Continuación del Tema: Las Dos Venidas del Señor
Transcripción del Tema: debido a dificultades técnicas no se grabó video
Dr. Norman González Chacón
En los libros del pentateuco, encontramos leyes y estatutos que no están implícitamente en los Diez Mandamientos, son leyes que prácticamente Moisés tuvo que crear con el mismo pueblo y con los ancianos del pueblo para poder manejar a la gente. Esos son preceptos y estatutos divinos que Dios establece precisamente para conseguir ese efecto de que el hombre hiciera la voluntad de Dios en toda su vida, no solamente cuando iban al templo, cuando iban a la iglesia, sino que en todas las cosas, en los negocios, en las relaciones de familia, en las relaciones de vecino, en las relaciones con los dirigentes del pueblo, con los reyes, con los gobernantes, en toda la sociedad donde el hombre se mueve, que lo que hiciera siempre diera testimonio de Dios, de que era un cristiano, de que creía en una vida mejor para esta tierra.
Y eso solamente lo podemos realizar cuando nos comportamos bajo los Diez Mandamientos, los preceptos y los estatutos divinos. Entonces, fíjense que todos recibirán una sentencia conforme a su conducta. ¿Cómo es eso? Dependiendo de la acumulación de faltas y de pecados que cada ser obtiene, es el tiempo que se va a estar quemando vivo. Esto es serio. Unos se van a quemar rapidito, otros se van a quemar un poquito más lento y otros van a sufrir bastante ese fuego, prendido el cuerpo en llamas, sufriendo las consecuencias de sus pecados.
O sea que mientras está prendiéndose, está quemándose ese cuerpo, esa mente está repasando todas las cosas por las cuales está pagando ahora con ese fuego. ¿Quién lo provocó? ¿Quién provocó ese fuego? Él mismo, Satanás. Lo inició y cada cual participa de las consecuencias de ese fuego provocado por Satanás, que empezó en el Edén y mil años antes del Edén, empezó en el cielo de Dios.
Allá arriba empezó a rebelarse y a querer hacer su voluntad. Pero todo eso se va acumulando en el récord de cada individuo. Eso es bueno que lo tengamos en cuenta. La gran confusión del mundo cristiano no es con la segunda venida de Cristo en gloria. Lo que tiene a muchos cristianos en gran perplejidad es la venida anunciada por Jesús, cuando viene previamente como ladrón. Y me acuerdo que hablamos de esto, que yo les dije: cuando Jesús dice que viene como ladrón, no es que está usando una palabra peyorativa, de que él viene a robarse algo.
Al contrario, él viene como ladrón cuando nadie lo espera, pero viene a buscar lo suyo. La palabra que se usa es «harpazo». En el griego, «harpazo». Fíjense que hay una palabra en español que se parece, que es zarpazo. Cuando un animal feroz tira la zarpa, la garra, y de un zarpazo coge una presa. De un zarpazo. Es lo mismo que está queriendo decir aquí el griego cuando dice «harpazo», que es la palabra usada para arrebatado.
La palabra harpazo, con h, lleva esa definición de agarrar algo de repente, lo que sugiere una acción sorpresiva o no anunciada previamente o de forma repentina. En 1 Tesalonicenses 4:15 al 17 se expresa precisamente eso. Lo discutimos la semana pasada. Repasamos la página completa de los eventos tal como Pablo los vio y como el Señor se los mostró a él.
Fíjense que dice: «Palabra del Señor». No es palabra de él, no es palabra de Pablo, es palabra de Dios. Y así mismo lo dice: «Palabra del Señor, que nosotros, los que vivimos, los que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que quedamos juntamente con ellos, seremos arrebatados», de un zarpazo, «en las nubes para recibir al Señor en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor».
Esta declaración del apóstol Pablo detalla los eventos. Esa es la página cuatro, por si acaso alguien no la tiene a la mano. Detalla los eventos en su orden y nos da una información clara. Ahí abajo hay unos números en la misma página. Fíjense que hay 10 números: [1] Los que vivimos, que hemos quedado en el tiempo, no precederemos a los que murieron. [2] Porque el mismo Señor en persona, con aclamación, con voz de arcángel [3] y con trompeta de Dios, descenderá del cielo.
[4] Y por ahí sigue. Ahora vamos a la página cinco, en el segundo párrafo grande, donde dice: «Pero el calendario divino tiene un reloj que ni se adelanta ni se atrasa. Dios es puntual en su cita con la profecía y al igual que ocurrió en los tiempos de Noé, así será en todos los compromisos de Dios. La puerta se cerró siete días antes de que empezara a caer la lluvia».
Y acá, ahora la puerta está cerrada desde siete años antes de que comenzaran a caer las plagas en el año 1850. La profecía de Daniel 8:14 llevó a los cristianos de aquel tiempo a pensar que cuando esa profecía terminaba, porque decía: «Para ungir al Santo de los santos», pensaban que en ese año, donde terminaba la profecía de Daniel 8:14, iba a venir el Señor. Se equivocaron, se quedaron esperando la venida del Señor, porque esa profecía significaba el paso del Lugar Santo del Santuario Celestial al Lugar Santísimo.
Jesús pasa del Lugar Santo al Lugar Santísimo a hacer la expiación final. Esa expiación final está cubriendo inclusive los pecados de gente que no había nacido en esa fecha. Ninguno de los que estamos aquí había nacido para esa fecha. Yo, que soy el más viejo, no había nacido para esa fecha. Qué importante es eso. ¿Por qué? Porque aquí, como pasó en los tiempos de Noé, el juicio es prospectivo. En ese juicio quedan señalados todos los que cumplen con los requisitos.
Son señalados, pero no están sellados para la salvación. Va a depender ahora de la conducta de ellos de aquí en adelante hasta que mueran. ¿Y cuántos han nacido y han muerto del año 1850 para acá? ¡Imagínense! Pero por lo menos sabemos que los que fueron atacados por las plagas no cuentan, porque todos los que recibieron las siete últimas plagas las recibieron precisamente porque no estaban viviendo de acuerdo al compromiso que se había hecho en la cruz del Calvario.
Ahora sí que podemos ir a la cruz y entender algo que todavía la Iglesia cristiana no ha entendido: ¿cuál fue la labor de Cristo, por qué Cristo murió, tuvo que morir como el cordero? Recuerden ustedes que yo les dije, y está clarito ahí en la Biblia, está expresado que en el momento que Cristo muere a las tres de la tarde en la cruz, estaba el sacerdote con el cuchillo en la mano para matar al cordero.
Eso nunca había pasado en la historia. Nunca un cordero que estaba amarrado encima de un altar se había soltado y se había escapado. Eso nunca había pasado. Y el velo del templo, que dividía el Lugar Santo del Lugar Santísimo, se rasgó de arriba a abajo, cayeron las cortinas al suelo. ¿Qué estaba diciéndole eso a los sacerdotes que estaban allí? Dice: ya todo el ritual se acabó. Hecho es, por eso es que Jesús dijo: «Consumado es» en la cruz.
En la cruz Jesús dijo: «Consumado es», y expiró. Diciendo «Consumado es», expiró. El último suspiro. Cuando dijo: «Consumado es». Porque todo eso quedaba ya en el pasado, todo eso era obsoleto. Pero como yo les he dicho a ustedes ya, la Iglesia cristiana no entiende eso. Sigue colgando a Cristo todos los años de la cruz, hacen la procesión todos los años, lo matan todos los años. Y peor que eso, yo diría que peor que todo eso, porque todavía eso se puede justificar bajo la ignorancia de que no entendieron lo que estaba pasando.
Pero peor que eso, ese cordero que murió en la cruz lo siguen inmolando ellos espiritualmente cada año en la Semana Santa. La celebración de esa semana, terminando con Cristo el viernes en la cruz, es una señal de que ellos no entendieron que ese ritual se terminó, igual que no entendieron el ritual de Juan el Bautista. Ya se acabó, era bautizar a Cristo, era lo importante en ese bautismo y algunas personas para cumplir con un ritual que simbolizaba el diluvio y que ahora la Iglesia lo asume como un ritual perpetuo.
Hicieron exactamente el mismo disparate que hicieron los judíos con la circuncisión. Los judíos todavía se siguen circuncidando y circuncidando a los niños a los ocho días de nacidos. Siguen haciéndolo. Y los cristianos siguen bautizando a todos los que se quieren hacer miembros de la Iglesia cristiana, bautizándolos en agua. Entonces, ¿qué pasa con eso? Que no están al día. No están al día de los cambios que el mensaje de Cristo da en cada etapa.
La etapa del diluvio terminó, por eso es que tenemos que entender esto para poder entender por qué él viene en dos fases. La venida de él se produce en dos fases. En la primera fase, viene a recoger lo suyo y a los suyos. Y en la segunda fase viene a establecer su reino en la Tierra. En la segunda fase, a él no le importa ni Satanás ni todos los impíos y todos los bandidos y toda la gente que queda en esta Tierra, que todo va a ser un desastre.
Si ustedes ven que está mala la cosa, cada año se va a poner peor y peor. Los que se queden aquí en cinco, diez, o quince años más van a sufrir tremendamente. Van a sufrir por la comida, van a sufrir por las enfermedades, por las plagas, por los accidentes, por los crímenes, por la inestabilidad de los gobiernos. Ya todo esto se está viendo.
Miren como la gente ahora depende de una inyección para bajar de peso. Todo para no tener que hacer los ajustes en la alimentación. Todo lo que usted tiene de más en su cuerpo, y ajústense bien, le va a rebotar en su propia salud física y espiritual. Las dos, las dos fases. Por eso es importante que entendamos esto, porque si Dios lo señaló a usted, y usted tiene el privilegio de estar señalado para salvarse, eso es un privilegio. ¿Por qué razón? Pues miren, por varias razones. Puede ser que ese privilegio usted lo tenga porque le quedan dos o tres genes en su genoma, tiene dos o tres cromosomas que descienden de alguna de las 12 tribus de Israel.
Ese es un factor. Y nada más que por eso el Señor le dice: «Este tiene…» Así lo señala: «Este tiene oportunidad de salvarse porque tiene un gen». Miren. Yo no sé si yo estudié con ustedes la historia. Está en el panfleto anterior de los paralelos, está la historia de Booz y Rut, la moabita. ¿Ustedes se acuerdan de esa historia? Eso que yo pongo ahí no lo pongo para que ustedes lo lean por encimita.
De ahí hay lecciones y lecciones y lecciones que nunca acaban. Una de ellas es precisamente quiénes son aptos para la salvación. Esta mujer no tenía oportunidad alguna de salvarse porque no era de ninguna de las 12 tribus de Israel. Rut. Pero se había casado con un hombre que sí era de las 12 tribus de Israel.
Y quedó viuda. ¿Eh?
No llegó a tener hijos, no. No tuvo hijos. Entonces, ¿qué pasa? Que muere el marido sin tener hijos, no tiene rescate, pero la suegra, Noemí, le dice: «Hay una forma en que tú puedes redimirte. Puedes ser redimida, porque hay un antecedente de la familia de tu esposo que está soltero, es rico y te puede ayudar. Tienes que hacer esto, esto y esto». Y ella fue obediente, hizo todo eso y fue redimida por Booz, con mucho trabajo, porque había circunstancias: había otro pariente que tenía más derecho que Booz para casarse con ella. Y ese otro pariente dijo: «Ah, pues está bien, yo me caso con ella». Y después le dicen: «Pero si la redime, tienes que casarte con ella por la ley». Y él dijo: «No, no, yo no me voy a casar». «Ah, pues está bien. Entonces, fírmame aquí este documento, pero tú no te vas a casar».
Le firmó una cesión del derecho y cuando le firmó la cesión del derecho, Booz vino y se casó con ella.
Y de esa manera, fíjense, que se hizo por redención, se hizo apta. Ahora yo le voy a explicar qué eso significa. Eso mismo fue lo que hizo Cristo en la cruz cuando nos redimió. Nos redimió en la cruz con su muerte y su resurrección.
Nos redimió aunque no tuviéramos los genes. Pero eso caducaba precisamente cuando caducaba la profecía de Daniel 8:14. Porque era por solo una etapa. Fíjense que el mundo se ha dividido en tres etapas, la historia del mundo en tres etapas La primera fue la del diluvio, la segunda de la muerte de Cristo, que prospectivamente nos redime. Pero eso termina. Eso tiene un final, que es el punto final de esa etapa, porque viene ahora la etapa del juicio sobre la humanidad.
Y el juicio de la humanidad también tiene que ser prospectivo, porque todos los eventos vienen atrasados, ya que la Iglesia no fue buena portadora del mensaje de Dios en la Tierra. La Iglesia falló y ha fallado todo el tiempo, siempre está atrasada. Por eso fue que Juan el Bautista tuvo que venir a bautizar a Cristo, porque Cristo no podía morir en la cruz sin haber hecho esa redención primera de lo que se llama el bautismo de la Tierra, que fue sumergida completa en agua.
Se bautizó la Tierra completa y hubo un nuevo comienzo. Ahí tenía que empezar todo de nuevo. Pero no había pueblo de Dios. Noé, solito con su familia, tuvo miles de problemas y volvieron otra vez las cosas a complicarse como antes del diluvio. La gente siguió haciendo el mal. Los hijos de Noé, las otras generaciones que vinieron, todos siguieron haciendo lo mismo que hacían antes del diluvio. No hubo una Iglesia.
Los judíos fueron apareciendo de la tribu de Judá, poquito a poquito, y fíjense que Jesús era de la tribu de Judá. Como Jesús era de la tribu de Judá, Jesús mismo tenía que ser redimido. Él mismo tenía que ser redimido, porque de la tribu de Judá no podían salir sacerdotes. Los sacerdotes salían de la tribu de Leví. Yo creo que eso lo hablamos una vez, ¿verdad? Eso lo discutimos aquí.
Bien, está también ahí en los paralelos.
Yo resumí todo eso en tema y el panfleto de los paralelos. Por eso es que estos panfletos son bien importantes, que ustedes no los pierdan y repásenlos muchas veces para que se aprendan esta historia, porque es una historia complicada. Es complicada porque no ha habido un pueblo de Dios en la Tierra que siga las instrucciones que Dios está dando en ninguna época. Fíjense que a los 100 años, un siglo, hay gente que dura 100 años, mucha gente, y dura más de 100 años, que dura 120 años, más del siglo.
Todavía no había pasado un siglo, estaba en el año 90 después de Cristo, que si le quitamos los 33 años de Cristo, entonces eran 60 y pico de años nada más. Ya para ese año la Iglesia estaba corrompida, completamente corrompida, la Iglesia cristiana. El mensaje a las siete Iglesias de Apocalipsis viene en el año 90 después de Cristo. Por lo tanto, el trabajo que hizo Jesús con los discípulos prácticamente se perdió total.
Pérdida total. Y no tenía seguro alguno que lo cubriera. Se perdió completo. Por eso fue que la Iglesia perdió los siete dones espirituales, entre ellos el don de sanar a los enfermos. Jesús le había dicho a los discípulos: «Cosas más grandes que las que yo hago las van a hacer ustedes. Así que prepárense, que lo que viene es mejor que lo que hay». Pero le fallaron. Dicen que prácticamente a todos los discípulos, menos uno, los mataron.
¿Saben por qué? Porque la Iglesia no los defendió. La Iglesia de su tiempo, la misma Iglesia que ellos establecieron, no los pudo defender. ¿Saben por qué? Porque la Iglesia estaba en apostasía. Estaba en violación a los principios que Dios había establecido y que Cristo vino a restablecer. Entonces, el pueblo judío seguía con las leyes y tradiciones que Moisés montó allá en Israel Y no veían todavía. Fíjense que todavía los judíos no se han dado cuenta ni de que Jesús vino al mundo.
Los judíos no aceptan a Cristo, están esperando todavía al Mesías. A los suyos vino, y los suyos no le recibieron, ni lo reconocieron, ni lo aceptaron. ¿Qué más podía hacer el Señor? No puede hacer más porque el mensaje estaba en manos de seres humanos. Cuando lo mataron fue cuando dijeron: «En verdad, este sí era». Cuando resucita, los que vieron que él resucitó dijeron: «De verdad que este era profeta».
Los gentiles dijeron: «De verdad que este era profeta». A los mismos discípulos les costó trabajo reconocer a Jesús después de resucitado.
«Enséñame las manos, a ver si es verdad. Enséñame el costado», Tomás.
No estaban convencidos de que fuera él. Así que para que ustedes tengan una idea de dónde estamos nosotros parados en este tiempo. Para el Señor poder salvarnos a nosotros los que estamos aquí, tenía que haber emitido ese juicio en el año 1843 o 1844 y extender esa misericordia hasta el momento de su venida como ladrón. Eso no es fácil, está rompiendo con sus propias reglas. Si lo vamos a ver desde el punto de vista de: si yo estuviera en el cielo y tuviera que bregar, diría: «Dios mío, qué cosa más loca, qué gente más falta de todo».
Porque lo que el ser humano ha hecho no tiene nombre, no se puede ni tan siquiera catalogar de una equivocación, porque la palabra es clara. La palabra es clara y los eventos están ahí, pero los hombres los interpretan a su manera. La Iglesia lo ha cambiado todo y lo ha tergiversado para ella quedar bien delante de los hombres, pero no está bien delante de Dios. Ese es el grave error, que la Iglesia se ha justificado a sí misma y ha despreciado la justificación que Cristo les da, porque Jesús les dice: «Esto es lo que viene ahora. Y viene así».
Manda a los profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Y Daniel da la última profecía. Por eso es que los cristianos de allá del siglo XVII y XVIII entienden que Jesús viene a buscar a su pueblo en esa fecha. Y esperaron la venida de Cristo, proclamaron la venida de Cristo y anunciaron la venida de Cristo. Claro, al anunciar esa venida de Cristo, equivocadamente estaban haciendo un trabajo que había que hacer, lo que era el mensaje del tercer ángel: «La hora de su juicio ha llegado».
Dice clarito Apocalipsis: «Porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad a aquel que ha hecho el cielo, la Tierra, el mar y todas las cosas, la fuente de la salud. Adorad a aquel, porque la hora de su juicio ha llegado». Entonces, la Iglesia que más cerca estaba, que era la Iglesia Adventista, que más cerca estuvo de esos acontecimientos y que más luz tuvo, porque tuvo una mujer profeta que les advirtió una y otra vez: «Esto es lo que hay».
Si decimos eso, no crecemos, nos quedamos chiquitos. Querían crecer como los metodistas, los luteranos, los presbiterianos, los otros, etc. Ellos querían ser una denominación grande. Todavía, a esta altura. Cuando Jesús dice: «Si yo vengo a buscar, no os extrañéis». Es una situación caótica, triste. Por eso es que los que vemos somos dos o tres aquí estudiando esto.
Claro, hay otra gente estudiándolo también, hay otra gente oyendo los programas, hay gente que se está convenciendo. Miren, se fueron todos los panfletos estos. Queda uno ahí. Ese es el único que queda. Allá abajo no sé si quedarán uno o dos, pero me dijo esta muchacha que se estaban leyendo los panfletos. Están viniéndolos a buscar gente que uno no conoce ni sabe quiénes son. Por lo tanto, podemos tener grandes sorpresas a la hora de la verdad.
Pero como quiera, somos un grupito pequeño. El Señor lo dice: «Manada pequeña». El Señor dice así: «Manada pequeña». Que no es que viene a salvar a todo el mundo como la Iglesia cristiana ha proclamado. Todo el que cree en el Señor Jesús, que diga: «Yo creo», ya se salva. Eso no es así. Hasta los demonios creen. Y no se van a salvar así tan fácil. Por eso es que tenemos que entender esto, mis hermanos, porque el tiempo se está acortando muy rápidamente, están pasando los años.
Ya nosotros llevamos más de un año reuniéndonos y todo esto está moviéndose muy rápidamente. Tan rápidamente que, fíjense, no me da tiempo a mí para sacar los temas y cuadrarlos uno detrás del otro en orden para poderlos traer, sino que a veces tengo que ir para atrás, a veces tengo que ir para el frente, a veces tengo que dejar uno por el medio y saltar al otro, para entonces volver otra vez para atrás.
Todo eso me toca hacerlo para que podamos entender lo que está ocurriendo de una manera que nos podamos preparar. La idea es esa, que estemos preparados para lo que viene. Si no nos preparamos para lo que viene, corremos el peligro de que, después de haber sido señalados, después de haber recibido todas estas verdades, ¿saben lo que es? Que no nos recojan, que nos quedemos aquí en este infierno, porque el mundo se va a convertir en un infierno y va a terminar siéndolo.
Y son mil años. ¿Cuántos van a nacer y cuántos van a morir en mil años? Son 10 generaciones. ¿Y esos se pierden? ¿Perdón? ¿Esos que nacen después de la venida de Jesús? Se pierden, dependiendo, porque el Señor en el juicio señaló a muchos que no habían nacido todavía. Eso fue lo que le estaba explicando hace un rato. En el juicio, el Señor está señalando a todos aquellos que tienen oportunidad de salvarse y los deja señalados.
Ellos nacen, oyen lo que está diciéndose, aceptan o rechazan.
No, nosotros no habíamos nacido. Yo lo que quiero saber es que después de que Jesús venga como ladrón, los que nazcan después de… No, ya ahí no. ¿Esos se pierden? Todos los que nazcan de ahí en adelante están perdidos. Van a nacer con defectos físicos los niños, ya están naciendo con defectos físicos.
La gente es reacia a tener hijos por eso mismo. Todos los días presentan casos en la televisión de gente que está cuidando niños que son el resultado, número uno, de la alimentación de los padres, número dos, de las vacunas que les pusieron, que están inválidos, que están enfermos.
Todo eso es un desastre. Muchos de los niños están naciendo enfermos. Ya no hay un niño sano, a menos que sea de unos padres que sean cristianos que por su convicción hayan llevado la alimentación y no lo hayan vacunado. Miren que son muchas cosas difíciles, porque lo más fácil es: «Vacúnalo para que vaya a la escuela», porque allá en la escuela le exigen la vacuna.
Yo vi en la televisión a un médico hablando muy mal de la vacunas. Pero esa información la echan a la basura y se vacunan. Los que están señalados posiblemente sean los únicos que estén pidiendo la exención de la vacuna, pero aparte de las vacunas, que están deformando la mente y el cuerpo de los niños que nacen, están modificando esas vacunas que intervienen con el ARN y con el ADN. Esas vacunas que modifican la estructura genética de los seres humanos.
Van perdiendo la identidad divina en su ADN, el Señor no puede salvarlos. Los padres borraron la identidad de los hijos. ¿En dónde lo van a encontrar? ¿En qué registro? Porque lo que el Señor señaló en esa fecha, en 1843, 1844, que tuvieron una semana de siete años con la puerta abierta, esperando que entraran en el arca. Una semana de siete años, que fue mucho más que en el diluvio, que fueron siete días nada más.
Una semana de siete días. Una semana de siete años. No entraron, y ¿qué pasó?
Se ahogaron, perecieron, porque cuando empezó a llover y a salir agua de abajo, de arriba y de todos lados, ya era tarde. Ya la puerta estaba cerrada. Eso lo proyectamos a 1800, a la segunda dispensación y ya para 1850 la puerta está cerrada. Comienzan a caer las plagas. Cae la primera plaga y le sigue la segunda, y le sigue la tercera, y le sigue la cuarta, y le sigue la quinta. Estamos en el principio de la quinta, pero a mitad de la sexta plaga es que Jesús viene como ladrón, está clarito ahí.
En Apocalipsis 16 lo van a ver. El panfleto lo dice clarito aquí. En medio de la sexta plaga dice: «Aquí vengo como ladrón», en medio de la gran caída de Babilonia. Y la caída de Babilonia, vamos a verla aquí. Vamos a empezar a tocar ese punto. Es importante. Página 12, miren cómo empieza esa página: «Las palabras de nuestro vocabulario babilónico».
Hasta el lenguaje perdimos. Hasta el lenguaje angelical perdimos. El lenguaje divino lo perdimos. No pueden jamás describir la inmensa cantidad ni la gran variedad de maravillas que encontraremos a cada paso de esta tierra enteramente nueva, que no puede compararse a la primera creación, que fue perfecta en su tiempo, pero que no compara jamás una con la otra. Que si Dios hizo todo perfecto en la primera creación que le entregó a Adán y Eva, los que nos salvemos de esta vamos a ver cosas mucho más grandes y maravillosas.
Pablo las vio y no pudo hablarlas, no le salían las palabras. No podía conciliar el pensamiento de lo que vio con sus ojos para hablarlo con la boca. Es que no podía. Para que tengan ustedes una idea de lo que vio. La desgraciada iglesia de Laodicea, que es la última etapa de las iglesias cristianas que nos ha engañado y nos ha ocultado esta preciosa información.
Ha sido afectada por la ceguera circunstancial, porque rechazó el colirio natural que le hubiera limpiado la vista para ver y leer lo que el espíritu de profecía se cansó de advertirle a tiempo. La última advertencia del Noé moderno y nadie quiso entender su mensaje. En vez de consultar al profeta de Dios, los dirigentes de la Iglesia se consultaron ellos mismos y conjeturaron una serie de doctrinas que a la larga confundieron a la hermandad que sufrió el chapucero.
Aquí les voy a explicar algo. Los adventistas estuvieron muy cerca de eso, porque se dieron cuenta de que cuando Jesús pasa del Lugar Santo al Lugar Santísimo, se emite un juicio. ¿Y saben lo que hicieron? Le pusieron «juicio investigador».
Y hasta el día de hoy. Se quedaron investigando. Los que más cerca llegaron en una lástima, porque esos 6 millones pudieron haberse salvado si los dirigentes hubieran sido diligentes. Si los dirigentes hubieran sido, ¿qué? diligentes. Si hubieran aceptado la voluntad divina, si hubieran sido sinceros y no hubieran tenido las ansias de crecer denominacionalmente, se hubieran conformado con ser un pueblo pequeño con una verdad grande.
Se convirtieron en un pueblo grande con una verdad pequeña. ¿Ven que hay una diferencia? No es lo mismo ser un pueblo pequeño con una verdad grande que ser un pueblo grande con una verdad pequeña, que es lo que ha pasado con el mundo cristiano, que se dice cristiano, porque la palabra cristiana es de Cristo. Viene de Cristo, de las siete iglesias de Apocalipsis. Las siete mujeres aquellas que buscaban marido allá en Isaías 4:1.
Porque yo digo unas cosas de aquí, pero otras no las digo en televisión, porque pueden ser malinterpretadas por muchos y afectarles en su salvación.
Por otro lado, cuando les hablo a ustedes aquí, les digo las cosas como son. No tengo ningún reparo en decirlas tal como yo las sé, como el Señor me las ha revelado a través de su palabra. Y les hablo clarísimo. Les estoy hablando súper claro hoy. Ese juicio que ellos vieron en el 1843, 1844, que le llamaron juicio investigador, y se han pasado 150 años investigando y todavía no han descubierto lo que tienen que descubrir.
No han descubierto que no había ningún juicio investigador, que era un juicio de tiempo que se venció la dispensación ahí.
Un cierre total de la misericordia, la puerta se cerró allí. No había que estar bautizando gente de ahí en adelante. La puerta se cerró. ¿Qué era lo que tenían que hacer? Prepararse para recibir al Señor. Lo mismo que ellos hicieron, creyendo que Jesús venía en ese año, lo mismo que hicieron el grupito que se preparó para recibir al Señor.
Seguir preparándose. Eso era lo que tenían que hacer, en vez de ponerse a bautizar gente y a crecer. Ahí se cortaron el cuello. No era para crecer, era para sostenerse en la verdad. Son dos cosas completamente distintas. Y esa puerta que se cerró dejó una cantidad enorme de gente señalada que se podía salvar. Tenían una gran oportunidad. La sangre de Cristo podía cubrirlos, siempre y cuando tuvieran tres cualidades.
Apocalipsis 14:12. Búsquenla.
Aquí están los que tienen la paciencia de los santos. Número uno, la paciencia de los santos. Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe y la esperanza de Jesús. Tres cualidades. Miren qué fácil hubiera sido todo esto si la Iglesia no lo hubiera echado a perder. Aquí está la paciencia de los santos, aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.
Eso era todo lo que se necesitaba y todo lo que se necesita para el que fue señalado salvarse. Miren qué sencillo. Y ese mensaje claro y definido, ese resumen de esas tres cosas, es todo lo que necesitamos nosotros saber para nuestra preparación. Y si fuimos señalados, por alguna razón estamos aquí. Fuimos señalados. Lo único que tenemos que hacer es seguir esas indicaciones que están ahí. La paciencia de los santos.
Voy a preparar un estudio de eso para que ustedes sepan lo que es eso, lo que es la paciencia de los santos. Pero en pocas palabras les voy a adelantar que la paciencia de los santos se trata de la espera constante con la seguridad de que se va a producir el evento. Ahí es que se desarrolla la paciencia del santo. En esa espera, que es una espera con una seguridad absoluta de que va a ocurrir. Esa es la paciencia.
Y es una ciencia. Es una ciencia del árbol de la vida. Es una ciencia. Pa-ciencia. Es una ciencia del árbol de la vida. Esperar con la esperanza y la seguridad de que va a ocurrir. Uno. Dos: aquí están los que guardan los mandamientos de Dios. Y la fe de Jesús, ¿cuál es? ¿Cuál es la fe de Jesús? ¿Alguien se la predica o ustedes piensan? Que vino y murió por nosotros. Todo eso. Que vamos al Padre a través de él.
Que dijo a los discípulos, claramente les dijo: «Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo para que donde yo estoy, vosotros también estéis. He aquí vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y espera con paciencia».
Esa es la fe de Jesús. Esa es la fe de Jesús. Miren qué sencillo, qué fácil.
Qué difícil nos lo han puesto. Pero aquí ustedes tienen. Ha sido la Iglesia cristiana, página 16. Ha sido la Iglesia cristiana en su rechazo al judaísmo y al catolicismo. Fíjense, por qué la Iglesia se ha comportado como se ha comportado. Porque no querían saber de los judíos. Todavía.
Veo a los pastores hablando de los judíos bien despectivamente.
Porque rechazaron a Jesús. Y por otras cosas más. Porque proclamaron el sábado los judíos.
Esa era la razón principal: porque no querían saber del sábado. Por eso odiaban a los judíos. Por eso los católicos cambiaron el día de reposo del sábado al domingo.
Para no parecerse a los judíos ni ser como ellos. ¿Ven ustedes? Y por eso dejaron de ser lo que eran para ser otra cosa.
Sí, violaron la ley completa. La que ha trastornado el verdadero sentido del Evangelio de Cristo ha sido ella, la que como los saduceos, ha hecho de ese texto una impresión equivocada. He escuchado pastores decirle a los jóvenes que se casen aquí en esta tierra, porque en el cielo no se podrán casar. Eso desanima los jóvenes que están tratando de perseverar en la fe y les puede cambiar o complicar el ritmo de su vida en Cristo.
Por casarse apurados, se casan mal.
Y terminan mal. Está claro, la resurrección es una cosa y la Tierra Nueva es algo diferente. Para disfrutar de las maravillas indescriptibles de la Tierra Nueva, hay que estar vivo cuando Cristo venga o resucitar en esa primera resurrección. Hasta los viejos vamos a tener hijos. Dice: «Aún en la vejez fructificarán, estarán vigorosos».
Cuando ya estén grandecitos, otra camada. No, ya ellos están grandes. Vamos a producir una camada más, un poquito. Míralo. Lo bueno es que allí ni se enferman, ni tienen que ir al pediatra, ni tienen que ponerles vacunas, ni nada de eso.
En la Tierra Nueva. Ni dolores de parto. No hay dolores de parto. No. Todo lo contrario. Yo le decía a las mujeres esto: el parto va a ser una experiencia agradable. Así van a ser los partos, van a ser un placer que la mujer va a tener al disparar ese muchacho afuera. Es que debería ser. Lo va a cuidar ahí equis tiempo y después no sabemos si serán nueve meses también, si el Señor los acelerará o algo, porque el Señor necesita llenar la Tierra de niños.
Y los planetas, hay muchos. Y todos los planetas, hay que llevar gente para todos los planetas. Imagínense, ya les dije a ustedes, no se olviden de los abortos. Todos los niños abortados.
Yo los adopto a todos. Pero no hay que cuidarlos. No hay peligro, ellos van a crecer. Van a tener la oportunidad de estar en el cielo y los padres se pierden si es que aquí pecamos. Miren la justicia divina qué linda es. Qué cosa más bella. Dejad que los niños vengan a mí. Dejad que los niños, porque de ellos es el reino de los cielos. Cómo el Señor va a hacer una Tierra Nueva y que no haya niños.
¿Ustedes quieren una cosa más inútil que esa? ¿Quién quiere ir para allá? Por eso es que la Iglesia no ha podido salvar a sus jóvenes. No ha podido hacerlo, porque diciéndoles que en el cielo no se van a casar, ni van a tener hijos. ¿Quién quiere ir al cielo a eso? Está aburrido. La nena aquella que le preguntaba a la maestra y le dice: «Missy, yo no quiero ir para el cielo». «¿Por qué?» «Porque eso de estar tocando arpa en el cielo no me gusta».
Ella se veía tocando arpa todo el tiempo en una nube. Eso es aburrido. ¡Qué aburrido! ¿Quién quiere ir para una tierra así? No, ni en el monte del Olivo, tan siquiera. No, porque si vas a California, no puedes hacer esto, no puedes hacer aquello. «Ah, pues yo no voy para California». En España no puedes hacer esto, ni esto. «Ah, pues yo no voy para España». Y eso le pasa a los jóvenes con la Tierra Nueva.
No puedes hacer esto, no puedes hacer aquello, no puedes hacer lo otro. Entonces, ¿qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? Voy a estar allí aburrido. Tanta cosa.
Dice que tú no sembrarás para que otro coma, para que otro coseche. Dice que sembrarás y cosecharás, y comerás lo que sembraste. Lo dice clarito. Si ustedes ven Isaías 65 y 66, está todo ahí clarito de lo que el profeta ve que va a ser la Tierra Nueva. El profeta no la ve como la veo yo, porque ahora, unos años después del profeta, oyendo y viendo lo que le dijo el Señor al espíritu de profecía, yo me entusiasmo y digo: «Oh, pero espérate, esto es distinto por completo».
Esto no es lo que me dijeron a mí cuando yo era un muchacho. A mí me metieron todo eso en la cabeza también, me lo decían.
Cosas que ojo no ha visto. No, ni tan siquiera eso. Cosas que no se pueden hablar en nuestro lenguaje.
Porque no pueden subir ni en nuestra imaginación ni a nuestra boca sucia. Comiendo porquerías, que tenemos que comer toda esa fruta y todos esos vegetales infectados de abonos químicos y de porquería. Con esa boca no podemos. Tenemos que ser ya transformados para poder entonces entender y hablar el idioma de Canaán. Eso le pasó al pueblo de Israel. Ellos lo único que sabían hablar era el egipcio. Cuando salieron de Egipto, tuvieron 400 años, cuatro siglos, en Egipto.
No sabían ni una palabra del idioma de Canaán. Cuando llegaron a la Tierra prometida, tuvieron que aprender a hablar en cananeo. Y nunca perfeccionaron el idioma. Nunca lo perfeccionaron. Porque es como cuando viene la gente que se criaron en Estados Unidos, los puertorriqueños que se criaron en Estados Unidos y usted los oye y hablan spanglish. Porque mezclan, porque el acento es distinto, porque la entonación es diferente, todo es diferente.
La mayor parte de los cristianos están dentro del cuarto que está llenándose de agua. Tenemos que verlo de distintas formas y posiciones. Ahora bien. Fíjense en este detalle: «Y no habrá necesidad de luz, de lámpara ni de sol». Esa sola declaración nos hace pensar que estaremos tan ocupados en tantas cosas diferentes que eso nos ocupará todas las horas del día. Al no haber noche, tenemos más tiempo para todas las actividades que se pueden llevar a cabo en esa Tierra Nueva, porque no va a haber noche, no tendremos que estar durmiendo las ocho horas todas las noches.
Bien. Miren, el último párrafo del panfleto, de la página 17, en muy pocas palabras describe lo que es la segunda venida de Cristo. Esa es la segunda, que provoca una segunda resurrección. Los que sean despertados en la segunda resurrección es para que vean al Señor que rechazaron, que martirizaron, que crucificaron. Serán castigados con el infernal fuego preparado para Satanás y sus ángeles. Ese es el doble evento de la segunda venida en gloria, cuando todo ojo le verá venir en las nubes con la santa ciudad y los redimidos que fueron levantados en la primera resurrección 1000 años antes.
Repetimos estos eventos para hacer claro el orden de los acontecimientos que la Iglesia cristiana ha trastornado para ganar tiempo y adeptos. Espero que todos hayan entendido y disfrutado de este programa. Dios los bendiga.