Los Panes… ¿Y los Peces?

Por: Dr. Norman González Chacón

Aunque se trata de un evento histórico-bíblico, cuando escuchamos la frase “por los panes y los peces”, generalmente se usa en referencia a alguien, que, por interés o conveniencia personal, actúa buscando aprovecharse de una situación en particular.  También se aplica a cristianos que van a la iglesia, no por amor a Dios y a su salvación, sino por temor a perderse.

El tema bíblico de los panes y los peces, aceptado por la cristiandad en general, conflige con el contexto bíblico y con la misión de Jesús y su carácter.  Es cierto que multiplicó los panes en dos ocasiones y alimentó una multitud de cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños en la primera, y cuatro mil en la segunda.  Este suceso está mencionado seis veces en los evangelios por su relevancia en el ministerio de Cristo fue resaltado por los cuatro evangelistas (Mateo 14:14-21, 16:9-10, Marcos 8:4-9, 12:26-27, Lucas 9:10-17, Juan 6:1-13).

En nuestro estudio presente, le adelantaremos que, en estos relatos, hay mano humana mediando y alterando el texto bíblico y la realidad.  Es cierto que Jesús alimentó una multitud en dos ocasiones multiplicando panes que alcanzaron para todos y sobraron varias canastas llenas que testifican del gran milagro.  Pero una cosa no va con la otra, pues en base a la lógica natural y al contexto de las escrituras, el que dijo: “Soy la resurrección y la vida”, no podía multiplicar peces muertos porque esa no era ni su misión ni su intención.  Si vemos los argumentos de Jesús en Marcos 8:4-9, nos daremos cuenta de que los traductores que añadieron los peces al relato, no se atrevieron a alterar las palabras de Jesús que no menciona los peces para nada cuando se refiere a las dos multiplicaciones de panes milagrosas.  Cuando Jesús pregunta: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: siete. Podemos ver en el texto bíblico que Jesús ni los discípulos hablaron de peces porque no hubo multiplicación de peces en la realidad del milagro.  

Los copistas o traductores sabiendo que era común el consumo de peces en esa región, añadieron los peces porque no concebían en sus mentes mundanales que Jesús solo les diera pan sin otra mestura.  Querían hacer ver al mundo, que el Chef Jesús les sirvió una cena completa a los comensales de su auditorio. El verso 7 no es parte del original y en los versos 17-21, Jesús vuelve a mencionar los panes, pero de su boca no sale la palabra “peces”, porque no los había.  La palabra traducida por peces en los idiomas originales es piscis o ictius (Ichthyas).  La palabra original de la cual traducen “peces” es “opsariom” y se refiere a la mestura que se acostumbraba añadir al pan y que consistía en un aderezo que preparaban de aceite de olivas, condimentos de yerbas naturales, sal y natilla de leche.  Esa era la mestura que se acostumbraba consumir con el pan y que constituía, en muchas ocasiones, la comida de los pobres.

Por lógica natural, aquel que se autoproclamó “la resurrección y la vida” no podía multiplicar muertos sin que cobraran vida al instante.  Es comprobable que hizo milagros con peces, pues la pesca era el sostén económico de los discípulos y cuando aún estaban comenzando, salían a pescar para ganar el sustento de sus familias.  Pero una cosa es pescar peces vivos y otra, multiplicar peces muertos.  La gran misión era hacerlos pescadores de hombres, pero Jesús fue paso a paso convirtiéndolos a ese ministerio. Tan arraigada era su costumbre de salir a pescar, que después de Jesús resucitar, ellos volvieron al mar a pescar. 

El Señor llama a las almas de todos lados para ofrecerles salvación, la profesión a la que se dedican es algo secundario a la necesidad y oportunidad de salvarse.  Una cosa no invalida la otra.  Su mensaje y llamado incluyó pescadores, publicanos, prostitutas y ladrones.  No hizo acepción de personas en su misión.  Sanó enfermos de todo tipo, resucitó muertos, compartió con borrachos en las bodas, aceptó la invitación de Simón el leproso y compartió con Mateo el publicano.  No importó su religión o creencias, ni lugar de origen o regiones.  A todos los trató por igual y partió en pan con ellos.

Una mujer, con solo tocar su vestido, sanó de una larga y costosa enfermedad de más de 20 años.  A otros tocó y les devolvió la vida, al endemoniado solo le habló y quedó sano y cuerdo.  A la hija del centurión romano la levantó con solo decir la palabra, a la suegra de Pedro sanó dándole la mano, y a Lázaro lo resucitó llamándole por su nombre cuando su cuerpo estaba ya en descomposición. Sanó muchos ciegos, cojos y paralíticos.  La biblia testifica de Él desde Génesis 3:15. 

Hizo milagros con peces, no hay duda de eso, cuando ya los discípulos, cansados de una noche de pesca infructuosa, decidieron volver a la orilla, Jesús estaba allí y como a doscientos codos de la barca, les dijo que tiraran la red a la mano derecha del barco y en poco tiempo la red se llenó de 153 peces contados por ellos.  El número 153 es un número profético que más adelante explicaremos y discutiremos a fondo.  Este milagro merece una consideración especial pues Jesús había comisionado a los discípulos a pescar hombres y no peces, pero ellos no entendieron y por eso pasaron toda la noche pescando en vano.  Esta era la tercera vez que el Señor se les aparecía después de resucitar y los encontró pescando en el mar.  Allí le dio instrucciones a Pedro de “apacentar las ovejas” o sea, que en vez de pescar peces, apacentara el rebaño.  De pescador a pastor de almas.  No debían volver al mar en busca de peces, su labor cambió para salvar almas predicando al Cristo resucitado.

Esta aparente disgresión del tema es importante debido a que debemos entender que la etapa de pesca terminó para los discípulos y la encomienda cambia también para la predicación del evangelio.  Ellos tardaron en entender la misión que se les había encomendado.  La biblia debe ser su propio intérprete y cuando algo no se ajusta al contexto, es porque los hombres que transmiten el mensaje lo hacen sin entender a fondo su misión.  Tratando de explicar lo que es claro, se desvían del tema y lo sacan de contexto.  En el caso de los panes, Jesús fue claro y habló de pan y no de peces (Marcos 8:4-9).  En Juan 21:13, Jesús les ofrece pan y nuevamente el copista traductor añade: “Y así mismo del pez”, que no era pez porque se supone que había sido pescado.  Pero la insistencia del traductor es imprudencia de este y su inserción añade elementos extraños de confusión a los evangelios.  ¿Qué ganó el texto con añadir peces o pescados al pan? ¿En qué contribuye el texto añadido al mensaje que el Maestro quiso dar? ¿No han entendido? (Romanos 10:3, Mateo 12:5 y 13:11-17) “Pero los entendidos entenderán”. Algunos traductores y comentaristas bíblicos tratando de hacer mas entendible el error, han querido cambiar la definición de la palabra opsariom y la definen como una mezcla de pescado y especias. Otros como un postre de frutas.

Los comentaristas bíblicos alegan que Jesús comió pescado basándose en ese tipo de traducciones fuera de contexto. Pero no se atrevieron a poner peces en la boca de Jesús cuando es Él el que habla; Veamos el texto de Marcos 8:19-21: “¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿Cuántas espuertas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿Cuántas espuertas llenas de pedazos alzasteis? Y dijeron: siete. Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?”

Las palabras del Maestro son claras y contundentes.  El traductor o copista no se atrevió a poner palabras en la boca de Jesús que éste no dijo, por la sentencia que existe para el que lo haga.  Jesús no mencionó los peces o pescados para nada.  La palabra “peces o pececillos” está claramente añadida en el texto que solo se refiere  a la mestura del pan.

Los comentaristas bíblicos están de acuerdo con los copistas y traductores porque complace la práctica común y satisface la costumbre general de la gente en su estilo de comer; No obstante, si lo vemos con ojos escrutadores nos daremos cuanta que la mención de los pececillos del verso 7 de Marcos 8, está intencionalmente añadida y no pertenece a la narración original. 

Leamos desde el verso 6: “Entonces, mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió y dio a sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante de la multitud”.

El verso 7 no sigue el compás de la narrativa pues introduce abruptamente la frase “unos pocos pececillos” que se nota fue añadida a posteriori.

¿Cómo llegamos a estas conclusiones?  Primeramente, porque según el mismo Jesús en el evangelio de San Mateo capítulo 12:26 y 27 declara que Dios es Dios de vivos; (por lo tanto) no de muertos. ¡Eso está muy claro!  Por lo tanto, si Jesús es la resurrección y la vida, al bendecir los pececillos muertos, ¿qué creen ustedes que hubiera ocurrido? Es obvio que hubiesen cobrado vida. 

Cuando la biblia no se estudia en su contexto, el texto se convierte en un pretexto que cualquiera puede interpretar aisladamente a su antojo.  ¡El Señor es un Dios de vivos y no de muertos! ¡Eso está claro!

Jesús no le iba a dar a comer a la gente, algo que desde el principio no fue señalado como alimento para los seres humanos.  Si permitió que los discípulos pescaran peces después de su llamado a pescar hombres, fue porque era la costumbre de los discípulos salir a pescar para sostenerse económicamente.  Eran pescadores de profesión y eso era lo que sabían hacer y habían hecho durante toda su vida.  El Señor llama a las almas, no importa las circunstancias personales o individuales, la raza, el color, la profesión, el credo o la fe y les ofrece salvación. 

Otro importante argumento surge de la ley judía: Según la ley de Moisés que regía en el pueblo de Israel, todo aquél que tocare animal muerto, se consideraba inmundo hasta la tarde y tenía que hacer la ceremonia de lavamiento o purificación.  Jesús el que tenía el poder sobre la muerte, no podía tocar un pez muerto para darlo a comer a una multitud hambrienta.  Yo que personalmente creo en la alimentación vegetariana, no le daría a comer ni carne ni pescado a ninguna persona, no importa las circunstancias, mucho menos, Jesús, el autor de las leyes de la salud y de la vida. 

No tenemos la más mínima duda de que el texto bíblico fue intencionalmente mal   traducido para conformarlo a lo que los traductores entendían que podía ser la tal mestura o aderezo que acompañaba a los panes que Jesús multiplicó y de esa manera, hacer parecer el milagro mas grande a los ojos de los ignorantes, que no conocen el plan divino de salud a través de los medios naturales sin que medie la muerte del animal y por ley natural, la del ser humano.

Recordemos que Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”…, no el pez de vida; “Soy el buen pastor”, no el buen pescador.

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