y otros de otra.  Dios no intervino en la controversia porque ya Satanás había mostrado su carácter obstinado y rebelde y en un principio, Dios intentó convencerlo de su error, pero se dio cuenta de su obstinación y lo dejó actuar de acuerdo a su criterio equivocado.

En términos sencillos y generales, las razones que Satanás exponía a las huestes angélicas eran de índole política.  Su reclamo principal era que Dios debía de contar con ellos para gobernar el universo y tomar decisiones como la de crear un nuevo planeta con gente semejantes a Dios y con criterios propios.  Dios no tuvo otro remedio que echarlos del cielo y de todo contacto con los mundos que no le creyeron ni se unieron a sus reclamos.  O sea, que tan pronto la rebelión se salió de control y se convirtió en una guerra de ideas falsas contra el Creador, Dios los echó y los arrojó al abismo.  Hubo planetas en los que todos sus habitantes se rebelaron y se unieron a Satanás. Al ser echados al abismo, quedaron arrasados por completo como si un huracán los hubiera devastado. Los rebeldes estuvieron vagando por el espacio por mil años antes de que la tierra fuera creada.

Tan pronto Dios creo la tierra, Satanás y sus ángeles se acercaron para ver las maravillas de la nueva creación y las criaturas semejantes a Dios y a los ángeles.  En vez de lograr un acercamiento amistoso con Dios, Satanás desarrolló su estrategia de engaño contra los seres recién creados.  Dios en su infinita misericordia e inconmensurable amor, los invitó a participar como pobladores de la nueva tierra.  Para eso, justamente por amor a los que se unieron a Satanás pensando que tenía razón, Dios puso el árbol de la ciencia en medio del huerto, a fin de  que aquellos que no desearan seguir en rebelión contra Dios se arrepintieran y comieran del fruto del árbol y se transformaran a través de la ciencia divina, en seres semejantes a los que Dios había creado y puesto en el Edén.  Para invitarlos y transformarlos en humanos, Dios puso toda su maravillosa ciencia en ese árbol único.

Satanás personalmente tomó posesión del árbol y no les permitió acceso a todos sus ángeles de la rebelión.  Solo unos pocos de sus fieles seguidores tuvieron la oportunidad de comer del fruto del árbol de la ciencia y transformarse en seres humanos terrestres como Adán y Eva. Esos fueron en realidad los que poblaron la tierra inicialmente y algunos de ellos aprovechando la incursión de Eva al árbol y ceder a los reclamos y mentiras de Satanás, entró a ella, bajo los efectos del poderoso estupefaciente y la embarazó.

Luego de esta desgracia tan grande para la familia humana, y el desastre que eso significó para el plan de Dios, la tierra y sus moradores quedaron bajo dominio de Satanás que pensó que al conquistar a Adán y a Eva, la tierra era de él y de sus secuaces.  Todos los que comieron del árbol de la ciencia, se humanaron y comenzaron a multiplicarse y tomaron posesión de las mejores tierras en el valle, junto a los ríos que salían del Edén.

El Destino de Eva

Dos naciones luchaban en el vientre de Eva.  Dos niños de dos padres diferentes se desarrollaban con muy poca diferencia en su formación.  Caín nació primero y por eso Satanás reclamó primogenitura para él.  El hijo de la rebelión no se parecía a ninguno de sus supuestos padres, Adán y Eva. El nacimiento de Caín causó gran conmoción en Adán que sospechó que Eva le había sido infiel.  Tanto Adán como Eva y Dios gozaron de la presencia de su hijo Abel, pero no de la de Caín.  Desde que nació este niño, se vieron los genes de la rebeldía en su carácter y actuaciones.  Cambió el ritual de adoración y en vez de traer un cordero trajo viandas de la tierra, demostrando su rebelde actitud a la voluntad divina. 

Adán por su parte, quedó inmensamente adolorido cuando descubrió la traición de Eva y estuvo 130 años separado de ella.  Durante esos años, los hijos de la rebelión que se transformaron y se multiplicaron en la tierra, crearon ciudades, instrumentos de labranza, armas y cuchillos de metal, instrumentos musicales y todo tipo de artefactos para facilitar la vida en el campo (Génesis 4: 16-22 y 5:3).  Luego de los 130 años, Adán perdonó a Eva y se unió a ella y les nació un hijo a su exacta semejanza que le llamaron Set.   Ahí comenzaron a nacer los hijos de Dios en Adán con 150 años de atraso con respecto a las generaciones de Caín que tomaron la delantera, establecieron ciudades, se multiplicaron expansivamente y dominaron la genética de los habitantes de la tierra por una gran mayoría, predominando los genes de la rebelión, ya que los hijos de Set tuvieron que tomar mujeres entre los hijos de la rebelión.  

En el Génesis se establece la diferencia y la teología cristiana, nuevamente hace una interpretación incorrecta de Génesis 6:1-4 y confunde a los descendientes de Set con los de Caín.  Los hijos de los hombres se mezclaron con los hijos de Dios.  Los hijos de Dios son los descendientes de Adán y Eva por su hijo Set.  Los hijos de los hombres son los descendientes de Caín y de los ángeles caídos que comieron del árbol de la ciencia y se humanaron.  Allí comenzaron también y se formaron las diferentes razas que se esparcieron por todo el mundo ya que los ángeles que se humanaron eran procedentes de mundos y creaciones diferentes que había Dios esparcido en el universo y que cayeron en el engaño de Satanás. 

Dios permitió y propició la humanización de estos, con la esperanza que se arrepentirían de su alianza con Satanás, pero éste controló el árbol de la ciencia, posándose en el y solo permitió a los más fieles y leales a su causa que realizaran dicha transformación.  Así se aseguró que la genética de la rebelión pasara a todos los seres de la tierra.  Por esa razón, al Jesucristo tomar la naturaleza humana, se llamó así mismo: “el Hijo del Hombre”.  Esa es la razón por la cual los teólogos se confunden con el término hijo del hombre y al remontarse al Génesis lo aplican incorrectamente a los gigantes que surgieron de la humanización de ciertos ángeles caídos.  La teología especula erróneamente porque no entiende la razón por la cual el Hijo de Dios se llamó así mismo el Hijo del Hombre.  Es que Jesús conocía muy a fondo la verdad de todo lo que ocurrió en el principio y estuvo presente en los comienzos tortuosos de la historia, y vio como Satanás se aseguró que la genética de la rebelión pasara a todos los habitantes de la tierra.

Tratando de que esa genética no fuera tan dominante que destruyera toda la creación de Dios, Jehová le habló a Moisés y a los patriarcas para que no se mezclara el pueblo de Dios con los paganos descendientes de Caín y de Satanás. Además, les dio las leyes para que no consumieran sangre de ningún animal ya que los genes malignos necesitaban de sangre para alimentarse y sobrevivir en el genoma y en las células humanas.  Así ocurre con todo tipo de virus y bacterias que crean patologías en el cuerpo humano y que se alimentan de las proteínas y de la sangre proveniente de animales.  En Génesis 9:4 Dios le ordena a su pueblo a no consumir sangre y lo reitera en Levítico 3:17, en Levítico 17:10-12, 14, Levítico 19:26, Deuteronomio 12:16, 23, 25, 15:25, Hechos 15:20, 29, 21:25, Ezequiel 33:25 y Apocalipsis 17:6.

Como podemos ver en el libro de Levítico y en el de Deuteronomio se establece el tema de la sangre y el mandamiento eterno de no consumirla bajo ningún pretexto.  Esta importante previsión ha sido ignorada y rechazada por la teología cristiana siendo otro de los mandatos eternos que se recomendaron para evitar que la genética maligna se propagara dentro del pueblo de Dios.  Hoy tristemente vemos que la iglesia cristiana consume la carne de animales muertos con todo y la sangre.

Este asunto de la sangre es vital para la salud física y espiritual y para la salud de la población de la tierra.  Todos los que consumen carne con su sangre, (porque todo tejido contiene capilares con sangre), va a sufrir enfermedades que Dios le prometió a su pueblo que no sufriría si obedecían los mandatos de la salud.  “La vida en la sangre está” (Éxodo 15:26) Estatuto eterno, pacto perpetuo (Deuteronomio 7:15). El que consuma sangre, “será talado de mi pueblo”, dice Jehová. 

Este asunto de la sangre es más serio de lo que muchos piensan y la iglesia cristiana tiene tantos enfermos en su medio, que ha tenido que crear hospitales para contenerlos y hacer negocio de las enfermedades.  Las siete denominaciones o iglesias modernas tienen hospitales: los menonitas, los católicos, los adventistas, los episcopales, los luteranos, los judíos cristianos y los mormones.  Todos han tenido que recurrir a los hospitales pues por su terquedad de ir en contra de la ley divina.  Sus miembros sufren de todas las enfermedades que fueron dispuestas para los rebeldes.  Todos los que con carne y sangre alimentan los genes malignos, sufrirán enfermedades malignas y muerte eterna.  Es una ley divina de la cual nadie que consuma carne de animales muertos, se libra.  A los pastores que enseñan contrario a esto, Dios los desconocerá y los rechazará en el día del juicio (Mateo 7:22-23). 

Nunca podrán detener la incidencia de cáncer y de las enfermedades cardiovasculares ni la diabetes, mientras no detengan el consumo de carne con sangre en la población.  De nada vale orar porque la oración no puede hacer que Dios revoque su ley.  Si por la oración de fe, el Señor es movido a compasión, solo puede añadir un poco de tiempo a la vida, dándole oportunidad al enfermo que de alguna manera entienda que tiene que hacer el cambio alimentario.  Pero si no lo logra, el resultado un poco más tarde o más temprano será el mismo.

Como señalamos anteriormente, la sangre es un elemento accidental en el plan de Dios y es único de esta tierra.  “Ni carne ni sangre heredarán el reino de los cielos” (1 de Corintios 15: 50).  Por esa razón, en el proceso de glorificación y transformación de este cuerpo corruptible a uno incorruptible, la carne se transforma en cuerpo glorificado incorruptible y la sangre es sustituida por el plasma divino.  “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los vivos) seremos transformados” (1 Corintios 15:52).

Ya Jesús, junto a María Magdalena y muchos otros que ascendieron con él al reino de los cielos, pasaron por la transformación.  Es un proceso natural y necesario porque nada corruptible puede entrar al reino de Dios.  La sangre que se formó como consecuencia de los primeros padres comer del fruto prohibido por Dios para nuestra raza, sostiene la vida transitoriamente pero no permanecerá cuando desaparezca el pecado que nos limita.  Perder la sangre es perder la vida, y Jesús tuvo que derramar hasta la última gota de sangre en la tierra, para que su cuerpo pudiera ser transformado y glorificado para ascender al cielo.  Los discípulos lo pudieron ver, la puerta del aposento alto donde se reunieron estaba cerrada.  Jesús en su cuerpo glorificado atravesó la pared de piedra para reunirse con ellos.  Su gloriosa transformación se produjo en un minuto, en un abrir y cerrar de ojos, pero Él descansó en la tumba el sábado y el domingo, muy temprano se le presentó a María y a los discípulos que le pudieron ver y tocar.  Así tocaremos y seremos tocados. Abrazaremos y seremos abrazados por nuestros amigos, familiares y conocidos que encontraremos en el nuevo reino. 

Nota 1: El sangrado menstrual de la mujer tiene explicación científica desde la perspectiva fisiológica y razones espirituales. Una, es consecuencia de los cambios en el comportamiento del sistema endocrino (hormonal), y otra, que es consecuencia del pecado por desobediencia a Dios. Ésta última por comer de la fruta del árbol prohibido que causó un daño irreparable a la raza humana.  El hecho que Eva cargara en su vientre por nueve meses al hijo de la rebelión y contaminara su cuerpo con el semen extraño, implica que tenía que sufrir el castigo de su desobediencia.  Las implicaciones del castigo no solo trajeron la muerte a la raza humana, sino que permitieron que esa genética rebelde, que no se arrepiente de hacerle la guerra a Dios y a todo lo bueno y perfecto creado, pasara a todos los hombres y mujeres de la tierra.

No podemos olvidar que esa uva en particular, de ese árbol especial, (de la ciencia del bien y mal) tenía el propósito de re-crear y transformar a los ángeles caídos que se rebelaron con Satanás en seres humanos iguales y compatibles como Adán Eva con los mismos atributos y oportunidades de procrear como ellos.

Tenemos que entender, que ese fruto de la ciencia divina era una amorosa y cordial invitación del Creador a Lucifer y a los ángeles caídos para que se arrepintieran y participaran del gran proyecto divino para todo el universo. La redención de los ángeles caídos era el segundo propósito de Dios al crear la tierra y para los cuales puso en el Edén, dos arboles específicos.

Después de vagar mil años por el abismo infinito, estos seres recibieron la invitación divina para vivir y reproducirse en el nuevo mundo recién creado y perdonar su pecado de rebelión. Aún estaban a tiempo, pues la rebelión no había costado vidas. La primera muerte que ocurre como consecuencia de esa inútil rebelión fue la que implicó el pecado de Eva al comer el fruto del árbol prohibido para ellos y darle a su compañero Adán. Este acto, implicó la muerte de todos los descendientes de ambas razas que poblarían la tierra, y el próximo primero en morir fue su hijo de ambos, Abel. (Por la ley de Moisés, el segundo hijo le pertenece y se adjudica al padre del primero, por lo que técnicamente, aunque la semilla era de Adán, le pertenecía a Satanás y éste reclamó lo suyo.)   Como Satanás nunca comió del árbol de la ciencia, no participó de la muerte que pasó a todos los seres humanos, y eso es concluyente a que usó a uno de sus ángeles para embarazar a Eva, que, embriagada por el vino muy particular de ese árbol, no pudo evitar la violación, y técnicamente consintió en ella.

Este pecado de adulterio de Eva trae connotaciones e implicaciones legales únicas en la experiencia del pecado, y por esa razón, el castigo a la mujer fue más significativo y abarcador que el del varón. El primer embarazo de la historia de la humanidad viene como consecuencia de un adulterio bajo circunstancias muy particulares. El término médico para este tipo de embarazo es: Embarazo heteropaternal, porque el vientre de una mujer lo comparten mellizos de padres diferentes. 

Nota 2: Para aclarar el tema de el embarazo particular de Eva, Dios le dio la experiencia a Rebeca. Según el relato bíblico de Génesis 25: 23, “Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas” Así como Jacob y Esaú eran completamente diferentes entre sí, tanto en su apariencia como en su carácter, lo fuero Caín y Abel en el principio.

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