5+5 – Los Primeros 5

Por Dr. Norman González Chacón

Primer Mandamiento

“No tendrás dioses ajenos delante de mi” – Éxodo 20:3

Este primer mandamiento es corto, en su expresión y voluntad. No deja dudas de que Dios es un Dios celoso de poder que exige el respeto absoluto de toda criatura. Desde el principio, los descendientes mixtos de Caín y de Satanás, han creado dioses de todo tipo en esta tierra, y su variedad es tan amplia como la imaginación de cada cual puede inventar. No vamos a perder tiempo y espacio para mencionar todos los dioses paganos de la invención humana-cainita, pero sabemos que cada día los seres que desprecian las leyes del Creador, inventan nuevas formas de idolatría con dioses modernos que atraen a las nuevas generaciones cuyos dioses son la moda, las redes sociales, los deportes de competencia, los artistas famosos y las diverciones seculares.

Hoy día, como heredamos estas tendencias y las practicamos en nuestra vida, aunque seamos los cristianos más abnegados del mundo, nos hacemos dioses ajenos de muchas cosas que anteponemos a la verdadera y única adoración. Por ejemplo: La casa, el carro, el vestido o la moda, la familia, los hijos, los compañeros, la cuenta de ahorros,el trabajo, el banco, la apariencia personal, el salón de belleza, las prendas, las mascotas, y muchísimas otras cosas que podemos enumerar que pueden interponerse entre uno y Dios, sin darnos cuenta que pueden convertirse de una buena costumbre o cualidad, en una idolatría. 

Por ejemplo: Muchas personas y cada día más gente, adoptan mascotas para compañía y protección personal.  Lo hacen con el refrán popular en mente de que “el perro es el mejor amigo del hombre” y de la misma manera, que muchos poseen un arma para proteger el hogar, piensan que es mejor tener un perro guardián. Tanto la tenencia de armas, como del perro guardián, implican una falla de carácter que pone en duda la fe del cristiano, porque el mejor amigo del hombre es Jesucristo y cuando confiamos en él, cuida nuestras pertenencias, guarda nuestra casa, nos protege de todo mal en todo momento, y no necesitamos la alarma, ni al perro, ni su compañía. Ángeles celestiales, más poderosos que cualquier arma, son nuestra compañía y guardaespaldas en todo momento y lugar adecuado en que estemos, si confiamos en esa protección y no anteponemos el arma, el perro, la alarma, o alguna otra cosa que represente más que Dios en nuestra mente, o en nuestro diario vivir. Teniendo a Dios en nuestro corazón, y poniéndo toda nuestra confianza en él, no necesitamos intermediario alguno que no sea Dios o su hijo, y los ángeles enviados para cuidarnos de todo mal. (Salmo 91:1-12). Por esa razón, todo lo que antepongamos a Diós, viola el primer y más importante y enfático mandamiento de la ley. 

Segundo Mandamiento

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás a ellas ni las honrarás: porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen, y que hago misericordia sobre los que me aman, y guardan mis mandamientos.” Éxodo 20:4

Aunque se puede analizar en detalle mucho más de lo que el tiempo y el espacio nos permiten, el segundo mandamiento complementa y amplía el alcance del primero: No te harás imagen ni semejanza de cosa alguna que esté en el cielo o en la tierra ni bajo tierra que pueda representar un poder semejante o sustituir a Dios en tu mente y en tu respeto y adoración. Cuando le pedimos un milagro a un santo, estamos violando ese importante mandato, porque Dios no admite sustituto alguno, ni permite adoración ni dependencia para nada. Cuando nos hacemos una imagen, ya sea en nuestra mente, en pintura, o en fotografía, o en artesanía, de algo que creemos está en el cielo, en la tierra, en el mar o debajo de la tierra, estamos provocando el celo divino de Dios y asumiendo las consecuencias de provocar la ira de Dios sobre nosotros. Cuando honramos la imagen y la memoria de un familiar ya fallecido con su fotografía, y lo exaltamos como si estuviera vivo en el cielo, violamos el mandamiento porque nos hacemos una imagen falsa.

Constantemente pecamos cuando las imágenes de Washington, Lincoln, Jefferson, y los otros presidentes que aparecen en los  billetes, se hacen tan importantes en nuestras vidas que nuestro trabajo para adquirir dinero se convierte en el principal esfuerzo que realizamos. Es entonces que ponemos a Dios en segundo plano después de las finanzas. O, nos endeudamos tanto que nos obligamos a trabajar horas extras del horario indicado para esa labor, y no nos queda tiempo para orar, meditar y estudiar la palabra divina. De esa manera, el trabajo y las obligaciones se anteponen a Diós. Toda cosa que antepongamos en nuestras vidas a la adoración y preeminencia divina, puede convertirse en un dios ajeno, en una imagen o reproducción fotográfica que de alguna manera desvíe la atención nuestra cuando le debemos dar la honra y la gloria al Señor y Creador del universo. Una falla en este mandamiento, y en el anterior, extiende unas consecuencias nefastas sobre nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos hasta la cuarta generación, que heredarán las tendencias idólatras y rebeldes en sus genes, y aborrecerán todo lo que tenga que ver con Dios y sus preceptos.

En este mundo, son muchos los intereses que se anteponen a la verdadera y única adoración que Dios exige para sí. Mantener nuestra concentración constante en la voluntad divina no es fácil con tantas distracciones que el hombre ha creado y sigue creando para distanciar nuestra mente del creador y de su obra. La televisión, las redes sociales, las novelas, la radio, el cine, los deportes, las modas y muchas de esas cosas que hoy día son parte del diario vivir, son distracciones que nos desvían de lo principal. Nuestra mente debe ser una catedral donde exista una sola imagen real del Dios verdadero. 

Tercer Mandamiento

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; Porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” Éxodo 20:7

En este mandamiento se amplían las exigencias del Creador y nos adelanta que una falla en cualquiera de estos tres mandamientos se extiende en consecuencia sobre nuestros hijos y los hijos de ellos hasta la cuarta generación. O sea que los efectos secundarios tienen a su vez efecto terciarios y cuaternarios sobre nuestra descendencia y sus hijos. Esto es muy serio para Dios porque se afecta a gente inocente por nuestra actitud idólatra o egocéntrica que a la vez que nos condenamos a nosotros mismos, estamos transmitiendo una genealogía deficiente a esas generaciones. Dios es fuerte y celoso, nuevamente reafirma su autoridad sobre la creación y sobre sus criaturas. No acepta ni tolera que tomen su nombre en vano para nada ni por nada. 

Por tanto, expresiones diarias que se realizan comúnmente, como “hay Dios,” “Oh my God,” “Dios mío,” “Por Dios,” “te lo juro por dios,” “Dios lo sabe,” y otras, que se pronuncian sin sentido divino en nuestras expresiones diarias, deben ser motivo de reflexión y debemos de tener mucho cuidado cuando las expresemos “porque no dará por inocente Dios, al que tomare su nombre en vano.” Hay muchas maneras de tomar el nombre de Dios en vano, pero recordemos que no pasaremos como inocentes cuando lo hagamos y seremos culpados.

Cuarto Mandamiento

Acordarte has del día del reposo, para santificarlo: Seis días trabajarás y harás toda tu obra; Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: No hagas en él obra alguna, tu, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: Por tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó“. Éxodo 20:8-11

De los 7 días de la semana, Dios nos da seis para nuestro uso y se reserva el sábado para que ese día, la familia del cielo se reúna con la familia de la tierra para celebrar la creación y la recreación de la tierra nueva con todas las grandes mejoras que Dios tiene planeadas para ese nuevo comienzo. Cada sábado es señal de que el Creador puede contar con un pueblo que entiende la importancia de reunirse con la familia celestial en una comunión, que aunque ahora es a distancia, pronto se convertirá en presencial. En la tierra nueva, de sábado en sábado vendremos todos a adorar dice Isaías 63:13, y será una gran fiesta espiritual que celebraremos con el Maestro que nos revelará los grandes secretos de la vida, sus fórmulas creadoras, sus planes originales y los cambios que va a seguir realizando a través de los siglos. 

Todos estaremos disfrutando la semana, esperanzados en la importante reunión del sábado próximo. Así se confirmará el pacto de los redimidos del Señor que estaremos siempre en contacto con él y celebrando las fiestas sagradas de acuerdo al calendario divino. Es importante que celebremos el sábado en esta tierra conforme a su mandato de descanso para que practiquemos aquí, un poco de lo que experimentaremos en la nueva creación y que el profeta le llama: “Delicia, Santo, glorioso a Dios o de Jehová”. La culminación de cada semana terminará en la fiesta divina del descanso que le dará melodía y sabor a la vida eterna que viviremos con él para siempre. 

El sábado es una señal entre Dios y su pueblo. El descanso de la mente y del cuerpo, de las actividades rutinarias, es una necesidad fisiológica para conservar la salud. Si el mundo descansara el sábado y ese día todos se desentendieran de sus negocios, trabajos y actividades seculares propias, y se retrajeran esas 24 horas de esos intereses personales, no habría necesidad de psicólogos, psiquiatras, ni de muchos médicos y hospitales que hoy exsisten, porque la gente no tiene descanso. Por esa razón, en Apocalipsis, se menciona al grupo que toma la señal de la bestia de perdición, como “los que no tienen reposo ni de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11) Por esa razón, son los que reciben todas las plagas, pandemias, incapacidades y enfermedades crónicas que ocurren cuando se viola el mandamiento del descanso. 

Si Dios ordenó el descanso y descansó de su obra creadora, fue para darnos un ejemplo de larga vida sobre la tierra, “Que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12). Es porque tiene gran importancia para la mente, para el espíritu, y para nuestro cuerpo físico. Nada de lo que Dios ha hecho es por capricho, cada uno de sus mandatos tiene un fin saludable, loable y de grandes resultados. El descanso o sábado, no es la excepción. Dios sabe lo que hace y es una de las pocas cosas que realizó como ejemplo para sus criaturas. 

Hay un Secreto

El descanso sabático de cada semana tiene un secreto oculto que nos va a ser revelado un día. Se trata de una fórmula de salud perfecta que que la tierra y sus habitantes no han descubierto aún porque lo han rechazado. Es la razón por la cual, a Jesús le gustaba hacer los milagros de curación ese día, más que los otros. Por esa razón, los dirigentes religiosos de su tiempo se unieron al gobierno romano para peticionar su muerte porque según ellos, violaba el sábado curando a los enfermos. Desconociendo que el mismo que creó el cuerpo humano, hizo su alimentación e instituyó el descanso para salud y larga vida. Tenemos que recordar que los primeros moradores de la tierra duraban cerca de mil años, y si no hubieran desobedecido las leyes del descanso y de la alimentación, nunca hubieran fallecido. El factor determinante de la muerte estaba en comer o no comer, y comieron. En descansar el sábado, y no lo hicieron.  

Al romperse las leyes del descanso, todo se convirtió en el caos que hoy perdura sobre la tierra. Guerras y amenazas de guerras, y enfermedades de todo tipo. Estas son las calamidades que sufren los que han tomado la señal de la bestia en sus frentes y en su mano derecha: Cataclísmos, terremotos, y mil y unas situaciones de accidentes y de otras desgracias que le ocurren a la gente constantemente. La señal en la frente, o en su mano derecha significa la convicción, y la mano derecha significa la acción y decisión por conciencia de hacer el trabajo y cuando y cómo lo hacemos. El sábado divide el tiempo de trabajo igual que los silencios separan las notas del pentagrama y establecen la armonía de una pieza musical. A propósito que menciono el pentagrama, éste instrumento en el que se expresa la música, tiene cinco espacios como lo tiene el sello del Creador. Sin descanso como sin silencio, no se produce música y se establece un caos persistente que afecta la mente y el oído. 

Así estaba establecido el antídoto contra las enfermedades mentales y físicas: La medicina divina que trajo Jesucristo a la tierra y que fue rechazada y despreciada por los hombres, contenía una fórmula de descanso en salud. Ahora, sin sábado y sin medicina, todos están sentenciados a padecer las mismas enfermedades y otros males nuevos, que seguirán apareciendo como consecuencia de nuevas formas de desobediencia y de idolatría. Una es consecuencia de la otra. 

Así estaba establecido el antídoto contra las enfermedades. La medicina divina que trajo Jesucristo a la tierra, que fue rechazada y despreciada por la iglesia “cristiana” de todos los tiempos, contenía una fórmula de descanso. 

Al apartarse del descanso, el ser humano reta la naturaleza de su creación y se arriesga a sufrir las consecuencias funestas de su insistente terquedad y rebelión contra las leyes divinas. (Éxodo 15:26, 23:25, Apoc. 14:12, Juan16:13). Así pierde la protección prometida a los que guardan su ley: “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, Santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre: Porque la boca de Jehová lo ha hablado. “Isaías 58:13-14) No hay mucho que añadir a este texto, si lo analizamos a fondo, porque desde muy temprano en la historia de este mundo, el Señor le habló claro a sus siervos los profetas, y a través de ellos expresó su voluntad y dio órdenes precisas a todos. No hay, ni podemos inventar excusas, para abolir algo tan importante que nos permitirá subir a las alturas de la tierra y nos dará a comer la heredad de Jacob nuestro padre. 

Al igual que ocurrió en los tiempos del profeta Daniel, el pueblo de Dios será probado por sus enemigos en su lealtad de adoración, en su carácter individual, y en la alimentación y la salud. Daniel, exaltado a un puesto público de gran importancia, rehusó comer de la comida del rey, y rehusó arrodillarse ante los ídolos de su tiempo, establecidos por el gobierno reinante del Faraón. En un término corto de años, Daniel y sus compañeros, que representaban a la Iglesia o pueblo de Dios de su tiempo, tuvieron que enfrentar tres decretos de muerte. Por su lealtad a Dios, que no defraudó su lealtad al gobierno de los reyes a los cuales asistió, fue ascendido al cargo más alto del gobierno de varios gobernantes en sucesión. 

Para alcanzar metas similares, cada cristiano de este tiempo tiene que ser un Daniel en la corte de Babilonia. Podemos ver en esa historia real, la marca de la bestia de Apocalipsis 13, en tres decretos de muerte diferentes, así como una versión de la bestia diferente en cada caso. Esa es la razón por la cual señalamos antes, que las circunstancias que provocan el decreto en determinado momento de la historia, pueden cambiar, para que de esa manera, el pueblo de Dios sea engañado con una versión diferente en cada tentación y decreto, de lo que ellos esperan que sea la imposición de tal marca.  

No podemos pensar ni por un momento de duda, que la bestia, que una vez simbolizó al gobierno romano, siga siendo la misma en este tiempo. Pensar de esa manera, es subestimar a Satanás y a su ejército de estrategas que realizan una labor de inteligencia,  de publicidad, y de estrategias, que superan en gran medida la sana e inocente manera tradicional de los teólogos y dirigentes de la Iglesia cristiana, que aún están esperando que ocurran acontecimientos que hace tiempo ocurrieron, y ellos ni cuenta se dieron de los mismos, porque no estaban ubicados en la profecía, ni en el tiempo profético, en el momento preciso. 

 Nota: Todo esto tenemos que explicar, aunque sea someramente, para poder continuar con el estudio de los mandamientos de la ley de Dios y poder analizarlos con la propiedad y pertinencia que el momento actual requiere para su estudio y comprensión. 

Los tiempos y las circunstancias cambian constantemente, Las profecías se transforman y evolucionan al compás del tiempo y del “sit in leben” o “momentum” que se esté viviendo, pero la Iglesia no ha cambiado su manera de ver e interpretar las leyes, los eventos proféticos, y su visión arcaica de los eventos finales. (Véase el blog Las Dos Biblias)”  

La atrasada iglesia, aún entiende que el décimo mandamiento que prohíbe la codicia del siervo, de la criada, del buey y del asno, no incluye ni la ropa, ni el trabajo ni los empleados, ni el carro, ni la casa. No está al día de los tiempos, y aún sigue enseñándo que la profecía apocalíptica de la Bestia y la imágen de la Bestia, es como al principio de la era cristiana cuando el gobierno romano va a volver a perseguir a la Iglesia. No han despertado a la realidad de qué en este momento el poder perseguidor es otro, y la Iglesia lo alberga como un tesoro, como algo grande y apreciado: Se trata en este tiempo, del sistema médico moderno con drogas tóxicas y dañinas, con vacunas y cirugías innecesarias. Un sistema que realmente trata las enfermedades, pero no las cura, como curó el Maestro a los enfermos, cuando vino a darnos su ejemplo de lo que sus discípulos y la Iglesia, debían de continuar haciéndo.  En el tiempo de Cristo, también había médicos, y el Maestro no se asoció con ellos para sanar los enfermos. En el blog, analizamos el tema: “El Toque de Fe”, que nos habla de la mujer, que con solo tocar el vestido de Jesús, quedó sana de su enfermedad. Dice claramente el texto, que había gastado todo su dinero en los médicos de su tiempo. O sea, que era igual que hoy, si usted no tiene un buen seguro, puede gastar hasta lo que no tiene, en una enfermedad o intervención médica.

La estructura literaria de los diez Mandamientos, sigue un orden sorprendente de crecimiento, a medida que los analizamos en su contenido. Al analizar su mensaje, nos percatamos que es Dios quién nos habla a través de su ley. Toda la naturaleza creada por él lleva su sello inconfundible, tanto en el formato exterior, como en el mensaje intrínseco. Siempre que algo de su creación está en su forma original y no ha sido adulterado, tiene su sello distintivo, su marca de fábrica. (Vease el Blog: El Sello de Dios).

Su marca registrada universalmente, como podemos ver en el tema, el sello de Dios, nos lleva a descubrir que las tablas de los mandamientos tienen cinco (5) mandamientos en cada una y no cuatro (4) en un lado y seis (6) en el otro. Eso es incorrecto, y Dios, en su estructura, en su creación, y en su ley, obra de manera balanceada y perfecta: El quinto mandamiento qué lee: Honra a tu Padre y a tu Madre, con la promesa. Porque tus días se alarguen en la tierra, que Jehová tu Dios te da, es la culminación de nuestra responsabilidad con la regla.

Reflexiones sobre el Cuarto Mandamiento

El Cuarto Mandamiento es el más largo de los diez y está dividido en cuatro versos que se pueden analizar por separado: (Éxodo 20:8) “Acordarte has del día de reposo para santificarlo, este recordatorio es una importante exhortación al pueblo de Dios, acordarse de algo de lo que se habían olvidado, y que les fue recordado en él Monte Sinaí porque fue instituido desde el mismo principio, en el Edén, terminada la creación de este mundo. Dios mismo lo descansó para darnos ejemplo de su vigencia eterna y su importancia para la salud física y espiritual de sus criaturas, así como para para devolver a Dios el tiempo que le pertenece por derecho, por obra, por creación y por redención. Podemos decir  que el sábado es un monumento recordativo de la creación y del Creador para el ser humano. Los versos que nos indican que tenemos seis días para realizar toda la obra que necesitamos hacer, más el séptimo día será reposo dedicado a Jehová tu Dios. Señala el cuarto mandamiento “que no harás obra alguna, tú ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Aquí incluye a toda la familia, a los que sirven, a los empleados, y a cualquier visitante que llegue a tu casa, o a tu negocio, (que no debe de abrirse, ni trabajar en ese día.) “Porque en seis días hizo Jehová los cielos, la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay; y reposó Dios el séptimo día. Por tanto bendijo (con una bendición especial) el día de reposo y lo santificó”.

Todos los días de la semana tienen una bendición especial, pero el sábado, además de esa bendición, tiene una santificación especial. Una separación de santidad única, que ningún otro día tiene. Es un día de descanso y santidad, que es de Jehová, el Creador. 

Es el día en que toda la creación debe reconocer y recordar la primera semana de la historia de la tierra y a su Hacedor y Diseñador. Ese día, puede haber un pequeño grupo de los habitantes de la tierra reunidos en adoración en diferentes partes del mundo. Pero ese mismo día, el universo habitado está en reposo y adoración cantando y alabando al Creador de todo lo que existe. Pero la mayoría de los habitantes de la tierra, están violando el mandato de descanso, trabajando, construyendo, comprando y vendiendo, y no se acuerdan del día separado para el Dios Creador. Así estaban en el tiempo cuando Noé construyó el arca y anunció el diluvio que estaba próximo a venir (Mateo 24:37-39. Ese día, la puerta del arca se cerró y la oportunidad de entrar quedó fuera para perdición de todos los que no hicieron caso. Así, dice Jesús, será en los días de la venida del Hijo del Hombre. Los que no tienen el descanso divino, ni lo han hecho parte de sus vidas, encontrarán la puerta cerrada para ellos. El sábado es el sello de Dios en el tiempo, y los redimidos estarán sellados por el sábado divino de la creación y de la redención eterna. De inmediato, en la ley, entra el quinto mandamiento que nos ordena honrar al Padre y a la Madre celestial y a nuestro hermano mayor, Cristo el Señor. 

El cuarto mandamiento resume los primeros cuatro mandamientos de la ley y el quinto ratifica los primeros cinco que exaltan la adoración y reconocimiento al autor y creador de los cielos y de la tierra. Los cinco primeros mandamientos nos dirigen al Dios creador, cuidador amoroso, justo, ecuánime, sostenedor, y Padre Eterno. Siempre está dispuesto para sus hijos, y para los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Su presencia infinita está disponible aún, para los que le aborrecen y rechazan. Sólo tienen que clamar, y él los atiende, los escucha, y los sostiene con su mano poderosa y fuerte. No hay otro Dios como el nuestro, y cuando lo conocemos y hacemos su voluntad, nuestra vida se alarga sobre la tierra, recibimos sus bendiciones, su paz y la salud, que son parte de nuestra felicidad eterna. Los otros cinco mandamientos son para el bienestar del ser humano. En nuestro próximo artículo estaré escribiendo sobre cada uno de ellos.

El sábado es el diezmo del tiempo que le devolvemos al Señor. Si no lo descansamos de nuestras obligaciones personales ese día, le hurtamos al Señor lo que por derecho de creación le pertenece. Cuando le hurtamos a Dios, alteramos el calendario divino, deshonramos al Padre Celestial, al Hijo, y al Espíritu Santo. Nos matamos a nosotros mismos cuando violamos el descanso divino y acortamos nuestra vida útil. En fin, quién no guarda el sábado que es el cuarto mandamiento, viola toda la ley de Dios. “Porque el que guarda toda la ley y falla en un solo punto, es hecho culpable de toda la ley” (Mateo 5:19, Santiago 2:10), se condena a sí mismo a sufrir enfermedades que la cortaran la vida, y le transmitirá esa genética enfermiza y debilitadora a sus hijos, a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Los diez mandamientos los escribió Dios con su dedo, y los  esculpió en bajo relieve en las tablas de duro granito. El padre de la mentira, de la codicia, del adulterio, de la maldad extrema en esta tierra, ha engañado a la humanidad para que desprecien la ley de Dios, cuando todas las leyes que la jurisprudencia de la tierra ha creado, están basadas en los diez mandamientos de la ley divina. Es algo incomprensible que es enemigo haya logrado que todos respeten las leyes civiles obligatoriamente, y a la vez menosprecien el mandamiento del descanso divino, que son para la salud mental y física del ser humano, y su relación con el Creador.  ¿Será por eso que hay tantos enfermos en el mundo? 

Los resultados de esa indiferencia al mandamiento más largo de la ley de Dios, son desastrosas para la humanidad que sufre las consecuencias en carne propia: Enfermedades de todo tipo, esclavitud al trabajo servil, acortamiento sistémico de la expectativa de vida, daño al ambiente, contaminación de los recursos naturales, del aire, del agua, y de los alimentos, que a su vez, le devuelven más dolor, aflicción y esterilidad a la tierra y a sus moradores. ¿Qué más podemos esperar?  

Quinto Mandamiento

Honra a tu Padre y a tu Madre, (porque) para que tus dias se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da“. Éxodo 20:12

Honra a tu padre y a tu madre, no sólo se refiere a los progenitores terrenales. Ese mandato incluye al Padre y a la Madre celestiales, así cómo se refiere a la familia terrenal que fue creada a la imagen y semejanza de la familia del cielo. Por eso, podemos inferir que los primeros cinco (5) mandamientos incluyen nuestra responsabilidad para con Dios, y los otros cinco, (5), con el prójimo. La segunda tabla comienza con el importante mandamiento: No matarás. Lo que implica, que todos los que no somos YO, es mi prójimo y no puedo atentar contra su vida. 

No sabemos quién dividió las tablas de la ley con cuatro (4) mandamientos en un lado y cinco (5) en el otro, pero es obvio que quien lo hizo, no conoce el carácter perfecto de Dios, ni tuvo la oportunidad de descubrir el sello de Dios en la naturaleza. ¿Qué pensaríamos del creador si nos hubiera puesto cuatro (4) dedos en una mano y seis (6) en la otra? La Biblia señala claramente que ¡la ley de Dios es perfecta! (Salmo 19:7), de la misma manera, la intención en su redacción, tanto en el contenido, como en su aplicación, debe de producir resultados dentro del marco de la perfección. (Mateo 5:48) 

Por esa razón, cuando veo cuatro (4) mandamientos en una tabla, y seis (6) en la otra, pienso que la mentalidad de quien los entendió de esa manera, está lejos de la comprensión de la perfección de Dios en todo lo que creó. El sello de Dios que está expresado en la naturaleza, es el mismo que Dios puso en las flores de cinco (5) pétalos, en las frutas y vegetales que no han sido hibridadas por la mano humana, ni manipuladas genéticamente.  Es el mismo Dios que nos puso cinco dedos en cada mano y en cada pie, que dictó los diez (10) mandamientos a Moisés y que luego los escribió con su dedo en dos tablas de 5 mandamientos cada una. El que hizo su sello con el patrón de una estrella perfecta de 5 puntas, que al nacer en la tierra, una estrella marcó su nacimiento para el mundo, no iba a romper el patrón de cinco (5) en algo tan importante como su ley eterna.  (Vease el Blog: El Sello de Dios en la Creación)

Aunque el ser humano es un violador compulsivo de todas las leyes que conoce y de las que desconoce, no ha podido extender la semana laboral más allá de 5 días y acortarla a cuatro cuando ha querido trabajar menos tiempo. Según las 24 horas del día nos permiten dividir el tiempo del día en tres jornadas de 8 horas, que a su vez se dividen en 8 horas de descanso, 8 horas de trabajo, y 8 horas de asueto y diversión. Los 5 días laborales de la semana van seguidos de un día de descanso que es el sábado, y que a su vez, va seguido de un día de asueto y diversión que es el domingo. Repito: ¿Qué pensariamos de un creador que nos hubiera puesto seis dedos en una mano y cuatro en la otra? Si la humanidad hubiera respetado el reposo divino, y lo hiciéramos conforme a eso, este mundo sería un mejor lugar para vivir. Aunque una gran mayoría del mundo no obedece ni sigue el patrón instituido por Dios, eso no cambia ni altera el propósito de la ley ni inválida su vigencia eterna. En la tierra nueva, “de mes en mes y de sábado en sábado, todos los redimidos vendrán ante el trono a adorar al Creador y hacedor. (Isaías 66:23)

En la medida que estudiemos el carácter perfecto de Dios reflejado en la creación y en todas sus leyes, estatutos y preceptos, nos iremos acostumbrando a la perfección divina hasta que lleguemos a la perfección de cada error que cometamos y nos acerquemos a la perfección que el maestro desea para cada criatura. “Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Eso no es nada fácil, la perfección se completará cuando seamos transformados a su imagen y semejanza. No obstante, el estudio de las leyes divinas nos ayudará a comprender la voluntad y el carácter de Dios, y nos permitirá parecernos a Cristo. Eso nos ayudará a alcanzar el grado de perfección que él requiere de cada uno en particular, de acuerdo a las circunstancias personales. Las 333 leyes que podemos encontrar en el pentateuco, o primeros 5 libros de la Biblia, y en los consejos de Jesús a sus discípulos, son leyes muy importantes con respecto a la agricultura, a la vestimenta, a las relaciones familiares, a los negocios, a los extranjeros, a los animales, y a varios aspectos de la conducta, que deben ser analizados individualmente para su mejor comprensión y aplicación. Por ejemplo: Se puede notar un interés enfático en no llevar a cabo las mezclas o cruces de animales, cruces de razas, cruces de semillas, así como de géneros de telas. Leyes para hacer descansar la tierra y no sembrar nada en ella de cada 7 años; Las leyes temporeras, las leyes para la matanza de animales, para los sacrificios exigidos para el perdón de pecados de diferentes animales y cómo escogerlos correctamente de acuerdo a la condición económica de cada cual. Ese tipo de leyes (de sangre) no las sumamos en las 333 leyes que se mencionan, porque no iban a ser leyes eternas. Esas son las leyes que cesaron cuando Cristo murió como el Cordero de Dios y el velo del templo se rasgó de arriba abajo. En ese momento, el cordero que estaba en el altar para ser sacrificado, se escapó de las manos del sumo sacerdote: Queriendo Dios decir con ese acto, que ya no eran necesarios los sacrificios de sangre, porque el Cordero provisto por Dios, ratificaba el pacto eterno y no había necesidad de más sacrificios de sangre. Todas las leyes de sacrificios de sangre quedaron allí abolidas a la vez. Ese acto no derogó los diez mandamientos que son leyes eternas de Dios para la tierra y para todo el universo. 

Algunas de esas leyes están basadas en conceptos de la química, la física, y las matemáticas divinas que son formuladas para la salud universal. Entre ellas está el descanso sabático del ser humano, de los animales y de la tierra. Son leyes eternas que rigen para todo el universo creado y para todas las criaturas de Dios en los planetas y constelaciones habitadas. Se conocen como reglas de vida. Todos esos seres de diferentes razas y apariencia física, serán igualados a los hombres y mujeres de la tierra y les será otorgado el maravilloso don de la procreación. 

De esta etapa en adelante, el universo creado se reproducirá y habitará muchos mundos o planetas que hoy están desiertos, porque la rebelión de Satanás los arrasó totalmente en su locura de poseer esta tierra con todos los atributos que Dios la creó. Este es el único mundo donde sus habitantes son hechos a imagen y semejanza del Creador. En el apocalipsis, vemos como algunos de esos representantes de otros mundos son descritos por el apóstol Juan que los ve frente al trono representando su raza y su origen. Juan los vió en visión y los describe como animales racionales, porque no tiene otra forma de entender su naturaleza en base a su apariencia. Pero son seres inteligentes que no se dejaron convencer por la rebelión de Satanás y como premio, serán transformados a imagen y semejanza de Dios. Así como nosotros seremos transformados.  Por esa razón, el primer mandamiento de la ley recomienda tajantemente que no debe haber otro interés personal ni divino que se interponga entre nosotros y Dios. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Este primer mandamiento testifica del celo extremo que Dios muestra hacia sus hijos y la lealtad que les exige a cambio de su herencia divina y su protección y paternidad eterna. El quinto mandamiento cierra la primera tabla de la ley que Dios se reservó para la paternidad divina y nuestra lealtad a esa entidad creadora. De eso, depende nuestra esperanza o espectativa de vida. 

Continuará…

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