5+5= La Segunda Tabla

Por: Dr. Norman González Chacón

Pasamos ahora a la segunda tabla de la ley de Dios, o Diez Mandamientos como se les conoce. Estos cinco se ocupan del amor al prójimo, la lealtad que le debemos, y el respeto a todo lo que no nos pertenece.

Sexto Mandamiento

“No Matarás” Éxodo 20:13

El sexto mandamiento es el primero de la segunda tabla que Dios le entregó a Moisés donde se protege la vida de cada criatura. Es un mandamiento escueto, claro y contundente, que no requiere muchas explicaciones.  Cuando Dios dice: No Matarás, establece un principio universal de respeto a la vida de todas las criaturas de la tierra. No Matarás, va más allá de lo que a primera vista nos impacta esta ley, que ha sido copiada por todos los códigos civiles y criminales del mundo. En Mateo 5:22, Jesús, el coautor de la ley, amplía el alcance ilimitado de este precepto que abre la puerta a un estudio más detallado al respecto. Con sólo pensar en matar, se mata con el pensamiento antes de llegar a la acción y se convierte en pecado. Con sólo enojarse locamente contra su hermano, amigo, pariente, vecino, o relativo, se viola el mandamiento y nos exponemos a las sanciones correspondientes (Mateo 5:22). El ser humano ha derramado sangre como un río, “hasta los frenos de los caballos” (Apoc. 14:20).  Esta expresión apocalíptica indica la medida que se puede dar del rio de sangre que ha corrido en el mundo por la violencia del hombre contra su prójimo y contra los billones y trillones de animales que mueren cada día para satisfacer el deseo de la gente de comer carne.

Este es el primer mandamiento del prójimo y tenemos que definir que nuestro prójimo es todo aquel que de alguna manera está próximo o cercano a mí y que no soy yo. Por lo tanto, todos los que de alguna manera, están en mi radio de acción, son mi prójimo. 

El mandamiento en su esencia, va más allá de nuestra limitación o limitada comprensión. En el principio, Dios acompañó al ser humano de una variada vida de especies animales para que le sirvieran de compañía. A raíz del pecado, los animales se volvieron feroces y peligrosos contra el hombre que los persiguió para matarlos y comerlos. Así se estableció una enemistad perpetua entre muchos animales y el ser humano, mientras que otros, fueron domesticados para cuidar de su amo y del rebaño. 

Cuando Caín, el primer homicida, mató a su hermano de madre, Abel, conocía el mandamiento de no matar, y por eso ocultó su crímen y el cuerpo del delito. Su crímen no fue castigado con la máxima penalidad, porque Dios había perdonado la vida a Adán y a Eva que resultaron culpables de que la muerte llegara al mundo, y no podía condenar y matar a Caín por un crimen similar. Además,  no hubo arrepentimiento en Caín, ni mostró la más mínima intención de hacerlo. No obstante, Dios no lo mató ni le cobró sangre por sangre. Su delito fue castigado con un destierro permanente y una señal en la frente para que todos conocieran de su acción. 

Cuando Dios escribe los mandamientos en las tablas de piedra de granito, ya existía un historial de sangre, de crímenes y muertes innecesarias, que requería medidas más fuertes y restrictivas. Se estableció la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente, vida por vida, sangre por sangre. Ninguna medida resultó efectiva para detener el derramamiento de sangre, y Dios retiró su presencia de la tierra en la medida en que los hombres ignoraron sus leyes, sus mandamientos y sus estatutos. 

Es bueno señalar, que en el plan original de Dios, no existía ni la muerte ni el asesinato. Todo el historial de guerras y de crímenes de guerra fue consecuencia del pecado y de la desobediencia. Cada cual, entiende de acuerdo a su conveniencia. 

Es importante recalcar que violamos el mandamiento “no matarás” cuando destruimos nuestra salud con vicios dañinos, comiendo lo que nos hace daño, alimentándonos con cadáveres, utilizando drogas tóxicas con efectos secundarios y terciarios, cuando no descansamos ni nos ejercitamos apropiadamente, cuando albergamos pensamientos de baja autoestima o sentimientos de culpa auto-infligidos y cuando permitimos que otros nos hagan sentirnos inferiores. También matamos con nuestros pensamientos, palabras, cuando hablamos falso testimonio contra nuestro prójimo. Cuando nos identificamos con películas y programas violentos y deseamos que mueran los malos.

Séptimo mandamiento

“No cometerás adulterio”. Éxodo 20: 14

Este es otro mandamiento de pocas palabras pero de un profundo significado. Se trata de no cambiar el orden natural y original de las cosas de cómo Dios las creó ni su propósito. Lo primero que me viene a la mente y que se ha predicado por siglos, es el adulterio en las relaciones de pareja. Eso es muy amplio; el significado de ese mandato es mucho más abarcador: Jesús dijo que con sólo desear una mujer ajena, ya adulteró con ella en su corazón. Se trata de mantener pura y sin mácula la relación entre una pareja que se han prometido amor y lealtad y han decidido consagrarse mutuamente. Además de mantener una mente limpia, que pueda llegar a ser controlada de malos pensamientos, que puedan llevar a acciones incorrectas. Por desgracia, la gente cambia sus lealtades y muchas veces el amor de pareja languidece y muere. Ahí es donde surge la disyuntiva que lleva a la separación y en muchas ocasiones al adulterio. No todas las separaciones deben ser clasificadas como adulterio. Cuando se dice “Hasta que la muerte los separe”, tenemos que entender que la muerte del amor puede llegar antes que la muerte física de cualquiera de las dos partes, y para evitar sufrimientos de una parte, de la otra , o de ambos, es preferible una separación amistosa, familiar y digna del amor que un día se profesaron. Para entender el alcance de este mandamiento, tan explícito y tajante, tenemos que ver el contexto bíblico y consultarlo para tener una idea clara de lo que significa este concepto. 

No podemos limitar el significado de este término a una relación que se rompe, y cada uno de ellos busca una nueva compañía. La Biblia da fe de las ocho esposas que tuvo el rey David y de las 700 mujeres reinas y 300 concubinas del Rey Salomón. Aún así, su corazón era perfecto ante los ojos de Jehová su Dios, así como lo fue su padre David. Esta situación no les fue contada a ellos como adulterio por varias razones: 

1. Porque fueron relaciones consentidas por ambas partes.

2. Porque el rey podía mantenerlas económicamente. 

3. Porque no se negaba el derecho individual. 

4. Porque no se lastimaba la relación de unas personas con las otras. Todas mantenían sus derechos. (Véase el caso de la reina Esther y el rey Asuero.)

5. Porque mientras se mantuviera la relación original activa y todas las partes aceptaran la relación, no se imputaba adulterio.

6. porque se consideraba adulterio la relación de cualquiera de las partes con otra sin el consentimiento de la primera.

Esta complicada situación que vemos a través del texto bíblico y que es historia, nos indica que el adulterio es un concepto técnico de las relaciones de pareja, que se aplica, cuando una de las partes decide violar el compromiso sin el consentimiento expreso de la otra. Por lo tanto, cuando hay consentimiento mutuo, no se considera adulterio, pero podría, en algunos casos, clasificarse bajo fornicación. De uno al otro hay un amplio trecho de posibilidades y de alternativas que pueden aclarar situaciones particulares que deben ser analizadas cada una por separado, tomando en cuenta, que los gobiernos han tomado parte en las relaciones de pareja y se han establecido leyes al respecto. En esto, la Iglesia cristiana ha fallado nuevamente, al permitir que el Estado tome el control de las relaciones entre parejas y decide imponer su voluntad sobre las decisiones de quien decide unirse o quién no punto todavía en algunos países existe el matrimonio civil y el matrimonio por la Iglesia. Ambos son aceptados por la sociedad y a la hora de un divorcio no se producen los pleitos civiles que vemos en las sociedades en donde el estado tiene el control de los matrimonios y hay que consultar un juez para que acepte la separación. Dios no casó a Adán con Eva; Él dejó que Adan echará de menos una compañera y entonces, creó a la mujer del costado de Adán (Parakletos), Adán la acepto, la tomó como esposa, y no se celebró una boda, ni se anotaron como matrimonio en ningún registro. La Biblia es clara y nos informa que los hombres tomaban esposas y las mujeres tomaban esposos, de acuerdo a su gusto y conveniencia.

El matrimonio civil es un invento moderno de los gobiernos para mantener el control de la familia, y supuestamente, proteger el patrimonio de los hijos y su subsistencia. Las relaciones de pareja no deben ser manipuladas ni controladas por el Estado porque es una relación discrecional de los contrayentes y nunca la Iglesia debió permitir que el Estado tomara las riendas de la familia. Actualmente, hemos llegado a un punto en que los hijos de una pareja no le pertenecen, son propiedad del Estado pero sus progenitores son responsables de criarlos y de mantenerlos. Esto no va de acuerdo con los mejores intereses de la familia, porque el gobierno civil no ama a los hijos de las parejas que procrean para que el Estado los controle. Todo este caos que sufre la familia, sumado a los pleitos civiles que se dan a diario en las cortes de justicia, es provocado en parte por la intromisión del Estado en las relaciones de familia. Cierto es que hay padres irresponsables que incumplen con sus deberes para con su familia, pero eso no justifica que el Gobierno tome posesión de los niños y los lleve a hogares sustitutos donde no se les ama ni se atienden sus necesidades espirituales de acuerdo a las creencias de los padres. Toda esa responsabilidad, le tocaba a la Iglesia cristiana que le cedió sus derechos a los gobiernos civiles y se desentendió de su responsabilidad vicaria con la familia. A pesar de su responsabilidad incumplida, se opone al divorcio, y cuando casa a una pareja, inscribe el matrimonio en los registros civiles del gobierno. Este absurdo comportamiento de la Iglesia cristiana tiene repercusiones funestas en las relaciones de pareja y de familia. Como entidad responsable de la familia, cedió sus derechos al estado y se lavó las manos de su responsabilidad como Iglesia y defensora de los derechos civiles de sus miembros. 

Pero el séptimo mandamiento va mas allá de las relaciones de pareja. Todo lo que comemos tomamos y usamos para alimentarnos y asearnos está adulterado por la mano del hombre que ha seguido las pautas de Satanás y ha sembrado la mala semilla junto con la buena. Los frutos de la tierra, las ensaladas, los vegetales, y las frutas que consumimos, tienen un alto grado de hibridación y de modificación genética que no podemos controlar a menos que dejemos de consumirlos, o los sembremos en nuestro patio en forma orgánica. La manipulación genética de los frutos de la tierra, de los cereales, y de las hortalizas, es un grave y serio problema de adulteración, que afecta la salud y trasciende a nuestro genoma. Para lograr frutos y hortalizas de buen color y tamaño, el agricultor se ve precisado en fertilizar y asperjar químicamente las cosechas para que puedan ser vendidas en los mercados. El uso de pesticidas químicos, plaguicidas y abonos, es un proceso artificial para hacerla crecer las cosechas, y se considera además de la hibridación, en en una adulteración química de la naturaleza. Es pecado de adulterio. Si actualizamos el mensaje, nos daremos cuenta que al día de hoy, el adulterio mayor es el adulterio de la naturaleza. 

Cuando los apicultores mezclan la miel con glucosa, están adulterando el producto, cuando los ganaderos mezclan la leche con agua, la están adulterando. Cuando se mezcla el café con garbanzos, o con cualquier otro grano seco, lo están adulterando, cuando se mezcla la semilla buena con semilla mala para ganar peso, se está adulterando. También se adultera cuando se mezcla el trigo con otros cereales para rendirlos, cuando se mezcla la verdad con la mentira, se está adulterando la verdad. Cuando un hecho cualquiera se exagera, se están alterando los hechos, igual que cuando se testifica con engaño, se está adulterando la evidencia.  Cuando mezclamos telas buenas con telas de baja calidad, o mezclamos en una misma pieza dos géneros diferentes como algodón y lana,  se está adulterando el género. Cuando se hacen mezclas de ingredientes con preservativos químicos para su conservación en el mercado, se adultera el producto original. Sobrevivimos y nos desenvolvemos en una sociedad donde se adultera todo lo que usamos en nuestro diario vivir. Adulteramos el texto bíblico cuando citamos un texto fuera de su contexto, adulteramos la verdad cuando insistimos que la Ley de Dios fue abolida en la cruz. El mandamiento es escueto pero indica claramente que violamos  la de Dios cada vez que adulteramos una de las miles de cosas que son adulteradas cada día. El adulterio de la verdad es el arma que ha utilizado el enemigo para destruir la obra perfecta del Creador. En la parábola de la buena semilla y las cizaña, el maestro recuenta la historia de la rebelión desde antes de la creación de la tierra. Fue Satanás quien introdujo la mala semilla de la rebelión en todo el ambiente celestial, fue el que mezcló y sembró todo tipo de hierbajos, plantas estériles, espinas y abrojos, en el Edén perfecto de Dios. Mezcló todo tipo de semillas y echó a perder todo lo que Dios creó perfecto en gran manera. En el blog “Origen del Mal” vemos cómo el enemigo introdujo la mala semilla de la rebelión en el vientre de Eva, adulterando de ahí en adelante, toda la familia humana con los genes de la rebelión. Dios tiene que estar altamente disgustado con los resultados de esa siembra diabólica. 

Se adulteró toda la creación, la raza humana, la pureza de su pueblo en la tierra, de los genes buenos con genes malignos, y de todo lo que existe sobre la tierra.  Sólo aguarda por que haya un pueblo que entienda esto y se prepare para morar en la tierra nueva donde todo será genuino, salido de nuevo de la mano del Creador. 

Octavo Mandamiento

“No Hurtarás”. Éxodo 20:16,

No hurtar es el octavo de los mandamientos de la ley divina, el hurto es una de las malas costumbres de millones de personas que aprovechan cualquier oportunidad para adueñarse o retener lo que no les pertenece. El robo compulsivo de lo más insignificante, lleva a muchos a violar el mandamiento y a justificar su conducta impropia. Quien roba un alfiler eventualmente se puede volver en un ladrón de bancos o un asesino de su propia moral. Cuando regateamos precios y nos aprovechamos de la necesidad que alguien tiene de vender algo porque necesita, cada centavo que le ofrezcamos de menos de su verdadero valor, es un hurto que le hacemos creyendo que somos buenos negociantes, y nos aprovechamos de la desgracia ajena. Luego nos jactamos de ser buenos comerciantes cuando nos aprovechamos de la necesidad de otros para nuestro beneficio económico. Violamos el séptimo mandamiento cuando tomamos ventaja de las situaciones que se producen en el trabajo para conseguir un puesto más alto a costa del de otro compañero. Se viola el mandamiento cuando copiamos un escrito de alguien y lo hacemos pasar como nuestro, sin darle la mención a su autor. Pecamos de hurto, cuando le quitamos peso a una balanza para aprovecharnos. Hurtamos, cuando sustraemos indebidamente algo que no nos pertenece y no pagamos por ello. Cuando ocultamos una mercancía dentro de otra, para solo pagar por una de ellas, estamos robando. Al rodar un punto de la colindancia, le robamos terreno al vecino, aunque éste no lo reclame.

Le robamos a nuestros hijos y a nuestra pareja cuando egoístamente gastamos nuestros recursos económicos en nosotros mismos sin pensar en sus necesidades. Jesús añadió: “Más bienaventurada es dar que recibir” (Hechos 20:35). Le robamos a todos cuando no demostramos nuestro amor y afecto, ni consideramos cualquier necesidad física, económica o emocional que puedan tener, cuando no amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Le robamos a Dios, cuando no somos responsables de devolverle lo que le pertenece. Cuando tomamos prestado y no lo devolvemos, la prenda o la herramienta a su dueño, estamos robándole al prójimo que nos prestó. No pagar una deuda, es robar al prestador. Le robamos al gobierno cuando mentimos en la planilla sobre ingresos para pagar menos de lo indicado. Nos roba también el gobierno, cuando cobra altas contribuciones para mantener la burocracia. Todos por naturaleza tratamos de aprovecharnos de situaciones del prójimo para nuestro beneficio, y así lo defraudamos. Le robamos a Dios cuando hacemos nuestra propia voluntad en su día especial de reposo, o no devolvemos el debido diezmo de nuestros beneficios. 

Noveno Mandamiento

“No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”.  Éxodo 20:16

Este importante mandamiento es el que trata de frenar las calumnias que se producen como consecuencia del chisme, de la injuria, del perjurio, de la difamación, y de la mentira. Ha habido ocasiones en que un comentario fuera de lugar, o una aseveración de algo de lo que no estamos seguros, pero qué nos parece y nos agrada comentar, ha costado vidas, enemistades, divorcios y agresiones graves. Las Cortes están llenas de testigos falsos que se prestan a testificar por insistencia de abogados que quieren sacar libre a su cliente a toda costa, o por personas que interesan hacerle daño a alguien. A veces, creemos que vimos algo que nos pareció de una manera, y resulta de otra en la realidad, pero aprovechamos lo que nos parece, para iniciar un chisme que puede dañar la reputación de alguien, o meterlo en graves problemas, cuando exageramos creyendo que con eso, llamamos la atención y nos hacemos importantes y el resultado puede ser detrimental para alguien. Mentimos, si pecamos contra la persona afectada y Dios no se agrada de eso. La persona que exagera, miente, y la mentira, es parte de una agresión que cometemos contra el prójimo. Por una mentira, hay gente inocente en la cárcel, y eso, quién será responsable, lo pagará caro algún día. Se dice que hay mentiras de diferentes colores cuando se trata de algo que le haga daño a alguien, y que le afecte su vida en la manera que sea.  No existen colores que se puedan aceptar, ni mentira que se pueda reunir. Quién lo dice pagará por su pecado. 

El cristiano que quiere salvarse, no debe participar del chisme, ni de la difamación, ni de la mentira, aún cuando parezca real y creamos que es cierto. Dijo Jesús: “Que tu hablar sea sí, sí, o no, no.  (Mateo 5:37) y no añadamos elementos, ni conjeturas, que nos lleven a violar un mandamiento tan importante de la ley, que está promulgada por Dios para mantener la paz entre los hombres y mujeres, así como para cuidar de sus reputaciones. Aún cuando se exagera la verdad, se viola el mandamiento, si la exageración le hace daño a alguien.  

Los medios de comunicación que llegan a muchos hogares, son conductores de información, de comentarios extremos de personas que tienen vida pública y constantemente vemos cómo se propagan comentarios buenos o malos en las noticias o en las redes sociales. Éstos, a la larga, no edifican para nada, ni a nadie benefician.  Tanto como para pasatiempos o para bromas, pueden imputarse como pecado. Muchas personas se han suicidado como consecuencia de un comentario adverso, porque no han resistido la vergüenza pública. Otros, han cometido asesinatos porque alguien difamó a la víctima, y dijo algo que sin estar seguro, provocó la ira, los celos, o la reacción violenta que los sacaron de control y lo llevaron al extremo de matar.

El cristiano verdadero debe ser un pacificador que debe estar siempre en control de lo que ve, de lo que oye, y de lo que dice, para evitar entrar en especulaciones que puedan provocar situaciones lamentables. Para muchos, el chisme y la difamación son un entretenimiento y lo practican constantemente buscando víctimas para enredar.  Lo mismo en el vecindario, que en el trabajo, en la escuela, o en la Iglesia; Sea verdad, o mentira, no debemos participar de nada, que de alguna manera, pueda lesionar la reputación del prójimo ni hacer bromas pesadas o convertirlos en objetos de burla. Todo eso, viola el noveno mandamiento. 

Decimo Mandamiento

“No codiciarás los bienes de tu prójimo ni su esclavo ni su buey ni su asno ni nada que le pertenezca”. Éxodo 20:17

Este mandamiento amplía la responsabilidad del noveno y entra en una fase importante de la convivencia pacífica de los seres humanos. Se trata de la codicia que le hace tanto daño a la sociedad donde se convive, porque crea competencia por tener cosas que otros tienen. Ese deseo de lo que no es nuestro, nos puede llevar a extremos en los que perdamos de vista nuestra condición económica y que nos endeudemos en extremo para tener lo que tienen otros. Así se ha llegado a un punto en que vivimos en una sociedad que la gente tiene muchas cosas que no son necesarias y se endeudan más allá de sus ingresos y de sus posibilidades de pagar. Muchos terminan perdiéndolo todo por haber codiciado aquello que no era necesario. La codicia puede llevar a violar todos los otros nueve mandamientos anteriores y parece ser que el señor lo puso último para resumir los defectos de conducta que pueden conducir a violar todos los mandamientos. Lo ajeno no es nuestro. Si lo deseamos y nos concentramos en el deseo de tenerlo, nos puede conducir a pecar o a tomar lo que no nos corresponde o no nos pertenece y a violar el mandamiento. Cuando el rey David, un rey que lo tenía todo, codició la mujer de Urías, hizo todo lo posible por tenerla y finalmente, llegó a cometer un crimen contra un soldado que le servía incondicionalmente. La codicia lo llevó a violar todos los anteriores mandamientos, y los resultados fueron funestos. Y el Rey de Israel, se arrepintió para toda la vida de su pecado. Desear lo ajeno nos puede llevar a violar toda la ley, y a complicarnos en situaciones que luego nos arrepintamos mil veces de haberlos acometido. Desear lo ajeno, nos puede llevar a violar toda la ley y complicarnos en situaciones que luego nos arrepintamos miles de veces de haberlas acometido. En nuestro sistema moderno de vida, nadie desea el asno o el buey del prójimo, pero deseamos el carro, el negocio, la posición, o la esposa de nuestros semejantes, y a veces, luchamos por conseguir cosas, como puestos en el trabajo, posiciones en la sociedad, artículos de vestir, jollas o trajes costosos, que otros ostentan. Algunos anhelan el reconocimiento público y la honra que no se merecen y realizan todo lo que esté a su alcance para lograrlo sin necesitarlo realmente. Esos son los que se envuelven en actividades caritativas y sociales para aparentar ser grandes filántropos pero lo hacen con el único fin de llamar la atención sobre ellos. La hipocresía es codicia reprimida, hay mucho que decir de este último mandamiento que resume toda la ley. 

Ni la casa, ni el carro, ni sus prendas, ni su empleo, ni sus empleados, ni sus herramientas de trabajo, ni su mujer, ni sus hijos, ni nada que le pertenezca al prójimo. Todo lo que codiciamos, se puede convertir en objeto de veneración, violando los primeros 5 mandamientos.

La envidia puede provocar una baja autoestima que destruye la paz la felicidad y nos hace perder el respeto y la admiración por nosotros y por los demás. La envidia destruye la armonía que debe existir entre vecinos, compañeros de trabajo, familiares y amigos. Es un mal que nos corrompe internamente hasta la muerte. El Señor le pedirá cuentas a cada uno en particular. El mejor antídoto para ese veneno es dar de lo que tenemos, compartir lo nuestro con quienes necesitan más que yo, y huir de los deseos de tener lo que no nos pertenece. 

Los políticos y comentaristas de política (politólogos) se especializan en sacar información negativa de sus oponentes y exagerar de forma muy sutil pero efectiva los aspectos negativos de cada cosa, que si fueran ellos los que la hacen, sería muy buena y loable, pero al ser parte de la política del contrario, la desfiguran haciéndola aparecer como muy mala. La primera campaña política de la historia del universo se puede conocer en el apocalipsis, (cap.12 del 4 al 8) fue obra de Satanás contra Dios, y por sus mentiras disfrazadas, logró convencer a una tercera                  parte de Los ángeles del Señor que serán juzgados y se perderán en el infierno por acceder a la codicia. 

Con la abolición de los mandamientos de la ley divina, que ha sido su meta por los seis mil años que cumplirá la tierra, Satanás cree que no podrá ser juzgado por su conducta criminal y fratricida. Tiene razón, si se deja llevar por las enseñanzas de la iglesia que se dice ser cristiana, pues no habiendo ley, no se puede imputar pecado, pero mientras haya uno solo que crea en la ley de Dios, la ley estará vigente para todos. 

Muchos que han despreciado y menoscabado esa ley, por ella serán juzgados el día del juicio. Por esa razón, Jesús dijo: “que hasta que perezcan el cielo y la tierra, ni una jota, ni una tilde, perecerá de la ley” (Mateo 5:18). La jota y la tilde son letras y puntos del alfabeto hebreo.  Son las marcas más pequeñas de todo el abecedario. Cuando los arqueólogos descubran esas dos tablas de la ley divina, y aparezcan en medio de la gran controversia, será la señal de que el pueblo de Dios estará sellado para salvación, y el resto del mundo estará sellado para perdición. Exhortamos a la Iglesia cristiana a exaltar y obedecer la ley, poner por obra sus principios, mandamientos y estatutos perfectos, para que no sea hallada falta en el juicio. Las dos tablas de la ley son los dos testigos que por 3,500 años han profetizado (Apocalipsis 11: 9). “Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero tropieza o falla en un punto, se hace culpable de todos.” (Santiago 2:10) 

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