El Sermón de Hoy: «Las Bodas del Cordero»

Solo para los «entendidos»

Por Dr. Norman González Chacón

Nota inicial: Este es un tema de gran importancia para las iglesias, sus miembros, los pastores y ministros que tienen la gran responsabilidad de enseñar la verdad del Evangelio tal como la presentó el gran Maestro Jesucristo a sus discípulos de todas las épocas. Para ilustrar sus palabras, usó figuras del lenguaje (parábolas) para que los enemigos que siempre le seguían no pudieran entender el mensaje, ni acusarlo de enseñanzas desconocidas para los judíos de su tiempo, pero que son piezas clave del mensaje que Jesús necesita comunicar a la nueva iglesia que vino a instituir. 

En Mateo capítulo 22: 2-14: “El reino de los cielos es semejante a un hombre rey que hizo bodas a su hijo; y envió sus siervos para que llamasen a los invitados a las bodas; mas no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los llamados: He aquí mi comida he aparejado, mis toros y animales engordados son muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;  y otros, tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron. Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.  Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas, mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues por las salidas de los caminos y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo, los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron juntamente malos y buenos, y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Más él enmudeció.  Entonces, el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.  Porque muchos son llamados y pocos escogidos”.

Esta parábola de Mateo 22, es parte de las dos parábolas de bodas que el Maestro contó a sus discípulos, y tiene importantes elementos que ilustran aspectos aclaratorios del Reino de los Cielos. Y aunque se dan separadas, constituyen un mensaje sólido y contundente que ilustra aspectos desconocidos del Evangelio, y de los eventos relacionados a Jesús que habrían de ocurrir muy pronto. Sin embargo, también se remontan a la historia de los acontecimientos finales del mundo que nos tocan vivir en este tiempo. Aquí podemos ver el pasado, el presente, y el futuro: La primera invitación del Rey a las bodas de su hijo, la segunda invitación, y la tercera.  Estos tres llamados a las bodas son históricamente, los tres llamados que el rey le hace a sus súbditos para que acudan a las bodas: El llamado de Moisés y de los profetas, el llamado de Jesús el Hijo, y el llamado del Espíritu Santo en Apocalipsis.

Antes de continuar con esta explicación, repasemos las menciones de bodas anteriores para crear el contexto histórico correcto de cada mensaje en su lugar. Comenzaremos con el primer milagro público de Jesús. Precisamente en una boda de un pariente de María, su madre, en la región de Caná de Galilea. Este acto no es parabólico, pero puede ser considerado como tal, por la experiencia didáctica que tiene, y que le da marco a las otras parábolas de bodas.

En esta boda Jesús hizo su primer milagro de convertir agua en vino. Usó el agua como la materia prima del mejor vino que ser humano alguno haya probado en su vida. El agua, que es vida para toda la tierra, se convierte en vino y desembriaga o desintoxica la ebriedad de nuestro organismo. De la misma forma, el agua se convierte en sangre para darnos vida. Son elementos importantes que tenemos que tener en cuenta siempre que hablemos de ambos. Primero, el vino que hace sobrio a los que lo toman. Ese vino, que representa al mensaje del Salvador y desembriaga a los ebrios de esta tierra abriéndoles los ojos a la verdad sublime. Tanto los asistentes a la boda como el maestresala que era responsable de la organización del acto, reconocieron la calidad del nuevo vino. En otra ocasión, Jesús dijo, “Yo soy la vid verdadera (Juan 15)”. Y esa aseveración del Maestro implica que hay una vid falsa que produce vino embriagante que no cumple con los requisitos del buen vino de Dios. Efectivamente, las vides que descienden del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, son vides falsas y dañinas. Embriagan al cerebro y engañan al corazón. Las vides verdaderas que dan uvas dulces, son vides genuinas que fueron creadas por Dios en el principio. Son diferentes y se separan totalmente en sus efectos.

El agua es vida para toda la tierra: Las plantas, la hierba, el terreno, los animales, el alimento y todo sobre la tierra depende del precioso líquido. Nuestro cuerpo no puede sobrevivir sin agua. En nuestro organismo, el agua se convierte en sangre y constituye el elemento principal de la vida. Al Jesús  convertir el agua en vino, nos está enseñando una lección muy importante: “Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed, más el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le darés sera en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). El buen vino que desembriagó o puso sobrios a los ebrios de la boda, salió de las manos del Salvador y del agua. “El que crea en mí, como dice la escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. Si alguno tiene sed. Venga a mí y beba” (Juan 7:37-38). En todas las ocasiones en que se refirió al agua, Jesús se refirió a sí mismo como el agua que da vida a toda la creación. Al convertir el agua en vino, los convidados de esa boda, que ya estaban ebrios porque era la mitad de la semana, de los siete días que duraban las bodas en esa región, habían bebido tanto, que acabaron el vino antes de tiempo. Al beber del vino nuevo, quedaron sobrios y se dieron cuenta de la diferencia en la calidad del vino nuevo que Jesús proveyó del agua.

Este milagro con su enseñanza de la transformación milagrosa que hizo el Maestro de Galilea del agua en vino, le ofrece un marco perfecto a las parábolas de bodas que Jesús comparte con sus discípulos en los Evangelios (Lucas 14, Mateo 22, Mateo 25). Las tres parábolas de bodas son tres actos de un mismo drama que Jesús presenta a sus discípulos en el acostumbrado lenguaje parabólico. ¿Por qué les habla en parábolas? Para que los que entienden, entiendan este lenguaje, y para que los no entendidos, no puedan entender. No obstante, el buen vino abrirá los ojos de los embriagados y el Espíritu Santo genera el vaso del agua de vida en los corazones (Mateo 13: 11-17). 

La primera parábola de bodas, que aparece registrada en los evangelios se encuentra en Mateo 22, es la parábola del rey que hizo bodas a su hijo. En esta parábola, el rey preparó una gran fiesta de bodas a su hijo y mandó a sus siervos a llevar la invitación a toda la gente escogida de sus amistades y conocidos. Este rey que hace bodas a su hijo, representa a Dios, quien auspicia las bodas del Cordero de Apocalipsis 19:20. Las bodas están aparejadas (Mateo 22:4), mas a ellos no les interesó, pues estaban ocupados con sus negocios y sus haciendas. La insistencia de los siervos en cumplir con su obligación de llevarlos a las bodas, enojó a los invitados, los afrentaron y los mataron (Mateo 23:37). Esta acción contra los siervos del rey, éste la tomó como una ofensa mayor, y enojado, envió a sus soldados y destruyó a aquellos homicidas y puso fuego a su ciudad. De inmediato, mandó otros siervos a anunciar las bodas por las salidas de los caminos y a traer a cuantos quisieran venir. “Y los siervos fueron por los caminos y juntaron a todos los que hallaron, malos y buenos, y las bodas fueron llenas de convidados”.

Hasta aquí, la parábola describe la invitación que le hizo Dios a su pueblo para que fueran invitados especiales en las bodas de su hijo Jesús. El acto de desprecio que recibió el Señor al conocer que sus amigos anteponen sus intereses personales a la importante invitación, es chasqueante y decepcionante para Dios. Desde un principio, las bodas están aparejadas, y Dios no ha escatimado en los detalles de esa invitación. Pero el pueblo judío, que fue privilegiado con la más importante invitación de la historia, no prestó atención al pedido del Padre. Como nación, no aceptaron la invitación especial. El Padre que tenía que realizar las bodas de su hijo, envió sus siervos a invitar a los gentiles de toda nación, tribu, lengua y pueblo, para que llenaran las bodas con su presencia. Por eso Jesús, se lamentó sobre la gran ciudad de Jerusalén y exclamó: “Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a tí. ¿Cuántas veces quise juntar tus hijos como la gallina junta sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste? He aquí vuestra casa es dejada desierta.” (Mateo 23:37-39). 

En la segunda parte de la parábola,  el rey hace una revisión, a manera de juicio, de los convidados, antes que comience la ceremonia de bodas. En esa acción, encuentra a uno de los invitados que no estaba vestido adecuadamente para una boda como esa, y le pregunta: “Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de bodas?  Más él cerró la boca. Entonces, el rey dijo a los que servían: “Atadlo de pies y manos, tomadle y echadle a las tinieblas de afuera. Porque muchos son llamados y pocos escogidos”. No se puede ser más claro y explícito en cuanto a este tema porque contiene todos los elementos de la historia del Evangelio. El mensaje de invitación y la existencia de esas bodas regias a las cuales somos invitados especiales, a las bodas del Cordero para Dios, son la culminación preciosa y sublime de una relación entre Dios y sus criaturas, entre lo humano y lo divino, que culminan con una unión familiar y permanente de la divinidad con la humanidad.  Este es el mayor privilegio que se le concede a la raza humana para estar de fiesta en la casa del Padre. La parábola es el medio humano que Dios utiliza para ilustrar, a través de un lenguaje accesible al hombre, la grandeza del plan divino para la raza humana a través del hijo. En Apocalipsis 19:9 leemos: “Y Él me dice… escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero”.  En el verso 7 antecede; “gozémonos y alegrémonos, y démosle gloria, porque son venidas las bodas del Cordero y su esposa se ha aparejado”. El Profeta ve venir a uno de los siete ángeles, que tenían las siete copas llenas de las siete postreras plagas. “Y habló conmigo diciendo: Ven acá, yo te mostraré a la esposa, mujer del Cordero. Y fuí transportado a un alto monte desde donde  la santa y nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios”. La sorpresa tan grande del profeta al recibir tan importante visión de la santa ciudad, que es el símbolo de la esposa, quedó arrobado con la belleza sin igual de la ciudad de oro, con su esplendor y tamaño. El capítulo 21 de Apocalipsis describe aspectos de la santa ciudad que se presenta dispuesta como una esposa ataviada para su marido, cónsono con el capítulo 19:7, donde anuncia las bodas del Cordero y presenta a la esposa aparejada (Apocalipsis 21:2). El apóstol, arrobado con el brillo del esplendor de la santa ciudad, símbolo de la esposa, perdió de vista la indicación del ángel referente a la esposa y se concentró en describir los doce fundamentos de la ciudad, sus puertas y sus medidas extraordinarias. Pero no se fijó ni buscó a la esposa que representa el original del símbolo, que estaba presente en la ciudad. Por lo tanto, el símbolo, que es la santa ciudad, al no mencionar a la esposa real original que da lugar al símbolo, se queda en la parte abstracta y no toma en cuenta la realidad del símbolo que es la mujer de la cual, la santa ciudad y la iglesia se representan mutuamente en la profecía. La posible distracción del Profeta, no lo dejó percibir la importancia de la presencia de la mujer en la casa del Padre, esperando pacientemente la llegada o venida del esposo a las bodas, que ha sido retrasada porque el factor iglesia que representa a la mujer, no se ha aparejado a tiempo (sobre esto estaremos abundando más adelante en un escrito futuro). 

Podemos ver en la parábola del hombre rico que hace bodas a su hijo, que se realiza una labor de juicio e inspección a los invitados antes de la ceremonia nupcial en la que el padre descubre un invitado sin el vestido de bodas apropiado para la ocasión. El grado de dificultad que presentan estas parábolas de bodas para ser entendidas adecuadamente es porque debido a que la mujer y la iglesia se representan mutuamente en el texto profético, muchos exégetas, al no tener la inspiración del Espíritu Santo, confunden el símbolo con la realidad. Eso le ocurrió al profeta cuando vió la santa ciudad descender, y perdió el privilegio de ver a la verdadera esposa, que es el original que produce el símbolo, que estaba en la casa del padre, dentro de la santa ciudad esperando el aviso para descender a las bodas. En el Apocalipsis, las bodas representan la unión de la divinidad con la humanidad. La mujer y la iglesia se representan mutuamente, y nosotros, los que nos hemos puesto el vestido de bodas, somos los invitados a la gran fiesta donde se unen para siempre la divinidad con la humanidad en un vínculo familiar eterno y glorioso. Se trata de una nueva creación (cap. 21:1-7). “Un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra se fueron y el mar ya no es” (verso 5). Y el que estaba sentado en el trono dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”. Aquí se puede apreciar que de esta tierra no quedará nada para la nueva creación.  Comenzaremos de esa nada a ver la nueva creación de Dios: Un nuevo Adán, una nueva Eva y un nuevo Edén. Un nuevo Adán que es Jesús, una nueva, Eva, que es María Magdalena, la eterna novia que lleva siglos esperando por el novio y las bodas (Apocalipsis 22:6). En ese mismo y último capítulo, el Espíritu, la madre divina de Jesús y la esposa, realizan juntas en perfecta armonía la gran invitación a tomar del agua de la vida de balde. Sin costo alguno, el agua de la vida que nuevamente se transformará en el buen vino que nos desembriaga de los cuidados de esta vida. La boda de Jesús con María Magdalena son la culminación de los eventos finales de esta tierra y el nuevo comienzo de una maravillosa tierra nueva, mucho mejor que la primera, con nuevas cosas que el Señor recreará en victoria para los salvados que merezcan vivir en ese paraíso, donde correrán y jugarán niños que dejarán de ser niños a los cien años (Isaias 65:20).

En la parábola de bodas de las diez vírgenes de Mateo 25, están representados los diez movimientos religiosos cristianos o diez iglesias que fueron invitadas especiales a las bodas de Jesús que estaban comisionadas para acompañar al esposo en su llegada a la ceremonia nupcial. Una de las costumbres judías de su tiempo era que la novia salía al altar a esperar la entrada del novio. Cuando el séquito nupcial estaba cerca, la marcha se detenía y un amigo del novio se adelantaba para avisar a la novia y a sus acompañantes que el novio estaba cerca, para que todos los presentes, de pie, recibieran al novio con el séquito de las vírgenes y los acompañantes escogidos. Jesús presenta una situación común que ocurría con frecuencia en las bodas y ocurre aún en nuestros días en nuestras bodas. Por alguna razón, algo puede ocurrir que puede atrasar una boda, ya sea por la novia, o por el novio.

En el caso de las bodas que nos ocupan la atención, Jesús expone las razones, (verso 5). “Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron”. Esta frase indica que fue el esposo quien se tardó y se detuvo la marcha del séquito en un lugar cercano donde reposaron. Por la larga espera, las vírgenes se durmieron todas. Cuando analizamos la parábola, el verso 13 nos da la clave de lo que ocurrió en esta boda y sus implicaciones: ¿Qué puede haber retrasado la llegada del novio si ya estaban en camino a las bodas con el séquito nupcial? ¿Qué ocurrió allí? Jesús indica a sus discípulos de la tardanza del esposo en llegar, pero el esposo ya venía en camino. El verso 6 nos indica que a la medianoche se oyó el clamor. ¡He aquí el esposo viene! 

¡Salid a recibirle! Ese fuerte clamor despertó a las vírgenes, que de inmediato se arreglaron para reanudar la marcha hacia las bodas. Jesús no da la razón directa que justifica la tardanza del novio porque no es el propósito de la enseñanza que se culpe al novio por el percance. Pero de inmediato, al dar esta parábola, les narra la otra siguiente, y ofrece detalles al respecto. Vamos atrás un poco para mencionar al amigo del esposo que se adelantaba al lugar de bodas para anunciar que el séquito nupcial estaba listo para llegar a las bodas, y a la vez, regresaba y le confirmaba al esposo que allí estaba todo preparado. La novia en su lugar y todos los invitados esperando a la entrada triunfal del novio a las bodas. Jesús no quiere culpar a la novia, porque ese no es el propósito de la enseñanza, lo cierto es que en este caso y en el verdadero, es que la novia no estaba preparada, lista y esperando en su lugar. Eso era indicio de problemas y gran vergüenza, porque representaba una falta de la novia que se consideraba en aquellos tiempos, como una afrenta vergonzosa y de desprecio. Al igual que hoy día, si uno de los contrayentes deja al otro en el altar esperando,  es motivo de vergüenza y habladurías. Jesús no deseaba avergonzar a la novia, pero las vírgenes que se durmieron representan a las iglesias cristianas que se duermen y se quedan sin el aceite o unción del Espíritu Santo. Cuando despiertan de su sueño, encuentran la puerta de la ceremonia de bodas cerrada para ellas. 

Vean que aquí, en esta parábola, Jesús presenta un aspecto muy importante de las bodas del Cordero que no se enseña ni se predica correctamente y en propiedad, en las mismas iglesias cristianas para quienes son estas enseñanzas. En la parábola del mayordomo infiel que le sigue a la del padre que hizo bodas a su hijo, el Señor hace juicio sobre los talentos que son dados a cada cual para ejercer. Las 5 vírgenes que no hicieron provisión de aceite, se quedaron fuera y no pudieron entrar a las bodas. El aceite representa el conocimiento del estudio y la preparación que debe hacer cada persona de los talentos que el Espíritu Santo utilizará para su preparación personal de acuerdo a su provisión individual. Las bodas representan la unión permanente de Cristo con su Iglesia. La llegada del esposo representa la aceptación de la unión permanente de la creación con la divinidad; de lo humano, transformado en divino por gracia de Dios. La humanidad glorificada y la divinidad se convierten en una sola familia: La familia del cielo y la familia de la tierra son una misma. El segundo Adán y la segunda Eva, comenzarán a formar la nueva familia del Padre y de la Madre celestial junto a todos los salvados de la tierra de todas las épocas. Al fin, veremos el plan original de Dios realizarse en perfección. Los niños nacerán sin dolor, como había sido diseñado antes del pecado, crecerán sin enfermarse, estudiarán en la escuela del gran Maestro y de sus padres, jugarán con el tigre y el león, y dejarán de ser niños a los cien años (Isaías 65:20,25).

Estas promesas las hace el Señor a sus hijos fieles y les presenta una interesante vida en la tierra nueva: “No trabajarán en vano, ni parirán para maldición, porque son simiente de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. (Isaías 65:23). El mismo Señor afirma que participará activa y personalmente en la nueva creación, y junto a su amada, le darán hijos y nietos al Padre. Esta nueva visión de la tierra nueva, no ha sido enseñada por la iglesia cristiana, y muchos no tienen una idea clara de las maravillas de esa tierra que veremos personalmente muy pronto si perseveramos. Dice el Señor: “Yo qué hago parir, ¿no pariré? Dijo Jehova: ¿Yo que hago engendrar? ¿Seré detenido?, dice el Dios tuyo” (Isaias 66:8-9). 

Nunca he escuchado a un Pastor enseñar esta preciosa lección de la tierra nueva a sus feligreses. Nunca he escuchado un sermón claro y definido sobre las maravillas que veremos en la tierra nueva cuando Dios haga todo nuevo y añada a su creación toda la tecnología que el hombre ha descubierto y ha desarrollado. Dios la perfeccionará con vida propia, como está en los cielos, y los pondrá en perfección al servicio de todos. Niños, adultos y ancianos que podrán utilizarla a su gusto y conveniencia, ya que en vez de la corriente eléctrica estar conectada a los equipos, estos tendrán vida propia y servirán constantemente. Cuando cometamos errores nos avisarán sin tener que recargarlos o reconectarlos. Es la misma energía viva, que tienen los ángeles, los arcángeles, los querubines del cielo que se mueven libremente por todo el universo, es la perfecta tecnología divina que Moisés y Elías comenzaron a disfrutar desde que fueron llamados por Dios para que entraran en la tierra nueva y se adelantaran a todos nosotros. Dios nos sentará sobre sus rodillas y nos contará las historias reales del Universo y nos enseñará todas las cosas (Isaías 66:12,22,-23). Estas promesas están escritas hace siglos. La iglesia no las ha enseñado a sus fieles que se pierden en el pecado por desconocer las maravillas que veremos y disfrutaremos muy pronto. “Porque he aquí que yo creo nuevos cielos y nueva tierra y de lo primero no habrá más memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isaias 65:17).Todo será tan diferente y glorioso que para nada nos acordaremos de los sinsabores y trabajos de esta vida en esta tierra. Las iglesias, le han hecho creer a la gente que cuando morimos vamos al cielo directamente. Según esa enseñanza, allí no hay nada que hacer sino estar con una pequeña arpa en la mano, sentado todo el tiempo en una nube. ¡Cosa más incierta, mentirosa y dañina! Por esa razón, los jóvenes cristianos no aspiran a salvarse. No les atrae la idea de estar como tontos, sentados en una nube sin hacer nada. 

La promesa divina es que no habrá noche, para que ocupemos todo el tiempo en realizar nuestros más caros y anhelados sueños. La arquitectura divina, la agricultura, la edificación de grandes proyectos; los realizaremos en en armonía con el gran Maestro, en base a las verdaderas ciencias divinas que nos enseñarán los secretos de la  tecnología y de todas las cosas que interesemos saber. “Y edificarán casas y morarán en ellas, plantarán viñas y comerán el fruto de ellas. No edificarán y otro morará, no plantarán, y otro comerá, porque según los días de los árboles, serán los días de mi pueblo y mis escogidos perpetuarán la obra de sus manos. (Isaías 65:21-24, 66:22-23; Apoc.21:22-27 y 22:1-7).

La visión general que las iglesias le han enseñado a la gente, del estado de los salvados en el Reino, es una fatalista y errónea, falsa y totalmente distorsionada de la realidad que la Biblia nos presenta y nos adelanta, para nuestra esperanza bendita. En cada funeral que se celebra en esta tierra, se dice que este fulano que murió, ya, inmediatamente, está morando con el Señor. Ese grave error, que surge de la teoría satánica de la inmortalidad del alma, es uno de los tres errores doctrinales que la iglesia cristiana ha propagado en el mundo, los ha enseñado como doctrina, y con esa idea tiene confundidos a todos(véase drnorman.blog: “Las Tres doctrinas de Error”).

El enemigo de Dios a través de los pastores, de las iglesias y de las escuelas de teología ha realizado este tipo de interpretaciones incorrectas y ha desviado la atención de todos a una fase no deseada y totalmente incorrecta de la vida que esperamos vivir en la tierra nueva. Se basan en la pregunta que le hicieron los Saduceos a Jesús sobre la resurrección. La contestación de éste es directamente sobre la resurrección y nada tiene que ver con las relaciones de familia en la tierra nueva (vease nota 1 al final). Tenemos que tener en cuenta que el Señor hizo esta tierra en perfección y nos la dio para que la disfrutáramos y la trabajáramos. Nuevamente tenemos que traer a la atención que Satanás cambió y dañó  todo con el pecado.  Nadie pudo ver el plan de Dios para la familia humana desarrollarse antes del pecado, tampoco a los niños nacer de sus madres sin dolor, etc., etc. Dios nos promete que todo será hecho nuevo en la tierra prometida de acuerdo al plan original, pero esta vez, sin Satanás interrumpiendo, y con todos los adelantos de la tecnología que los hombres después de seis mil años han desarrollado en la tierra: “Cosas que ojo no vio, ni han subido a la mente humana”. La tecnología celular digital que el científico humano ha desarrollado y que tanto interés crea en la juventud desde niños, es un invento humano imperfecto que Dios perfeccionará con vida propia para que todos podamos manejar para nuestro beneficio. Las computadoras que encontraremos en la tierra nueva son hechas por Dios, y no necesitan electricidad ni baterias. Se mantienen vivas y se actualizan de acuerdo a las necesidades individuales de cada usuario. Las casas que edifiquemos adquieren vida como los árboles y crecen según crece la familia. 

Pero las iglesias “cristianas” que no han entendido ni han crecido, le han hecho creer a los jóvenes y señoritas de la iglesia, que no se podrán enamorar ni casarse en la tierra nueva. Esa mala interpretación la usan los pastores para desalentar a la juventud y hacerles creer que en la tierra nueva no se casarán, cuando la primera boda en esa nueva dispensación, será la boda mas glamorosa y espectacular de la historia del universo, y nosotros los que nos salvemos, seremos los invitados especiales a esa gran ocasión. Por esa razón, los novios han esperado más de dos mil años para realizarlas.  Por esa larga espera, las diez vírgenes (iglesias) están dormidas.  En la parábola de Mateo 22, del Rey que hizo bodas a su hijo, se señala que en esas bodas, auspiciadas por el Padre celestial, todos los que nos vistamos de ropas blancas estaremos presentes y comeremos del gran banquete de bodas. Los pastores, sacerdotes y ministros de corbata ( Véase nota 2 ) que no han enseñado estas lecciones a sus fieles, serán desconocidos por el rey, y si alguno se atreve a entrar, será sacado de inmediato y echado en las tinieblas del infierno: “Apartaos de mí, obradores de maldad, no os conozco; al fuego eterno (Mateo 7:22- 23, y 8:12). 

La tierra nueva nos ofrecerá los retos más grandes y gloriosos: Estaremos entretenidos laborando en lo que más nos gusta a cada cual. Terminaremos un proyecto para comenzar otro, no nos cansaremos de hacer las cosas que nos retan y nos agradan. “Y será que de mes en mes y de sábado en sábado”, (Isaias 66:23), todos nos reuniremos en compañía de Jesús para adorar al Padre como se merece y al Hijo como es conocido. En esta ocasión, presentaremos los primeros frutos de cada cosecha al Señor, para bendecirlos, y los proyectos que hayamos desarrollado serán vistos y aprobados por él. Este descanso semanal nos permitirá compartir horas con el Maestro y escuchar las historias que él nos contará para que conozcamos los secretos del universo creado y de la tierra. Secretos que desconocemos del cuerpo humano y de toda la creación.  Será una universidad eterna donde aprenderemos con el Maestro de maestros y nunca desearemos graduarnos para seguir aprendiendo eternamente con Él (Isaias 65:18-25, 66:7-9,22-24).

Nota # 1:

(Mateo 22:23-30): La pregunta de los Saduceos en relación a la mujer que tuvo siete maridos: ¿de cuál de los siete será ella mujer en la resurrección? Jesús la contesta segura y tajantemente: “Erráis ignorando Las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres maridos; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.” Es importante señalar que los Saduceos no creían en la resurrección, pero trataban de hacer caer a Jesús en alguna cosa que ellos pudieran usar en su contra. Por tres ocasiones anteriores trataron los Fariseos y los Saduceos en compinche, de hacerle preguntas que lo comprometieran. Pero el Maestro conocía sus intenciones y los llevó a un terreno desconocido para ellos, en el que no podían ni sabían hacerle caer. “Porque en la resurrección ni los hombres tonarán mujeres ni las mujeres maridos”. Es importante entender el órden de los acontecimientos finales para poder entender las palabras de Jesús a los Saduceos. La tierra nueva no será habitada por los salvados hasta mil años despues de las resurrecciones (Apoc. 20:7-10).  Es entonces que finalizadas las bodas del Cordero y terminado el tiempo de nuestra preparación en todo lo nuevo que aprenderemos con Jesús en esos mil años, Satanás será soltado y tratará de tomar la santa ciudad por asalto. Esa será su última fechoría por la cual será destruido junto a todos sus secuaces. Es entonces que el Señor nos conducirá a la tierra nueva y nos entregará una morada espectacular a cada familia de salvos y una casa adecuada a los solteros. Ahí es que comienza un nuevo Edén para todos los salvos de Dios. (Véase sección: “Las siete mujeres son siete iglesias” incluido en el artículo “Apocalipsis a la Luz de la Verdad Presente” en drnorman.blog)

Nota # 2:

Hemos explicado esto antes en uno de los escritos del blog. No se supone que los pastores usen corbatas para el diario y mucho menos para predicar.  La corbata es un símbolo sexual que no debe ser usada por pastores frente a la congregación pues representa una flecha que señala hacia sus organos sexuales. Este atuendo, llamado corbata, y usado comunmente, fue diseñado a fines del siglo XVII en Francia por los diseñadores de modas que crearon seductores trajes a las mujeres y luego quisieron hacer lo mismo con los varones. Como no pudieron lograr exponer las areas íntimas de éstos, como hicieron con las damas, se aseguraron de señalar con un una vistosa flecha desde el cuello, la genitalia masculina. Por esa razón, un pastor, anciano, diácono o jóven que se presenta ante la congregación, no debe tener ese atuendo señalador en su vestimenta mientras predica la Palabra. Además de ser un distractivo seductor, es un atractivo que sugiere una cosa que no es cónsona con lo que se supone que esté predicando.

2 comentarios sobre “El Sermón de Hoy: «Las Bodas del Cordero»

  1. Saludos
    Gracias a Dios puedo leer la Santa Biblia y necesitaba y necesito de estos blogs porque ahora puedo comprender las lecturas mejor que antes.
    Muchas gracias por su tiempo.
    Siempre estoy pendiente de sus blogs y algunos los he leído más de una vez.
    Que Dios continúe bendiciendole.

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